.:: RELATOS DE CORNUDOS ::.

  "Mi esposa y su jefe".

 

 Nunca imaginé escribir algún tipo de relato y mucho menos que el mismo se basara en hechos reales.

 Tengo 52 años, felizmente casado con Sonia de 48, dos hijos y una vida de lo más normal.

 Ella es secretaria en una empresa que por motivos obvios ni siquiera mencionaré a qué tipo de actividad se dedica o la localidad en la que se encuentra.

 Trabaja allí desde los 25 años y nunca tuvo el más mínimo problema.

 Todo cambió el año pasado, su jefe se jubiló y vendió la empresa a otra persona.

 Su nuevo jefe, Antonio, se trataba de un hombre de unos 35 años, adinerado por herencia, apuesto y sobre todo bastante golfo.

 Desde los primeros días, mi mujer, al volver del trabajo y bastante molesta, me comentaba las novedades en su empresa con el cambio de jefe.

 Antonio, se trataba de una persona acostumbrada a conseguir lo que deseaba y con pocos escrúpulos a la hora de lograr sus objetivos.

 No había transcurrido una semana, cuando mi esposa se llevó el primer "susto".

 A primera hora de la mañana, observó a Lucía, una empleada de la limpieza de veintipocos años de edad y recién casada, entrar en su despacho, cosa de lo más normal.

 Media hora después, mi mujer tuvo que entrar también al objeto de entregarle una documentación urgente, sin recordar siquiera la presencia de la chica de la limpieza.

 Entregó los documentos al jefe, dejándoselos sobre la mesa del despacho, sorprendiéndose al escuchar la voz algo entrecortada de Antonio al preguntarle sobre unos detalles de los mismos.

 No le dio mayor importancia hasta darse la vuelta y ver los artículos de limpieza arrinconados en una pared, y la bata blanca de Lucía tirada en el suelo.

 En aquellos momentos recordó que la había visto entrar pero no salir, y por muy inocente que se tratara mi esposa supuso inmediatamente cual era el único lugar donde podría encontrarse.

 Comprendió de golpe el motivo de la voz entrecortada y algún que otro gesto inusual de su jefe.

 ¡Lucía se encontraba bajo la mesa del despacho haciéndole una felación en aquellos momentos!.

 Mi mujer me contó aquello, todavía ruborizada e impresionada a pesar de las horas transcurridas, diciéndome que ni siquiera pudo mirar a la cara a Lucía cuando salió del despacho minutos después.

Al contrario de mi esposa, que aparentaba sentirse mal por lo sucedido, aquel relato me excitó enormemente, más aún conociendo a aquella chica ya que habíamos asistido a su boda meses antes.

 Imaginármela arrodillada, mamándole la polla al jefe bajo la mesa del despacho, sabiendo perfectamente que mi mujer podría entrar en cualquier momento, (ya que cerrar la puerta con llave era prácticamente reconocer abiertamente lo que pasaba dentro), me provocó un morbo enorme, que ni siquiera me atreví a comentarle a mi esposa.

 Decidí intentar tranquilizarla diciéndole que a nosotros no debía importarnos lo que hiciera Lucía.

 Sin embargo, era difícil que mi mujer pudiera olvidar aquel incidente, ya que dos o tres veces por semana, "se encargaban de recordárselo", y presenciaba como esta chica entraba en el despacho del jefe cargada de productos de limpieza para salir después ordenándose la bata.

 Algunas veces llegó a escuchar gemidos de placer y ruidos de movimiento de la mesa de la oficina, deduciendo que no solo se trataba de sexo oral, sino que también hacían el amor sobre la misma.

 El morbo de aquellos relatos de mi mujer, se incrementó al máximo cuando me contó sumamente alterada que había charlado del tema con Lucía.

 Al parecer, mi esposa, coincidiendo a solas con ella en el cuarto de baño, le dijo que tenía que tener cuidado con lo que hacía, ya que no había podido evitar "escucharles" y que alguna vez podría sorprenderles alguien que no fuera tan discreta como ella, y tratándose de una mujer casada…

 La respuesta de Lucía la dejó tan perpleja como a mí, ya que lejos de preocuparse al conocer que mi mujer lo sabía todo, sin llegar a decírselo abiertamente, con palabras más o menos evasivas, le dijo que Antonio disfrutaba enormemente sabiendo que ella podía escucharlos, y con mucha más delicadeza que incluso estaba deseando hacerle el amor.

 Podéis imaginar cómo encajó aquel comentario, tratándose de una señora de 48 años, casada con hijos, tantos años trabajando en la empresa, acostumbrada a vestir tan recatadamente que jamás ningún compañero de trabajo había osado a insinuarle lo mas mínimo ni siquiera cuando era mucho más joven.

 La verdad es que a mí también me sorprendió, ya que Lucía y mi mujer eran totalmente opuestas, por lo que siempre hubiera imaginado que a Antonio le gustaban aquel tipo de mujeres.

 Chica jovencita, buen cuerpo, y tan ligera de cascos como para chuparle la polla en apenas unas semanas.

 Mi mujer, al contrario, a pesar de ser preciosa, a sus 48 años, caderas bastante anchas (acomplejada de culo gordo), pecho prominente, algo bajita, gafas y que para el trabajo usaba un tipo de vestimenta tan formal que nunca hubiera supuesto que alguien pudiera mirarla con ojos de deseo.

 Incluso nuestra vida sexual se había reducido a un monótono hacer el amor de vez en cuando, casi por obligación, no por falta de deseo por mi parte, sino por esa misma monotonía que poco a poco va apagando los furores del principio de la relación.

 Para mi más absoluto desconcierto, aquella "revelación" de que su jefe, un chico de 35 años, apuesto y con oportunidades para elegir chicas a las que follar, se había fijado en mi mujer hasta el punto de comentárselo a Lucía, lejos de preocuparme me provocaba un morbo enorme.

 Sin llegar a confesárselo a mi mujer, para mitigar su preocupación y siempre ocultando mi morbo, comencé a bromear sobre ello.

 Cuando quedábamos a solas imitaba el papel de su jefe con frases del tipo, "señora tráigame la correspondencia del día", "que secretaria tan guapa tengo", o "la secretaria debe estar a las órdenes del jefe".

 Bromeaba con cualquier tipo de situación erótica que pueda imaginarse entre jefe y secretaria con nulo éxito al principio, llegándose a enfadarse mi esposa conmigo, hasta poco a poco introducirla en el juego.

 Me sorprendió lograr tan rápidamente que mi mujer se prestara a ese tipo de "juego" a pesar de tratarse de la más absoluta intimidad del matrimonio, pero nuestra vida sexual se revitalizó de tal manera que no podía importarme que fuera a causa de fantasear con otro hombre.

 Nunca hubiera imaginado hasta qué punto se implicó en aquella fantasía o notar que se excitaba mas cuando fingía ser algo sumisa ante su jefe.

 Se corría como una loca llamándome Antonio o fantaseando con que la pillaban follando con él en el despacho.

 Se trataba de juegos, pero la vida real proseguía en su trabajo.

 Lucía y Antonio gemían con más fuerza mientras follaban en la habitación de al lado, su jefe día tras día la miraba con menos disimulo, poco a poco empezó a insinuársele diciéndole que debería vestir de formas más "alegre".

 Por fin me atreví a confesarle que no me importaría que realmente hiciera el amor con él.

 Al principio no quería ni hablar de ello, después comenzó a poner todos los impedimentos del mundo, que no podía ser, que ella no era una cualquiera, que estaba casada, que luego podrían darme celos, que si miedo al escándalo, que teníamos hijos….

 Uno a uno me relató todos los inconvenientes para no hacerlo, no obstante nuestros juegos sexuales y fantasías iban en aumento.

 Pude convencerla para que un día asistiera al trabajo de forma mucho más informal, un vestido rojo algo ajustado y más corto de lo normal.
 
 Los acontecimientos se desencadenaron rápidamente, ya que Antonio la desnudó descaradamente con la mirada nada más verla y le dedicó todo tipo de comentarios más o menos disimulados.

 Mi mujer sumamente nerviosa se arrepintió por haberme hecho caso y vestirse así, ya que a cada momento su jefe se le insinuaba con más descaro, y temía su reacción llegaba el momento de pararle los pies.

 Unos minutos después la llamó a su despacho, y tembló conociendo de sobra lo que habitualmente pasaba tras aquellas paredes.

 Aun así (según me contó ella misma después), intentando ocultar el pánico que sentía, entró en la habitación.

 Su jefe sin dejar de desnudarla descaradamente con la mirada, comenzó a decirle que su secretaria personal debía tener unas "cualidades" muy altas, que sabía que ella "potencialmente" las tenía de sobra, pero que debía saber que había otra mujer que ambicionaba su puesto, y le había "demostrado sus cualidades".

 Mi mujer sabía perfectamente a que "cualidades" se refería y que Lucía se había encargado de demostrarle repetidamente.

 Sin tiempo a pensar la respuesta, Antonio se le acercó y sin pedirle permiso comenzó a desabrocharle el vestido tratándola en la práctica como una mujer de "su propiedad".

 Mi mujer me explicó que intentó evitarlo, pero que se encontraba petrificada por la rapidez de los hechos y por la forma de actuar de su jefe, que demostraba cada vez mas llevar las riendas de la situación con una normalidad pasmosa.

En unos segundos su vestido resbaló hasta el suelo, quedando en ropa interior frente a su jefe que la devoró con la mirada.

 Éste no intentó suavizar los comentarios obscenos, sobre lo que le agradaba su ropa interior, (que por cierto le había regalado yo en un día de los enamorados y en la práctica era casi transparente), y la sobó recreándose en sus pechos.

 Mi mujer evitó contarme algunos detalles de lo sucedido, pero por lo experimentado durante nuestros juegos anteriores, se perfectamente que Antonio alucinaría comprobando lo sumamente erectos que pueden estar sus pezones.

 En estado de sumisión mi mujer se dejó acariciar por aquellas manos lascivas que la recorrían por entero, y cuando no quedó un centímetro de su piel sin sobar, se vio de rodillas en ropa interior frente el abultado pantalón de su jefe.

 Me dijo que ni siquiera recordaba haberse arrodillado voluntariamente, que había actuado casi hipnotizada, pero tras bajarse los pantalones, la polla de su jefe le "golpeó" en la cara.

 Me sorprendí al escuchar de su boca, (ya que siempre había sido reacia al sexo oral), como se la mamó a su jefe sumisamente.

 Intenté imaginarla de rodillas en bragas y sujetador chupándosela en el despacho, aquella visión me provocó un morbo inimaginable.

 Antonio gozó locamente mientras la inexperta boca de mi esposa le mamaba la polla, gimiendo abiertamente.

 Decidí no incomodar a mi mujer preguntándole si ella gozó de la misma manera chupándosela, pero si le pedí que me diera detalles sobre los gestos y gemidos de su jefe y mi excitación comenzó a asustarme.

 Al parecer estuvo bastante tiempo en aquella posición de rodillas, pero Antonio quería más, no se contentaba con que se la chupara su secretaria, al contrario, no pretendía correrse sin llegar a poseerla.

 La invitó a levantarse, volvió a acariciarla, y la besó en la boca apasionadamente, apartando sus labios solo para decirle, "estoy seguro que voy a gozar mil veces más follándote a ti, que con esa niñata de la limpieza".

 Se las arregló para apartar los objetos de la mesa del despacho, (más bien los tiró al suelo), tumbó a mi esposa sobre la misma, de modo que sus caderas quedaron en el borde, sujetándole las piernas hacía arriba.

 Aquella mesa parecía hecha a medida, ya que en aquella postura, tras bajarse del todo los pantalones, mi mujer observó que la polla erecta del jefe apuntaba directamente a su coño aun velado por las braguitas blancas semitransparentes que conservaba puestas.

 Sabía que iba a ser penetrada en cualquier momento, pero aquella suave tela era la única esperanza de evitar que lo que parecía un enorme trozo de carne la desgarrara.

 Antonio le apartó las braguitas lo suficiente para dejar su felpudo al aire, diciendo "!que pedazo de coño!, así me gustan a mí, peludo y arreglado".

 Con las piernas abiertas, sujetas por su jefe en alto, y el coño libre ya de cualquier impedimento, (con seguridad húmedo al máximo, ya que intenté evitar sonsacarle este tipo de detalles sobre ella, para que fuera más abierta en relatarme lo sucedido, y conociéndola sabía que debía ser así, más que húmedo ¡mojado¡), era de suponer que segundos después la punta de la polla de Antonio comenzó a horadarla.

 Para gozo de mi mujer aquella pedazo de polla no la desgarró, al contrario, unos empujones después, la tenia entera en su interior.

 Su jefe comenzó a follarla con rostro de triunfo, de victoria, de morbo o deseo cumplido tras muchos años, con una cara de felicidad que alagó a mi esposa al máximo.

 No contento con follarla, sus comentarios se volvieron de lo mas obsceno a cada instante, y entre gemido y gemido, mi esposa escuchaba:

- "Pero que buena que estas… ¡madre de dos hijos y tienes el coño mucho más estrecho que cualquier niñata!".

- "¡Pero que ganas tenia de metértela!".

- "¡Que ganas tenia de follarme a una autentica señora decente"

- "¡Que coño tan rico!, ¡está ardiendo!".

- "¡Que más quisiera Lucía estar tan rica como tu!".

- "¡Esto es una secretaria y lo demás tonterías¡"

 Su jefe entre el polvazo y los comentarios provocó que se corriera un mínimo de dos veces como una loca (dicho por ella, textualmente, "creo que fueron dos veces").

 Abierta de piernas, siendo follada sobre la mesa del despacho, e intentando que se corriera de una vez su jefe, ya que se encontraba extenuada, escuchó abrirse la puerta del mismo, creyendo morir de vergüenza cuando vio a Lucía con una escoba en la mano, mirando sin pestañear.

- Perdón……. ¿si quiere vuelvo mas tarde?...
- ¡Quieres perder el trabajo!. Bramó Antonio.
- No….. no…… perdón….. no sabia…..
- ¡Pues pasa, limpia sin hacer ruido y………….. de lo que veas ni una palabra!.

 Mi mujer, sumamente avergonzada, sin dejar de ser penetrada cada vez con más fuerza por su jefe, tuvo que presenciar como Lucía, sumisamente, pasaba la escoba por la habitación mirando disimuladamente como "su puesto" era ocupado por otra.

 Di gracias porque mi esposa tomara anticonceptivos, ya que su jefe ni quiera se dignó a tomar precauciones como el preservativo, y en presencia de Lucía se corrió bramando y gimiendo como un loco, dejándole el coño inundado de leche.

 Con la complicidad de quien conoce perfectamente aquella mesa, Lucía ofreció una toallita de papel a mi mujer, para que pudiera secarse el exceso de semen que brotaba de su coño antes de volver a vestirse.

 Mi esposa volvió a su oficina avergonzada aún por la presencia de aquella chica sin poder articular palabra.

 Aquella fue la primera experiencia sexual de mi esposa fuera del matrimonio, y que hasta entonces solo había conocido una polla, la mía.

 Me lo contó todo aquella tarde, al principio recelosa de mi actitud, y tras comprobar mi reacción y sobre todo mi excitación morbosa, con tantos detalles que podría decir que estuve presente mientras la follaron.

 Espero les haya agradado leer nuestra experiencia, en cuyo caso podría ampliar en un posterior relato.  Email.

 

 

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