.:: RELATOS DE CORNUDOS ::.

  "Cornudo a distancia (3)".

 

 Esta historia sucedió a finales de nuestro segundo otoño como pareja y es necesario recordar que yo seguía imposibilitado sexualmente por culpa del herpes que mi novia me había contagiado durante una mamada. Las cosas entre nosotros seguían igual, la relación era muy bonita, había mucho amor y nos llevábamos muy bien; pero no podíamos evitar sentirnos tremendamente frustrados por el maldito virus.

 

 Llevábamos ya casi dos meses sin vernos cuando decidimos romper el ‘acuerdo de alejamiento’ porque se acercaba mi 22º cumpleaños: yo viajaría a su ciudad y saldríamos a celebrarlo con algunos amigos de nuestro pueblo que también viven allí.

 Pero la noche antes de nuestro reencuentro me llamó para confesarme que se había vuelto a tirar a otro. Nueva cornamenta como regalo de cumpleaños. Esta vez ni siquiera hubo lloros junto con las disculpas, simplemente me dijo que no lo pudo resistir, que entre que llevaba tanto tiempo sin follar y el alcohol que había tomado no se pudo controlar. Yo no sabía a cuento de qué se había emborrachado un jueves, pero añadió que me seguía queriendo y trató de apoyarse convenientemente en aquello que le había ofrecido tiempo atrás de que en algún caso puntual tenía mi permiso para montárselo con otro mientras yo tuviera el herpes. Era verdad, aunque ella me dijo en su día que no tenía ninguna intención de aprovecharlo; pero, como no me gusta contradecirme, adopté una postura estoica y le dije que a pesar de todo iría ese fin de semana a verla aunque que no me hubiera hecho gracia lo que había hecho. Eso sí, para perdonarla me tenía que contar con todo lujo de detalles lo que había pasado, a lo que ella respondió que por supuesto. Se había dado cuenta antes que yo de lo mucho que disfrutaba oyendo cómo me relataba sus infidelidades. Así que al día siguiente me planté en su ciudad y me lo contó todo en su habitación.

 Había sido con un chico con el que solía coincidir en la piscina a la que iba a practicar natación. Según me dijo, el tío estaba siempre tirándole los tejos; desde el primer día se dio cuenta de que le puso el ojo encima y no me extrañó nada. El bañador con el que mi novia solía ir a nadar le marcaba increíblemente sus curvas y además dejaba gran parte de su espalda al descubierto.

 

 Primero empezó saludándola, luego trató de entablar conversación, y así hasta que consiguió coger un poco de confianza con ella. Me contó que el tío tenía todo un cuerpo de nadador, muy bien definido, ya que siempre que ella iba él ya estaba allí nadando, y además depilado de arriba abajo, como un profesional.

 

 Las últimas veces antes del ‘incidente’ él incluso salía de la piscina para acompañarla hasta la puerta del vestuario de chicas para poder hablar un poco más con ella y luego se volvía al agua. Se despedía diciéndole lindezas como: “Hasta otro día sirenita”, “Ya nos veremos guapísima” o “Bueno, me vuelvo al agua a ver si me enfrío un poco…”. Sin pasarse, pero dejando bien claras sus intenciones.

 El día ‘D’ resultó ser el último que hubo clases de natación antes de las vacaciones navideñas, así que en la piscina habían organizado un guateque con aperitivos y bebidas. En principio no tenía por qué haber alcohol dado que allí iban bastantes niños, pero los monitores se las arreglaron para colar algunas botellas de sidra, así que todos los adultos y adolescentes presentes empinaron bastante el codo y de lo último que se preocuparon fue de hacer deporte.

 

 Cuando mi chica decidió marcharse el nadador también la acompañó al vestuario como ya venía siendo habitual, pero dio la casualidad de que esta vez en el pasillo no había nadie. Entonces él se lanzó a comerle los morros y mi novia no se apartó. “Es que no sabes lo bueno que está” me dijo. Vamos, que lo estaba deseando. Seguro que desde que el tío decidió empezar a saludarla notó una receptividad enorme. “Me dijo de ir al vestuario de monitores, que estaban todos en la fiesta, y que si nos encontrábamos a alguien les diríamos que nos habíamos equivocado”. Y se fue con él. No sé hasta qué punto sería creíble, no conozco esa piscina ni si los vestuarios están bien señalizados. De todas formas esas cosas no se improvisan así como así, el muy pájaro lo tenía ya pensado.

 Entraron con cuidado y efectivamente no había nadie en aquel vestuario. Allí volvieron a morrearse y empezaron a meterse mano. A continuación el nadador tiró hacia abajo de los tirantes del bañador de mi chica, permitiendo que sus tetas emergieran de su prisión, y al parecer se quedó mirándolas asombrado. Difícilmente se habría visto en disposición de disfrutar unos pechos similares.

 

 Como según me contó su pene empezó a sobresalir por encima de su minúsculo bañador mientras seguía paralizado admirando lo que tenía delante, mi novia tomó la iniciativa. “Me puse de rodillas, le bajé un poco el bañador y le agarré la polla”. Desde luego no se cortó ni un pelo relatándome detalles.

 

 Él seguía mirando fijamente sus tetas, deseoso seguramente de chuparlas como si no hubiera un mañana; pero, como mi novia se le adelantó, lo dejó correr. Lo siguiente era predecible: mamada al canto. Y mira que ella siempre había dado la impresión de ser muy escrupulosa con el sexo oral porque a mí en su día me costó muchísimo convencerla para que me lo hiciera, pero con ése ni se lo pensó. “La putada fue que le sabía a cloro”, puntualizó. Y para colmo de males me dijo que el tío empezó a agarrarle la cabeza para penetrar su boca lo más profundamente posible. “Le darías una hostia como a mí cuando intenté hacértelo”, inquirí. “No…”, me contestó sonrojándose. “La verdad es que me dio mucho morbo”. Así que si otro intentaba hacerle una garganta profunda le daba morbo, pero si se lo hacía yo me zurraba. Cojonudo.

 

 Me dijo que se la metió tan adentro que se le empezaron a saltar las lágrimas, pero que le puso muy cachonda. Al cabo de un rato liberó a mi chica de la asfixiante penetración y se arrodilló frente a ella, encorvándose para chuparle las tetas como yo había adivinado que estaba deseando.

 Cuando se hartó de tetas, que supongo que también sabían a cloro, se levantó y ayudó a mi chica a incorporarse. Sin decir nada se acercó a las duchas llevándola de la mano y la puso contra la pared, de espaldas a él. El nadador le agarró una pierna y se la levantó, pretendiendo penetrarla de pie y por detrás. Con la otra mano le apartó el bañador para dejar libre el ya chorreante coño de mi novia y trató de acoplarse a ella. “Tuve que ayudarle porque sino nos hubiéramos tirado ahí toda la tarde”. Vamos, que puso todo de su parte. Ya me la imagino levantando el culo todo lo posible para facilitarle las cosas.

 “Pero, ¿lo hicísteis sin condón?”, interrumpí. “Sí… es que no teníamos”, me respondió avergonzada. Perfecto, no sólo se había tirado a otro, sino que además fue sin protección. Me esforcé por controlar mi enfado y le pedí que continuara. “Fue una gozada”, prosiguió, “creo que más por la situación que por el polvo en sí”.

 

 Pero en un momento dado el chaval soltó el bañador de mi chica para apoyarse en la pared, ya que la postura tenía que ser incomodísima para él, y al volver la prenda a su sitio expulsó su pene de un latigazo. Parece ser que el nadador aulló de dolor y al enterarme procuré reírme para mis adentros para evitar más interrupciones porque, a pesar de todo, estaba encontrando su relato súper excitante. Tanto que tuve que concentrarme en evitar mi erección usando un pequeño truco que me enseñó un amigo: si doblas fuertemente los dedos de los pies, tales son el esfuerzo y la concentración necesarias que se aborta la ‘subida de bandera’.

 Ella volvió a tomar la iniciativa y se apartó el bañador para que el nadador pudiera retomar la faena, así que con la mano para apoyarse en la pared él estuvo más cómodo y por lo que me dijo pudo embestirla con más fuerza. “La verdad es que disfruté mogollón porque el tío me dio mucha caña”.

 

 Desde luego ese polvo parecía que no iba a acabar como el que le echó el Pantera. Ya me imagino el torrente de fluidos de mi novia empapando la entrepierna del nadador. Entonces el chico, no sabemos si por error o a propósito, pulsó el botón de la ducha y eso fue lo que desencadenó el orgasmo de mi chica. “De repente sentí el agua caliente y me sentó tan bien que me corrí, hasta se me dobló la pierna y acabé en el suelo”, me dijo. Y es que cuando mi novia tiene un orgasmo lo siente tan intensamente que se agarrota y a veces sufre hasta pequeñas convulsiones, así que imagino que el chaval se quedaría flipado al verla en ese estado, igual hasta se pensó que le estaba dando un ataque. Pero cuando se cercioró de que nada malo pasaba le dijo: “Esto aún no ha terminado”.

 Le pidió que volviera a apartarse el bañador ella misma y se tumbó sobre ella para seguírsela follando. Mi chica me confesó que ya no le apetecía, pero que se lo permitió para no dejarle a medias. Y es que lo de los orgasmos múltiples aún no lo trabajaba y con uno tenía bastante. Así que el nadador volvió a penetrarla y bombear fuertemente.

 

 Estuvo un buen rato dale que te pego, seguramente intentando que mi novia se corriera de nuevo, pero no lo consiguió. No se debió dar cuenta de que la excitación ya le había desaparecido porque, como ella lubrica tanto, aún sentiría su vagina súper húmeda. Finalmente desistió y se concentró en terminar, cosa que hizo copiosamente sobre el bañador de mi chica empleando la técnica de la marcha atrás y dejando unos generosos chorretones de esperma por toda la parte delantera. Una vez terminado el asunto se apartó y ambos se dispusieron a marcharse a sus respectivos vestuarios. Al menos éste no la dejó tirada como un clinex usado, tal y como hizo el Pantera.

 “Me dijo que habría que repetirlo, pero le dije que tenía novio y que lo que había pasado había sido una cosa puntual y que por favor no se lo contara a nadie”. Sí, cuando se le pasa el calentón es cuando su conciencia aparece. Al incorporarse para recolocarse el bañador, el semen que tenía sobre la tripa empezó a escurrir hacia abajo, así que se envolvió con la toalla.

 

 Después salieron por puertas diferentes del vestuario de monitores (se ve que hay más de una), pero por el camino se encontró con una amiga y se entretuvo un rato hablando con ella. “Mientras hablábamos noté como algo de lefa me estaba chorreando por el muslo, si se llega a dar cuenta…”. Cuando alcanzó la ducha ya era demasiado tarde y la mancha del bañador no se pudo quitar completamente. De hecho aún no lo había lavado, puesto que todo eso pasó justo el día anterior, y me lo enseñó. Efectivamente había una buena mancha blanca acartonada.

 Y entonces vino lo mejor: “Cariño, me tienes que acompañar a pedir la píldora porque, como lo hicimos sin condón, aunque se corrió fuera no me puedo arriesgar”. Así que imaginaos la humillación que me supuso ir con ella al ambulatorio a que le recetaran la píldora del día después porque otro tío se la había beneficiado. Encima la doctora me miraba como si yo fuera el culpable. Me dieron unas ganas de decirle: “Oiga, a mí no me mire, es ésta la que se dedica a ponerme los cuernos a pelo”…

 Continuará…. Email.

 

 

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