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  "Cornudo a distancia (18)".

 

 Esta entrega no la protagoniza mi novia, sino la persona que más se parece a ella: su hermana mayor (dos años concretamente). Físicamente tiene sus similitudes con mi chica, pero también sus diferencias. Para empezar, su pelo es completamente negro y liso mientras que mi novia lo tiene castaño y ondulado. En cuanto al rostro tiene la nariz más fina y aguileña que mi chica y la cara más afilada, por lo que creo que en ese aspecto es menos agraciada. Pero si comparamos el cuerpo puede decirse que mi ‘cuñada’ tuvo más suerte genéticamente hablando. Es algo más alta y mucho más delgada; pero a pesar de eso tiene los pechos casi tan grandes como mi novia, de hecho comparten sujetadores, lo que hace que tenga un físico muy llamativo.

 Con respecto a la personalidad también tienen sus encuentros y desencuentros. Poseen gustos prácticamente iguales en cuanto a música, forma de vestir, cine, televisión y maneras de divertirse. También comparten ese fuerte carácter que las convierte en mujeres de armas tomar. Pero después se diferencian en cuanto a capacidad de estudio, siendo la mayor más aplicada porque estaba estudiando en la universidad con beca (actualmente ya se ha doctorado); y sentido del humor, siendo mi chica una mucho mejor compañera para bromas y chascarrillos. Antes de lo que os voy a contar también creía que se diferenciaban drásticamente en la voracidad sexual que tan bien conocemos en mi novia, pero casualmente descubrí algo que dejó patente para mi sorpresa que su hermana también la atesoraba.

 Hasta ahora no la había mencionado nunca porque debido a su carácter más arisco y menos receptivo a mi sentido del humor nuestra relación no era demasiado fluida. Cuando nos encontrábamos nos hacíamos las típicas preguntas que se hacen por educación y poco más. Tampoco ayudaba mucho su novio, un chico de su edad que tenía menos cerebro que un mosquito y con el que era imposible entablar ninguna conversación interesante. Pero mi interés por ella aumentó exponencialmente a partir de una de mis visitas a su ciudad.

 

 Tenía unas ganas enormes de encerrarme con mi chica en el hotel que solemos reservar cuando viajo, pero sus padres nos sorprendieron a ambos ofreciéndome que me quedara a dormir en su casa. Se ve que empezaron a considerar nuestra relación lo suficientemente seria como para cobijarme bajo su techo. Esto tenía su visión positiva y negativa. Por un lado mi economía se vería menos forzada al tener alojamiento gratuito, pero por otro nuestras relaciones sexuales serían más difíciles. Así que llegué al punto intermedio de cancelar una de las dos noches que tenía concertadas en el hotel. Ambas noches dormiríamos oficialmente en su casa, pero pasaríamos la tarde-noche del sábado en el hotel.

 El caso es que llegué el viernes por la noche, cené con la familia al completo y pasamos el resto de la noche antes de acostarnos viendo la tele. Pero al día siguiente ocurrió una fatalidad que echó por tierra todas mis ilusiones para ese día: un vecino muy amigo de la familia falleció. Así que se vieron en la obligación de acudir al tanatorio. Dado que yo no le conocía de nada acordamos que me quedaría solo en la casa hasta que regresaran. Como di por hecho que mi chica no tendría el horno para bollos cuando volvieran llamé al hotel en cuanto se fueron para cancelar también la reserva de ese día.

 Para matar el tiempo me senté al ordenador. Tras ponerme al día revisando mis cuentas de correo y redes sociales y leer todos los diarios deportivos empecé a pensar qué más hacer. Llegué a la conclusión de que me quedaban dos opciones: ver una película o ver porno. Y como tenía los niveles de testosterona muy altos opté por lo segundo, pero teniendo mucho cuidado de no dejar ninguna huella informática ni biológica porque no quería estropear la confianza que habían depositado en mí los padres de mi novia. Una vez me hube desfogado decidí ver una película pero, como mientras se descargaba topé con los directorios donde tanto mi chica como su hermana guardaban sus archivos, me puse a cotillearlos. Lo primero que hice fue deshabilitar la opción de no mostrar archivos ocultos porque no quería perderme ningún detalle. A continuación pasé a revisar la carpeta de mi novia. Cuando hube fisgoneado todas sus fotos y guardado en mi pendrive algunas que no había visto nunca antes y me gustaron, pasé al directorio de su hermana.

 Entre sus fotos, documentos de trabajos de su época del instituto y apuntes universitarios había un subdirectorio con icono translúcido, que indicaba inequívocamente que estaba marcado como oculto, llamado ‘privado’, muy prometedor. Y lo que encontré dentro fue un tesoro cuyo incalculable valor no supe medir en ese momento: su diario privado. Lo abrí y vi que se trataba de un documento enorme. Las primeras páginas relataban sus vivencias de cuando era una niña, así que supuse que se trataba de la transcripción de un antiguo diario escrito a mano. Me moví a la última página y vi que seguía estando actualizado porque el último párrafo estaba fechado una semana antes. Lo más curioso de todo era que cada entrada no empezaba con el típico «Querido diario», sino con «Querida yo del futuro».

 En ese mismo instante oí la puerta de entrada. Se me disparó la adrenalina y, como un rayo, cerré el documento, lo copié a mi pendrive, volví a deshabilitar la opción de mostrar archivos ocultos y cerré la carpeta. Cuando mi novia llegó a la habitación mi corazón latía desbocado, pero logré no parecer alterado. “¿Te has aburrido mucho?”, me preguntó. Contesté que no, que había estado leyendo comics online. Por fortuna no estaba excesivamente deprimida por haber estado en el tanatorio, no como sus padres, que estaban devastados; pero lo suficiente como para no tener apetito sexual, así que acerté al cancelar la reserva del hotel. El resto de mi estancia en su ciudad ese fin de semana no tuvo mayor importancia porque prácticamente pasamos todo el tiempo con sus amigas.

 Cuando volví a estar tranquilamente en mi casa me dediqué a leer el diario de mi ‘cuñada’. Como la inmensa mayoría era texto infumable sin ningún interés se me ocurrió empezar a buscar palabras clave: ‘virginidad’, ‘sexo’, ‘follar’, ‘chupar’ o ‘mamada’ fueron algunas de las que me llevaron a las partes más interesantes. Las iré resumiendo para compartir lo que descubrí de una forma más ágil.

 Para empezar me di cuenta de que era una chica muy preocupada por su aspecto. De hecho se compadecía de la mala suerte genética que había tenido su hermana por el sobrepeso que sufría y sentía mucho alivio de ser delgada por naturaleza. Y desde luego que tenía suerte porque a pesar de lo terrible que era su dieta no engordaba ni un gramo y mantenía un tipo espectacular. Digo lo de su dieta porque según me había contado mi novia en época de exámenes se encerraba en su habitación y se alimentaba casi en exclusiva de las bolsas de aperitivos que le traía su novio en fugaces visitas. Según pude leer, desde su más temprana adolescencia había tenido bastante éxito ligando y disfrutaba con ello. Había una larga lista de pretendientes que habían recibido su rechazo por respuesta, tanto en su ciudad como en nuestro pueblo, porque no le resultaron lo bastante atractivos. La triste historia de los chicos que sólo se fijan en las chicas bonitas sin dar importancia a la personalidad, aunque es lo normal en la juventud. El primer chico al que aceptó fue su actual novio porque, cito textualmente, era «el tío que estaba más bueno del instituto».

 Curiosamente perdió con él la virginidad a la misma edad que mi novia conmigo, pero lo realmente triste del asunto es que me pareció que los únicos motivos por los que le gustaba aquella relación eran los regalos que le hacía. Él estaba trabajando en una fábrica y, como vivía con sus padres, apenas tenía gastos; pudiendo dedicar gran parte de su sueldo a pagar todos los caprichos de mi ‘cuñada’. Pero el caso es que todo me parecía muy superficial porque no vi indicios de auténtica comprensión e intimidad. En cuanto a lo más negativo, ella se quejaba de lo celoso y controlador que era. Esto era algo que yo ya sabía porque lo había compartido con su hermana y después ella conmigo. De hecho alguna vez había intentado dejarle pero, como es diabético, siempre sufría oportunas crisis cuando sacaba el tema, así que se sentía atrapada en esa relación.

 Pero lo auténticamente interesante del diario era lo que se dedicaba a hacer con sus amigas. Al parecer eran todas chicas muy atractivas y les gustaba vestirse de forma explosiva cuando salían de fiesta para provocar a los chicos. Yo ya tenía indicios de eso por las fotos que publicaba en las redes sociales. Debido al carácter celoso de su novio ella sólo podía unirse a sus amigas para hacer eso cuando él tenía turno de noche en la fábrica porque no le permitía vestirse de forma provocativa si él no estaba presente, con lo cual cada vez que el muchacho veía en Internet nuevas fotos de mi ‘cuñada’ con sus amigas ataviadas con cortos y ajustados vestidos las discusiones eran inevitables. Y, dado que ella no estaba a gusto con su novio y cuando salía con sus amigas era asaltada por multitud de chicos, las infidelidades no se hicieron esperar.

 Las primeras veces no fue más allá de darse unos besos, pero poco a poco se fue animando a ir más lejos. La primera línea roja la cruzó cuando le practicó una felación en un callejón oscuro a un chico que le había invitado a una copa, todo ello enmarcado en un juego al que empezó a jugar con sus amigas llamado ‘mamading’. Descubrí con sorpresa que poseía las mismas habilidades orales que mi chica porque presumía de haber sido capaz de introducirse ese pene por completo en la boca a pesar de describirlo como ‘gigantesco’.

 De ahí en adelante el hecho de acostarse con alguien la noche que salía de fiesta con sus amigas mientras su novio trabajaba se empezó a convertir en algo habitual. Incluso llegó a haber competición entre su grupo de amigas por ver quién lo conseguía antes, desde luego era un grupo de auténticas depredadoras de hombres. Eso provocó que su exquisitez en cuanto al físico de sus amantes tuviera que empezar a quedarse a un lado, pasando a primar más el descaro que mostraban los chicos que se le acercaban porque era más probable que buscaran sexo más deprisa. Lo peor de todo es que me daba la impresión de que lo hacía más por competir con sus amigas y vengarse silenciosamente de su novio que por disfrutar. Tan rutinaria se volvió esa actividad que un fin de semana en el que no consiguió enrollarse con nadie le provocó una depresión que le duró un mes, hasta que pudo volver a salir con sus amigas y lograrlo.

 Pero todo eso no fue lo único excitante que descubrí. Algunos fines de semana ella y sus amigas quedaban en casa de alguna de ellas para hacer botellón y jugar a juegos de chicas en la videoconsola y cosas así. Y en una de esas fiestecitas privadas surgió un proyecto genial. Resultó que una de ellas, en colaboración con su novio, estaba haciéndose fotos eróticas y enviándolas a esta página web (así fue como la descubrí). El caso es que no tenían miedo de ser descubiertos porque, como ya sabéis, una condición que ponen los administradores es que la cara de los fotografiados no pueda ser reconocida: podían ponerse gafas de sol, antifaces o directamente alterar la imagen por ordenador. Y decían que lo que más les gustaba de hacerlo eran los soeces halagos y propuestas que recibían por correo electrónico de los visitantes de la web.

 El bombazo fue que otra de ellas sugirió que sería divertido hacerlo también las demás y, entre el espíritu competitivo que reinaba en el grupo y la aparente impunidad que daba el supuesto anonimato de las fotos, todas aceptaron. Se organizaron de forma que cada una se haría las fotos con su respectivo novio y las enviaría. Eso sí, el hecho de la participación conjunta debía ser un secreto para los chicos. Cuando días después todas confirmaron la viabilidad de la iniciativa no me extrañó que ninguno de los muchachos rechazara la idea. Me imagino la incredulidad y emoción con las que en su momento recibieron la propuesta de sus novias. Ahí también estaba la explicación a por qué en el directorio oculto de la hermana de mi novia no encontré ninguna foto: las guardaba su novio. Cosa que supongo también se convirtió en otro motivo más para que ella no pudiera dejarle: él podría amenazarla con distribuir sus fotos sin censura alguna libremente por la red como venganza.

 No tardé en visitar la web y encontrar las fotos de mi ‘cuñada’. Me dejaron sin respiración. Si la lectura de las partes más escabrosas de su diario ya me había puesto cachondo, el contemplarla desnuda con ese cuerpazo que gasta me obligó a masturbarme casi inmediatamente. En las distintas entregas de fotos se podía observar una evolución cronológica, desde un inocente erotismo casero hasta llegar a capturas mientras practicaban sexo. Agradecí que todas las imágenes las hubiera tomado su novio en primera persona porque no me apetecía verle desnudo. Las primeras debían estar tomadas en casa de su novio porque no reconocí ninguna habitación. Sencillamente aparecía ella en una secuencia de fotografías en las que se iba quitando la ropa y sobre su cara había un tosco círculo negro.

 Las siguientes entregas eran similares, pero más explícitas: empezó a haber primeros planos de su vagina. También la forma de ocultar su rostro cambió: en lugar del círculo negro pasaron a usar un rectángulo negro que únicamente le cubría los ojos. Imaginé que se trataba de un reto entre sus amigas y la continuación de la lectura del diario me lo confirmó. Competían por ver quién se atrevía a enseñar más el rostro. Los escenarios también variaban mucho, supuse que las casas de sus respectivos pueblos también fueron utilizadas, así como habitaciones de hotel. Tanto ella como sus amigas recibían decenas de correos electrónicos al día con halagos, proposiciones de todo tipo, como intercambios de pareja; así como fotocorridas y videocorridas.

 La verdad es que mi ‘cuñada’ parecía encantada con el proyecto y, aunque eso se tradujo en que estuviera más contenta con su relación porque manifestaba pasárselo muy bien leyendo los correos que recibía, en absoluto cesaron las infidelidades. Buena prueba de ello fue la confesión de una de ellas que, por parecerme la más reseñable, he reservado para el final. Como ya he dicho era muy buena estudiante, increíblemente era capaz de no distraerse de los estudios a pesar de sus actividades sexuales. Su mente compartimentalizada me pareció digna de admiración. Pero a pesar de ser tan buena estudiante, uno de sus exámenes universitarios tuvo el disgusto de suspenderlo. Se mostraba muy extrañada porque no pensaba que le hubiera salido mal, así que se apuntó para la revisión con el profesor. Entre sus reflexiones personales se preguntaba a sí misma si le podía haber afectado el hecho de que el profesor fuera muy guapo. Al parecer el docente era un treintañero que se estrenaba como profesor universitario ese año. Cuando se presentó en su despacho a la hora convenida llamó a la puerta pero no obtuvo respuesta y, en lugar de insistir, decidió pasar directamente. Dentro se encontró una escena alucinante: otra alumna estaba arrodillada frente a él practicándole una felación. En ese instante el hombre intentó tapar torpemente lo que estaba ocurriendo, pero fue inútil.

 La hermana de mi novia se quedó paralizada y la que rompió el incómodo silencio fue la compañera de clase de mi ‘cuñada’, interrumpiendo su actividad oral para preguntar «¿Estoy aprobada ya?». El profesor le dijo que sí y le pidió que se marchara y que cerrara la puerta al salir. Una vez se quedaron a solas mi ‘cuñada’ y el docente, ella inició la conversación: «¿Entonces eso es lo que hay que hacer para aprobar?». Parece ser que el hombre, con mucho descaro, se explicó diciendo que él en ningún momento le había pedido a esa chica ningún favor sexual, que había sido ella la que, al ver que su examen estaba claramente suspenso, había empezado a insinuársele y acosarle hasta que le sedujo. «Y claro, uno no es de piedra», sentenció.

 Aunque su credibilidad estaba por los suelos, también le dijo que le prometía ser indulgente con su revisión a cambio de que fuera discreta acerca de lo que había presenciado. Lo que leí a continuación en el diario lo voy a reproducir textualmente porque lo merece: «Entonces me pispé de que todas las que habíamos suspendido somos pibas. Pero no todas, sólo las que estamos más buenas. Claramente me estaba mintiendo, lo que quería el tío cerdo era forzar la situación para ver si alguna le ofrecía manguta para aprobar. Y aunque seguramente yo ya tenía el aprobado asegurado, en ese momento me moló mogollón la idea de montármelo con él allí mismo. Lo van a flipar éstas cuando se lo cuente el finde». Quedaba confirmado que el principal motivo que le impulsaba a ser infiel era la dinámica de su grupo de amigas. Así que le preguntó «¿Y si te seduzco yo también apruebo?».

 El profesor, que aún estaba caliente por el favor sexual que había estado recibiendo anteriormente, respondió sonriente que sin duda. Y, ante la erección que todavía se adivinaba bajo el pantalón, gateó sobre la mesa, le extrajo el pene y prosiguió con la felación que se había quedado interrumpida. «Todavía tenía babas en la polla de la otra chica», confesaba en el texto, aunque le dio igual.

 Pero ella no se conformó con eso. Utilizó como excusa que quería subir nota para ir más allá, aunque ya sabemos que el auténtico motivo era tener una aventura de la que luego presumir. «Después de chupársela un rato le pregunté que si echando un polvo me pondría sobresaliente y me dijo que todo era posible si me esforzaba». Así que el novato docente fue a cerrar la puerta con llave antes de empezar el coito.

 Mi ‘cuñada’, muy previsora ella, le ofreció un preservativo que llevaba en el bolso. Tras ponérselo pasaron al folleteo. Otro ejemplo de que esta chica disfrutaba más con la conquista que con el acto sexual era que no había ningún calificativo acerca de cómo fue. Bueno o malo, rápido o lento; nada. Ni siquiera las posturas.

 Y eso fue todo lo que encontré en su diario. Desde entonces visité regularmente la página web donde colgaban las fotos y de vez en cuando pude disfrutar de entregas nuevas hasta que, por desgracia para mí, logró cortar con su novio. También deseo poder hacerme con las nuevas entradas de su diario en las visitas a su casa, pero por ahora no he vuelto a tener la oportunidad.

 Continuará... Email.

 

 

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