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Somos
una pareja que gracias a internet y concretamente a esta web hemos
descubierto el placer que pueden aportar los cuernos a un matrimonio. Yo,
que en este relato me haré llamar Juan, tengo 48 años y mi mujer, a la
que llamaremos María, tiene 45. Todo es real excepto los nombres, que
hemos preferido ocultar por motivos obvios.
Nuestro
matrimonio siempre ha funcionado muy bien en todos los sentidos y después
de 22 años casados nunca se ha apagado la pasión entre nosotros, sino
todo lo contrario. Cada vez disfrutamos más del sexo, nos encanta pasarlo
bien en la cama, sin embargo hasta hace poco nunca habíamos incluido a
otras personas en nuestros juegos.
Tenemos
un hijo de 20 años que hace seis meses se ha independizado y vive con su
novia, por lo cual ahora mismo gozamos de una libertad de la que antes
carecíamos. Hemos comenzado una etapa de nuestra vida en la que podemos
empezar a pensar más en nosotros mismos. Menos preocupaciones,
posibilidad de movernos a nuestro aire, de invitar a gente a casa para
organizar nuestras pequeñas fiestecitas privadas... jeje, bueno, ya me
entendéis.
Hace
muchos años que teníamos ganas de llevar a la realidad nuestras
fantasías, porque los dos somos muy morbosos, pero nunca nos habíamos
atrevido, supongo que por timidez o por miedo a que no saliera bien, pero
afortunadamente conocimos esta web y eso fue lo que nos animó a dar el
paso.
Que
un hombre se follara a María en mi presencia era mi mayor fantasía,
soñaba con ello. Digamos que soy un cornudo vocacional, no hay cosa que
me ponga más cachondo que ver a María con otro hombre. A ella la idea
siempre le ha encantado y la ha puesto cachonda, pero ella siempre ha
tenido también su propia fantasía, que es montárselo con otra mujer. Ella
no se considera bisexual, pero algunas mujeres le ponen muy cachonda.
Cuando
nos decidimos a poner en práctica nuestras fantasías pusimos dos
contactos. En uno, solicitábamos a un corneador para que se la follara, y
en otro solicitábamos una chica que quisiera tener una experiencia con
otra mujer. Más o menos recibimos respuestas a la vez a los dos
contactos. El corneador era un chico de 26 años muy bien fisicamente y
con una buena polla. Ni más ni menos lo que andábamos buscando. Por otro
lado, la chica tenía 18 años, cosa que nos sorprendió, pues no
esperábamos que una chica tan joven respondiera a nuestro contacto debido
a la diferencia de edad, pues mi mujer tiene 45.
Decidimos
quedar primero con la chica, que era de una ciudad a unos 120 kilómetros
de la nuestra, a la cual llamaremos Ana. Nos citamos con ella en una
cafetería, iba vestida con unos pantalones vaqueros ajustados y una blusa
con un generoso escote. Tras las presentaciones de rigor nos pedimos una
consumición y estuvimos un rato hablando y conociéndonos mejor. Tras un
rato allí nos dirigimos a un restaurante para cenar, luego tomamos unas
copas en un pub y finálmente fuimos a la habitación de hotel en la que
nos hospedamos María y yo.
Ana
ya sabía que yo estaría presente, así que no puso ninguna objeción a que
yo contemplara el espectáculo. Ambas se desvistieron mutuamente,
quedándose en ropa interior. Mi mujer llevaba un conjunto de lencería
rojo compuesto por medias, liguero, tanga con abertura frontal (que deja
el coño a la vista) y sujetador con aros. Ana llevaba un culotte y un
sujetador negro transparente y que le realzaba sus tetas, las cuales no
eran tan grandes como las de mi mujer, pues mi mujer tiene la talla 120.
Ana tendría una 85 o 90.
Se
tumbaron en la cama y empezaron a besarse, a abrazarse y a acariciarse
los cuerpos. Era muy excitante ver a mi mujer con una chica tan joven, ya
os podeis imaginar como tenía yo la polla en esos momentos... Me
quité los pantalones y me quedé en calzoncillos observando la escena. La
temperatura fue subiendo y ambas se frotaban los coños a la vez que se
tocaban las tetas, las cuales ya estaban libres sin la presión del
sujetador.
Ana
amasaba las tetas de mi mujer y las lamía con devoción, mientras mi mujer
le hacía una paja en su precioso y depilado coño, que ya brillaba por los
flujos que empezaban a brotar. Después mi mujer se apartó, se puso a sus
pies y empezó a comerle el coño. La chica, con los ojos semicerrados y la
cara de gusto, gemía de placer.
Yo
las observaba masturbándome y sorprendido por la desenvoltura de mi
mujer, que parecía toda una experta en las artes lésbicas. Luego hicieron
un 69 y me senté en una esquina de la cama para ver la escena de cerca.
Ana le chupaba el coño a mi mujer al completo y movía la lengua como
loca. Mi mujer estaba tumbada en la cama y Ana estaba sobre ella. No pude
evitar alargar una mano y palpar los jóvenes pechos de Ana, suaves y con
unos pezones duros como piedras.
Me
puse a la altura de la cabeza de mi mujer, era absolutamente maravilloso
verla comiéndose aquel coñito. A veces le metía un dedo y la masturbaba,
sin dejar de chupárselo. Ana se corría como una guarra, llenando de
flujos la lengua y cara de mi mujer. Mi mujer me dió un morreo,
compartiendo conmigo el delicioso sabor de los flujos de aquella putita.
Le pregunté si se lo estaba pasando bien, si Ana le comía bien el coño, y
me dijo que estaba alucinando, que se lo comía mucho mejor que yo.
Luego
me cogió mi mano, me la puso sobre el coño de Ana y me dijo que la
masturbara, para que sintiera la suavidad y calentura de aquel joven
coño. Lo hice durante unos segundos y luego me dijo que lo probara, así
que acerqué mi cabeza y empecé a lamerlo. Ana seguía comiéndole al coño a
mi mujer sin pausa y sin importarle que yo me dedicara a su coño. Lo
cierto es que aquella situación parecía un sueño, un hermoso y excitante
sueño.
En
aquellos momentos mis huevos estaban ya cargadísimos de leche y mi mujer
lo sabía, y decidió que la mejor forma de aliviarme era teniendo un
orgasmo a lo grande. Nada de eyacular haciéndome una paja, había que
aprovechar la situación así que me dijo que metiera la polla en el coño
de Ana. Ella misma me la cogió con la mano y la introdujo en el
encharcado coño.
Cogí
a Ana por las caderas y empecé a follármela, a la vez que mi mujer me
comía los huevos y le daba lametazos en el coño a Ana. Me estaba follando
a una chica de 18 años mientras mi mujer me comía los huevos, ¡era uno de
los mejores momentos de mi vida!. Pero no pude durar mucho, a los dos
minutos sentí que me explotaban los huevos, saqué la polla y descargué
sobre la boca de mi mujer.
Fuí
al cuarto de baño a darme una ducha, pues estaba acalorado y sudando como
un cerdo. Al volver, mi mujer y Ana estaban tumbadas bocarriba en la
cama, acariciándose y hablando de la maravillosa experiencia que
estábamos teniendo. Me serví una bebida y ellas entraron juntas al cuarto
de baño para ducharse, mientras yo esperaba relajado en la cama bebiendo
un refresco y fumando un cigarrillo. Me sentía el hombre más feliz del
mundo.
Tardaban
mucho en salir y me supuse lo que estaba ocurriendo, así que no pude
resistir la tentación de asomar la cabeza. Lo que vi fue a mi mujer de
pie en la ducha y a Ana, de cuclillas comiéndole el coño. Decidí que lo
mejor era dejarlas solas, para que tuvieran su momento de intimidad, y me
volví a la cama. Pocos minutos más tarde escuché que Ana gemía, cada vez
con más intensidad. No pude evitar volver a asomarme y me la vi sentada
en el water con las piernas abiertas y mi mujer agachada comiéndole el
coño. Regresé de nuevo a la cama y esperé allí impaciente a que salieran,
caliente, nervioso y con la polla empalmada.
A los
10 o 15 minutos salieron, las dos con amplias sonrisas en sus rostros.
Les ofrecí unos refrescos y unos snacks, que aceptaron gustosamente y
mientras reponíamos fuerzas estuvimos conversando. Entonces Ana nos dijo
algo que no esperábamos, y es que nos había mentido con la edad. No tenía
18 años, sino que acababa de cumplir 17. Ni que decir tiene que esta
confesión aumentó todavía más el morbo de la experiencia.
Al
cabo de un rato ya estábamos los tres de nuevo dispuestos a seguir con la
diversión, y mi mujer dijo que le apetecía vernos a nosotros dos juntos
mientras ella miraba. Ana se tumbó en la cama totálmente desnuda mientras
yo acariciaba cada centímetro de su cuerpo. Mi mujer nos observaba
sentada en un sillón. Con mi polla descansando sobre su vientre me
dediqué un buen rato a chuparle las tetas y los pezones, mientras con mi
mano derecha le magreaba el coño.
Luego
mi mujer dijo :
-
"Ponle la polla en la cara, a ver que tal sabe chuparla esta zorrita".
Lo
hice en el acto, le puse la polla a la altura de la cabeza, me la agarró
con la mano y se la metió en la boca. Sentir aquella boquita tragándose
mi polla y observar como mi mujer nos miraba masturbándose fue algo que
me transportó a otra dimensión.
-
"¡Fóllatela por la boca!", dijo mi mujer, y comencé un movimiento de mete
y saca en la boca de Ana, que se la tragaba hasta el fondo y se
masturbaba el coño como loca.
De
repente mi mujer se levantó del sillón y se puso a comerle el coño.
Estaba poniendo a punto aquel coño para que yo me lo follara.
-
"Vamos, este coño está listo para que te lo folles", me dijo mi mujer, y
empecé a follarme aquel precioso, joven, suave y estrecho coño.
-
"¡Fóllatela bien, fóllate bien a esta zorrita!", me animaba mi mujer, y
eso hice, mientras ella se sentaba sobre su cara para que le comiera el
coño. A mis 48 años me estaba follando a aquella chica de 17 mientras
ésta le comía el coño a mi mujer de 45. Todo un ejemplo de como algunos
sueños pueden hacerse realidad.
Las
avisé de que estaba a punto de eyacular, entonces mi mujer me dijo que lo
hiciera sobre la boca de Ana. Saqué la polla del coño, me puse a la
altura de la cabeza de Ana, mi mujer me la agarró y empezó a pajearme
sobre la boca de Ana, que sacaba la lengua chupándome la punta de la
polla.
-
"Abre la boca, zorra", le ordenó mi mujer, y con la boca abierta y
sacando la lengua recibió toda mi corrida. Después mi mujer acercó su
cara y se dieron un morreo compartiendo mi leche.
Con
eso dimos por terminada aquella maravillosa sesión de sexo, eran ya algo
más de las 4 de la madrugada, así que Ana se vistió, se despidió de
nosotros y se marchó. Le dijimos que podía quedarse a dormir con nosotros
si quería, pero nos dijo que a su padre no le hacía gracia que durmiera
fuera de casa, y no quería enfadarlo para poder volver a quedar con
nosotros al día siguiente. Sabia decisión, porque la noche siguiente
tampoco tuvo desperdicio, aunque yo no participé, ni siquiera estuve
presente. Tanto a mi mujer como a Ana les apetecía tener una noche para
ellas solas, y a mi me pareció bien, así que me hospedé en otra
habitación.
Sobre
las 3 de la mañana mi mujer me llamó al móvil y me dijo que Ana había
convencido a su padre para poder dormir fuera de casa, y las dos
durmieron juntas en la habitación. Mi mujer recuerda esa noche como una
noche muy especial para ella. A mi pregunta de cual de las dos noches
había disfrutado más, me dijo que las dos, pero que la segunda noche fue
diferente, en cierto sentido fue más intensa, que pudo explorar el
lesbianismo con más profundidad, pero que la primera noche había sido más
morbosa.
Bien,
pues tras esta satisfactoria experiencia, mi mujer había hecho ya
realidad su fantasía de tener sexo con otra mujer, y mi fantasía, la de
verla a ella con otro hombre y sentirme cornudo se hizo realidad a las
dos semanas siguientes, pero eso lo contaré en el próximo relato.
Email.
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SIGUIENTE PARTE]
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"Chavala joven con madura de 45 años".
"Este video es puro morbo, porque se trata de una mujer madura con
una chavala joven, que menuda guarra está hecha para montárselo con una
mujer que podría ser su madre. Es como ver a tu novia con tu madre o
con tu suegra". [DESCARGAR]
16 min
13
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"Pareja espiada en un hotel".
"Pedazo de vídeo que me han pasado grabado con una cámara oculta
en un hotel de España. La calidad de imagen es buena y tiene mucho
morbo porque se ve que es una pareja normal y corriente follando.
Saludos. Nacho". [DESCARGAR]
13 min
39
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"Madura de 48 años follando
con 4 tíos".
"Si te gustan las mujeres maduras, este vídeo te encantará. La
protagonista podría ser tu tía, tu madre o tu suegra. Tiene 48 años,
está buenísima y le vacía los huevos a 4 tíos, que se la follan como
desesperados". [PARTE
1] [PARTE
2]
21 min 51
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