.:: OTROS RELATOS ::.

  "Un taxista con suerte".

 

 Me llamo Diego, os escribo desde Sevilla y quiero contaros algo que me sucedió hace varios meses. Tengo 51 años, y desde hace más de 15 me dedico al mundo del Taxi. Tengo tres hijos, aunque estoy divorciado. Actuálmente no tengo pareja estable.

 

Era sábado, sobre las 4 de la madrugada, estaba en una zona frecuentada por jóvenes, y se subió al taxi una chica que no debía tener más de 19 años. Cerró la puerta brúscamente (estaba algo mareada), y me indicó a donde debía llevarla. Vivía a unos veinte minutos de allí.

 

Durante los primeros cinco minutos no dijo palabra, y como soy una persona que no puede estar callada mucho tiempo intenté sacar un poco de conversación, ya sabeis, sobre cosas banales. Por su manera de hablar observé que era la típica chica aún muy inmadura pero que se las daba de adulta. A través del retrovisor pude ver la enorme delantera que lucía, aunque debido a que estaba sentada y era de noche no pude contemplar su cuerpo como me hubiese gustado. Parecía estar algo rellenita, tenía el pelo corto, era morena y de cara no era muy guapa, pero tampoco fea.

 

A mitad de camino, mientras hablaba con ella, escuché los chasquidos de un mechero. Pensé que se estaba encendiendo un cigarro, y aunque en el taxi no se puede fumar no pensaba decirle nada. Sin embargo, de repente empezó como a quemar algo. Sin más, va la niñata y me dice : "¿Fumas porros?". Me quedé sorprendido, más que nada por la poca verguenza de la chica, y es que por lo menos me podía haber pedido permiso antes de quemar el hachís. Supongo que tendría algo que ver el alcohol que había consumido durante la noche. Me dijo que se llamaba Vanessa, y que tenía 17 años. También me contó que había dejado el instituto porque no le gustaba estudiar, y ahora se dedicaba a ayudar a su madre en casa. En resumen, una niña consentida a la que se lo permitían todo. Por cierto no debía tener mucha práctica haciéndose porros porque casi habiamos llegado a su casa y no había acabado.

"Oye, ya mejor te lo enciendes en la calle o en tu casa, porque estamos llegando",  (le dije). Esto no le pareció buena idea, decía que podrían verla los vecinos y que en su casa ni loca. Se puso muy pesada, y quería que la dejase fumárselo en el coche, ¡manda cojones con la niñata desvergonzada!. Al final tuve que acceder, porque esta tía capaz de haberse puesto a pegar gritos allí en medio, y como yo no tenía que hacer más viajes le dije que ok, pero que no estaría más de diez minutos. Sonrió con cara de puta al ver que se había salido con la suya, y me pidió por último que aparcara en un lugar poco iluminado para que no nos vieran desde las ventanas. 

Bajé a echar una meada, y cuando subí al coche ella había cambiado de lugar. Se había puesto delante, en el asiento del copiloto. "Toma, fuma" me dijo. Me pasó el canuto y le dí varias caladas, no quise más porque hacía mucho tiempo que no fumaba (ni tabaco) y no me quería enviciar de nuevo. Al tenerla ahora a mi lado pude fijarme más en su cuerpo. Llevaba puesto un pantalón de tela muy ajustado y un top blanco cuyo escote dejaba ver parte de su sujetador, que era de color negro. Lo impresionante de Vanessa eran las tetas, debía tener una 115 más o menos. 

Me gustaba verla fumar, daba caladas al porro y luego semicerraba los ojos. Yo aprovechaba para fijarme en sus tetas todo lo que podía. La situación era curiosa, hay que reconocerlo. Yo, a mis 51 años, estaba con el taxi parado en un lugar oscuro con una niñata de 17 años que tenía unas tetas de vaca lechera. Observé también que, debido a que el pantalón era muy ajustado, se le notaba marcada toda la pipa del coño. Comencé a excitarme cada vez más. 

Llegué a la conclusión de que era la ocasión perfecta para echar un buen polvo, ¡y gratis!, así que cada vez  fuí acercando más mi mano derecha a su pierna izquierda. Aproveché a que estaba muy entusiasmada escuchando algo que yo le estaba contando (no me acuerdo ahora mismo que era) para, como el que no quiere la cosa, posar complétamente mi mano sobre su muslo. No dijo nada, así que fuí tomándome más libertad y empecé a mover léntamente la mano hasta dejarla casi en la ingle,  muy cerca de su zona púbica. Le dió las últimas caladas al cigarrillo de hachís y lanzó la colilla por la ventana. "Disculpa, voy a tener que salir a mear, vuelvo enseguida" me dijo. Me jodió un poco, la verdad, pero lo bueno es que al levantarse y salir del coche pude fijarme mejor en su cuerpo. ¡y vaya cuerpo!. La tía estaba gordita, pero tampoco en exceso. Sus caderas eran anchas, el tanga se le marcaba a través del pantalón y su culo era enorme, prieto y macizo. Se alejó un poco y ocultó detrás de un contenedor de basuras. Aproveché para acariciarme el pollón por encima, y al llegar el coche, mientras abría la puerta y se sentaba, observé el movimiento de sus pechos y el enorme tamaño de sus pezones. 

A esas alturas yo estaba totálmente decidido a meterle caña, y un último detalle me hizo decidirme totalmente. Resulta que Vanessa (intencionádamente,claro) se dejó los dos primeros botones del pantalón desabrochados, y ví también que la cremallera la tenía bajada, ¡y le asomaban algunos pelos de su coño!. Cláramente se me estaba insinuando, porque aunque estuviese algo mareada no iba borracha. Me tenía completamente empalmado, y decidí pasar a la acción.

Sin decirle palabra, me eché sobre ella y con mi mano le cogí todo el chocho. Ella reaccionó sobándome el paquete y dándome un morreo. Yo entonces introduje dos dedos por dentro de la cremallera y comprobé como la niñata tenía el tanga echado para un lado por lo cual no tenía obstáculo ninguno para llegar a su chocho. Me facilitó la tarea abriendo un poco las piernas y recorrí centímetro a centímetro su coño, sin introducirle los dedos aún. Luego ella misma, sin yo decirle nada, se quitó al top. Quedó ante mí en sujetador, y parecía como si éste se fuese a romper debido a la presión de sus grandes ubres. 

Llevé mis dos manos a sus tetas y se las agarré por encima del sujetador, y a la vez nos besamos. Las tenía tan gordas que no se las podía coger por completo. Por fín me sacó la polla, con sus dedos recorrió desde los huevos hasta el capullo, y luego se puso a masturbarme léntamente. Le saqué las tetas por encima del sujetador y me quedé observándolas durante unos segundos a la vez que pasaba mis dedos alrededor de sus erectos pezones. "Hazme una paja en mi coño, por favor" me pidió ella totálmente excitada. Así que metí mi mano buscó la entrada de su joven coñito y me puse a pajearla. Le metí dos dedos de golpe, y no me costó mucho esfuerzo ya que lo tenía bastante mojadito. Con mi otra mano le seguía tocando las mamas y con mi lengua le lamía el cuello, le daba dulces besitos, bajando poco a poco hasta llegar a sus pechos que me puse a chupar como un perrito. 

El coche es un lugar incómodo para este tipo de cosas, así que le sugerí salir fuera y tendimos en el suelo una manta que tenía en el maletero. Nos colocamos detrás de unos arbustos, sin ningún peligro de ser vistos. Solo se escuchaba pasar algún coche de vez en cuando y de lejos, ya que estábamos apartados de la carretera. Me acerqué y la tomé por la cintura, la besé apasionádamente y con mi ayuda se quitó los pantalones quedándose únicamente con el tanga. Le agarré los muslos, los cachetes del culo y estuve un buen rato magreándola. Más tarde, mis manos descubrieron ese territorio desconocido, tan deseado, y la dejé totálmente en bolas. Tenía vello púbico en abundancia, no eran muy largos, sino rizados y complétamente negros. Le pasé la mano y sus pelitos dejaron adivinar un sexo rosado y muy lubricado. Me agaché y le separé las piernas. Le pasé la lengua por el clítoris, ella puso sus dos manos sobre mi cabeza y me hundió en su sexo. Luego se dejó caer en la manta, levantó las piernas y las pasó detrás de mi cuello.

En esa posición, su sexo estaba bien abierto y mi lengua se hundió profúndamente entre sus labios. Su flujo me cubrió el rostro, le levanté más las caderas y lamí en círculos la entrada de su culo. Suspiraba de gusto y comenzó a gemir. Yo aún estaba vestido, así que, sin perder mucho tiempo, me quité los pantalones y los calzoncillos. Mientras lo hacía, ella se pajeaba hundiéndose por lo menos dos o tres dedos en el chocho. 

A mí no me interesaba echarle un polvo rápido, sino disfrutar de la experiencia el máximo tiempo posible. Me lo quería tomar con calma y tardar el máximo tiempo posible en follármela. Con la polla en la mano me acerqué a ella, y me puse de cuclillas a la altura de su cabeza. Atrapó mi pene con sus labios y se lo metió hasta lo más profundo de su boca. Su lengua hacía movimientos en círculo sobre mi capullo... creí desmayarme de placer. Mientras me hacía la mamada yo me dedicaba a meterle mano por todo el cuerpo. Notaba sus formas en mis manos, sus senos grandes y levantados, sus pezones endurecidos y listos para mi boca sedienta. A veces, Vanessa se sacaba la polla de la boca y chupaba también mis cojones y el canalillo de mi culo. No podía creer lo que estaba pasando, ¡pero era real!. 

Cambié de posición y me tumbé encima. Le metí un dedo en el chocho, y después dos. Lo tenía totálmente lubricado, así que probé a meterle tres. Miré su rostro y tenía la cabeza de lado y los ojos cerrados. Estaba muerta de gusto. Más tarde llevé mis dedos llenos de flujo a su boca, se los pasé por los labios y ella misma sacó la lengua y los chupó. Eso me puso aún más cachondo y comencé a frotar mi dura verga por su chumino caliente. Vanessa levantaba las caderas y hacía presión sobre mi polla. "Por favor, fóllame Diego, ¡te lo suplico!". Así que apunté diréctamente a su agujero y, sin casi ningún esfuerzo, se la clavé hasta los cojones. Quería disfrutar al máximo y, aunque se la metía todo lo que podía, lo hacía léntamente, o sea hasta el fondo pero sin prisas. La muy viciosa sin embargo necesitaba más caña, y me empujó apartándome de encima y me tumbó, sentándose ahora ella sobre mí, bueno más bién sobre mi polla. Desde esta posición, yo tenía un ángulo fabuloso de sus tetas, que rápidamente agarré a la vez que ella comenzó a cabalgar. Fué aumentando el ritmo hasta un punto en el que las tetas se le movían tanto que se escapaban de mis manos, y podía sentir también sus musculos vaginales apretando mi miembro que entraba y salía a una velocidad frenética.

Vanessa era multiorgásmica, tenía el chocho encharcadísimo y me resbalaba su líquido por toda la polla e incluso hasta mis huevos estaban empapados de flujo. Cuando estaba a punto de correrme la avisé, y ella levantó las caderas, saqué mi polla y le eché todo el esperma sobre su vientre y ombligo. Después se agachó, y tomando mi nabo en su boca sorbió hasta la última gota. De paso siguió chupando hasta que me la volvió a poner dura, por lo que a los pocos minutos estuve listo otra vez. Esta vez mi objetivo era practicar todas las posiciones posibles y sobre todo encularla.

Hicimos un 69, y su esfínter pequeño, cuando se lo empezé a succionar y a meterle la lengua, se fue abriendo. Me ayudé con las manos y le abrí el culo todo lo que pude, para que mi lengua le entrara bién.  "¡Sigue por favor, me encanta como lo haces, nunca me habían comido el culo", decía Vanessa. Cuanto más le metía la lengua, mejor me la chupaba ella y más rápido lo hacía. Temí correrme en su boca y le pedí que parara. "¡Pues entonces métemela ya, joder!" gritó. La puse a cuatro patas y empujé, poco a poco, con mucho cuidado para no hacerle daño. Me pidió que a la vez que se la metía que le masajeara el clítoris, y lo hice durante un buen rato, hasta que no pude resistir más e introduje la polla cada vez con má fuerza.Ya la tenía dentro casi por completo, aunque a veces paraba durante unos instantes ya que le dolía un poquitín, sin embargo al poco tiempo me dijo que la penetrara a fondo que ya no había problema.

"¡Siii, siii, que gustazo, que gustoooooo!" decía ella sin parar de mover el culo de tal manera que, aunque yo me quedase quieto, era ella la que me follaba. Se veía que tenía experiencia la muy putilla, y tan solo con 17 añitos. Fué ella incluso la que, pasado un rato, me pidió cambiar de postura, se echó sobre la manta boca arriba y se agarró las piernas con las manos para dejarme el culo en buena posición. Se la volví a clavar, y es ta vez podía contemplar el cachondo movimiento de sus ubres, que por cierto también lamí dejándolas llenas de saliba, y al reflejarse la luz de la luna sobre ellas se producía un efecto maravilloso. Menudas tetas tenía (esto no me cansaré de repetirlo), y ahora, impregnadas con mi saliba, se veían tan brillantes y...tan GORDAS. Cuando me faltaba poco para correrme, le dije que en cuanto yo la sacase, se introdujera un dedo en el coño y otro en el culo y se pajeara, a la vez que yo me correría en su boca. Varios segundos después saqué la polla de su culo y, sin perder ojo de como ella se masturbaba, le metí la polla entre los labios y me corrí dentro de su boquita adolescente. Consiguió tragarse el 90% de la leche, y el 10% que se le escapó lo recogió con la lengua. Después nos abrazamos y nos dimos un largo morreo, que me permitió saborear mi propio semen.

Después de este polvazo nos vestimos y nos fumamos juntos un buen porro, mientras hablábamos de lo sucedido. Los dos estábamos muy satisfechos con la experiencia y coincidíamos en que había que repetirlo. Me dió un beso de despedida y se marchó andando (su casa estaba muy cerca) no sin antes darme su número de móvil. Al llegar a casa, me hice un buen pajote antes de dormir recordándolo todo. Al día siguiente no tenía que trabajar, así que podía levantarme tarde y, ¿adivinais que era lo primero que tenía pensado hacer cuando me levantase? Pues óbviamente, llamar a Vanessa y disfrutar de mi día libre :)

A las cuatro y media me desperté. Bajé a comprar el periódico y me tomé un par de cañas en el bar mientras lo leía. Luego me pasé por el super y compré algunas cosillas para comer, ya que tenía el frigorífico casi vacío. Estaba algo nervioso, solo hacía pensar en Vanessa, y sobre todo en sus pechos. Antes de subir a mi casa me pasé por el taxi ya que tenía allí el teléfono de ella apuntado en un papel. La llamé en cuanto acabé de comer.

"Hola, eres Vanessa, ¿verdad?" -- "Sí, soy yo, ¿tú eres Diego?" -- "Sí, ¿qué tal estás?, ¿tienes planes para hoy?" -- "No, no, ningún plan, ¿puedes venir a recogerme?" -- "¿A dónde, a tu casa?" -- "Esto... no, a mi casa no, vamos a quedar en algún sitio, Diego" -- "De acuerdo, ¿Te parece bien en la entrada principal de El Corte Inglés, a las siete? -- "Vale, allí estaré" -- "Bien Vanessa, hasta luego entonces, ¡ah!, quería pedirte una cosa" -- "¿El qué?" -- "Pues es un pequeño caprichito que tengo, y que me hace mucha ilusión. Mira, me gustaría que te pusieras una minifalda sin tanga, un top sin sujetador y unas botas altas, pero sino quieres no pasa nada" -- "¡je je je tranquilo, lo haré, no te preocupes!. Más de una vez he salido así, y no me importa hacerlo una vez más para tí.Venga, nos vemos Diego" -- "Hasta luego, preciosa".

¡¡¡Guau!! Estaba supercontento, ya que por unos momentos pensé que no me iba a coger el teléfono o que me había dado uno falso. Me metí de lleno en la ducha y luego me afeité, me lavé los dientes e incluso me puse gomina en el pelo. Quería, dentro de lo que cabe, estar lo más "agradable" posible. Procuré ser puntual, como es costumbre en mí, así que salí de casa con bastante antelación. 

Vanessa estaba allí cuando llegué, y al verla me entró una especie de escalofrío que me recorrió el cuerpo. Estaba imponente, exáctamente como yo le había indicado. ¡Menudo descaro!, los melones se le transparentaban una barbaridad, ¡pero una barbaridad!. Y más morbo me daba el pensar que iba así porque yo se lo había pedido, y ella me había obedecido fiélmente, había salido a la calle como una puta por que un hombre al que había conocido la noche anterior se lo había pedido. Como os decía, las tetas se le marcaban a tope, y esa faldita corta y las botas completaban la armonía haciéndola el centro de atención de todos los hombres, y por supuesto de alguna mujer también.

Nos dimos dos besos y entramos abrazados de la cintura. Me sentía orgulloso de ir con una chica así, aunque la mayoría de la gente pensaría que era mi hija o alguna familiar. Me fijaba en sus macizos muslos y los veía agitarse con el movimiento de sus caderas al andar, y en sus tetas cuyos pezones se marcaban a la perfección en el top. La falda, como os comenté, era cortísima, así que no pude aguantar más y me decidí a pasar a la acción, quería exhibirla un poco. 

Aproveché un momento en el que se paró a mirar unas cosas y me puse junto a ella, como si también estuviese mirando, y le posé mi mano en su culo y le subí ligéramente la faldita. Ella me miró y sonrió, como dándome a entender que no le molestaban estos juegos. Por lo tanto, subí aún más la falda dejándole medio culo al aire, y me puse observar a la gente para ver si alguien nos miraba. Efectívamente, un tipo cuya mujer estaba hablando con una dependienta tenía los ojos clavados en el culo de Vanessa, y también un hombre de unos 65 años que pasaba andando con su esposa. Cuando veían que yo los miraba apartaban la vista, por lo que me decidí a no interrumpirles y me dediqué a besar el cuello de Vanessa. A los veinte o treinta segundos le volví a poner bién la falda y seguimos paseando, dirigiéndonos a la sección de deportes, donde ella quería comprarse unas mallas ajustadas para practicar aerobic (quería adelgadar, con lo buena y maciza que estaba).

Dicha sección se encontraba en una planta superior, así que cogimos las escaleras mecánicas. Se me ocurrió tirar unas llaves al suelo y decirle a Vanessa que las cogiese, para que las personas que vinieran atrás, al agacharse, le vieran el culo al completo, sin embargo en esos momentos no había nadie. Mala suerte, pero se me ocurrió otra cosa. En los momentos en que nos cruzamos con las personas que bajaban en las otras escaleras (como sabeis las escaleras que bajan y las que suben estan juntas) le saqué una teta por encima del top a la vez que levanté la parte delantera de la falda dejándole el coño totálmente al descubierto. La vieron tres chicos jóvenes y una pareja de unos 40 años. Seguro que más de uno de ellos se hizo una paja esa noche a la salud de Vanessa. 

Le compré las mallas y me dijo que le apetecía tomar algo en la cafetería. Le dije que a mí también me apetecía un trago, pero que antes QUERÍA FOLLÁRMELA EN LOS SERVICIOS DE SEÑORAS. Se rió y me dijo que eso ya era demasiado, que podíamos armar un escándalo si nos pillaban. "¡Ahí está el morbo precísamente, Vanessa, en que nos puedan pillar!". Dudó durante unos momentos pero finálmente aceptó. Entró ella primero, para así avisarme de que no había nadie en los lavabos que nos viese entrar. Tuvimos suerte y rápidamente entré con ella a uno de los wc. Cerré bien el pestillo y le quité a tirones el top. Me bajé los pantalones y ella misma se quitó la falda, quedándose únicamente con las botas. Me senté en la taza del wc y le dije que se pusiera encima mío, dándome la espalda. "Venga, ponte a botar sobre mi polla, quiero que lo hagas rápido porque no podemos estar mucho tiempo aquí", le dije. 

Comenzamos la jodienda, Vanessa se movía sobre mí de una manera perfecta. Botaba de tal forma que parecía que tenía un muelle en el culo. En esos momentos, se escuchó entrar a alguien por lo que tuve que taparle la boca para que no se escucharan sus gemidos. Al poco tiempo escuchamos llegar a más personas, esto a mí me excitó mucho, además algunas mujeres se pusieron a conversar mientras se maquillaban y tardaron un buen rato en irse. Vanessa no dejaba de botar sobre mi cuerpo, a veces arqueaba el cuello hacia atrás y me besaba en la boca. Yo le magreaba las tetas y le acariciaba el chocho, notándo mi propia polla entrar y salir llena de jugos. Después se puso un poco de lado y así pude comerle los melones a la vez que seguía follándomela. Cuando noté que iba a correrme, le dije que se pusiera de rodillas en el suelo y que con la mano me hiciera una paja apuntando hacia sus tetas para correrme sobre ellas. Me obedeció y además a la vez que me la meneaba frotaba mi capullo por sus pezones,provocándome un intenso y placentero orgasmo.

La leche le caía por los pechos hacia su vientre, y para limpiarse me pidió que le acercara el papel higienico. Le dije que no, que no hacía falta papel higiénico, que pasara sus manos por la corrida y que luego se las llevara a la boca y recogiera la leche con la lengua. Menuda zorrita era, se llevaba los dedos llenos de semen a la boca y los lamía uno a uno, léntamente y mirándome fíjamente a los ojos. 

Fuimos a la cafetería y nos tomamos unas cervezas. Por decisión propia decidí no volver a verla, más que nada por la diferencia de edad. Podría meterme en un lío ya que sus padres me podían denunciar porque Vanessa no era mayor de edad, incluso aunque ella dijese que lo hacía por propia voluntad.

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