Ahora el reto era incluir a su
hijo Oscar en esas relaciones con su madre y así contar en nuestro
círculo con una nueva pareja incestuosa compuesta por madre cachonda e
hijo vicioso, como de hecho lo somos mi madre y yo o mi tía Flora y su
hijo Dani, mi primo.
No hubo que esperar mucho
porque la oportunidad se presentó al día siguiente. Yo le había contado a
mi madre mi aventura con Puri pero, aunque estaba deseando, no había
tenido ocasión de hablar con Oscar con lo que éste era completamente
ignorante de cómo estaban las cosas entre su madre y yo.
Ese día a la tarde fui de
nuevo a casa de Puri de visita. Mi intención era volver a pasar un buen
rato con ella y de paso ir preparando el terreno para que tanto mi madre
como el hijo de Puri, Oscar, pudieran gozar con nosotros. Que Puri
aceptara follar conmigo había sido excepcional pero entraba dentro de lo
ortodoxo, en cierta medida, pero contarle que yo también tenía relaciones
sexuales con mi propia madre y que su hijo Oscar deseaba tirársela
también a ella eran cuestiones que debían plantearse poco a poco y con
mucho tacto.
Cuando llegué a casa de Puri
ésta estaba sola. Nos saludamos y tras darnos unos calientes Puri
enseguida me avisó de que esa tarde no podríamos hacer nada puesto que su
hijo iba a llegar pronto a casa. Yo le dije que mientras tanto no podía
dejar de tocar un poco su bonito cuerpo y le empecé a meter mano sin que
ella protestara lo más mínimo, más bien me animaba tácitamente con sus
risitas complacientes.
Le toqué las tetas y el culo y
nos dimos unos cuantos besos húmedos y excitantes. Puri besaba realmente
bien la muy cabrona; mueve la lengua con mucha habilidad y me chupaba los
labios, las encías y se enroscaba en mi propia lengua con enorme avidez.
Me resultaba muy excitante besarme de aquella manera con Purificación
pues mientras nos besábamos yo pensaba en la imagen de mojigata reprimida
que siempre ha tenido Puri para todos los de la familia y me resultaba
morboso constatar lo calentorra que esta cincuentona prima de mi madre es
en realidad.
Momentos después, y cuándo yo
ya había sobado a base de bien tanto las tetas como el culo o los muslos
de Puri haciendo que ella riera complacida y mostrando por tanto su
disposición a que aquellos atrevimientos continuasen, apareció Oscar. Yo,
decidido a sacar partido a la situación y a llevarla adelante, le
expliqué abiertamente al chico que estaba hablando con su madre de lo
atractiva que es y lo buena que está.
Puri me miró con una cierta
aprensión y con un más que evidente nerviosismo al considerar mis
palabras una indiscreción. Pero como Oscar reaccionó de modo muy natural
señalando que las madres de ambos estaban muy bien y que ello debía ser
motivo de orgullo para nosotros, Puri se tranquilizó.
Continuamos entonces los dos
con los piropos aunque éstos eran razonablemente suaves. Le decíamos a
Puri que se conservaba muy bien, que tenía unas piernas muy bonitas y que
muchas jóvenes darían algo por tener un cuerpo como el de ella.
Puri en un principio se mostró
algo nerviosa pero pronto, dado el cariz amable y correcto de nuestros
piropos, se reía cómoda y halagada a pesar de que su hijo estaba
participando activamente en la conversación sin mostrarse en absoluto
inquieta ni a disgusto.
Al hablar del atractivo de
nuestras madres inevitablemente salió a colación el incidente del día en
que los tres habíamos visto desnuda a mi madre al salir de la ducha.
Comentamos, sobre todo Oscar y yo, que en efecto mi madre también ser
conservaba muy bien y que resultaba muy atractiva.
Ambos volvimos a insistir en
el orgullo que nos hacía sentir el hecho de que nuestras madres fueran
unas mujeres deseables y atractivas y yo me atreví a hacer algún
comentario algo más subido de tono sobre algunos de los atributos de mi
madre. Señalé sin arrobo que a mi me encantaba el culo de mi madre pues
me gustan así, grandes, redondos, salidos y respingones.
Purificación nos dijo en tono
de broma que éramos unos desvergonzados al hablar así de mi madre y
entonces yo pedí opinión al respecto a su hijo Oscar y éste, aunque algo
más comedidamente que yo, también señaló que mi madre le gustaba mucho
como mujer. Puri nos decía que estábamos locos pero se reía visiblemente
complacida por nuestras opiniones a favor de las mujeres maduras.
En un momento dado y tras
lanzarle varios piropos yo señalé que era una pena que no pudiéramos
verla desnuda como habíamos visto a mi madre. Puri me miró con una cara
un tanto compungida y nerviosa pero yo le guiñé un ojo tratando de
transmitirle confianza.
- Sí, Puri, si no pasa nada.
Tanto a tu hijo como a mí nos gustas mucho; nos pareces una mujer muy
atractiva así que no tendría que haber nada de malo en que te pudiéramos
ver un poco mejor esas fantásticas piernas que tienes.
Oscar iba percatándose de lo
que yo estaba intentado y colaboró de la mejor manera posible en lograr
que su madre acabara enseñándonos algo de su bonita anatomía. Para ello
también la piropeó y le dejo ver repetidamente que sería un placer verle
por completo las piernas, que a su juicio eran de las más bonitas que
había visto.
Purificación, un tanto
nerviosa nos decía que estábamos locos por sugerirle que nos enseñara los
muslos pero nosotros seguíamos insistiendo con simpatía.
No era fácil que Puri
accediera a desnudarse estando su hijo delante, lógicamente, y así, al
principio, mostró más que reservas con respecto a la posibilidad de
enseñar por entero sus piernas estando delante su hijo pero nuestra
sistemática insistencia, nuestras alusiones a la discreción unidas a
nuestros cálidos piropos y al hecho de que estábamos en un entorno de
confianza del que nada iba a salir y creo que sobre todo mis guiños
cómplices, unidos probablemente también a su creciente calentura,
hicieron que tras un rato de requiebros, piropos y solicitudes, algunas
ya decididamente atrevidas, Puri empezara a sonreír de una forma más
condescendiente. El punto decisivo creo que fue cuando yo le dije "Venga,
Puri, enséñanos esos muslazos que seguro que son de lo mejorcito que
hay". Puri sonrió pero lo que acabó de decidirla fue que acto seguido su
propio hijo Oscar le dijera: "Eso, mamá, enseña las piernas y haz que
babeemos al verte. Venga, mamá, que quiero presumir de madre maciza y
atractiva; que vea el primo que estás tan buena como vimos el otro día
que está Nati".
Ante estos decididos ánimos
por nuestra parte Puri acabó diciendo:
- ¿Entonces de verdad queréis
que os enseñe las piernas? Bueno, vale, pero un poquito porque sois
vosotros y porque estamos en familia, pero esto que no salga de aquí bajo
ningún concepto ¿eh? – Y mientras decía, primero tímidamente pero luego
con mayor decisión, procedió a levantarse la falda hasta bastante más de
medio muslo dejando a la vista su bonitas piernas y sus bien torneados
muslos.
Oscar y yo, que nos habíamos
dirigido miradas significativas durante todo el proceso, la piropeamos
tanto que la terminamos animando a que se desprendiera de la bata de modo
que quedó ante nuestros ojos en bragas y sujetador.
Ella al principio se mostró
enormemente reticente ante esta petición pero nosotros le recordábamos
que aunque se quitara la bata no se quedaría desnuda del todo y que aún
estaría mucho más tapada de lo que lo había estado mi madre el día que la
vimos desnuda al salir del baño.
Puri dudaba pero sonreía cada
vez más mostrando que nuestras peticiones, lejos de incomodarla, la
halagaban. De vez en cuando Puri mi miraba a mí con una cierta inquietud
pero yo la animaba guiñándole y haciéndole breves gestos de asentimiento.
- Venga, Puri. El otro día
tanto Oscar como yo vimos a mi madre desnuda y ahora tenemos una
inmejorable opinión de ella, te lo puedo asegurar, así que porque te
veamos a ti ahora sin bata…
Para entonces tanto su hijo
como yo teníamos una erección de caballo que creo que se nos notaba de
forma ostensible.
- Claro, mamá; venga, anímate
que tú también estás buenísima, tan buenísima como Nati así que déjanos
que te veamos un poquito también. – Le decía su hijo.
- ¡Qué voy a estar buena! –
respondía ella haciéndose la modesta pero sin duda halagada. – Si tengo
todo caído y ya veis, las tetas pequeñas… Seguro que no os gustaría…
- Bueno, mamá, vamos a verlo –
insistía su hijo.
- Vale, vale, me quito la bata
pero sólo eso ¿eh? Yo si me quedo como el otro día Nati delante de
vosotros me muero de vergüenza. Si tuviera un cuerpo para presumir pero
con más de 50 años y con estas tetas pequeñas y caídas, hijo, una no está
como para hacer desnudos integrales.
Finalmente Puri se deshizo de
la bata con nuestra ayuda y ambos pudimos contemplar su razonablemente
esbelto y atractivo cuerpo. Oscar creo que estaba poco menos que al borde
de la eyaculación viendo a su madre en bragas y sujetador.
Tras unos segundos
contemplando el atractivo cuerpo de Purificación yo repliqué a su
comentario de que ya no estaba como para hacer desnudos integrales
diciendo:
- Ya lo creo que tienes un
cuerpo para presumir, Puri, y mucho. Estás realmente estupenda, como nos
gustan a nosotros las mujeres, ¿no es cierto, Oscar? – Y mientras su hijo
asentía con la excitación pintada en los ojos yo continué: - A nosotros
ya sabes que nos gustan las cosas de verdad y auténticas: culos gordos
como el de mi madre y no esos culos que no hay por dónde agarrar de las
veinteañeras de ahora y tetas de verdad como las tuyas y no esas de
silicona.
Y diciendo esto, en una acción
que podía resultar definitiva, me atreví a tocárselas por encima del
sujetador a pesar de estar delante de su hijo. Como éste también le
piropeó las tetas decididamente, Puri pareció asumir que la presencia de
su hijo en aquella situación no suponía un problema. No obstante trató de
hace ver con un suave gesto de su mano sobre la mía que no se iba a dejar
tocar las tetas pero como yo insistí en mi manoseo y Oscar arreció con
una tandada de encendidos piropos hacia las mujeres maduras y hacia su
madre en particular, Puri acabó dejándose hacer sin mayor problema
permitiéndome que le tocara las tetas sobre el sujetador mientras reía
abiertamente. Finalmente intervino Oscar diciendo:
- Mamá, estás estupenda de
verdad; aunque seas mi madre lo justo es reconocer que eres una hembra
atractiva de verdad. Y que sepas, mamá, que yo estoy muy orgulloso de que
estés así de buena y de que nos dejes que te veamos.
- ¿De verdad, hijo? ¿No te
parezco una desvergonzada estando así en bragas y sujetador delante de ti
y de tu primo?
- ¿Desvergonzada? Todo lo
contrario, mamá. Para poder presumir en condiciones de tener una madre
bien buenorra tenías que dejarnos verte como Nati el otro día, ¿no te
parece? Si a ella la vimos completamente desnuda no hay razón para no
verte a ti igual. Seguro que completamente desnuda estás tan buena como
ella.
- ¡Pero bueno! ¿No tenéis
bastante con verme en bragas y sujetador? – Decía Puri más halagada que
indignada por la propuesta, desde luego. - ¿De verdad queréis que me
desnude completamente delante de vosotros? Y encima eres tú el que me lo
pide, Oscar. Mira que soy tu madre…
- Claro que te lo pido, mamá.
A mi me encantaría verte desnuda. – Dijo Oscar con suavidad y yo vi en
los ojos de Puri que con esas palabras la había convencido para cualquier
cosa. – No sabes lo que me gusta presumir de tener una madre bien
atractiva y maciza y tú con ese cuerpazo, mamá, es lo que eres una mujer
muy atractiva.
- ¿De verdad, hijo? ¿Te
gustaría verme desnuda aunque sea tu madre? – le respondió Puri casi
obnubilada por las palabras de su hijo.
- Me gustaría y mucho, mamá. –
Le respondió Oscar de nuevo suavemente mientras su madre sonreía como
hipnotizada. – Y no pasa nada porque seas mi madre; el otro día vimos
desnuda a Nati y estaba su hijo delante y creo que él se sintió muy
orgulloso porque la verdad es que tener una madre tan atractiva como Nati
es para presumir de ella. A mi también me gustaría que pudiéramos verte
ahora como el otro día vimos a Nati. Total, por verte así no pasa nada…
Con Nati no pasó nada desagradable el otro día ¿no es verdad?
- Pues claro – intervine yo. –
Con lo bien que tienes que estar... Tiene que ser delicioso ver a una
mujer madura como tu desnuda. Venga Puri. – Y le volví a tocar las tetas
por encima del sujetador aprovechando para deslizar una de las copas de
la prenda hasta dejar uno de sus pezones a la vista. Puri también en esta
ocasión se dejó hacer y no hizo ningún intento por cubrir su teta. Sonrió
y aceptando nuestra propuesta dijo:
- Bueno, si ya me estáis
viendo los pezones...
- Que por cierto son
preciosos, mamá. – Le dijo Oscar pasando una mano suavemente sobre una de
las tetas de su madre y provocando en ésta un electrizante escalofrío.
A continuación Puri se deshizo
del sujetador dejando sus pequeñas pero excitantes tetas al aire. Los dos
elogiamos ampliamente sus tetas y a pesar de que ella insistía en que
eran muy pequeñas nosotros opusimos los argumentos de que eran naturales
y muy elegantes y que eso nos gustaba tanto o más que unas tetas gordas y
por supuesto mucho más que unas tetas artificiales.
Como Puri se mostraba a esas
alturas tan colaboradora con nuestros requerimientos no nos costó mucho
convencerla también finalmente para que se quitara las bragas. De hecho
lo hizo casi de inmediato cuando se lo demandamos y pudimos verle el culo
y hasta el coño mientras ella se exhibía notoriamente orgullosa del
efecto que la visión de su cuerpo causaba en nosotros. La piropeamos
largamente y le dimos unas cuantas palmadas en el culo a las que ella
reaccionó muy positivamente.
La cosa no podía ir mejor pero
las circunstancias no permitieron que la cosa fuera a más aquel día ya
que una llamada telefónica atendida por Puri anunció la inminente llegada
de un familiar con lo que, muy a pesar creo que de todos, tuvimos que
dejar allí aquella excitante exhibición. Yo estoy seguro de que si no
llega a ser por esa llamada nos la acabamos follando ese mismo día pero
no pudo ser así que tras los oportunos comentarios halagando una vez más
la belleza de su cuerpo Puri ya se vistió.
Tras vivir esta situación,
horas después y ya a solas, Oscar y yo comentamos, lo cerca que estábamos
de tirarnos a su madre conjuntamente. Ambos nos felicitamos también de lo
razonablemente sencillo que había resultado entablar esa intimidad con
Puri y hasta lograr que se desnudara ante nosotros. Yo por mi parte
decidí omitirle a Oscar el hecho de que yo ya me había follado a su madre
pues me pareció que era más excitante para todos que Oscar pensara que
entre los dos nos estábamos ligando conjuntamente a su madre.
Sería unos días más tarde,
cuando yo volví a casa de Puri encontrándomela sola. No tardamos mucho en
sacar el tema de nuestras relaciones y de la presencia en ellas de Oscar.
Purificación me contó que el día anterior había pasado un gran apuro por
la presencia de su hijo y por nuestras continuas solicitudes de que se
mostrara desnuda ante los dos. Pero también me confesó que junto con mis
señales de complicidad en forma de guiños y asentimientos, se había ido
sintiendo más favorable a la exhibición ante Oscar porque la había puesto
cachonda la idea de resultarle atractiva como mujer a su hijo.
- Te pareceré una depravada
pero creo que si no llega a ser porque me llaman por teléfono no se si no
hubiera acabado no solo en pelotas sino haciendo algo peor con vosotros.
Menos mal, porque luego pensando en frío que casi me comporto como una
golfa estando mi hijo delante… ¡Uff, que vergüenza!
- Nada de vergüenza, Puri. Si
Oscar también estaba encantado de verte el culo y las tetas ¿o es que no
te fijaste en la erección de caballo que le provocaste?
- Sí me fijé, sí, y no sabía
si eran imaginaciones mías o si ere real pero ahora que tú me lo
confirmas… Pero es que siendo mi hijo…
- Puri, recuerda que aunque
sea tu hijo es un hombre al que le gustan precisamente las mujeres como
tú y como mi madre; no lo olvides.
- ¿A ti también te gusta tu
madre? – Pregunto entonces ella con evidente interés.
- Pues claro que me gusta, y
no tengo ningún inconveniente en confesarlo siempre que sea así entre
gente de confianza, claro. Mi madre es una mujer maciza y desde luego que
me gusta, Puri, te lo aseguro.
Los dos sonreímos
enigmáticamente y a continuación nos fundimos en un apasionado beso que
dio pie a unos excitantes escarceos entre ambos. Tras meterle un poco de
mano en las tetas y en el culo ella me dijo que a ella también le
apetecía ver y tocar y acabamos los dos en pelotas para luego terminar
follando como locos. Los dos estábamos muy calientes y de hecho resultó
un polvo muy breve porque Puri tuvo dos orgasmos casi de inmediato y yo
no tardé ni cinco minutos en descargar con gran satisfacción mi andanada
de semen en su cálido chocho.
Después del satisfactorio
polvo retomamos el tema previo y comentamos, a instancias mías, lo
atractiva que ella le resultaba a Oscar y cosas así. Ella volvió a
interrogarme sobre lo atractiva que mi madre me resultaba a mí y yo le
confirmé esa atracción aunque sin darle más detalles. Pero utilicé el
tema para señalarle que con toda seguridad ella también le resultaría muy
atractiva a su hijo Oscar.
- Es lo normal porque tanto mi
madre como tú, como ya te he dicho, sois nuestro tipo ideal de mujer.
Tal como iba la conversación
yo decidí dar un paso más y llegué a apuntar, aunque en tono de broma, lo
excitante que sería para ella disfrutar de la polla de su hijo. Puri en
un primer momento se mostró escandalizada pero el intenso brillo de su
mirada me dijo claramente que la idea no le había disgustado
precisamente.
Hablamos de ello y yo apuntaba
argumentos a favor de la relación incestuosa como que no iba a pasar nada
malo al estar descartada la posibilidad de embarazo dada la edad de Puri,
la tremenda discreción de una relación así, la confianza y el morbo y el
atractivo que sin duda tenía para ambos. Puri acabó estando de acuerdo
conmigo pero señaló que en la práctica nunca haría nada de eso con Oscar
porque le daría una enorme vergüenza y corte. A continuación me lanzó a
mí la siguiente pregunta:
- De todas maneras eso ya
sería demasiado ¿no? Porque tú eres un buen vicioso y dices que te gusta
Nati pero ¿lo harías con tu madre?
- Bueno... – contesté yo con
un deje de asentimiento que le hizo sonreír a Puri con un brillo de
picardía en los ojos que dejaba perfectamente claro que ambos habíamos
entendido incluso lo que no habíamos dicho.
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