.:: RELATOS DE CORNUDOS ::.

  "Cornudo a distancia (14)".

 

 La historia que en esta ocasión nos atañe ocurrió un fin de semana de finales de primavera especialmente caluroso en el que mi novia vino a visitarme a mi ciudad. Como unos días antes había sido nuestro cuarto aniversario y no lo habíamos podido celebrar juntos me dijo que teníamos que salir de fiesta, así que esa noche nos arreglamos y fuimos a una zona que tiene mucho ambiente nocturno. Mi chica iba espectacular, pero no quiero adelantar nada, ya habrá tiempo para contaros con todo lujo de detalles lo que llevaba puesto. Tras tomarnos las primeras copas en sitios a los que nos llevaron los típicos relaciones argentinos (no sé por qué a todos los que contratan para esos trabajos son de allí), terminamos entrando en el pub en el que comenzó todo.

 Era un bar de copas como otro cualquiera pero por algún motivo estaba atestado de gente en comparación con los otros en los que habíamos estado. No tardaríamos mucho en descubrirlo. Le dije a mi chica que si quería que nos fuéramos a otro más tranquilo porque estaba tan lleno que realmente se hacía incómodo, pero me dijo que no, que le gustaba la música que estaban poniendo. Nos costó lo nuestro alcanzar la barra para pedir unas copas, y en cuanto las tuvimos nos alejamos de ella porque la presión de la gente era insoportable.

 Entonces el DJ, que estaba en una cabina a un lado de la barra, elevada aproximadamente un metro de alto sobre esta, comenzó a hablar por el micrófono: “Bueno gente, llegó la hora que estabais esperando, ¡el reto de la botella!”. Y la mayoría de los asistentes empezaron a jalear y aplaudir. ¿Reto de la botella? ¿Qué sería eso? “Como siempre, primero los chicos. ¿Tenemos voluntarios?”

 

 Entonces entre la gente que había más cerca de la barra se empezaban a animar unos a otros, señalándola. Yo seguía sin comprender. ¿Sería un concurso de chupitos o algo así? Finalmente un par de chicos treparon a la barra entre risas y el bar entero los ovacionó. Se colocaron de pie de cara al público separados un par de metros y miraron al DJ, esperando instrucciones. “Muy bien, ya está todo listo, ¡que empiece la música!” Y comenzó a sonar una canción de reggaeton.

 Entonces los chicos empezaron a contonearse y levantarse la parte inferior de sus camisetas para mostrar sus vientres. La gente aplaudía y gritaba animando. “Vamos chicos, vamos” animó también el DJ. Entonces uno de ellos comenzó a quitarse la camiseta mientras bailoteaba, arrancando más gritos y aplausos. Una vez se la quitó se puso a ondearla sobre su cabeza, regodeándose en la ovación que le dedicaban. El DJ dijo “Bueno rubio, ¿qué pasa?” en alusión al otro chico, que también entre bailoteos se dio la espalda al público y comenzó a levantarse su camiseta mostrando lentamente la espalda hasta que se la quitó también. De nuevo ovación. “Muy bien, ¿os animáis a dar más? Recordad que está en juego una botella entera del alcohol que queráis”. Por fin comprendimos en qué consistía el reto: el que realizara el mejor striptease se llevaría como premio una botella.

 El primer chico volvió a tomar la iniciativa, se desabrochó el cinturón, se lo quitó y lo mordió con los dientes. Pensé que si quería ganar tendría que quitarse más ropa que su adversario porque estaba bastante enclenque y el otro era el típico cachitas de gimnasio. Ante eso el aspirante a culturista se desabrochó el pantalón y, dando de nuevo la espalda al público, se lo bajó ligeramente hasta que dejó a la vista su trasero cubierto por sus calzoncillos, provocando de nuevo una gran ovación. Entonces el primer chico, ni corto ni perezoso, se desabrochó el pantalón y se lo bajó hasta las rodillas, mostrando sus bóxer rosas que le marcaban un abultado paquete.

 Logró arrancar los mayores gritos hasta el momento, incluido un “¡Bravoooo!” del DJ. El rubio, ante la presión, en lugar de igualar la jugada, volvió a abrocharse el pantalón y empezó a hacer posturitas de musculitos, que sólo despertaron chillidos femeninos. El DJ decidió que ya estaba la cosa lista para sentencia y pidió veredicto al jurado. “A ver, aplausos para el rubio”. Se oyeron sobre todo gritos femeninos. “Vale, vale, ahora aplausos para el chico del bóxer rosa fashion”. Y la ovación fue atronadora. Se notaron muchos gritos masculinos que premiaban su valentía, con lo cual resultó ganador de la botella, que le fue entregada en el acto por un camarero. Para terminar sus minutos de gloria se colocó la botella a modo de extensión de su paquete y empezó a balancearse de un lado a otro, levantando más aplausos. Entre tanto el rubio ya se había esfumado de la barra.

 Mientras el ganador se bajaba de la barra el DJ prosiguió: “Ha estado muy bien. Bueno, ahora toca lo interesante de verdad: ¡turno para las chicaaaaaaas!”. Y en ese momento el bar entero enloqueció, el griterío presagiaba un gran espectáculo. Una chica de pelo rizado rubio se encaramó a la barra con la ayuda de sus amigas, que la animaban a chillidos. Estaba delgadita y vestía de forma bastante provocativa, pero también hortera. Llevaba un top y un vaquero muy ceñido. Era una ‘choni’ en toda regla y la decisión con la que se abalanzó a participar dejaba claro que tenía intención de darlo todo para ganar. “Muy bien, ya tenemos a la primera participante. ¿Quién se anima a ser su rival?”.

 

 Algunas chicas se animaban entre sí pero ninguna se terminaba de decidir. Mientras yo miraba a mi alrededor tratando de ver si alguna chica se acercaba a la barra, escuché al DJ decir: “Bieeeeen, ¡ya tenemos contrincante!”. Me giré para ver a la susodicha y mientras subía con ayuda sólo pude ver que tenía pelo castaño rizado. Pero cuando se puso de pie y se giró para saludar y tirar besos me quedé de piedra: era mi novia. Se había escabullido sin que me diera ni cuenta y, como es bajita y entre tanta gente, cuando yo estaba mirando a mi alrededor no reparé en su ausencia. Que me sirva de lección, a estas alturas ya debería haber aprendido que es totalmente imprevisible y capaz de todo.

 “¡Vamos allá!” y empezó a sonar música. La ‘choni’ y mi novia empezaron a bailar sobre la barra mientras todo el bar daba palmas al unísono y silbaba. Quedó claro que el striptease de los chicos es un simple prolegómeno para que el público caliente y esté animado para éste. Varias cámaras digitales se alzaron para tomar fotos y grabar en vídeo el espectáculo que se presagiaba (los smartphones aún no existían). La ‘choni’ atacó primero como era de esperar, y se quitó el top de golpe y porrazo, meneando mucho su larga melena rubia teñida. Tenía las tetas bastante pequeñas pero lo disimulaba con un sujetador push-up amarillo que daba la impresión de ocultar más volumen del que había en realidad gracias al relleno.

 Mi chica, que llevaba un vestido de tubo negro muy ajustado y corto, tanto por arriba como por abajo, puso una cara pícara, dio la espalda al público y, dejando una mano en su cadera, comenzó a bajar muy lentamente la cremallera. Cuando terminó dio media vuelta y, con una sonrisa de oreja a oreja, empezó a bajarse el vestido poco a poco. Las palmas y el griterío no cesaban. Dejó a la vista su sujetador, que era del mismo color que el vestido (de este modo los tirantes parecían formar parte de él), que a duras penas contenía sus enormes tetas. Entonces colocó las manos sobre ellas y se las estrujó mientras miraba a su contrincante, en clara alusión al sujetador push-up que falseaba los pechos de la ‘choni’. Ésta lo entendió y puso cara de perro, pero no paró de bailar.

 

 En asuntos mamarios había sido derrotada, pero no iba a rendirse. Era el momento de su contraataque. Comenzó pidiendo más palmas al público y mientras se contoneaba se desabrochó los botones de su vaquero. Entonces se dio la vuelta y empezó a bajárselos a cortos tirones, siguiendo el ritmo de la música, hasta que dejó a la vista un espectacular trasero enmarcado por un tanga de leopardo (‘choni’ a más no poder). Qué pedazo de culo, era perfecto, unas redondeces que parecían haber sido trazadas con un compás. Los aplausos y silbidos fueron atronadores y el fuego a discreción de las cámaras no se hizo esperar.

 La verdad es que esas posaderas eran claramente superiores a las de mi novia, pero mi chica tampoco se iba a rendir tan fácilmente. De hecho aplaudió y señaló el culo de la ‘choni’ reconociendo sus méritos, señal de que ya tenía algo preparado. “Qué competición, creo que está siendo de lo mejor que he visto hasta ahora”, gritó el DJ. Entonces mi novia introdujo los pulgares por los laterales de la parte superior del vestido, que estaba algo más arriba de la altura de su ombligo y, poniendo su cara picarona, empezó a bajarlo también a cortos tirones siguiendo el ritmo de la música. El público jaleaba con cada centímetro que mostraba.

 Cuando el vestido ya se alejaba del ombligo, ella empezó a girarse unos grados sobre sí misma con cada tirón. Cuando estuvo de espaldas a la gente ya empezaba a dejar ver donde su espalda se termina y comienza su culo. Entonces me di cuenta de que no llevaba nada más, ni tanga ni braguitas. ¿Había salido así de casa? ¿O se lo quitó de camino a la barra? La raja de su culo ya era claramente visible y cuando la mayoría del público llegó a la misma conclusión que yo, enloqueció. Los flashes de las cámaras digitales iluminaban continuamente su cuerpo desde distintos ángulos. Una vez mostró totalmente sus nalgas levantó las manos para aplaudir y entonces el DJ, que por fin se dio cuenta de lo que pasaba, exclamó: “¡Iiiiiimpresionante!”. La ‘choni’ se dio por derrotada y se bajó de la barra sin siquiera esperar a que el DJ pidiera veredicto. La verdad es que lo de ir en plan ‘comando’ fue el golpe de gracia. Un camarero entregó la botella del premio a mi chica, pero no acabó ahí la cosa.

 El bar no paraba de aplaudir y gritar mientras mi novia, tras haberse subido un poco el vestido para taparse el culo, mostraba su trofeo. Pero aún no se daban por satisfechos y el DJ no dio tregua. “¿La ganadora nos va a dar algo más?”. Mi chica negó con el dedo mientras sonreía. “Tienes al público entregado, quieren más, desean más, por favor, dáselo, dánoslo”. Entonces se agachó y la gente empezó a abuchear. Yo pensé que se iba a bajar de la barra, pero lo que hizo fue dejar la botella en la barra y volver a levantarse, lo que arrancó aplausos y vítores. Como la música seguía ella empezó a contonearse al ritmo. La verdad es que estaba para comérsela. Ondeando su melena castaña, bamboleando esos pechos que amenazaban con escapar en cualquier momento del sujetador negro, el vestido de tubo plegado de forma que parecía una cortísima minifalda, taconazos y sin parar de sonreir.

 En esto se llevó las manos al cierre del sujetador y lo desabrochó. Yo me estaba quedando de una pieza, si lo ocurrido hasta el momento me parecía increíble, para lo que estaba pasando ya no tenía palabras. Poniendo de nuevo su cara picarona se bajó primero un tirante y luego el otro, pero sujetando la prenda en su sitio con las manos. La gente no bajó el tono de su griterío ni un momento, en todo caso lo aumentaba, aunque claramente quienes sostenían las ovaciones eran los chicos presentes.

 

 Entonces se lo quitó de un tirón hacia un lateral al mismo tiempo que colocaba el antebrazo y la mano contraria para taparse las tetas, a pesar de que lo único que logró cubrir fueron poco más que los pezones debido a su tamaño. “¡Vamoooooos!”, exclamó el DJ. Lanzó el sujetador a la gente, que se peleó por cogerlo, y pasó a taparse un pecho con cada mano, todo sin parar de bailar. Yo seguía sin salir de mi asombro.

 Entonces se dio la vuelta y se agachó un poco para decirle algo al camarero, que inmediatamente extendió sus manos hasta el vestido. El DJ comprendió la jugada y dijo “Venga esas palmas”. Con cada palmada el camarero bajaba un poco el vestido, repitiendo lo que hizo mi chica para derrotar a la ‘choni’, pero puesto que esta vez tenía sus manos ocupadas necesitaba ayuda. Una vez más, al dejar ver todo su culo la ovación fue sonora.

 

 El camarero bajó los brazos al llegar a ese punto y también se puso a aplaudir, pero mi chica debió decirle algo porque tras mirarla con cara de sorpresa volvió a colocar las manos donde las tenía: le había pedido que se lo bajara hasta abajo. Tras tres o cuatro tirones más el vestido cayó de golpe hasta los tobillos de mi novia, que volvió a taparse las tetas con un brazo y con la otra mano ocultó su zona púbica. Una vez más una lluvia de destellos se concentró sobre ella para inmortalizar el momento.

 

 A continuación levantó ligeramente primero un pie y después el otro para librarse de su última prenda mientras se giraba hacia nosotros de nuevo con una sonrisa. Así que ahí estaba mi chica, completamente desnuda sobre la barra de un bar, delante de decenas de personas que la aplaudían y ella encantada de la vida. Seguro que hasta estaba excitada.

 “Madre mía, ¡esto es lo más grande que hemos visto nunca!”, bramaba el DJ. No me extrañó, pero ella estaba desatada y no iba a poner fin al espectáculo aún. Su calenturienta imaginación maquinó algo más porque volvió a decirle algo al camarero. Él se subió a la barra con ella, lo que despertó muchos aplausos, y muchos más cuando le vieron coger la botella y abrirla. Ella inclinó la cabeza un poco hacia atrás y abrió la boca a la vez que el camarero aproximaba la botella y empezó a verter licor. En ese momento ella empezó a extender poco a poco los brazos, como un águila desplegando sus alas, dejando ver sus encantos. Liberó de su prisión sus generosas tetas, que lucieron en todo su esplendor, así como su apetitosa entrepierna, cuyo vello traía bien arregladito.

 

 Entonces el bar entró en éxtasis, los gritos de los chicos parecían los de un partido de fútbol. Pero tragar alcohol a morro no es tan fácil, así que la mayoría se salía de su boca, derramándose a lo largo de su cuerpo. Tras estirar los brazos por completo comenzó a flexionarlos hasta llevar las manos tras su nuca. La imagen era impagable: la boca, cuello, pechos, vientre, piernas y pies de mi chica se iban empapando del líquido que seguía fluyendo mientras ella mantenía esa postura tan sexy. La artillería de flashes no paraba de cebarse con ella que, gracias al brillo del licor, acrecentaban el efecto visual. Apuesto a que todos los hombres (heterosexuales) del bar tenían una erección de caballo. Todos menos yo, que estaba en estado de shock.

 “Increíble, espectacular, soberbio…” al DJ se le acababan los calificativos. Igual que a mi novia se le agotó el repertorio porque tras apartar la botella, secarse un poco los morros, devolver los aplausos y hacer unas reverencias, todo ello sin perder la sonrisa, se bajó por el otro lado de la barra, para secarse y vestirse supongo. Digo supongo porque yo no me acerqué. Estaba tan impresionado que no me moví del sitio. De hecho tras unos instantes mi reacción fue la de esconderme entre la multitud. No quería que me encontrara, no quería que me vieran con ella, la verdad es que estaba avergonzado. Ya habíamos lucido y explotado su cuerpo en público en otras ocasiones, pero siempre en un ambiente de cierta intimidad. Este nivel de exposición me superaba.

 Pude ver cómo fue rodeada por un grupito de chicos tras regresar del otro lado de la barra. Ella dirigió unas cuantas miradas entre ellos hacia la zona donde estábamos antes de que empezara todo y evidentemente no me vio porque yo ya no estaba ahí. Pero debió olvidarse pronto de mí porque empezó a reírse mucho de lo que le decían. Además pidieron unos refrescos que convirtieron en cubatas con lo que quedaba de la botella del premio. Pero se los sirvieron en vasos de plástico, prueba de que no tenían intención de beberse esas copas en el bar, querían sacarlas fuera. Al momento se fueron con mi novia del pub. ¡Se largaba a continuar la fiesta a otra parte con unos extraños que acababa de conocer! Aunque tampoco podía culparla, ella tenía que sentir que yo acababa de abandonarla. Además tenía que estar muy borracha tras pegarle esos tragos a la botella a palo seco.

 Salí corriendo del bar y miré a ambos lados de la calle intentando localizarles. Les vi y les seguí a paso ligero hasta ponerme a una distancia prudencial, lo suficiente para escuchar lo que decían. También procuré no hacer ruido al andar para que no se giraran. Eran 3 chicos y parecían más jóvenes que yo, posiblemente de una edad muy similar a la de mi chica. Lo que escuché no me hizo gracia: hablaban de ir a un chalet en una urbanización en las afueras y a mi novia le entusiasmó la idea: “Eh, de puta madre, seguro que allí podemos montar una buena fiesta”. Unos pocos pasos más adelante se detuvieron, se subieron a un coche y se largaron.

 En ese momento mi reacción fue la de buscar un taxi y hacer como en las películas: “Siga a ese coche”. Pero como la vida no es una película tuve que recorrer un par de calles corriendo hasta que encontré uno. Le pedí que me llevara a la urbanización, pero no tenía ni idea de cómo encontraría el chalet concreto al que se dirigían. Durante el trayecto fui pendiente por si nos encontrábamos el coche en el que iba mi chica, pero no hubo suerte. Una vez allí pagué al taxista y me bajé.

 

 La urbanización tenía en la puerta un doble control con barrera, uno para la salida y otro para la entrada de vehículos, y entre ellos una garita con vigilante. Me quedé en la acera de enfrente fuera de su vista pensando qué hacer. Tal vez podría colarme sin hacer ruido, pero ¿cómo encontraría el chalet en el que estaban? Mientras pensaba llegó el coche de los chicos e instantáneamente me puse detrás de una farola para intentar camuflarme. Llevaban las ventanillas bajadas y música a todo trapo, pero pude escuchar como decían algo de kétchup, así que deduje que yo había llegado antes que ellos porque habían ido a por algo de comida. Gran golpe de fortuna.

 Cuando el vigilante les abrió la barrera de entrada vi mi oportunidad. Aprovechando el ruido del motor y la música corrí lo más agachado posible y me colé por la salida. El vigilante no me vio porque tenía la atención puesta al lado contrario. Dentro de la urbanización la iluminación era menor que en la calle, así que ya no me tuve que preocupar de esconderme porque las sombras lo envolvían casi todo. No paré de correr siguiendo al coche, pero evidentemente no tardaron en dejarme atrás. Gracias al absoluto silencio que reinaba en la urbanización, sólo interrumpido por ocasionales ladridos de perros guardianes, podía escuchar el motor y la música del coche a distancia y seguirles. Desgraciadamente en un momento dado tanto la música como el ruido del motor cesaron, así que la última dirección en la que había escuchado el sonido era mi única referencia para encontrarles. Siempre me he orientado muy bien así que, aunque tardé varios minutos, finalmente hallé la calle en la que se encontraba el chalet. Y no hubo lugar a error porque habían dejado el coche en la puerta en lugar de meterlo dentro de la casa. Parece que tenían prisa por retomar la fiesta.

 Una vez en la puerta del chalet empecé a escuchar voces, risas, palmas y música. Tenía que saber qué estaba pasando dentro. Pensé en saltar la valla, pero me asaltó el miedo de que hubiera perro. Inmediatamente llegué a la conclusión de que no podía haberlo porque si el dueño se hubiera plantado en mitad de la noche con varios extraños, el can aún estaría ladrando como lo hacían los de algunos chalets cercanos. Me encaramé a la valla y salté dentro de la parcela. Como hacía bastante calor tenían abiertas las puertas de cristal del salón que daban al jardín. Estaban ahí dentro. Así que, aunque yo estaba en plena oscuridad y no era visible desde dentro, de todas formas mantuve cierta distancia según me aproximaba. Y pude ver claramente todo lo que pasó.

 Lo primero que vi ya me dejó claras las intenciones con las que mi novia había accedido a ir a esa casa. Ya estaba desnuda bailando para los chicos, que estaban sentados en los sofás. Les había hecho otro striptease, pero esta vez con mucho menos estilo porque aún llevaba el vestido, aunque tan arrugado que parecía un cinturón a la altura del ombligo, mostrando todo su cuerpo. Su frenético baile me dio idea de la borrachera que llevaba. Los chicos no paraban de silbar, aplaudir y gritarle cosas como: “¡Bravo!”, “¡Tía buena!”, “¡Qué cuerpazo, madre mía!”, “¡Qué pechotes!”. Ella estaba encantada.

 Entonces les dijo algo que no pude escuchar por culpa de la música, pero me lo pude imaginar porque uno se levantó de golpe y empezó a quitarse la camiseta. Los otros dos se miraron entre ellos y sonrieron. Pero mi chica no iba a permitir que su timidez interfiriera en sus planes. Les tendió las manos y sin parar de bailar les levantó de sus asientos. Entonces se aproximó a uno de ellos y le empezó a desabrochar el cinturón con su cara más pícara. Después pasó al otro y le empezó a levantar la camiseta. Así, ayudándoles poco a poco, logró que se desnudaran. Ninguno pudo resistirse a los deseos de semejante diosa desnuda con la lujuria desatada.

 En esta situación metió una marcha más y empezó a bailar frotando contra ellos la suave piel de sus caderas y su culo. De cuando en cuando les acariciaba los pene y los testículos suavemente, dejándoles con unas caras de estar a punto de explotar. Así fue saltando de uno a otro con su erótico baile, rozando su cuerpo contra ellos y acariciándoles hasta que logró encender a los tres. Esto era patente no sólo por sus erecciones, sino porque ellos empezaron a animarse a acariciarla a ella también. Concretamente uno de ellos, el más alto, tenía un miembro especialmente grande. Mi chica seguro que ya estaba fantaseando qué hacer con ese gran pene porque le dedicaba apetitosas miradas cuando bailaba con su dueño. Y quedó demostrado cuando lo fue arrinconando contra uno de los sofás hasta que le obligó a sentarse. Entonces se arrodilló ante él y le empezó a hacer una lenta y trabajada felación.

 Pero no le dedicó mucho tiempo porque tenía más ‘clientes’. Se dio la vuelta y gateó lenta y eróticamente hasta ponerse entre los otros dos. Volvió a erguirse sobre sus rodillas y les empezó a practicar felaciones por turnos, dedicando las manos a masturbar suavemente al que no estaba siendo servido. El que estaba en el sofá se levantó y se unió al grupo, pero al principio fue ignorado porque visto lo visto se lo quiso reservar para el final. Mi chica hasta entonces había estado siendo suave, pero consideró que ya era la hora de darles más caña. Soltó al que estaba masturbando, se sujetó a las caderas del chico al que estaba complaciendo y le demostró las habilidades de su profunda garganta, metiéndose su pene completamente, hasta que su nariz choca con el bajo vientre, como a ella le gusta. Los gritos de asombro no se hicieron esperar. Le dedicó unos cuantos mete-saca hasta el fondo y pasó al siguiente, dejando unos hilos de saliva colgando del ya brillante miembro. Tras demostrar de nuevo sus habilidades finalmente llegó el turno del chico ‘superdotado’. Se secó los labios antes de lanzarse a por él y cuando lo hizo, oh sorpresa, no pudo llegar hasta el fondo. Logró introducirse algo más de la mitad, pero no por completo.

 El muchacho le dijo algo que no pude oír, pero esas palabras no hicieron otra cosa que espolear a mi novia, que lo siguió intentando. Los otros daban la impresión de intentar animar a mi chica. En el último intento se aferró con las manos al culo del chico e hizo fuerza, pero lo único que consiguió fue producirse violentas arcadas, así que tuvo que soltarse para toser y escupir. Ese falo la había derrotado. El chico le ayudó a levantarse y creo que intentó consolarla. Tras conversar unos instantes les señaló el sofá más grande y les dio algunas indicaciones. Ante esto uno de ellos, supuse que dueño de la casa, se ausentó del salón mientras los otros dos ayudaron a mi novia a separar el sillón de la pared, así que lo colocaron en medio del salón. Cuando el tercer chico volvió empezó a repartir preservativos. Iba a comenzar una nueva fase de la orgía.

 Mi chica sentó al dueño de la casa en el sofá porque ya traía su profiláctico puesto y debió decirles a los otros dos que no se pusieran los suyos aún porque abortaron su colocación. Entonces se colocó a horcajadas sobre el que estaba ya sentado y éste la penetró sin dificultad porque su vagina ya estaba bien húmeda. Empezó a cabalgarle suavemente y con una seña indicó a los otros que se pusieran tras el sofá. Lo que quería lo pudimos comprobar al instante: continuar con el sexo oral mientras era penetrada. Y por supuesto sin profilácticos de por medio, a ella no le gusta ese sabor. No les dedicó gargantas profundas, supongo que todo junto era demasiado esfuerzo. Pocos minutos después rotaron, pero de tal manera que volvió a reservarse de nuevo al chico ‘superdotado’ para el final. Al que se acababa de levantar supongo que le dijo que si quería volver a disfrutar del sexo oral tenía que deshacerse del condón que portaba y posiblemente lavarse el pene, porque se marchó otra vez y al cabo de unos minutos volvió sin él.

 Cuando decidió que había llegado el momento de tirarse al chaval más dotado se lo hizo saber. Éste se colocó su preservativo, se sentó, y con cuidado mi chica sujetó su enorme pene y lo empezó a introducir en su empapada vagina. Ella trató de cabalgarle como a los demás, pero al primer intento se detuvo y pude ver su mueca de dolor. No podía albergar ese miembro entero. Segunda derrota que le infligía. Él debió sugerirle un cambio de postura que ella aceptó porque se desacoplaron y mi novia pasó a ponerse de rodillas en el sofá, de manera que podía seguir complaciendo oralmente a los otros, pero poniendo el culo en pompa para ser penetrada desde detrás, postura que repetiría en numerosas ocasiones esa noche. Lo probaron pero el resultado fue el mismo, a mi chica le dolía, la profundidad de su vagina no era suficiente. Y se rindieron porque el chico cedió su puesto a otro y se marchó, asumí que al cuarto de baño a lavarse el pene también.

 Conservaron la postura y creo recordar que fue el dueño de la casa el que pasó a embestir a mi novia desde detrás hasta que finalmente llegó al orgasmo entre gritos y se derrumbó sobre su espalda. Cuando se retiró el otro chico con pene de proporciones normales le sustituyó. Con uno de ellos en fuera de juego durante un rato (se sentó en el otro sofá y se quedó observando), mi chica tenía las manos más libres y no se le ocurrió otra cosa que volver a intentar practicar una garganta profunda al chico ‘superdotado’ cuando volvió. Todos los intentos fueron en vano por mucho que ella se agarrara a él e hiciera fuerza, siempre tenía que parar entre arcadas y tos. Incluso una vez él intentó ayudarla sujetándole la cabeza y empujando, pero ella le detuvo bruscamente porque le produjo tales arcadas que no vomitó de milagro. Y finalmente volvió a rendirse.

 Observé que entonces mi chica adoptó una postura un poco extraña, con una mano sujetaba el miembro que estaba chupando y la otra la echó atrás. En ese momento no pude saber para qué porque el otro chico que se la estaba beneficiando desde detrás me tapaba. Me despertó mucho la curiosidad porque el chico ‘superdotado’ miró con una sonrisa al que estaba dale que te pego y el que estaba atontado en el otro sofá se incorporó porque le llamó la atención lo que veía. ¿Qué leches estaba haciendo? Más o menos entonces el disco de música que estaban escuchando se acabó y, como ninguno se molestó en poner otro, pude empezar a escuchar lo que decían. Poco después el que estaba penetrando a mi chica alcanzó también el éxtasis. Cuando se apartó, la visión del dilatado ano de mi novia gracias a los dedos que estaba introduciéndose me permitió entender sus intenciones. Quería practicar sexo anal. En ese momento mi chica dejó de chupar y le dijo al que tenía delante: “Mi boca y mi coño no han podido con tu polla. Vamos a ver si mi culo puede”. Más claro, agua. Los tres chicos se quedaron con cara de asombro pero inmediatamente empezaron a aplaudir, gritar y silbar. Desde luego nunca habían vivido nada parecido.

 El ‘superdotado’ se puso un condón y fue detrás de ella. Levantó una pierna, la apoyó en el sofá y colocó la punta de su miembro en el ano de mi chica. Supongo que intentó penetrar con mucho cuidado porque ella le espetó: “Venga, con ganas”. Ahí se pasó de lista porque el chaval pegó un empujón que le hizo ver las estrellas, a juzgar por el grito que pegó. El chico se amedrentó y pidiendo perdón se retiró, a lo que ella contestó: “Tú no te vas a ninguna parte hasta que me metas esa polla entera por el culo”. Y, dirigiéndose a los otros, dijo: “Y vosotros, id a buscar algo para lubricar. Vaselina, aceite, lo que sea”. Parecía hasta un poco enfadada, estaba picada en su orgullo. Desde luego estaba decidida a disfrutar de ese enorme pene fuera por donde fuera.

 El dueño de la casa volvió rápidamente con crema hidratante, supongo que fue lo primero que encontró, pero a mi chica le sirvió. Se echó un poco en los dedos y se los introdujo todo lo que pudo por el culo. Después se echó un poco más y la extendió sobre su objeto de deseo, o más bien sobre el preservativo que lo cubría. Y volvió a colocarse en posición. “Vamos, otra vez”, dijo.

 

 El chico volvió a adoptar la postura de antes y lo intentó de nuevo. Esta vez mi chica se quejaba menos, aunque gemía un poco. Unos segundos después el gemido de dolor subió de tono. Entonces echó ambas manos atrás, se agarró las nalgas y se las abrió todo lo que pudo al tiempo que decía: “Empuja más”. Yo no podía ver cuánto pene había atravesado ya el ano de mi novia, pero por sus gemidos imaginaba que bastante. Éstos se fueron convirtiendo en apagados gritos y jadeos que intercalaba con “Sigue”, “Más” y “No pares”. Ella quería que entrara entero, sentirlo completamente dentro. Hasta que finalmente lo consiguieron. En un momento dado el chico dijo “Ya está, hasta el fondo”. Sus testículos ya lindaban con su vagina. Los otros dos se pusieron a aplaudir y mi novia jadeaba como si estuviera de parto. Entonces él empezó a sacarla y volvieron los gemidos. El chico se paró, se ve que no sabía muy bien qué hacer, así que ella tuvo que volver a darle indicaciones: “Sácala y métela completamente varias veces, muy despacio”. Y así lo hizo.

 Con cada recorrido los jadeos y gemidos de dolor iban menguando y su respiración empezó a normalizarse. A la quinta o sexta vez sus gemidos empezaron a transmitir placer y empezó a susurrar: “Sí, sí”. El chico vio la luz verde y empezó a subir el ritmo. Los otros exclamaban: “Dale, rómpele el culo”, “Que sepa lo que es bueno”. Mi chica pedía más caña, “Vamos, reviéntame”, así que el chaval se aferró a su caderas y penetró con más brío. Mi novia chillaba de placer mientras se agarraba al sofá porque él se puso muy bruto, yo hasta podía escuchar el sonido de sus cuerpos al chocar. Incluso el sofá se desplazaba.

 Finalmente el dueño del aparato que estaba visitando el recto de mi novia alcanzó su orgasmo. Curiosamente ella pegó más gritos que él porque cuando un pene eyacula evidentemente se ensancha, así que su ano tuvo que ceder aún más. Al retirarse lo hizo lentamente y cuando estuvo fuera de su culo ambos resoplaron. Él se tumbó en el suelo y ella se acurrucó en el sofá en posición fetal. Entonces pude ver que tenía la cara totalmente roja, desde luego se había esforzado al máximo. También tenía una expresión de completa satisfacción. Pude ver que los otros dos chavales volvían a lucir sendas erecciones, tenían ganas de probar ese maravilloso trasero. Cualquiera hubiera pensado que ella ya había tenido más que suficiente, pero yo sabía que no. Ella no. Es insaciable.

 “Oye, ahora yo quiero follarte el culo también”, “Y luego yo, que nunca lo he probado”, decían mientras se colocaban sendos condones nuevos. Ella se incorporó y para sorpresa de todo el mundo dijo: “¿Y por qué no me folláis los dos a la vez?”. La estupefacción se dejó ver en sus rostros. Seguramente a mí se me debió quedar una cara curiosa también. Qué pasada, después de haber sido penetrada vaginalmente por esos dos y de que un tercero hubiera llevado su ano hasta el límite, aún quería ir más allá. Su lujuria parece infinita.

 Una vez más tuvo que tomar la iniciativa porque los chicos se habían quedado paralizados. Sentó a uno en el sofá y se colocó sobre él como ya había hecho antes, acoplándose a él. Después le dijo al otro “Ahora tú por detrás”. El que estaba de pie se acercó, pero como no veía claro cómo hacerlo, les dijo que no podía. Ciertamente no era fácil alcanzar el ano de mi chica, no ofrecía ángulo. Se quedaron pensando un momento y el ‘superdotado’ les dijo: “Hacedlo tumbados, que es como lo hacen en las pelis porno”. Dicho y hecho. Mi novia se levantó, el que estaba sentado se tumbó bocarriba a lo largo del sofá y ella se recostó sobre él. El otro se arrodilló detrás y la doble penetración se pudo realizar sin problema a juzgar por sus gemidos de satisfacción.

 

 Tenía dos penes dentro de ella, invadiendo sus entrañas, una sensación totalmente nueva. Y empezaron a moverse como buenamente pudieron. El que más caña daba era el que estaba erguido, que era el que más movilidad tenía. El chico que estaba tumbado la verdad es que no podía hacer nada porque estaba aplastado, así que era mi novia la que se movía para lograr placer vaginal. Por sus gemidos parecía que estaba disfrutando como una loca. Cada vez se movía más hasta que casi no hacía falta que el que estaba erguido hiciera nada. El sofá volvía a desplazarse. El otro chico observaba desde el suelo, alucinando con la escena y seguramente pensando en intervenir también.

 Tuvo varios orgasmos en esa postura hasta que el que estaba atareado con el culo de mi chica eyaculó. Tras unos instantes se retiró y se tumbó en el suelo, al lado del chico dotado. El que estaba tumbado en el sofá dijo “Me toca ya el culo, me toca ya el culo”. Ella se apartó, le dejó levantarse, y cuando se disponía a ponerse en la misma postura en la que el ‘superdotado’ le había abierto el camino anal, él mismo se levantó del suelo y dijo: “Un momento, yo ya estoy listo para otro asalto, podemos follárnosla entre los dos también”, mientras se ponía un nuevo condón. Pero surgió un conflicto: el pene de ese muchacho sólo podía utilizarse en el ano de mi novia, con lo que el otro volvía a tener que conformarse con sexo vaginal. Se quejó por eso, pero mi chica puso paz: “A ver, tranquilo, si se corre antes que tú, luego me tendrás para ti solito y podrás follarme por donde quieras. Y si te corres tú antes, te prometo que haré lo que haga falta para que vuelvas a tener la polla lista para follarme el culo. ¿Te parece?”. Qué discurso, ¿alguien podría negarse?

 El chico aceptó entusiasmado y se tumbó en el sofá dispuesto a repetir postura, pero el ‘superdotado’ tenía otra idea. Sin avisar se agachó detrás de mi novia y, cogiéndola por la parte posterior de las rodillas, la alzó en el aire abriéndole las piernas y reconstándola contra su pecho, ante lo cual ella pegó un grito de susto. Él dijo: “Vamos a hacerlo de pie, que también lo he visto en el porno”. Parecía todo un experto. Mi chica, tras decir “Ey, vale”, bajó las manos hasta que alcanzó su miembro y lo colocó en su propio ano. Para penetrar esta vez el chico no tuvo más que bajar un poco los brazos. El gemido de mi chica dejó claro el éxito de la operación. El otro chico se levantó del sofá, se puso frente a ella, penetró su vagina provocando un nuevo gemido y ayudó al otro a sostener su peso poniendo sus manos bajo sus nalgas. La imagen era realmente espectacular.

 Esta vez ella no podía ayudar en nada en cuanto al movimiento, fueron los chicos los que tuvieron que emplear sus caderas a fondo. De nuevo mi novia gemía como una posesa, disfrutando de varios orgasmos. “Sí, folladme así, sí”. Hasta que el chico que estaba delante llegó al éxtasis. Con esto la orgía se prolongaría más porque mi chica le había prometido hacer lo que fuera para que él también disfrutara de su culo, que aún no había podido catar. Como para el ‘superdotado’ la postura no era nada cómoda en solitario, la bajó al suelo y le pidió que se pusiera en el sofá en la postura en la que llevaron a cabo la primera penetración anal, pero en ese momento el tercer chico dijo que él ya estaba listo y que contaran con él. Y mientras se colocaba un condón sin levantarse, propuso hacerlo en el suelo porque seguramente tendrían más movilidad que en el sofá.

 A mi novia también le debió gustar la idea porque se colocó sobre él inmediatamente y se acoplaron. El ‘superdotado’ se puso de rodillas pero al ver que no llegaba abrió todo lo que pudo las piernas hasta que alcanzó su ano, que penetró con fuerza provocando más gemidos en mi novia. Y en esta postura fue cierto que ambos tenían más movilidad que en las anteriores. El que estaba debajo demostró estar en buena forma porque tiró de abdominales como un campeón y el que estaba de rodillas tampoco se cortaba. Mi chica chillaba y decía barbaridades como nunca “Sí, así, bien fuerte, no paréis, vamos, folladme así”. ¿Cuántos orgasmos había disfrutado ya esa noche? Imposible llevar la cuenta. Estuvieron así hasta que primero uno y luego el otro eyacularon. Como ocurrió casi a la vez no recuerdo cuál de los dos lo hizo antes.

 Al poco se levantaron del suelo y se sentaron los cuatro en los sofás, resoplando y haciendo comentarios. “Tía, eres una máquina”, “Joder, en mi vida había hecho algo así”. “Ni yo”, dijo mi novia. Se quedaron sorprendidos porque le dijeron que para nada parecía su primera vez. Ella dijo que sí que había estado con varios chicos a la vez, pero que nunca había sido penetrada por partida doble. “Y me ha encantado, por si no lo habéis notado”. Risotada general. “Lástima que mi novio no haya participado”. De nuevo estupefacción. “¿Tienes… novio?”. Ella les explicó que tenemos una relación muy abierta y que no me importaba compartirla con otros chicos, pero que nos queríamos un montón. Mira qué maja, en qué momento le dio por acordarse de mí.

 

 Le preguntaron que qué hacía sola en el pub, porque cuando se fueron no observaron en ella intenciones de despedirse de nadie, y cuando contestó que estaba con su novio pero que no sabía dónde se había metido se volvieron a quedar sorprendidísimos. Añadió que quería compartir conmigo la botella del premio pero que al no localizarme y encontrarse con unos chicos tan majos decidió cambiar de planes. “Por cierto, tendré que llamarle para decirle dónde estoy”. Los chicos parecieron decepcionados porque se dieron cuenta de que la mejor fiesta que habían tenido en sus vidas tocaba a su fin. El que no había catado el culo de mi chica no rechistó, pero ella dirigiéndose a él dijo: “Pero no hasta que haya saldado mi deuda contigo. ¿Quieres esperar un poco a ver si te recuperas o te apetece que te la chupe?”. “A chupar, a chupar”, dijeron los otros.

 Así que mi chica se puso de rodillas frente a él y al primer lametón le dijo en tono jocoso que se fuera a lavar la polla porque sabía a condón. Se rieron porque ya habían olvidado ese detalle. Cuando el otro se ausentó les dijo a los dos restantes que si se recuperaban, que podían seguir, que por ella no se cortaran. Pero con la paliza que llevaban encima y como no hacía ni 5 minutos que acababan de eyacular por segunda vez dijeron que no se veían capaces. También añadieron que se estaba haciendo muy tarde. Y ella les contestó que al menos intercambiaran los números de móvil porque quería tenerlos en sus contactos por si alguna vez repetían la fiesta, pero esta vez conmigo. Si es que no podía enfadarme con ella, hizo el striptease para sacar un puñado de copas gratis y yo la dejé tirada. Me tenía merecido que se marchara con otros a hacer lo que quisiera. Además había podido verlo todo, así que al final no lo pasé tan mal que digamos. Volviendo al tema del móvil, ella se dio cuenta de que no llevaba nada más que el vestido y los zapatos porque, para evitar salir con bolso, me dio a mí su monedero y su móvil porque yo me puse un pantalón con varios bolsillos. Pero les dijo que aun así no pasaba nada porque se sabía mi número de memoria. Yo reaccioné y puse ambos móviles en silencio por si le daba por llamar, no quería ser descubierto.

 En esto volvió el otro chico del baño y se puso de pie junto a ella para recibir el placer oral. Dijo que prefería no sentarse porque el sofá le daba mucho calor. La verdad es que se habían pegado una buena sudada, digna de semejante orgía. Mi chica, arrodillada frente a él, le dedicó una suave y lenta felación hasta que sacó a ese pene de su letargo. Cuando comenzó la erección subió el ritmo y empezó a hacer mete-sacas completos empleando toda la profundidad de su garganta. Comentaron que era alucinante que pudiera hacer eso.

 

 Ella siguió a lo suyo y al poco rato el afortunado que estaba recibiendo el placer oral de mi novia dio un par de pasos hacia atrás separándose al tiempo que decía “Buf, casi consigues que me corra en tu boca”, a lo que ella contestó con su cara picarona y los brazos en jarras: “¿Y tan terrible sería?”. Una vez más los tres se quedaron estupefactos y a continuación se pusieron a aplaudir. El que estaba de pie dijo: “Joder, me tienta mucho, pero... no puedo dejar pasar la oportunidad de follarte ese pedazo de culo que tienes”. “Vaaaaale”, dijo ella. Y se colocó en la postura que otras veces ya había adoptado esa noche.

 

 El chico se puso otro condón (¿cuántos llevaban ya usados?) pero antes de permitir ser penetrada se echó un poco más de crema hidratante en el ano. Con todo ya preparado, el tercer chaval pudo disfrutar todo lo que quiso del fantástico ano de mi novia mientras ella gemía de placer. Como tenía las manos libres pudo masturbarse mientras tanto, logrando otro orgasmo antes de que el chico alcanzara el suyo finalmente. Otro de los chavales dijo “Bueno, pues el marcador queda en 2 orgasmos para cada chico y tropecientosmil para la chica. Tendrás que darnos la revancha, ¿no?”. “Por supuesto”, contestó mi calenturienta novia.

 Por fin dieron por concluida la fiesta y empezaron a vestirse. En ese momento me di cuenta de que tenía que salir de allí a toda prisa porque mi novia me llamaría en cualquier momento y yo tenía que contestar. Y si seguía en el jardín me oirían. Salté la valla y corrí como alma que lleva el diablo hacia la salida de la urbanización hasta que finalmente empezó a vibrar mi móvil. Como ya estaba lejos del chalet cogí el móvil y tras preguntar quién era (recordemos que su móvil lo tenía también y yo ella me estaba llamando desde uno de los móviles de los chicos) le pregunté que dónde estaba, que llevaba toda la noche buscándola y que estaba muy preocupado. Mi aliento entrecortado tras la carrera lo hicieron muy creíble porque ella intentó tranquilizarme. Me dijo que al verse sola en el bar, y como estaba muy borracha, se había ido de fiesta con unos chicos a su casa en la susodicha urbanización, y que le estaban pidiendo un taxi. Así que le dije que vale, que la esperaría en casa.

 Tras esto maquiné una última jugada. Si me salía bien, sería un golpe maestro. Caminé tranquilamente hacia la salida de la urbanización y justo cuando llegué estaba entrando el taxi. Me escondí entre las sombras al lado de la salida y esperé. A los pocos minutos el taxi volvió con mi chica dentro y cuando se paró a la espera de que el vigilante abriera la barrera, me acerqué y me colé dentro. “Hola cariño” dije. Mi novia se quedó blanca. El taxista empezó a decir “¿Pero qué cojones? ¡Está ocupado!”. Pero mi novia reaccionó a tiempo de decir “Tranquilo, que es mi novio”. Ella me miraba con una cara de pasmo como nunca antes había visto, que sin duda se incrementaba por mi sonrisa. “¿Qué haces aquí?”, preguntó. “Me he teletransportado”, bromeé. “No, venga, en serio”. Y le conté que había conseguido seguir el coche, encontrar el chalet, colarme en el jardín y ver absolutamente todo lo que había hecho con los chicos. Supongo que se debió poner roja como un tomate, pero en la oscuridad del interior del taxi no pude apreciarlo. “¿Estás enfadado?”, me preguntó. “Bueno, desde mi punto de vista tú tenías derecho a enfadarte porque te abandoné en el bar y yo porque te has pegado semejante orgía sin mí, así que creo que estamos en paz”. “Es verdad, ¿dónde coño te metiste en el bar?”, replicó ella. Parecía que se había olvidado el principio de la noche. “Pues me escondí porque estaba muy avergonzado de que te lucieras de ese modo en público. Encima ni siquiera llevabas bragas ni tanga”. “Joder, lo hice para sacarnos unas copas gratis, y lo de no llevar nada debajo era una sorpresa para ti”. En ese momento me percaté de que no estábamos solos. El taxista debía estar flipando con la conversación, así que zanjé la discusión diciendo “Bueno mira, los dos hemos hecho algo inapropiado y como ya te he dicho que creo que estamos en paz, vamos a dejar de discutir. Además no es el lugar”. “Muy bien”, contestó ella. Y nos mantuvimos en silencio todo el camino.

 Una vez finalizó el trayecto pagué al taxista y subimos a mi casa en medio de un silencio sepulcral. En cuanto entramos por la puerta ella me dijo en voz baja, dado que mis padres estaban durmiendo, “Te conozco y sé que si has visto todo lo que he hecho tienes que tener un calentón monumental”. Asentí con una medio sonrisa mientras cerraba la puerta. Ella se me acercó y me susurró al oído “Pues yo sigo con ganas de fiesta porque por mucho que me hayan follado no me han dado mi postre favorito”. “¿Y cuál es ese postre?”, quería oírselo decir aunque lo supiera. “Una buena ración de lefa. ¿Me la vas a dar tú?”. Volví a asentir. Así que una vez más esa noche se arrodilló y se puso a realizarme una silenciosa felación en la entrada de casa. Es absolutamente insaciable y el morbo de poder ser descubiertos lo hacía más excitante.

 Como ya sabéis, normalmente no me gusta correrme a base de sexo oral porque lo gozo mucho más follando, pero esa vez hice una excepción y sin hacerle la más ligera señal descargué toda mi esencia en su boca, intentando no hacer ningún ruido, en varios chorros tremendamente copiosos porque suelo ‘ahorrar’ varios días antes de vernos para estar lo más excitado posible. Ella no dejó caer nada como de costumbre, además de exprimirme intentando extraer hasta la última gota. Cuando comprendió que ya se lo había dado todo, me mostró la cosecha y de un trago lo mandó todo a su estómago. Antes de marcharnos a dormir todavía le pegó unos lametones a mi miembro y por fin pareció quedarse satisfecha.

 Así que, en resumen, había hecho el mejor striptease de la historia de ese bar, había repetido delante de unos desconocidos, les había practicado felaciones utilizando todas las habilidades de su garganta, se la habían beneficiado individualmente, le había reventado el culo la polla más grande de cuantas se había encontrado hasta la fecha, había sido doblemente penetrada y, tras volver a recibir una sesión extra en su ya dilatado ano, se había tragado una generosa descarga de semen. No fue un mal balance.

 Continuará... Email.

 

 

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