.:: RELATOS DE CORNUDOS ::.

  "Cornudo a distancia (8)".

 

 Finalmente terminó el curso escolar y llegó el viaje de fin de curso de mi novia, así que a los pocos días toda la clase tomó un bus en dirección a Salou, el destino que el presupuesto les permitió alcanzar. Durante su estancia allí apenas tuve noticias de ella porque acordamos que se centrara en disfrutar para descansar de los estudios y no estar pendiente del móvil.

 Aguardé con mucha ansiedad su vuelta y cuando llegó a su casa me llamó. Lo primero que me dijo fue que tenía una cosita que contarme que seguro que me iba a encantar, dándome a entender que había vivido otra de sus aventuras sexuales, pero que no me la contaría hasta que nos viéramos porque le gustaba más hacerlo en persona. La verdad es que me fastidió no enterarme en el momento, pero es verdad que disfrutábamos mucho más cara a cara porque podíamos aprovechar el furor que me despertaban sus confesiones.

 Tal y como teníamos previsto mi chica vino a verme a Madrid el fin de semana siguiente y por fin me lo contó todo. Parece ser que los primeros días fueron idílicos, mucha playa y discoteca, pero lo reseñable ocurrió el último. Al hacer mal tiempo muchos decidieron quedarse en el hotel y tres de los chicos, entre ellos el delegado al que mi novia tuvo que tirarse meses atrás para convencerlo de impedir la publicación del calendario con sus fotos eróticas, le propusieron una partida de póker en una de sus habitaciones sabedores de que ella es muy aficionada a los juegos de cartas. Aun así no sabía jugar a eso, pero se ofrecieron a enseñarla.

 Empecé a vislumbrar por dónde iban los tiros. Cuando me dijo que estuvieron fumando y bebiendo mientras jugaban no pude evitar interrumpirla para echarle la bronca por el tabaco, pero tras decirme que sólo retomó el hábito durante esa semana para relajarse y que no pensaba continuarlo le permití proseguir con el relato. El caso es que cuando se empezó a sentir más segura de sí misma, seguramente más por causa del alcohol que por los conocimientos adquiridos, les propuso jugar en serio, y como era de esperar fue desplumada en poco tiempo. Cuando se le acabaron las fichas me dijo que le dio mucha rabia porque encontró el juego realmente adictivo, y los chavales le propusieron dos opciones: o ponía dinero para ‘comprar’ más fichas y reengancharse, o cambiaban de modalidad para empezar una partida nueva de cero. Y esa nueva modalidad resultó ser el archifamoso strip-poker. Magnífica ocurrencia. Ante esas dos opciones no tuve ni que preguntarle cuál eligió.

 Pero lo gracioso del asunto fue que mi chica no llevaba ropa interior puesta en ese momento porque al parecer ya no le quedaban sujetadores ni tangas limpios y el bikini estaba mojado del día anterior y con el clima lluvioso no se había secado. Lo que nunca sabré es si hubiera aceptado jugar un strip-poker con sus compañeros de clase en esas condiciones de no haberse encontrado ebria. El desarrollo de la partida fue más que predecible: en cinco manos terminó completamente desnuda, y logró alargarlo tanto porque utilizó las sandalias y una diadema como las primeras tres prendas.

 

 El caso es que según las reglas del póker no tienes porqué perder en cada mano, se puede pasar, así que deduje que lo fue buscando. De todas formas los chicos se coordinaron bien porque intentaron evitar cualquier enfrentamiento entre ellos y se concentraron en derrotar lo antes posible a mi chica. Lo primero importante que se quitó fueron los pantalones cortos porque, al estar sentados, entre que se cruzó de piernas y que la mesa le ayudaba a cubrirse, apenas pudieron ver nada. Aunque a juzgar por la sonrisa picarona con la que me contaba lo sucedido entendí que lo hizo más para hacer de rabiar a sus rivales que por vergüenza.

 Pero de poco le sirvió la estrategia porque en menos que canta un gallo se tuvo que quitar la camiseta, aunque me dijo que se tapó los pechos con las manos (poco taparía con lo grandes que los tiene). En teoría en ese momento se quedaba fuera del juego, pero los chicos idearon otra forma de permitir que pudiera continuar: le dieron tres ‘créditos’ canjeables por enseñarles abiertamente las tetas, el culo y la entrepierna; en el orden que ella eligiera. Y, como era de esperar, ella no se retiró y aceptó la propuesta.

 

 Los chavales iban sobre seguro porque gracias a que sabían que mi novia había estado dispuesta a hacer lo que hizo con el delegado, no dudaron en seguir retándola. Imaginé que a esas alturas ya tendrían unas pronunciadas erecciones porque haber logrado desnudar a una compañera de clase cuyas extraordinarias habilidades sexuales conocían no se consigue todos los días.

Prosiguió diciéndome que le resultó bastante complicado manejar las cartas mientras intentaba taparse, aunque el problema no le duró mucho porque por comodidad lo primero que cedió en su siguiente derrota fueron precisamente las tetas. “Y se pusieron como locos, parecían gorilas en celo”. Eso sí, en ningún momento disimuló la alegría que le producía recordarlo todo, signo inequívoco de que se lo había pasado muy bien.

 Inesperadamente en la siguiente mano logró alterar el guión y ganó, posiblemente porque los muchachos estaban distraídos mirándole la delantera, y les exigió que se quitaran las camisetas. Éstos replicaron que sólo el que había perdido se tenía que quitar una prenda y que además debía ser a la elección del damnificado; pero en cuanto mi novia les tiró el farol de retirarse del juego si no obedecían desapareció toda oposición y desnudaron sus torsos. Así les dejó claro que todo lo que pasara sería porque ella quería. Desde luego supo hacerse dueña de la situación, pero su pequeña victoria no sirvió para mucho más porque no tardó en volver a ser derrotada. En esa ocasión sencillamente se levantó y les deleitó con la parte frontal de su cuerpo ya que, según me dijo, le dio vergüenza enseñarles el culo porque estaba acomplejada con esa zona.

 A continuación pudo volver a aprovechar que la testosterona no paraba de interferir en las actividades cerebrales de los chavales y consiguió ganar la mano siguiente, pero como se puso a bailar de alegría se olvidó de seguirles ocultando el trasero. Error del que no se dio cuenta en ese momento y del que los chicos tomaron ventaja más tarde, cuando volvió a perder y le dijeron que el culo ya se lo habían visto y que no valía como prenda. Fue entonces cuando le propusieron incluir como prenda favores sexuales. Y ella aceptó, seguramente entusiasmada.

 Le preguntó al afortunado si prefería una felación en privado o en público, y los otros le rogaron que les dejaran verlo. “Entonces, ¿se la chupaste ahí mismo, delante de los demás?”, pregunté. En efecto. Según me contó le hizo una mamada bastante suave y corta, dejando al muchacho con un calentón descomunal. Desde luego ese no era para nada su estilo, así que imaginé que ya tenía algo en mente.

 En la siguiente mano volvió a perder, pero frente al delegado. Cuando mi novia se dispuso a arrodillarse frente a él para chupársela, “Me dijo que no quería una mamada, que lo que quería era follarme otra vez”. Y añadió que tenía condones, así que dicho y hecho, sin la menor protesta mi chica se subió a la cama, se puso ‘mirando a Cuenca’ y permitió al atrevido chaval penetrarla hasta que se quedó a gusto.

 Al retomar el juego dio la casualidad de que se giraron las tornas y entonces mi novia ganó al delegado, así que le devolvió la jugada exigiéndole un cunnilingus. “Le jodió mogollón porque ya se le había pasado el calentón después del polvo y además me dijo que me sabía el coño a condón”. Pero al parecer cumplió.

 Cuando prosiguieron de nuevo volvió a ganar el chico al que ya se la había chupado, así que evidentemente también solicitó folleteo porque se había quedado con ganas después de la suave mamada. La postura elegida volvió a ser la del perrito, y es que mi novia me explicó que quería gozar pero tampoco intimar en exceso. Si ella lo dice...

 En la última mano todos pusieron de su parte para que el resultado fuera a favor del tercer muchacho, el que faltaba por llevarse su ‘premio’. El caso es que cuando mi chica le puso ante la tesitura de elegir entre polvo o mamada no supo decidirse. “Le pregunté que qué le gustaba más y nos confesó que no lo sabía porque era virgen”. Sorpresón. Le pregunté que qué hizo y me dijo “Pues ya que iba a ser yo la primera con la que lo iba a probar, quise que lo recordara toda la vida”. Bravo. Así que mi novia se esforzó por dejar el pabellón bien alto y demostró de lo que es capaz con su prodigiosa garganta, dejándoles boquiabiertos. “No se la chupé como para que se corriera porque me moló lo de que perdiera la virginidad conmigo, así que le dije de follar también y así sabría si le gustaban más las mamadas o los polvos”. ¿Quién hubiera rechazado semejante oferta? Pero se dieron cuenta de que se les habían acabado los preservativos, y cuando los otros dos se ofrecieron a ir buscar más, mi chica les dijo que no se tenían que preocupar por eso porque tomaba la píldora. Qué suertudo, perder la virginidad a pelo. Los otros dos pusieron el grito en el cielo al oír eso, pero ella les recordó que lo de de utilizar condones lo habían propuesto ellos. Así que en menos que canta un gallo su coño acabó copiosamente inundado de semen porque el chico no aguantó ni medio asalto. Normal.

 Cuando terminaron mi chica se marchó a su habitación para ducharse y hacer la maleta, no sin antes ofrecerles la posibilidad de echar otra timba de strip-poker en el futuro a cambio de su discreción. La verdad es que la historia no había tenido desperdicio y, como de costumbre, echamos un polvo brutal en cuanto terminó de contármela.
Continuará...... Email.

 

 

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