.:: RELATOS DE CORNUDOS ::.

  "Marina, una zorra por dentro".

 

 Hola. Somos un matrimonio muy normal de 49 y 50 años respectivamente. Llevamos 26 años casados. Marina, mi mujer, es morena, el pelo suele llevarlo corto, mide 1.63 y pesa 54 kg. Tiene unas enormes y deliciosas tetas talla 100 que siempre han sido la admiración de todos los hombres, y unas piernas muy bonitas. No es lo que se dice una mojigata, pero había temas prohibidos, como el sexo anal, intercambios de parejas o cosas por el estilo. Yo siempre había tenido el deseo de verla follar con otro hombre delante de mí, de ser un cornudo, vaya, pero aunque había sacado el tema alguna vez, sus miradas y sus respuestas siempre eran las mismas: no.

 La crisis nos afectó como a muchísima gente. Yo me quedé sin empleo y Marina tuvo más suerte con el suyo. El exceso de tiempo libre me llevó a pensar un plan para poder realizar mi sueño. Puse un anuncio en una página web de contactos, solicitando un hombre maduro, de carácter dominante para follarse a mi mujer. Recibí numerosas respuestas, descartando de entrada los que no cumplían los requisitos y escogiendo a tres de ellos para hablar del tema. Finalmente escogí a Ricardo, un hombre maduro de 60 años, bien conservado, culto y de carácter dominante.

 Estuvimos una tarde entera hablando del tema. Yo tenía numerosas fotos de mi mujer desnuda o en lencería, hechas con su móvil y con el mío, así que decidimos que el chantaje era la mejor manera de intentar conseguirlo. Le facilité unas cuantas fotos de ella y su dirección de correo electrónico del trabajo. Quedamos que el Miércoles (era Lunes) hablaría con ella y que me copiaría toda la conversación a mi correo.

 Llegó el día y estaba bastante nervioso. Encendí el ordenador, abriendo mi correo y para matar el tiempo estuve jugando al solitario. A eso de las 12 recibí un correo con toda la conversación. No me extenderé en detalles. Ricardo le había dicho a mi mujer que si no quería que enviase esas fotos a su jefe, tenía que obedecerle en todo sin rechistar. Le comentó que había accedido a su móvil y robado las fotos. Después de negarse muchas veces, accedió al pensar que iba en serio.

 Quedaron para ese viernes, él la vendría a buscar a las 9 de la noche. Marina me dijo que había quedado con una compañera del trabajo para acabar unos temas. Se duchó y se vistió muy normalita, tejanos, camisa, ropa interior y sandalias. Yo sabía que Ricardo le había comprado ropa a su gusto para ese día. A las nueve en punto se fue después de darme un beso. La noté muy nerviosa, pero yo disimulé.

 Tenía mi ordenador encendido. Ricardo había colocado una cámara oculta en su casa y yo podría verlo y oírlo todo en directo. Al cabo de una media hora, vi cómo se encendía la luz de la habitación y entraban. El sonido no era perfecto, pero audible.

 -Bueno Marina, ya estamos aquí. Ahora vas a ser buena y te vas a desnudar.

 -Mira Ricardo, por favor, no soy una de esas, estoy casada, he venido para arreglar esto y...

 -Pafffff...

 Sonó un bofetón en la cara de mi mujer.

 –He dicho que te desnudes, zorra, como en las fotos que te haces.

 Mi mujer obedeció quedándose totalmente desnuda delante de Ricardo, intentando taparse sus enormes tetas.

 -Estás muy buena, Marina. Coge esa bolsa que hay en la mesita y ponte lo que hay dentro.

 Marina obedeció y se puso un tanga muy pequeño de color negro y unos altísimos zapatos de tacón, las únicas prendas que había en la bolsa.

 -Ahora acércate a mí y arrodíllate, puta.

 Mi mujer se acercó y se puso de rodillas justo delante de Ricardo, que estaba sentado en el borde de la cama.

 -Perfecto, sácame la polla y cuando la tengas en tu mano me pides permiso para chupármela.

 -No. Por favor, no me...

 Ricardo levantó su mano y mi mujer ante un nuevo bofetón empezó a desabrochar el pantalón de Ricardo y sacó su polla susurrándole algo que no pudo oír.

 -No te oigo zorra, más alto.

 -¿Puedo chuparte la polla?

 Ricardo agarró la cabeza de mi mujer y la dirigió a su boca, le dijo que la abriese y en ese momento le hizo bajar la cabeza. Yo solo podía ver la cabeza de Marina bajando y subiendo al ritmo que Ricardo le daba, unas veces despacio pero profundo y otras más rápido. Mi mujer la tragaba toda, obligada y sintiendo arcadas más de una vez por la profundidad en la que su boca era follada. Tras varios minutos, escuché a Ricardo gemir mientras le decía a Marina:

 -Así zorra, traga mi semen, no dejes nada, ahggggg aghhhhh... así, trágalo todo.

 Ricardo se vació en la boca de mi mujer, que hizo lo posible por tragar todo el semen. Tras los últimos espasmos de la polla de Ricardo en la boca de mi mujer, vi como levantaba la cabeza de Marina, liberándola de la polla.

 -La chupas muy bien, zorrita, ahora pon ese CD que hay al lado del equipo de música y baila para mí, como lo que eres, una puta.

 Mi polla estaba totalmente erecta viendo cómo mi mujer me estaba poniendo los cuernos por miedo a algo que ella desconocía que yo mismo había preparado. Marina empezó a bailar al sonido de la música mientras Ricardo seguía sentado en la cama, bebiendo una copa y mirando cómo se balanceaban las tetas de mi mujer al ritmo de la canción.

 -Muy bien putita, mueve esas tetas para mí, me la estás poniendo dura otra vez, ahora te follaré y te convertiré en una puta infiel y a tu marido en un cornudo. Marina no decía nada, solo se movía lo más sensual que podía, incapaz de decir ni una sola palabra ante aquella humillación, aun así pude observar que sus pezones estaban duros como piedras.

 -Coge tu teléfono y ponte a 4 patas en la cama, puta.

 Marina paró de bailar, cogió su teléfono móvil y se puso a 4 patas en la cama, pudiendo verla de cara, pues la cámara estaba situada justo delante de ella. Ricardo se empezó a desnudar, quitándose toda la ropa y entonces pude ver bien la polla que mi mujer se había tragado, era enorme, larga y gorda, y estaba totalmente erecta ante la visión de mi mujer.

 -Ahora vas a llamar a tu marido para que esté tranquilo y vea que te acuerdas de él y eres una buena esposa, jajajajaja.

 -No Ricardo, eso no, por favor...

 Mientras decía eso, sonó un fuerte bofetón en las nalgas de mi mujer que enseguida se quejó, pero vi cómo buscaba mi número y lo marcaba.

 Sonó mi móvil mientras veía como Ricardo se ponía detrás de mi mujer, apartándole la raya del tanga y metiendo su polla en el coño de mi mujer, que dio un grito justo antes de que yo contestase.

 -Hola Marina, ¿Cómo estás?- Contesté mientras veía su cara de placer y sus tetas moviéndose mientras Ricardo la follaba como un animal, agarrándola por las caderas y hundiendo su polla en el coño de mi mujer.

 -B-bien.. ahh.. cariño.. - Contestó intentando disimular como podía sus gemidos. Podía escuchar perfectamente el chapoteo de la polla de Ricardo en el coño de mi mujer y veía su cara con los ojos cerrados mientras era empalada.

 -¿Estás bien, cariño? Pareces algo agitada.

 En ese momento, Ricardo agarró los pezones de mi mujer, estirándoselos mientras la follaba y ella no pudo reprimir gritar.

CONTINUARÁ. Email.

 

 

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