.:: RELATOS DE CORNUDOS ::.

  "Mi viejo y degenerado vecino desea follarse a mi esposa (3)".

 

 Para una mejor comprensión de la historia, sugiero a los lectores la lectura de las partes anteriores : (Primera parte) (Segunda parte).

 
Después de aquella noche nuestra vida cambió. Aparentemente, y de cara al exterior, seguíamos siendo un matrimonio normal y corriente, nuestras familias y amistades nunca sospecharon nada, pero de puertas hacia dentro la situación era bien diferente.

 Oscar, mi viejo y detestable vecino, aprovechando nuestra pasividad, se apropió de nuestras vidas. Follaba a mi querida esposa Alba cuando y dónde quería, la trataba y hablaba como a una zorra y a mí como un cornudo pichafloja, mientras nuestra degradación iba en aumento.

 Tuvimos que facilitar a mi despreciable vecino una copia de las llaves de nuestro hogar, las claves de nuestros móviles y de las cuentas de correo electrónico, tanto las particulares como las de nuestros trabajos, y de nuestras redes sociales.

 Oscar obligó a mi esposa a dejar de tomar la píldora y el hecho de saber que Alba pudiese quedar embarazada de ese maldito viejo no hacía sino incrementar mi excitación. Oscar no me dejaba tocar a mi esposa, Alba era de su única y exclusiva propiedad, eso sí, me dejaba masturbarme mientras contemplaba, día tras día, cómo se follaba a mi mujer por todos sus agujeros en todas las habitaciones de nuestra casa, pero sobre todo en nuestra cama de matrimonio.

 Siempre que volvíamos de nuestros trabajos nos esperaba Oscar. Nuestra primera tarea consistía en desnudarnos para que mi viejo vecino pudiese follarse a mi esposa cuando quisiera.

 Me he planteado en muchas ocasiones cuánto tiempo podría durar esta situación, llegué a tomar la decisión de cortar todo esto, pero al ver cómo mi querida esposa era follada repetidamente por aquel viejo asqueroso, y como disfrutaba Alba de su enorme verga, así como del goce de mis masturbaciones al contemplar tal espectáculo, hizo que no tomase la decisión que un verdadero hombre hubiese tomado.

 Recuerdo especialmente una noche, era Viernes, y volvimos a casa después de hacer la compra semanal. Entramos y para nuestra sorpresa Oscar no estaba. Respiramos tranquilos, lo cierto es que nuestro vecino no había dado señales de vida durante toda la semana. Guardamos la compra pero al poco rato se escuchó la llave de la cerradura y Oscar apareció delante de nosotros.

 - "¿Qué tal, parejita? Hola pichafloja, hola putita, estás preciosa con ese traje".

 - "Hola", acertamos a contestar.

 Lo cierto es que mi mujer estaba más guapa que nunca, con una falda ceñida hasta media rodilla que resaltaba sus nalgas, una blusa blanca que dejaba entrever su sujetador de encaje blanco y su melena recogida en una coleta.

 - "Os preguntaréis dónde he estado esta semana, quizás, cornudo, hayas pensado que me he cansado de follar a tu dulce mujercita, pero no es así. Todo lo contrario, he estado preparando una sorpresa, en especial para ti, Alba, espero que la disfrutes".

 Y diciendo esto, Oscar se encaminó hasta la puerta de entrada y la abrió. Al poco, un hombre de unos treinta y cinco años, barrigudo y calvo, pero de porte elegante e impecablemente vestido de traje, entró en nuestro salón.

 - "¡Miguel Angel!, ¿Qué haces aquí?", exclamó mi mujer.

 Nos quedamos pálidos.

 - "Hola parejita, ¿o debo decir Alba la puta y Alfredo el cabrón del cornudo?".

 Los hechos se desbordaron en mi cabeza, conocí a Miguel Angel en una cena del trabajo de mi esposa. Era y es un ejecutivo muy eficiente, compitió con Alba por un ascenso a un puesto de adjunto a gerencia que finalmente consiguió mi mujer. Desde ese mismo instante, Miguel Angel trató de hacer la vida imposible a mi esposa pero Alba consiguió imponer su autoridad, se le llamó la atención por parte del gerente, y fue relegado a tareas de administración.

 - "Te sorprende que esté aquí, ¿verdad preciosa?", dijo Miguel Angel intentando acariciar la cara de mi esposa mientras en su rostro se reflejaba una mueca de desprecio.

 - "Estate quieto", grité.

 - "Cállate, cabrón. ¿Quieres saber lo que hago aquí? Pues te lo voy a contar. Tienes una esposa que es una preciosidad y muy eficiente en su trabajo. Por su culpa perdí un ascenso en la empresa por el que estuve luchando durante años. Alba entró de nueva a trabajar y en seis meses le dieron el puesto que debía ser mío".

 - "Y desde entonces has intentado hacerme la vida imposible", dijo mi mujer.

 - "Sí, puta, y no lo he conseguido, pese a que lo he intentado en muchas ocasiones. Me he intentado vengar por lo que me hiciste pero tu influencia en el jefe lo que ha conseguido es degradarme y apartarme de su lado. He intentado vengarme de ti, y cuando ya no tenía esperanza ha surgido la posibilidad".

 - "Debo decir que aquí yo tengo algo que ver", dijo Oscar riéndose.

 - "¿Tú?", dije yo.

 - "Verás, he leído los correos electrónicos del trabajo de Alba, me llamó especialmente la atención los problemillas de Miguel Angel con Albita, así que le envié un correo a Miguel Angel con unas fotos y vídeos, digamos que muy sugerentes, de la zorra de tu esposa. A los pocos minutos tu amiguito contactó conmigo, quedamos y me contó su historia, por cierto muy enternecedora, y yo le conté la nuestra".

 - "¡Eres un hijo de puta!", le gritó Alba a Oscar.

 - "Y tú una zorra barata que se deja follar por un viejo ya que el cornudo pichafloja de su marido no sabe darle lo que necesita".

 Una gran carcajada resonó en el salón. Me volví y era Miguel Angel.

 - "Pues bien, Alba, tengo ahora la ocasión de desquitarme de todo lo que me has hecho y tengo dos posibilidades. Una: puedo subir a Internet las fotos que me ha entregado Oscar, o bien, puedo follarte aquí mismo en presencia de mi buen amigo Oscar y del hijo puta de tu esposo. Lo cierto es que prefiero la segunda opción, zorra, tienes unas tetas y un culo precioso que me muero por romper, ¡no sabes cuántas pajas me he hecho pensando en que te follaba, que te ordeñaba las tetas y finalmente me corría dentro de ti!".

 - "Eres un cerdo", dijo Alba.

 - "Sí, soy el cerdo que va a follarte ahora mismo".

 Al oír esas palabras, tuve una enorme erección. Acto seguido, Miguel Angel se dirigió a Alba e intentó besarla en la boca. Mi esposa retiró la cara y Miguel Angel hizo ademán de propinarle un bofetón.

 - "Quieto", le dijo Oscar a Miguel Angel, y dirigiéndose a Alba dijo:

 - "En tus manos está, putita, o te folla Miguel Angel o subimos a la red tus fotitos, tú eliges. ¿Qué respondes?".

 Alba no contestó.

 - "¿Qué respondes, zorra?", repitió Miguel Angel.

 Ante nuestra pasividad, Miguel Angel se dirigió a Alba, la agarró por la cabeza y la pegó un soberano morreo. Forzó a mi esposa a abrir la boca y sus lenguas y babas se entrecruzaron. Una mano de Miguel Angel desabotonó la blusa de mi esposa y se introdujo en el interior de su sujetador acariciando los pechos de Alba.

 - "Creo que todos estaremos más cómodos en el dormitorio", dijo Oscar.

 - "Tienes razón", dijo Miguel Angel, y cogiendo de la mano a mi esposa se dirigieron a nuestra habitación.

 - "¿Qué hacemos con el cornudo?", dijo Miguel Angel.

 - "En tus manos está, querido Miguel Angel, ahora mandas tú", dijo Oscar.

- "Que venga, quiero que vea como el rival y enemigo de su esposa se va a follar a su linda mujercita. Venga cabrón, ¡vamos!".

 Me levanté y los cuatro nos dirigimos al dormitorio.

 - "¡Pero si está totalmente empalmado el cabrón!", dijo Miguel Angel.

 Era cierto, mi erección era tremenda y mis fluidos manchaban mis pantalones.

 Entramos en nuestro dormitorio y Miguel Angel ordenó a mi esposa que se desnudase muy lentamente. Miguel Angel se bajó sus pantalones y el bóxer dejando al aire una verga de unos dieciocho centímetros, gruesa muy gruesa, y comenzó a masturbarse, muy despacio, con deleite, contemplando a mi esposa.

 Alba, sin pronunciar palabra, bajó la cremallera de su falda, la cual cayó a sus pies.

 - "Retira la falda, cabrón de mierda", me dijo Miguel Angel. Tiré la falda a un lado.

 - "Acércate, quiero verte bien de cerca", ordenó Miguel Angel a mi esposa.

 Alba se acercó a Miguel Angel. Con una de sus manos se masturbaba su enorme verga y con la otra empezó a sobar los muslos de mi esposa.

 - "Qué buena estás, cacho zorra, qué suerte ha tenido el mierda de tu marido y el viejo de tu vecino".

 La mano de Miguel Angel se posó sobre el tanga de Alba y una par de dedos se introdujeron en su interior.

 - "Está empapada la muy zorra", exclamó, sacando los dedos y llevándoselos a la boca.

 Acto seguido le dio la vuelta a mi mujer.

 El culo de Alba quedó a la altura de la cara de Miguel Angel, sus poderosas manos agarraron las nalgas de mi mujer con fuerza. Separó el hilo dental y abriendo los cachetes del culo lamió la raja de mi esposa de arriba abajo. Alba dejó escapar un suspiro de placer.

 - "¿Te gusta, zorra?", dijo Miguel Angel.

 Alba no contestó.

 - "¿Te gusta, puta?", volvió a decir, y acto seguido tras dar una tremenda nalgada a mi mujer metió su mano por la entrepierna e introdujo dos dedos por debajo del tanga acariciando su hinchado clítoris.

 Yo contemplaba la escena totalmente extasiado, Oscar se me acercó y me ordenó:

 - "Mastúrbate, cornudo asqueroso, disfruta como solo pueden hacerlo los pajilleros, menéatela mientras contemplas cómo un verdadero macho se folla a tu linda mujercita".

 Y obedeciendo sus órdenes, procedí a bajarme el pantalón y a meneármela.

 Alba gemía como una verdadera perra en celo, mientras Miguel Angel continuaba pajeándola con deleite. Oscar se acercó a Alba y procedió a quitar su blusa y el sujetador.

 - "¿Te gusta ver como otros hombre meten mano a tu esposa y se la follan?", me dijo Oscar.

 - "Sí", contesté mientras incrementaba el ritmo frenético de mi masturbación.

 - "¡Qué cabrón de cornudo!", dijo Miguel Angel entre grandes risotadas. Y añadió :

 - "¡El rival de su mujer la está masturbando y él ahí con su pollita en la mano pajeándose. ¿Quieres que me folle a Alba?. ¡Contesta, cornudo!".

- "Sí, por favor, fóllate a mi esposa, Miguel Angel", acerté a decir.

 - "Y tú, Alba, mi jefa y superior en la empresa, ¿quieres que te folle?".

 - "Siiiiiii", respondió entre gemidos de placer.

 - "¿Sí que, zorra? ¿Qué quieres que te haga?".

 - "¡Fóllame cabrón, fóllame y hazme tuya!".

 En ese mismo instante, Alba tuvo un tremendo orgasmo, apretó sus muslos con fuerza aprisionando las manos de Miguel Angel, mientras se corría entre grandes espasmos.

 - "Se ha corrido en mi mano, cornudo pichafloja", me dijo Miguel Angel, y en ese mismo instante tres grandes chorros de leche salieron disparados de mi polla.

 Mientras tanto, Oscar, sentado en un butacón, había grabado con su cámara toda la escena mientras fumaba un pitillo.

 - "Quítale a tu esposa el tanga, cabrón y túmbala en la cama", me ordenó Miguel Angel.

 Sumisamente bajé el tanga de mi esposa, y sin saber por qué se lo entregué a Oscar, el cual lo olió y comenzó a masturbarse con él. Acto seguido cogí a mi mujer de la mano y la tumbé sobre
la cama.

 - "Eso está muy bien, cornudo, abre las piernas de tu linda esposa", dijo Miguel Angel.

 Sumisamente abrí las piernas de mi mujer para el macho que se la iba a follar, dejando a su vista todas sus intimidades. Contemplé la cara de Alba, sus ojos estaban entrecerrados, su rostro reflejaba lujuria y sexo.

 Miguel Angel, completamente desnudo y con una erección descomunal, mirándome con cara de total y absoluto desprecio, me dijo:

 - "Quítale la alianza a tu esposa".

 Sin comprender nada, se la quité.

 - "Dame la tuya", me ordenó, y dócilmente se la entregué.

 - "¿Qué te propones?", le preguntó Oscar a Miguel Angel.

 Sin decir nada, Miguel Angel empezó a acariciar el cuerpo de Alba con nuestras alianzas. Primero sus pies para ascender por sus muslos, sus nalgas y su espalda, su cara, sus pechos, aureolas y pezones. Alba no paraba de gemir y jadear, el frío contacto del oro en su cuerpo hacía que se arquease de placer. Miguel Angel con una mueca desencajada de gozo en su rostro introdujo los anillos en el coño empapado de mi esposa y empezó a masturbarla nuevamente.

 - "¿Qué sientes, Alba?", preguntó Miguel Angel a mi esposa.

 - "Placer", contestó ella totalmente entregada a sus caricias.

 - "¿Quieres que te penetre?", dijo su rival en la empresa.

 - "¡Sí, fóllame, te lo suplico!", contestó.

 Grandes carcajadas salieron de la boca de Miguel Angel.

 - "Maldita perra, me has puteado en el trabajo, me has hecho la vida imposible y te tengo aquí completamente desnuda suplicando que te folle, que te dé lo que el cornudo pichafloja de tu esposo no sabe darte. Voy a follarte Alba, pero todavía no, tendrás que esperar".

 - "Eres todo un cabrón", le dijo Oscar a Miguel Angel mientras se pajeaba, y añadió:

 - "Te lo dije, ella es una verdadera puta y él es un cornudo de mierda. Fóllatela", y dirigiéndose a mí me dijo:

 - "Y tú, cornudito, ya sabes... ¡a pajearte!".

 Miguel Angel tiró con despreció nuestras alianzas, bajó su cabeza hasta los pies de Alba y sacando su asquerosa lengua empezó a lamer el cuerpo de mi deseable esposa, sus pies, sus tobillos, sus muslos y culo, su cara, sus pechos y pezones bajando a su vientre y finalmente su coño.

 Alba no paraba de gemir y gritar, y cuando la experta lengua de Miguel Angel toqueteó sabiamente su clítoris mi esposa alcanzó un segundo y profundo orgasmo estallando entre jadeos y gritos de placer.

 Miguel Angel alzó las piernas de Alba, la abrió totalmente, su enorme pollón estaba a escasos centímetros de los labios vaginales de mi esposa. Me acerqué como un verdadero cornudo dispuesto a no perderse el espectáculo de ver a su esposa follada por un verdadero macho. Agarré las nalgas de Miguel Angel y empujando despacio hice que la enorme verga del rival y enemigo de mi esposa fuese penetrando a mi amada mujer.

 Primero entró el glande entre los suspiros de Alba, y luego el tronco hasta que los huevos de Miguel Angel chocaron con la entrepierna de mi esposa. Miguel Angel propinó a mi esposa una tremenda follada, el mete-saca era brutal.

 Yo contemplaba la escena totalmente fuera de mí, estaba viendo como la enorme verga del rival de mi esposa la taladraba una y otra vez sin que hiciese nada por evitarlo. Una voz, era Oscar, susurró a mi oído:

 - "Estás deseando cascártela, ¿verdad?".

 - "Sí", dije con voz débil.

 - "Hazlo y compórtate como un verdadero cornudo, meneátela".

 Siguiendo las órdenes de mi despreciable vecino, comencé a masturbarme como un pajillero en celo.

 - "Lame el culo y los huevos del macho que se está follando a tu mujer mientras te sigues masturbando", ordenó autoritariamente Oscar.

 Sumisamente me acerqué, Miguel Angel continuaba follándose a mi mujercita, Alba gemía y jadeaba de gusto, el culo y los huevos de Miguel Angel quedaron a escasos centímetros de mi cara, saqué mi lengua y lamí la raja del culo y los enormes testículos llenos de leche del macho que se estaba follando sin piedad a mi esposa. Me corrí como un cerdo nuevamente.

 Pasado un rato, Alba tuvo un nuevo orgasmo, más largo y profundo que todos los anteriores, su coño destilaba grandes cantidades de flujo consecuencia de la tremenda follada y placer que le estaba dando Miguel Angel. Éste seguía dandole fuertes pollazos.

 Pasado un rato, gritó que estaba a punto de correrse.

 - "Córrete sobre su cuerpo, córrete sobre ella", gritó Oscar.

 Miguel Angel descabalgó a mi esposa y meneando su enorme verga se corrió entre grandes gritos sobre las tetas de Alba.

 - "Toma leche caliente, maldita zorra", gritó casi al borde de la locura, y cinco o seis enormes trallazos de leche salpicaron y mancharon los pechos de ella.

 Miguel Angel quedó exhausto, Oscar por su parte seguía masturbándose, se acercó a Alba, puso su verga a la altura de su boca. Mi esposa cogió el tremendo pollón de mi despreciable vecino y se lo introdujo en su boca. Lamió su glande, su tronco y sus huevos, se tragó todo su líquido preseminal.

 Oscar no aguantó mucho y gritándome me dijo:

 - "¡Mira cornudo de mierda! ¡Me corro sobre la cara de tu esposa!", y grandes y potentes chorros de lefa mancharon la cara y el pelo de Alba.

 Todos quedamos exhaustos después de la tremenda follada que Miguel Angel, el rival y enemigo de mi esposa en la empresa, le había dado.

 Sin tiempo a limpiarnos, Oscar se dirigió a mí y me dijo:

 - "Tú, cornudito, con tus propias manos, vas a extender por el cuerpo de tu esposa la leche de sus machos".

 Mi humillación era tremenda. Con mis propias manos unté el cuerpo de mi mujer con la leche de los dos hombres que tanto placer le habían proporcionado. Cuando pensaba que mi humillación no podía ser más grande, Oscar me ordenó que lamiese la lefa que había extendido con mis propias manos sobre el cuerpo de mi mujer.

 Los dos machos se reían a grandes carcajadas viendo mi humillación. El rostro de Alba reflejaba una mirada de lujuria que nunca había visto, pero lo que más me atemorizó fueron sus palabras.

 - "Chicos, ¿veis que maridito tengo? No le importa que varios hombres se follen a su esposa. ¡Eres un cornudo pichafloja que nunca has sabido darme lo que una mujer necesita! Tiene que ser tu viejo y odioso vecino y mi rival y enemigo en la empresa quienes me den lo que realmente necesito".

 Aquel fin de semana, Oscar y Miguel Angel se follaron a mi esposa muchas veces, los dos a la vez, en nuestra cama de matrimonio, en la cocina, en todas las dependencias de casa. No se cuantas veces me masturbé, pero recuerdo especialmente cuando primero Miguel Angel y luego Oscar se corrieron dentro de ella, ya que Alba por orden de Oscar había dejado de tomar la píldora... Email.

 

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