Aldana era la única hija
de un matrimonio de clase alta y vivió una vida de lujo y felicidad hasta
que a los ocho años su madre falleció en un accidente automovilístico.
Nunca se le conoció otra mujer al padre de Aldana ni tampoco interés
alguno por tenerla. No era el típico viudo triste y deprimido, pero jamás
volvió a casarse. Aldana sintió la muerte de su madre y sufrió mucho el
primer año de ausencia, pero luego, como es típico entre los niños de esa
edad, logró superarlo y salir adelante.
Así crecí junto a ella,
pasando la mayor parte de la semana en su casa, haciendo la tarea juntas,
yéndonos de vacaciones con su padre, viviendo como hermanas. A medida que
crecíamos compartíamos el mismo grupo de compañeros de club y
frecuentando el mismo circulo social. Nos desarrollamos como dos chicas
sanas y realmente bonitas.
Las dos éramos morenas,
de piel cetrina, Aldana de ojos color café y cabello castaño y yo de ojos
negros, piel blanca y cabello color azabache. Teníamos esa clase de
físico modelado que gustaba a todos, pechos firmes y piernas bien
torneadas, no nos podíamos quejar de nada, éramos felices.
Una noche, una de las
tantas en las que me quedaba a dormir con ella, el padre de Aldana cenó
con nosotras y avisó que no saldría, que se quedaría en la casa así que
nos pidió que no subiéramos el volumen de la música como era nuestra
costumbre, porque necesitaba descansar. Así fue como nos acostamos
temprano, tratamos de hacer el menor ruido posible (difícil cuando se
tienen 17 años y la sangre en plena ebullición) y nos quedamos dormidas
rápidamente.
En medio de la madrugada
me desperté para bajar a tomar algo a la cocina y vi que la cama de
Aldana estaba vacía, pero no me preocupé porque calcule que estaría en el
baño o habría tenido la misma necesidad que yo, así que la encontraría en
la cocina, tomando su bendito jugo de pomelo que tanto amaba.
Me dirigí a la escalera
y cuando pasé por el cuarto de su padre, me llamó la atención una serie
de suspiros poco habituales en esa parte de la casa, eran suspiros
femeninos y yo sabía muy bien que Francisco no había llevado ninguna
mujer a la casa. Me detuve frente a la puerta de su dormitorio y escuché
como los suspiros se convertían en gemidos y no precisamente de dolor,
sino que parecían ser de un placer extremo.
Como la puerta estaba
cerrada, pero mi curiosidad iba en aumento, decidí salir por la ventana
del cuarto de servicio para poder espiar por los balcones que eran
colindantes. Abrí las ventanas del balcón de servicio y pasé una pierna
primero y después la otra al balcón del cuarto de Francisco. Las cortinas
no estaban cerradas así que el panorama para ver era inmejorable.
¿Cómo describir la
sensación que tuve cuando vi en medio de la cama de Francisco a Aldana
completamente desnuda, a merced de la boca y de los dedos de su padre?.
Al principio me dieron
ganas de salir corriendo, sentía un agujero en la boca del estómago, como
un vacío de asco y de incomprensión y una parte de mí quería salir
corriendo de esa casa y de la vida de ambos. Otra parte de mí, que hasta
ese momento desconocía, me impulsaba a quedarme y a seguir viendo.
Aldana, espléndida en su
desnudez, estaba tendida en la cama de Francisco, con las piernas
abiertas, con una mano empujaba la cabeza de su padre hacia su vagina y
con la otra se apretaba su pecho izquierdo, con una fuerza increíble, lo
estrujaba sin control y no cesaba de gemir. La boca de Francisco parecía
querer comerse de un solo bocado esa preciosa concha que aparecía
iluminada con la luz de la oscuridad, la saliva de él y los jugos
impresionantes que Aldana despedía.
La lengua de su padre se
arrastraba de adelante hacia atrás, sin dejar centímetro sin mojar,
esparciendo ese flujo espeso por todos lados sin descanso, mientras las
caderas de Aldana se elevaban para que quedaran justo a la altura de la
boca de su padre, esa boca que parecía un pulpo hambriento, desesperado
por tragarla. -Un dedo... Dame un dedo. le escuché decir a mi amiga del
alma. Sin más, Francisco colocó su dedo mayor dentro del agujerito de la
concha, lo metió y lo sacó tres veces, lo humedeció completo y después de
chuparlo se lo colocó en la boca a Aldana, que lo lamió en una forma
sensual, mirando directamente a los ojos a su padre mientras lo hacía,
saboreándose directamente de su fuente.
La boca de Francisco
absorbió los pechos de Aldana, su lengua lamió los pezones llenándolos de
saliva para después morderlos y estirarlos hasta que quedaron erectos y
rojos, se veían duros como pequeñas piedras rojas. -Papá, mámamelos-
repetía Aldana, con un tono de voz grave, bajo, casi desconocido para mí.
Así lo hizo él, como sí de los pechos de una madre se tratara se prendió
a ellos, succionándolos como sí de ellos pudiera sacar leche, lamiéndolos
desesperadamente.
Por entre las piernas de
Aldana podía ver la tremenda erección de Francisco, el tamaño de su pene,
las dimensiones que había alcanzado y comencé a darme cuenta en ese
instante de mi propia excitación, de la humedad que sentía entre mis
piernas y de la dureza de mis propios pezones, pegando contra mi camisa
de dormir.
Francisco bajaba con su
boca por el cuerpo de su hija con una maestría, con un conocimiento del
terreno y de los deseos de ella que me dio la pauta de que esto no estaba
sucediendo por primera vez. Volvió a su entrepierna para sobarla un poco
más, para lamer algo más de todos esos jugos que expedía Aldana y para
satisfacer los pedidos de su nena. -Muerde el clítoris, papi...
Muérdemelo como vos sabes... Siiiiiiiii, quiero gozarte papi. Y allá
fueron sus dientes, para hacerse cargo de ese botón rosadísimo que
comenzó a crecer cuando los dedos de su papi lo movieron en círculos, se
metieron dentro del agujerito para poder mojarlo, lo rodearon y después
su boca lo estiró, sus labios lo sacaron hacia afuera, los sorbieron como
si fuera el último bocado que esa boca probaría en años.
-Eres tan rica, hijita,
hummmmmmm, como me gusta tu sabor-. -Chúpamela más, papi... Más, más-
suspiraba totalmente descontrolada Aldana. Y Francisco siguió un
poquitito más hasta que levantando la cara, la miró a los ojos y le
susurró: -Ahora papi te va a dar su pedacito, estas lista??-. -Siiiiiiiiiiii,
quiero que me cojas, dámelo-. Y acto seguido, mientras Aldana abría los
labios de esa concha que brillaba empapada, Francisco la penetró lenta,
pero seguramente y su pene completo fue engullido por la vagina de su
hija y comenzaron una danza de caderas y embestidas que me sacaban el
aliento.
Las manos de Aldana iban
de sus pechos a la cabecera de la cama, asiéndose fuertemente de los
barrotes cada vez que su padre empujaba más y más dentro de ella. -Lo
quiero entero- decía Aldana, con la poca voz que le quedaba. -Lo tienes
completo, ahora muévete nena, muévete. Gózalo!!! Asi!!!!!!!!!!-.
Yo no podía más, estaba
completamente excitada y muerta de envidia, quería ese pene dentro de mí,
quería esas manos empujando mis caderas, estaba a mil, pero no podía
dejar de mirar ni tampoco interrumpirlos. -Te gusta, verdad?- preguntaba
su padre. -Si, me encanta papi!!! Quiero más!!! hacedme lo que sea,
papi!!!-.
Dicho esto, Francisco
sacó su pene de la concha de Aldana y, aun duro y brillante, lo arrastró
entre la abertura de la vagina y el culo de su hijita, que se retorcía de
placer en la cama. Acto seguido, la puso de rodillas, dejando frente a
sus ojos sus dos agujeritos, sus glúteos perfectamente formados, mientras
que los pechos de Aldana se aplastaban contra las sábanas y sus manos se
estiraban hacia su clítoris para seguir estimulándolo. -Pídemelo,
pídemelo donde más te guste, mi nena bonita, le decía su papá-. -Dámelo
por atrás, papá. Cógeme el culo papi!! Cómo tú quieres!!! Dámelo por
atrás!!!-.
Sin hacerse esperar,
Francisco acercó su boca hasta el agujero del culo de su nena, lo lamió
un poquitito, dejó caer un hilillo de saliva para que se deslizara
lentamente y con sus manos comenzó a colocar la puntilla de su pene
primero, probando la reacción de Aldana. -Hummmmmmmmmmmmm, más, más. No
me dejes así, papá!!!-. Esto inflamó más los deseos de su padre y siguió
metiéndole ese maravilloso e hinchado pene hasta que de un empujón lo
enterró por completo entre las nalgas de mi amiga del alma. -Hummmmmmmmmmm,
que rico papi!! Aggggggggghhhhhhhhhhhhhh, mételo y sácalo , papi!!-. -Acá
lo tienes, nena!! Enterito!!-. Y las manos de Francisco acercaban y
alejaban las caderas de su nena logrando que su pene la atravesara una y
mil veces, que entrara y saliera con una facilidad asombrosa de ese
pequeño agujerito que ahora estaba completamente dilatado.
Mis manos, a esa altura
de las cosas, no hacían más que refregarse por sobre mi camisa de dormir
y me estaba mareando el olor almizcle que salía de la habitación del papá
de mi amiga, mezclado con el que subía de mi entrepierna.
Después de un buen rato
de empellones, Aldana le dijo a su padre : -Quiero leche papi, dame tu
leche tibiecita-. Y sin más Francisco sacó su pene del culito de su nena
y se lo colocó entre los labios de la boca.
Ver la boca de Aldana
engullendo ese trozo me terminó de enloquecer, el pene de su padre
entraba y salía de su boca, su lengua lamía el glande y parecía estar
tomando un helado exquisito, las manos de su padre empujaban la boca de
su nena hacia su ingle sin cesar. -Esta rico, papi!!! te gusta como te lo
mamo, papi??-. -Humm, dale más duro mi amor, que la lechita ya
viene........ Hummmmmmmmmm, eres tan buena nena!!!.- Y sin hacerse
esperar un segundo más, Aldana siguió lamiendo y succionando el pene de
su padre hasta que un chorro de semen cubrió los labios de Aldana y su
lengua lo saboreó y desparramó por toda su boca, ofreciéndole la misma a
su papá, terminando los dos con un beso amplio, generoso, húmedo y
sabroso.
Tratando de recobrar la
compostura, me moví sigilosamente y retrocedí para volver al balcón de
servicio y poder llegar nuevamente a la cama. Cuando iba camino al cuarto
me di cuenta que tenía la boca seca y mi entrepierna muy húmeda. Decidí
bajar a la cocina a tomar algo y estaba en eso cuando llegó Aldana. Pude
notar que aun sus ojos estaban nublados por tanto deseo vivido (recién
ahí pude entender a que se debía esa sombra que siempre tuvo, pero jamás
pude develar) y como si supiera que yo había sido testigo de todo, me
sonríe pícaramente y al preguntarle que hacía despierta a estas horas de
la noche, me responde : -A veces, cuando no puedo dormir, me levanto a
tomar un vaso de leche a la madrugada-.
Después de esa noche en
que vi que clase de relación unía a Aldana con su padre, comprendí muchas
cosas más de la vida de ambos. Esa noche, Aldana se sirvió su vaso de
jugo de pomelo y partió hacia su cuarto, quedándose dormida
inmediatamente. No fue mi caso, yo desde la cocina tuve que ir al baño
porque había quedado terriblemente excitada, sentía como se había
acumulado mi flujo en la vagina y no quería dormirme de esa forma por lo
tanto me fui a baño, me senté al borde de la bañera y me dispuse a
terminar con ese estado.
Mi ilusión después de
haber visto todo aquello, era Francisco así que sentada recurrí a mis
manos, como tantas otras veces había hecho desde que descubrí lo que era
el placer de la masturbación después de haberme desarrollado y alcanzado
la adolescencia (aun no había tenido relaciones con ningún hombre en mis
cortos 17 años).
Lentamente abrí mis
piernas, tomé la esponja que había en el baño y con ella comencé a
rozarme la vulva, los labios de la vagina y a adentrarme en ella con
delicadeza, aunque la tarea era muy fácil porque estaba inundada de
flujo. La esponja acarició mi clítoris en forma de círculos repetidas
veces y decidí dejarla de lado para que mis dedos pudieran deslizarse
dentro de mi propia conchita y así sentir mis humedades más fácilmente,
lo cual me excitaba sobremanera.
Durante todo el tiempo
en que me masturbé no pude dejar de pensar en Francisco, en sus manos
sobre Aldana, en su lengua recorriéndola, en su pene enorme atravesándola
y lo que más me llamó la atención, es que la imagen de mi amiga se
cruzaba por mi mente más seguido de lo deseado, sus gemidos me excitaban
y a medida que mi mente los reproducía mis dedos entraban más
profundamente en mí y mis caderas se elevaban más y más. Logré un orgasmo
increíble, prolongado, uno de los más placenteros que había tenido hasta
ese momento y sabía que se lo debía a Francisco y a Aldana.
Después de lavarme la
vagina delicadamente y los muslos, que habían quedado chorreados de mis
propios líquidos, me fui a la cama. Al llegar escuché la respiración
acompasada de Aldana y supe que estaba profundamente dormida.
Al día siguiente nos
levantamos alrededor del mediodía, así que no desayunamos más que una
frugal taza de café y nos dedicamos a tomar sol al borde de la piscina
hasta que llegó Francisco y a la media hora la empleada nos sirvió el
almuerzo en el jardín. De no ser porque yo ahora sabía lo que los unía,
más allá de la relación padre e hija, nada los habría delatado.
La conducta de ambos era
incuestionable, pero ahora yo estaba mas alerta a los pequeños detalles y
eso no pasó desapercibido para ninguno de ellos. Francisco me preguntó
cuando sería el momento en el que yo le contara que tenía novio, me reí
diciéndole que en verdad no estaba en mis planes ese tipo de relación
siendo aun tan joven. De esa respuesta dedujo entonces que yo aun no
había tenido relaciones sexuales con nadie, cosa que le confirmé sin el
menor pudor.
Aldana, a lo largo de
esta charla que tenía con su padre, permanecía callada, solo se limitaba
a comer en silencio. Eso me estaba dando la pauta de que ambos sabían que
yo los había visto, seguramente Aldana lo supo primero y se lo comentó a
su padre y eso, en lugar de inquietarme, solo me excitaba, era una
sensación rara, pero real.
No podía negarme a mi
misma que ninguno de los dos para mi serían los mismos después de lo
sucedido anoche, Aldana seguía siendo mi mejor amiga, pero además había
pasado a ser una mujer, su imagen gozando bajo las manos de su padre se
colaban en mi mente cada vez que la miraba, me era imposible no revivir
cada movimiento de su cuerpo disfrutando en aquella cama enorme.
Francisco me excitaba, ahora mirarlo era casi provocarlo, de la noche a
la mañana había dejado de ser el padre de mi mejor amiga para convertirse
en un hombre al que deseaba, en un hombre al que quería haber tenido
entre mis piernas, en un hombre que me había dejado caliente al ver como
acariciaba y hacía gozar a otra mujer (porque esa había sido la síntesis
de mi mente, Francisco podía hacer delirar de pasión a una mujer) y sabía
que era eso lo que, de ahora en más, querría para mí.
De pronto me revelé como
una adolescente capaz de todo, con tal de vivir aunque sea medio segundo
del placer que había espiado la noche anterior y no importaba si ese
placer me lo iban a dar Aldana o su padre. Ellos, sin saberlo, habían
encendido la mecha de deseo que anidaba en mi interior y parecía difícil
de apagar fácilmente.
Ese día siguió con algo
de nerviosismo para mí, pero era lógico, así que me dediqué a tratar de
calmarme y ver como se iban a desarrollar los hechos, porque me quedaría
dos días más con ellos y yo ya estaba dispuesta a salir de ella con la
experiencia fascinante de haber conocido a Francisco como hombre o a
Aldana, en otra faceta que no fuera la de mi mejor amiga o hermana.
Sin más, cuando a media
tarde estábamos grabando música con Aldana, ella se dio vuelta y
mirándome fijo me dijo: -Ahora que lo sabes, que pensáis hacer?"-. La
pregunta me sorprendió, pero solo porque estaba fuera de contexto, no
porque no la esperara. -Nada Aldana, Qué quieres qué haga? Solo decirte
que estoy dispuesta a charlar contigo si quieres, a escucharte si eso
necesitas, nada más-.
Me dijo que hace rato
que debería habérmelo contado, pero que no se animaba, que esto venía
sucediendo desde hacía tiempo, que al principio ella no podía manejarlo,
que sentía culpa y vergüenza, pero que aprendió a disfrutarlo, aprendió a
gozar de todo aquello, que su padre le enseñó todo lo que ella sabía y
que hoy por hoy, era ella la que lo buscaba en más de una ocasión. Aldana
me comentó que de ninguna manera esa relación que tenía le impediría
tener novio el día de mañana, pero que por ahora, al igual que yo, no
creía que eso pudiera suceder. Así mismo quiso saber que me había
sucedido a mí, cuando descubrí el secreto de ambos.
Le respondí que al
principio quise irme, quería salir corriendo de allí sin volver a verlos
jamás, pero que después no pude resistir la tentación de quedarme y ver.
Dada la gran confianza que nos unía, la conversación no fue para nada
tirante y en más de una ocasión nos reímos a medida que Aldana iba
compartiendo conmigo detalles de lo que hacía con su padre y yo le dejé
entrever que Francisco me había dejado bien caliente, que me encantó
verlo como alguien más que como su padre y hasta llegué a decirle, en
tono de broma, que un día me lo "Prestara" para poder pasar un buen rato
con él.
Otra noche más llegó a
la casa de mi amiga, cenamos los tres juntos, vimos un video y Aldana y
yo nos fuimos a dormir mientras que Francisco se arreglaba para salir.
Llevaríamos más de una hora dormidas cuando comenzó a sonar el teléfono y
como Aldana no daba muestras de atender y no había extensión de línea
hacia los cuartos de los empleados, no tuve más remedio que bajar
semidormida a atenderlo. Era un llamado de larga distancia para
Francisco, pero tuve que decirles que no estaba, tomé el mensaje y
dormida como estaba, anoté los datos de quienes llamaban en un block de
hojas que había a tal efecto al lado del aparato.
Me disponía a subir al
cuarto cuando se abrió la puerta de la calle y entró Francisco, se notaba
que recién llegaba de su salida nocturna. Me saludó normalmente y me
preguntó que hacía levantada a esa hora así que aproveché para darle la
notita que le había escrito con los datos del llamado. Luego de leerlo,
sus ojos se deslizaron hacia mí, sus pupilas se clavaron en las mías y
comenzaron a bajar lentamente por mi cuerpo, con una fuerza tal que me
daba la sensación de que mi pijama color azul se había vuelto
transparente.
Me quedé allí parada
como congelada hasta que una de sus manos se acercó a mí y con un dedo
comenzó a recorrer el borde de mi pijama de arriba hacia abajo, dejando
que a veces se deslizara hasta más allá de la línea de botones y llegara
a acariciar el nacimiento de mis pechos. Mi reacción no se hizo esperar,
mis pezones comenzaron a endurecerse bajo la seda del pijama azul y mi
respiración se agitaba minuto a minuto.
-Así que anoche nos
viste?- Me decía Francisco susurrándome en el oído, con voz ronca, sin
dejar de acariciarme por sobre la seda del pijama. -Sí- logré responder
solo con un hilo de voz. -Y te excito, verdad?. -Sí-, mucho.- -Y querrías
saber que se siente, verdad?- Preguntaba mientras seguía torturándome con
sus manos sobre mi cuerpo que no dejaba de responder a sus caricias. -Sí,
me encantaría.- -Aldana no te contó lo que se siente?- Seguía
preguntándome sin dejar de acariciarme. -Algo, pero quiero más, quiero
saberlo por mí misma.-
Las manos de Francisco
estaban haciendo estragos en mi cuerpo, sus dedos ya habían desabrochado
dos botones de mi pijama y habían llegado a la curva de mis pechos sin
problemas. Seguíamos parados al borde de la escalera, yo suspirando bajo
sus manos y él explorándome sin tapujos.
Mientras una de sus
manos iba de un pecho al otro, la otra comenzó a abrirse camino desde mi
estómago hacia mi vientre, siempre por sobre la tela del pijama. Me di
cuenta como había comenzado a abrir las piernas para que él pudiera
llegar a donde quisiera sin obstáculos, facilitándole el camino hacia mi
entrepierna que era donde quería tenerlo. -Vamonos de acá, vamos a mi
cama.-
Así fue como de la mano
me llevó hasta su cuarto y al pie de su cama, comenzó a besarme el
cuello, muy lentamente dejaba deslizar su lengua por él, se metía en mis
orejas, sus dientes mordisqueaban mis lóbulos y sus manos acercaban mis
caderas a las suyas para que pudiera ir sintiendo su excitación, su
dureza entre las piernas, su pene que estaba comenzando a calentarse
lentamente. -Que bonito cuerpo tienes!! Me encantan tus pechos!!.-
-Muérdemelos- me escuché decir sin poder creer que esa fuera mi voz.
Francisco no perdió tiempo y me sacó la parte de arriba de la pijama para
poder tener mis pechos libres, a su merced.
Su boca comenzó a
deslizarse sobre ellos, su lengua los mojaba y subía y bajaba por mis
pezones, endureciéndolos más aun, sus labios los encerraban y pude sentir
como sus dientes afilados los mordían. Yo no podía creer que tanto placer
fuera posible, pero aun me faltaba tanto más!!
A medida que la boca de
Francisco trabajaba sobre mis pechos yo sentía que mis entrañas se hacían
líquidas, que me convertía en fuego por dentro y seguía queriendo más y
más. -Eres más rica que mí nenita!! Quiero olerte... Me dejas??.- -Si-
pude responder con voz muy baja, estaba quedándome sin aliento.
Lentamente me recostó sobre el borde de la cama y me fue quitando los
pantalones del pijama, notando que estaban empapados en la entrepierna.
-Estás muy mojadita!! Hummmm, me gusta el olor que quedó en tu pijama!!!
Veamos el que tenéis allí...- -huéleme, huéleme, por favor!!!.-
Con gran delicadeza me
abrió las piernas y antes de enterrar su cara allí, me miro y me dijo:
-Tienes una concha preciosa, mi nenita!!! Como me gusta a mi!! Solo con
una leve pelusita!! Veamos cuan suave y tierna es, me dejas???-
-Pruébala, es tiernita!!!.- No tardó en colocar su cara allí y pude
sentir como su aliento rozaba mis labios mayores, como su nariz absorbía
ese olor característico que yo emanaba cuando me excitaba y su lengua se
deslizaba por mis muslos, lamiendo mi carne caliente. -Que rico olor a
hembra!!! Me estas poniendo a mil, nenita!!!.- -Seguí, seguí- le pedía
muerta de calentura. -Te voy a enseñar igual que le enseñé a mi nenita,
Aldana, Queréis?- -Si, enséñame!!!!.- -Ahora quiero comerte despacito esa
concha tiernita y virgen... Quédate quietita, mi amor.- Y su lengua
comenzó a transportarme, sentía como esa lengua rugosa se metía dentro de
mi agujerito, entraba y salía, se llenaba de flujo y lo repartía por toda
mi concha, como se posaba en mi botoncito y se movía en círculos
chiquititos, lo empujaba hacia adentro y cuando este respondía saliendo,
lamía la partecita más tierna haciéndome saltar de gozo en la cama.
-Tienes un sabor delicioso!!!.-
Esa boca me estaba
matando, Francisco me mordía levemente el botoncito, sentía como me lo
chupaba entre sus labios, como combinaba sus dientes con su lengua, pero
el placer máximo fue cuando, mientras no dejaba de lamerme el clítoris,
me metió un dedo en el agujerito y comenzó a moverlo en redondo, como lo
dejaba apoyado en las paredes internas de mi vagina y lo sacaba
arrastrando, súper mojado y con el mismo dedo esparcía el flujo alrededor
de mi concha que ardía de deseo. Así recostada sobre el borde de la cama,
alzó mis caderas y dejó frente a sus ojos mis dos agujeritos, uno
trabajado por su lengua y su dedo, el otro palpitante y virgen aun de
todo contacto.
-Me calienta tanto saber
que eres virgencita, mi nena!!!- decía, al mismo tiempo que con el dedo
mojado de mi flujo trazaba círculos alrededor del agujero de mi culito.
-No pares!!!- era lo único que podía pedirle. Su lengua ahora recorría
los dos caminos, de mi concha a mi culito y a la inversa, iba y venía,
iba y venía y yo sentía que me estaba dejando estelas de fuego a su paso.
-Ahora te toca a vos, mi amor! Ahora te toca a ti darme algo a mí!- me
dijo con voz ronca.
Me sentó en el borde de
la cama, se desprendió su pantalón y con mis manos lo fue bajando hasta
que saltó ante mis ojos su imponente pene, ese que la noche anterior me
había dejado loca de excitación. -Tómalo delicadamente entre las manos y
llévatelo a la boca, tesorito... Pruébalo, deja que tu lengua lo recorra,
como si fuera un helado, el más rico que hayas tomado.- Recordando lo
hecho por Aldana la noche anterior, lo tomé entre mis manos y mi lengua
comenzó a recorrerlo de arriba hacia abajo, en ese camino sentía como
crecía bajo mi lengua, como palpitaba y veía la cara de Francisco, como
entrecerraba sus ojos para disfrutar de aquello. -La puntita, mi amor,
chúpame la puntita!-.
Con mis labios encerré
esa puntita y me fascinó lo calientita que estaba, como vibraba, parecía
que tenía vida propia: lo dejé apoyado en forma vertical sobre su propio
vientre y lo empecé a lamer desde los huevos hasta su punta, le lamía las
paredes internas del pene y bajaba nuevamente hacia sus huevos, sentía
como si eso lo hubiese hecho toda la vida y me encantaba.
De pronto sentí que no
necesitaba las indicaciones de Francisco y comencé a actuar sola, abrí mi
boca engulléndome uno de sus huevos, lo dejé dentro de mi boca, dejé que
mi lengua lo lamiera allí dentro y lo solté despacio, dejando que mis
labios se arrastraran sobre el al salir para después hacer lo mismo con
el otro.
Los gemidos de Francisco
me alentaban a seguir y sus manos ahora empujaban mi cabeza hacia su
ingle, metiendo y sacando su pene de mi boca en un inequívoco gesto de
cogerme por la boca, cosa que a mí me puso como loca. -Eres fantástica,
mi virgencita!!- repetía entre gemidos. Y seguía masturbándolo con mis
manos y mi boca, seguía dándole el placer que me había pedido, pero yo lo
quería dentro de mí, así que antes de su leche saliera (como había salido
la noche anterior en la boca de Aldana) lo alejé de mis labios y lo bajé
a mi entrepierna, diciéndole: -Ahora me vas a coger como cogiste anoche a
tu hijita!!!. -Ahora vas a saber lo que es el placer!!!.-
Con sumo cuidado
Francisco acercó la punta de su pene a mi conchita ardiente y comenzó a
presionar. -Qué estrecha eres, mi virgencita!!! Hummmmmm, ábrete más
amor, dame lugarcito!!.- Y de un solo empujón, me lo metió completo,
dejándome sin aliento, pero con fuerzas suficientes como para empezar a
moverme a su ritmo. -Ahora sí!!! A gozar mi virgencita !!! Movete amor,
goza!!!.- -Que grande que es!!! Dámelo más adentro, Francisco!!
más!!!!'.-
Sentía como sus caderas
golpeaban las mías y mis manos no dejaban de estrujar mis pechos y
pellizcar mis pezones, sentía que mi cuerpo era una sola llama, pero
estaba feliz porque ese pene me estaba partiendo por dentro y la fricción
de cada salida y entrada me estaba dando un placer infinito. -Más adentro
por favor!!! Métemelo más por favor!!.- Francisco, accediendo a mis
pedidos, tomó mis piernas y las subió a su cuello, dejando un nivel de
apertura increíble y seguía empujando, seguía horadando mi interior y mis
manos se asían a las sábanas ante cada empujón. -Me estas partiendo,
papi!! me encanta!! Ahghhhggggggggg!!!.-
Así como estábamos, con
su pene dentro de mí, me tomó de los hombros y me levantó de la cama, me
pegó a su pecho, giró en redondo, se acostó y me dejó sentada sobre su
ingle, con sus manos sobre mis caderas subiéndome y bajándome, sentada
sobre su pene, cabalgándolo como la más brava de las yeguas. -Hummmmm,
encontré a mi putita privada!!! Eres la mejor amiga de mi nena, la que
más me gusta!! La virgencita más putita que hay!!! No dejes de
moverte!!!.-
Llevé las manos de
Francisco a mis pechos para que los manoseara bien y, apoyando las mías a
los costados de su cuerpo, comencé a subir y bajar mis caderas sobre las
suyas, sentándome a fondo sobre su pene, bombeando mis caderas contra las
suyas y tragando con mi concha desvirgada ese pene fabuloso que me
acercaba lentamente a la gloria. -Te gusta, papi? Así te gusta?.-
Francisco solo gemía y
apretaba mis senos descontroladamente. Cuando sentí que una oleada de
calor más intensa me estaba recorriendo me separé de él y alcance a
colocar mi boca sobre su pene para poder succionarlo una vez más antes
del final. -Quiero acabarte en la boca, mi nenita virgen!-. -Acá estoy,
sácala, saca la misma leche de ayer!!- fue mi ruego desesperado. Entre
lamida y lamida pude sentir como esa leche tibia subía hacia la
superficie y pude saborear la miel que Francisco le había dado ayer a
Aldana, pude sentir esa espesura entre mis labios y escuchar el gemido
extenso de él, que se desparramó por toda la habitación. -Ahhhhhh!!! Eres
sensacional, mi virgencita linda!!!-. -Ya no más Francisco, ya no soy más
tu virgencita linda, vos te encargaste de que dejara de serlo.-
Que decirles? después de
lo que había visto entre Aldana y su padre y lo que había vivido yo sola
con él, ya estaba fuera de mí, tenía la sensación de que se habían
terminado los límites y que mi adolescencia había dado paso a una etapa
en mi vida, donde solo quería conocer el placer de los adultos, el placer
que se experimenta a cualquier nivel sexual, sentía que no había
fronteras para mi deseo. Después de aquella increíble experiencia con el
padre de Aldana me di una ducha y me acosté.
Al día siguiente me
levanté pasadas las once de la mañana y me quedé sentada en la cama
viendo televisión, porque cuando una de las empleadas de la casa me trajo
el desayuno, me comentó que Aldana se había ido al shopping y "El señor"
había salido temprano hacia su trabajo. Aprovechando que estaba sola en
la casa me dediqué a rememorar los dos últimos días vividos y no cabía en
mí del asombro, todo mi mundo había cambiado y sentía que quería más y
más. Ahora tocaba enfrentar a Aldana, comentarle lo que había pasado con
su padre y me intrigaba saber si ella ya estaba al tanto o si sería una
sorpresa lo que yo podía decirle.
Aldana llegó después del
mediodía y nos quedamos toda la tarde tomando sol y nadando, sin que se
mencionara nada de lo sucedido con su padre la noche anterior. Ese era el
último día que me quedaba en su casa así que por la noche armé el bolso y
después de cenar partí hacia mi casa, asombrada porque no se había tocado
el tema entre ella y yo. Pasó una semana en que no nos vimos ni nos
hablamos por teléfono y comencé a pensar que Aldana y su padre habían
hablado del tema y que ella se había ofendido o enojado con lo sucedido y
ese era el motivo de su silencio.
Después de esos días,
Aldana llamó a casa para invitarme a pasar un fin de semana en su casa de
la playa y sin dudarlo, acepté. No sé por que creí que vendría Francisco
también, pero me equivoqué una vez más. Nos encontramos en el aeropuerto
el viernes por la tarde, tomamos el vuelo de las seis y media y en una
hora estábamos instaladas en su casa. Fuimos al súper a comprar comida
para esos días, alquilamos dos videos y nos sentamos a ver el atardecer
en el balcón terraza hasta que se hizo la hora de la cena.
Cenamos tranquilas,
vimos uno de los dos videos y cuando estábamos por acostarnos Aldana me
encaró sin rodeos. -Qué tal la pasaste con mi papá?- Inútil hubiera sido
hacerme la tonta o negar nada de lo sucedido así que respondí francamente
al decirle que había sido sensacional, que era lo que estaba esperando
desde que los había visto juntos, que su padre había sido el mejor hombre
que me podía haber tocado para tener mi primera relación sexual y que no
estaba arrepentida de nada. Si bien le comenté todo esto en forma muy
sincera, le pedí reciprocidad al comentarme que pensaba de mi respuesta.
Con un total desenfado
me respondió que estaba segura de que así iba a ser, que no estaba celosa
en lo mas mínimo, que le parecía algo casi natural, que estaba encantada
de que su padre me hubiera desvirgado y que eso que había pasado era algo
que nos iba a unir más aun porque de esa manera yo podía acercarme más a
su forma de ser y a sus sentimientos.
A medida que Aldana
hablaba, yo no podía dejar de mirarla, de admirarla, de sentir que se
estaba revelando frente a mí otra persona diferente, que estaba hablando
con una mujer y lo mejor del caso es que me atraía mucho, estaba
comenzando a imaginarme a Aldana como algo más, estaba comenzando a
sentir que quería compartir ese placer que me había despertado su padre
con ella, pero no podía dar un solo paso en falso porque no sabía que era
lo que le sucedía a ella por dentro, no sabía si ella compartía mis
deseos así que decidí que era mejor dejar que el tiempo corriera y
decidiera por sí mismo.
Nos fuimos a dormir,
pero a diferencia de su casa en la capital, dormíamos en cuartos
separados. Me quedé leyendo un ratito y antes de apagar la luz escuché
que Aldana me llamaba así que salté de la cama y entré en su cuarto para
ver que necesitaba. -Te llamé porque quería hacerte una última pregunta
sobre lo que pasó ayer con papá. -Si, dime... Qué quieres saber?.- -Dime
la verdad, durante todo el tiempo que estuviste con él, nunca tuviste la
fantasía de estar también conmigo?.-
Ya estaba, de ahí a
hacer realidad mi sueño de compartir un momento de placer con ella había
solo un paso, pero debía darlo correctamente, de lo contrario podía
arruinarlo todo. -Si, la verdad es que si.- -Conmigo sola o con los
dos?.- -Ambas cosas, pero digamos que la curiosidad más grande era saber
como podía ser estar sola con vos, que se yo Aldana, esto es nuevo para
mí, entiendes? Para mí siempre fuiste mi mejor amiga, mi hermana y de ahí
a imaginarnos juntas en una misma cama, gozando las dos sexualmente, es
muy fuerte.
Mientras hablaba sentía
que Aldana se acercaba a mí, me tomaba las manos y me las colocaba
delicadamente en sus pechos mientras que las suyas me acariciaban por
encima de mi camisa de dormir. -Es hora de que hagamos realidad todas las
cosas que fantaseamos, no?- me decía suavemente sin dejar de acariciarme.
Mis manos se cerraron
sobre los pechos de Aldana y nunca pensé que fueran tan duros, tan tibios
ni que sus manos sobre mí fueran tan expertas, recorriéndome palmo a
palmo desde los hombros hasta mis pechos, encerrándolos en sus manos,
pellizcando mis pezones uno a uno, rasguñándolos hasta que sentía que
hervían de calentura.
-Esto es delicioso, cómo
perdimos tanto tiempo?- me decía Aldana con ese tono de voz que ya le
había escuchado cuando estuvo con su padre aquella noche. -Como me
calientan tus pechos, Aldana!! Quiero comértelos!!!. -Cómemelos, quiero
que me los muerdas!!!.- Asi lo hice, mordiscos pequeñitos fueron
cubriendo los pechos de Aldana mientras que sus manos apretaban mi cabeza
contra ella, provocando que mi boca se enterrara en ellos.
Mientras nuestras bocas
se encargaban de comer la carne tierna de nuestros pechos, nuestras
vaginas se habían acercado la una a la otra, estaban pegadas,
restregándose, haciéndonos hervir de calentura. Las dos permanecíamos
arrodilladas en la cama, sin dejar de acariciarnos, recorriéndonos ávidas
cada parte de los cuerpos, aumentando el calor que de ellos emanaba.
De a poco nos quitamos
la poca ropa de dormir que teníamos y quedó el camino libre para que
nuestros dedos siguieran recorriéndonos palmo a palmo. Las manos de
Aldana, más expertas que las mías, bajaban por mi vientre como alas de
mariposa para poder posarse en el nacimiento de mi vulva, abarcándola con
una sola mano, encerrándola en ella, apretándola entre sus dedos con una
delicadeza y a la vez con una firmeza impresionante. Las mías bajaban por
su espalda, llegaban a sus nalgas y la acercaban a mí con fuerza, para
poder sentir como sus pechos se aplastaban contra los míos y nuestros
pezones súper erectos se unían en un beso simbólico.
-Déjame sentir tu calor,
déjame meterte un dedito.- me decía con voz sensual mientras sus dedos ya
estaba hurgando entre los labios de mi concha. Un dedo de Aldana logró
encontrar el camino, se abrió paso entre los labios de mi concha y llegó
hasta ese agujerito que su padre, hacía una semana, había atravesado con
tanta maestría. Metió su dedo a fondo y después de mojarlo copiosamente,
lo llevó a su boca, lo cual a mí me puso a mil. -Como me gusta tu flujo,
querida amiga!! Es más rico que el mío!!! Quieres probar ambos?.- Dicho
esto, con su dedo empapado de mi flujo y de su saliva, se lo metió en su
propia concha, lo mojó bien, lo sacó y me lo dio a probar. -Es
delicioso!!! Me encantan los dos!!! Quiero comerte entera!!!- le dije
completamente excitada. -Soy toda tuya, amiga!! y se acostó en la cama,
dejando sus piernas abiertas frente a mi cara.-
Me acomodé, acostándome
sobre mi estómago y dejé mi cara frente a ese panorama super excitante
que era la concha empapada de Aldana, rebozante de flujo, cubierta
solamente por una fina pelusa que me encandilaba solamente al mirarla.
-Ábreme bien y disfrútala- decía ella entre suspiros.
Mis dedos abrieron con
sumo cuidado los labios mayores, dejando al descubierto un camino rosado,
brillante de tantos líquidos que emanaba mi amiga, un camino carnoso
coronado en el centro por un clítoris que parecía invitarme al mordisco.
Recorrí todo ese paisaje con mi dedo índice, lo humedecí completamente,
metí solamente la yema de mi dedo dentro del agujerito de Aldana y pude
notar un temblor de placer en su vientre cuando ingresé levemente en la
puertita de su cueva.
Saqué mi dedo y lo metí
en mi boca, saboreando sus jugos y viendo como ella se retorcía
pidiéndome más. -No dejes de acariciarme, no dejes de tocarme!- me
suplicaba entre gemidos. No podía ni quería dejarla así que acerqué mi
boca para que esta vez mi lengua la probara directamente.
Dejé que mi lengua la
lamiera de abajo hacia arriba, de derecha a izquierda, metiendo un dedo a
la vez que me encargaba de su clítoris, de rozarlo solamente con la punta
de mi lengua y abandonarlo completamente erecto y excitado, fuera de su
pequeño capullo. -Muérdeme el clítoris!! Muérdemelo!! Chúpame completa!!
Hazme gozarrrrr!!!.- Esos eran los reclamos desesperados de Aldana, que
se movía de lado a lado de la cama, que no dejaba de elevar sus piernas
al aire, de acomodarlas en mi cintura, de dejarme el camino lo más
abierto posible para que yo lo recorriera sin problemas.
-Me encanta tu sabor,
Aldana!! Me enloquece tu olor a hembra!! Eres tan rica!!!. -Dame
másssssss!! Dame más lengua, más lengua!!.- Y allí iba mi lengua, como si
de un pene erecto se tratara fue directo a su agujero, se acomodó en el
borde y comenzó a entrar y salir en forma descontrolada, siguiendo los
movimientos de cadera de mi amiga, que no cesaba de suspirar, de
retorcerse sus pezones, de pedir cada caricia que la transportara, de
demostrar su calentura y exacerbar la mía.
-Cógeme con tu lengua,
seguiiiiiiiii asiiiiiiiiiiiii, más, más, másssssssssssssss!!- gritaba sin
poder controlarse. La cantidad de flujo que Aldana estaba produciendo me
embriagaba, su olor me excitaba cada vez más y la sensación de sus
líquidos cremosos en mi lengua me quitaban el aliento, pero los lamía con
gusto, los esparcía por mis labios y no quería dejar de compartirlos con
ella así que en medio de ese descontrol de gozo, abandoné su entrepierna
para deslizarme hacia su boca y besarla, dejando que mi lengua llevara
hasta ella su propia excitación, esparciéndolos por sus labios,
batallando con su lengua, que pugnaba por entrar en mi boca con el mismo
deseo que salía la mía en su búsqueda.
Con ese mismo flujo lamí
sus pezones y los noté hirviendo, duros como rocas y emanando un hilillo
de líquido cristalino y agridulce. Bajé nuevamente por su vientre y
cuando llegué otra vez a su entrepierna le levanté las caderas dejándola
en un ángulo de 45 grados, expuesto su culito frente a mi boca. -Ahora
cogeme el culito con esa lengua, preciosa!!!- me decía con voz ronca. -Me
encanta este agujerito!!!!- y era verdad, era sabroso, pequeño, prieto,
palpitaba y se tiñó de brillo con el flujo que arrastraba mi lengua desde
su concha.
Hice el trabajo de
apertura con mi lengua para después ponerle un dedito dentro, notando con
placer como sus músculos se contraían y lo encerraban en ese lugar
caluroso y tierno. -Me encanta tu dedo, mételo y sácalo!!! Fuerte!!!.- Mi
dedo entró y salió de allí tantas veces como ella me lo pidió, hasta que
un pequeño río de flujo bajo de la concha de Aldana mientras que un
gemido prolongado salió simultáneamente de su garganta. -Ay,
ahhhhhhhhhhhhhh!! aggggggghhhhhh!!!!!!!!!!!!! que ricooooooooooooo!!!!!!!!!!!.-
Supe que había logrado su primer orgasmo y que ahora ella se dedicaría a
mí, sin prisa, pero sin pausa.
Me tendió de espaldas en
la cama, se levantó un segundo para ir hasta su mesa de luz y regresó a
la cama, para colocarse sobre mí cuan larga era. -Es el momento de que
pasemos a ser solamente una, amiga.- Tras este comentario me besó en
plena boca, su lengua buscó la mía con desesperación, besó mis labios con
fruición y deslizó su lengua por mis mejillas, mordisqueó mis lóbulos,
metió su lengua dura y caliente dentro de mis orejas lo cual aceleró mi
pulso terriblemente y comenzó a susurrarme cosas al oído. -Quiero que
actúes como una buena putita joven, que me dejes hacer cosas que nadie te
va a hacer jamás- -Siii, hazme lo que sea!!- -Sentís mi conchita
calientita apretando la tuya?- susurraba en mis oídos -Te voy a enseñar
como gozan las putitas chiquititas... Quieres?- -Siiiiiii, quiero!!!-.
Su lengua bajaba por mi
cuerpo dejando estelas de saliva húmeda y espesa. Empapó mis pezones con
ella, envolvió cada uno con sus labios y los succionó una y mil veces,
los estrujó con sus dedos, juntó mis pechos en el medio de mi tórax y su
lengua vago de un pezón a otro frenéticamente, lamiéndolos, excitándolos.
-Te gusta, amiguita?- -Me estoy muriendo!!! Me encanta!! Estoy tan
caliente!!!.
Bajó con su boca por mi
estómago chupando cada centímetro de piel, tratando de refrescarla con su
saliva y llegó a mi entrepierna. Besó delicadamente mis muslos, los lamió
hasta llegar a mis tobillos, chupó cada uno de los dedos de mis pies
sensualmente y sus ojos me miraban desde aquella lejanía, tratando de
captar cada gesto, cada movimiento de mi cuerpo, atenta a cada deseo, a
cada reacción mía frente a sus acciones.
Después de chupar cada
uno de mis dedos, hizo el camino inverso con su boca a lo largo de mis
piernas y llego a mi entrepierna; Con sus manos separó delicadamente mis
muslos y comenzó a acariciar mi vulva con la palma de su mano abierta,
palpando la temperatura que allí había. -Estas muy caliente, verdad? Me
deseas mucho, cierto?- -Siiiiiiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiii!!!.-
Mientras escuchaba su
voz ronca pensaba que no parecíamos dos adolescentes de 17 años cada una,
que parecíamos dos mujeres hechas y derechas, dos hembras en celo y
concluí que eso era así por el maestro que habíamos tenido ambas: El papá
de Aldana, él había hecho de nosotras dos tremendas hembras, hambrientas
de sexo y lujuria. -Dios mío!!! Que hermosa sos!!! Que concha más
preciosa tenéis, amiguita mía!!!- -Te gusta? Cómetela completa Aldana,
chúpamela por horas!!!.-
Y así comenzó mi
delirio, la lengua de mi amiga no cesaba de moverse, de desparramar mi
flujo, de penetrarme una y mil veces, de succionar mi clítoris dejándolo
duro, de darle mordisquitos pequeños para después envolverlo con sus
labios o empujarlo con su dedo índice para verlo salir erecto y
triunfante fuera de su capullito.
Aldana dejaba arrastrar
su lengua desde el agujerito de mi concha hasta el de mi culo, de la
misma forma en que lo había hecho yo, mojaba cuanto pliegue de carne
encontraba a su paso, me dejaba sin aliento a cada segundo. -Que lengua
maravillosa!!! Cógeme con la lengua!!! Dámela más adentro!!!!!-
-Tómala!!!!- y la metía más y más adentro, mientras yo sentía que me
consumía un fuego atroz. -Ahora si vas a gozar, amiga- Dicho lo cual me
introdujo un dedo dentro de mi conchita ardiente y uno en mi culito, los
dos al mismo tiempo, juntándolos por dentro, presionando las paredes
internas de mi vagina y de mi culo, como queriendo atravesarlas para unir
ambos dedos por dentro.
Esto hizo que diera un
respingo tal en la cama que quedé casi sentada, teniendo en primer plano
la mano de Aldana dentro de mis dos agujeros al mismo tiempo, para caer
nuevamente de espaldas ante cada tironcito que ella daba con sus dedos.
-Ay, Dios!!!!!!! No dejes de moverte adentro!!- le supliqué a media voz,
sentía que me moría de placer. -Rico, verdad??? Rico el candadito?? Estás
tan mojada!!! Amo este olor que tenés!!!!-.
Y sus dedos salían y
entraban acompasadamente en cada uno de mis agujeros y mis caderas subían
y bajaban sin control, mi vientre se sacudía ante cada embestida de los
dedos de mi amiga. -Veamos algo más- dijo, sacando sus dedos de allí.
Acto seguido, colocó un exquisito vibrador dentro de mi concha, en
potencia mínima primero y aumentándola una vez dentro de mí.
-Cógeme Aldana, por
favor!! Me muero de placer !! No aguanto más!!.- Y aumentó el ritmo de
sus embestidas, el vibrador entraba y salía de mí, iba de mi conchita a
mi culo, dejándome esa sensación de temblor interno que me estaba
anticipando un orgasmo descomunal. -Déjame comerte Aldana, déjame acabar
con tu lengua dentro de tí.- Y las dos nos colocamos a punto para un 69
impresionante, las dos nos cogimos con nuestras lenguas sin piedad, no
hubo dedo que no nos penetrara ni gota de flujo que no chuparan nuestros
labios. -Estas tan rica, amor!!!!!- repetía ella sin aliento. -Voy a
acabar Aldana, no dejes de cogerme!! Tu lengua, dame más lengua!!! Así,
así así!!!!! Hummmmmmmmmm, siiiiiiiiiiiiiiiiii, así!!!!!!!!! Que rica!
Que rica!!!!!!!!!.
El orgasmo sobrevino
para ambas de una forma tremenda, como si nos hubiera asolado un
terremoto interno, dejándonos las piernas temblorosas y las manos
sudadas, los pechos hinchados y las bocas empapadas, cremosas y llenas de
gusto y olor a sexo. El beso final, el beso que unió nuestros orgasmos
fue maravilloso, fue el beso que nos convenció a ambas de que ese
amanecer nos había encontrado unidas como algo más que buenas amigas. Sin
duda que mí vida estaba cambiando vertiginosamente y esos cambios me
estaban fascinando.
Ese fin de semana en la
casa de Aldana había sido magnífico, el hecho de habernos conocido en el
plano sexual no impidió para nada que siguiéramos haciendo las mismas
cosas que antes; Después de aquella noche ambas coincidíamos en que, en
lugar de perder una amiga, las dos habíamos ganado una amante y nadie
podía dudar que de la mejor clase. Tomamos sol, nadamos en el mar, vimos
los videos, caminamos por el centro, escuchamos música, sacamos fotos y
desde ya, hicimos el amor hasta que no nos quedó centímetro de nuestros
cuerpos sin probar. Regresamos a la capital exhaustas, pero felices,
conformes con nosotras mismas y más unidas que nunca.
En la soledad de mi
cuarto, después de aquel fin de semana, comencé a pensar que de las
fantasías que padre e hija me habían despertado solo me quedaba una por
cumplir: Estar con ambos al mismo tiempo y esa, sin lugar a dudas, iba a
ser la más difícil, pero adiviné que la más excitante de todas.
Desde aquella noche en
que estuve con el papá de Aldana, nunca más volví a quedarme sola con el
ni a tener ningún tipo más de contacto; Diferente fue lo sucedido con su
hija, con ella me veía a menudo y aprovechando que su padre estaba la
mayor parte del día fuera de la casa por negocios, solíamos hacer el amor
a cualquier hora, lo que nos convirtió en amantes más que experimentadas,
de aquellas que no necesitan hablar porque ya conocen de memoria lo que
desea la otra.
En más de una
oportunidad, nuestra fuente de inspiración eran los relatos de Aldana de
noches compartidas con su padre o bien, de las futuras que podríamos
compartir los tres. Eso nos daba un nivel de excitación descomunal.
Después de varios meses,
una noche de invierno, Aldana me llamó a casa para la acostumbrada charla
diaria por teléfono y estábamos hablando de tonteras cuando Francisco
levanta otro de los teléfonos para hacer una llamada y cuando advierte
que estábamos hablando ambas, me saluda con inusitada alegría. -Hola,
tesoro !! Cuanto tiempo sin verte!!! Eres muy ingrata, eh? Nunca más nos
hemos visto desde aquel día.- -Tienes razón Francisco- respondí -Fui
varias veces a tu casa, pero jamás te ví- -Si, lo se porque Aldanita me
lo comentó, se todas las cosas que hicieron y cuanto lo disfrutaron, pero
me gustaría que una de estas noches arregles con ella para venir a cenar
y me avisen con tiempo, así no arreglo cita alguna más que con ustedes...
Me lo prometes, linda???- -Quédate tranquilo papi- respondió Aldana, yo
me encargo de todo. -Bueno, las dejo seguir con su charla y te mando un
beso enorme, preciosa.-
Así Francisco me había
dado el pie justo que necesitaba para cumplir mi última fantasía con
ellos y no estaba dispuesta a desaprovechar la situación, faltaba que mi
amiga coordinara los detalles y nada más. Una semana después de aquella
charla se produjo el encuentro entre los tres. Aldana organizó una cena
en su casa y me invitó. Desde ya, era una cena de tres y con un solo
objetivo: El cuarto de Francisco para el, para ella y para mí.
Durante toda la cena
sentí como uno de los pies de Francisco acariciaba mis piernas, como se
metía entre ambas, a la altura de mi vagina, como me estaba excitando,
dándome una señal más que clara de lo que serían las horas posteriores.
Era inevitable que el se
diera cuenta de mi estado porque mi ropa interior hacía rato que se había
humedecido y seguramente los dedos de su pie ya lo habían notado. Aldana
mientras tanto, nos miraba divertida, pero no menos excitada que yo, ya
la conocía de memoria y esos labios mojados y brillantes me estaban dando
la pauta de que su calentura iba en aumento.
La cena se prolongó más
de lo esperado, comimos y bebimos delicadamente y extendimos la sobremesa
por espacio de dos horas más o menos. Fue Aldana la que dio el puntapié
inicial a todo lo que vendría después, avisando que ella iría a darse una
ducha y después se reuniría con nosotros. Dicho esto, subió a su cuarto,
preparó el baño y nos dejó a su padre y a mi solos.
Sin demasiados rodeos
Francisco se acercó a mí y comenzó a acariciarme por encima de la ropa,
comprobando el estado en el que ya me habían dejado sus caricias
anteriores, hechas durante la cena. -Hummmmmm, me había olvidado de lo
duros que eran tus pechitos, mi amor!!!- Susurraba al tiempo que los
apretaba entre mi ropa. -Estas más linda que la primera vez... Mi nena te
ayudó mucho, verdad?- -Tu nena me calentó mucho, querrás decir- le
respondí, colocando mi mano en su entrepierna. -Veo que sí!!- sonrió
sorprendido de mi audacia -Veo que has perdido timidez preciosa y eso me
encanta. -Esto no es nada- le respondí provocándolo. -Veamos cuanto más,
veamos cuanto creciste, preciosa.-
Y seguía sobando mis
pechos y apretando mis caderas contra las suyas, refregándome su dureza
contra mi vagina, por encima de la ropa. -Estas durito, muy durito!!! Que
ganas de tenerte adentro!!!- -Verdad que si? Pero ahora quiero que subas
a enjabonar la espalda de mi nenita, que seguramente te necesita.-
Subí las escaleras como
pude, notando que una gran cantidad de líquidos vaginales se habían
acumulado en mi ropa interior y necesitaba algo que la sacara de allí
rápidamente. Al entrar al baño escucho que Aldana me dice que estaba
tardando demasiado y que por favor le enjabonara la espalda. Muerta de
risa me saqué la ropa y me metí en la tina de baño para disfrutar de un
rico bañito con ella.
Nos enjabonamos todo el
cuerpo lentamente, nos pasamos la esponja por nuestros pechos rozando
casualmente los pezones, subimos y bajamos ambas recorriendo el cuerpo de
la otra con las manos llenas de espuma, nos acariciamos nuestras vaginas
con delicadeza, abriendo los labios para poder acariciar nuestros
clítoris con cuidado y nos besamos ante cada caricia que nos
prodigábamos.
Luego de enjuagarnos con
agua tibia, nos envolvimos cada una en un toallón y salimos del baño, con
rumbo fijo: El cuarto de Francisco. Nos sentamos en la cama y comenzamos
a secarnos la una a la otra, dándonos besos suaves en la boca, en las
mejillas, en los hombros.
Comenzamos a
mordisquearnos los lóbulos de las orejas y eso, al hacernos cosquillitas,
nos provocaba unas carcajadas sensacionales, las mismas que atrajeron a
Francisco al instante a su propio cuarto. Llegó recién afeitado y
bañadito, oliendo a colonia para después de afeitar, imponente en su
altura y su madurez y con signos inequívocos de excitación que se
adivinaban por encima de su robe azul. -Quieren que siga secándolas?-
preguntó socarronamente y sin perder un solo segundo, nos sacó la toalla
que nos cubría a ambas y con una sola comenzó a secarnos lentamente,
mientras acercaba la boca de Aldana a la mía para que pudiéramos besarnos
libremente.
Así lo hicimos, sin
perder tiempo, recorriendo una vez más las dos geografías que conocíamos
tan bien, pero esta vez con un elemento más para aumentar nuestra
excitación: Las manos y la lengua del padre de Aldana.
Ambas estábamos
enfrentadas, pecho con pecho, moviéndonos al compás de nuestras
respiraciones que se aceleraban sin control, las manos de ambas en la
espalda de la otra, arañándonos delicadamente, apretando las nalgas y
acercándolas a nuestras caderas, dejando que nuestras vulvas se tocaran
como al pasar.
Francisco seguía
masajeándonos pero esta vez sin la toalla, subía y bajaba con su mano por
el cuello de Aldana y alternaba con besos en mi nuca de tanto en tanto,
cuidaba muy bien de no descuidar a ninguna de las dos. Lentamente nos
recostó en su cama, dejándonos de costado y enfrentadas.
Nosotras seguíamos
besándonos, abriendo nuestras bocas lo más ampliamente posible, hurgando
con nuestras lenguas una en la boca de la otra, dejando que nuestros
alientos se mezclaran, que pudiéramos sentir las respiraciones agitadas y
las manos libres para acariciarnos los pechos y los pezones.
Francisco se había
arrodillado al borde de su cama y mientras que con su mano izquierda
acariciaba mi contorno, con la derecha ya había comenzado a hurgar la
junta de las nalgas de su preciosa hijita. Las dos sabíamos que él estaba
actuando sobre el cuerpo de la otra y eso aumentaba la excitación y así
comenzaron los gemidos, tibios al principio, demandantes después.
En un momento Aldana se
separó de mí y me acomodó más arriba en la cama, quedando sola a merced
de los dos y dispuesta a gozar como nunca de aquello. -Vamos a ver,
preciosa... Déjame comerte un ratito, hace tanto que no lo hago!!!!!.- Y
sin más, la lengua de Francisco se apoderó de mi vagina. Primero la lamió
con los labios cerrados, la rozó con todos sus dedos, la raspó con sus
uñas cortísimas y después, cuando había comenzado a retorcerme
lentamente, abrió mis labios. -Preciosa!!! Me voy a comer todo esto!! Que
rico!!!- -Papi, no me vas a dejar nada?- dijo Aldana desde la otra punta
de la cama.-
En menos de dos segundos
tenía dos lenguas dentro de los labios de mi conchita lamiendo y
lamiendo, dos lenguas que recogían mi flujo y se lo pasaban de una lengua
a la otra, dos lenguas que se encargaban de que ninguno de mis dos
agujeritos quedaran sin lubricar. -Esto es una locura!! No paren!!!.-
Sabiendo de memoria que
era lo que a mi me gustaba, Aldana metió dos de sus finos dedos en mi
agujerito delantero mientras que la lengua de su papá no dejaba de
estimular mi clítoris y yo sentía como este crecía cada vez más, como
chocaba duro y jugoso contra cada papila de la lengua de Francisco.
Los dedos de Aldana
aparecieron en mi boca húmedos, pegajosos, ricos y olorosos y salieron
llenos de saliva caliente, listos para que Aldana me mostrara como se los
metía en su propia conchita, los mojara y se los diera a su papá, que se
detuvo un segundo para probar ambos sabores mezclados. -Que buenas
hembras crié!!- decía mientras saboreaba los dedos de su nenita y sonreía
dichoso. -Te gusta, verdad? Seguí entonces!!- le ordené desde la cabecera
de la cama, completamente abierta a él.
Francisco cambió de
táctica poniendo su ingle frente a mi cara y mostrándome su pene erecto,
me pidió, me ordenó que se lo chupara como lo había hecho la primera vez,
mientras Aldana se encargaba de mi conchita hirviendo. La sensación de
ese pene enorme dentro de mi boca combinada con la lengua de Aldana
dentro de mí estaba provocando un volcán en mis entrañas, estaba
comenzando a derretirme de gozo, pero aun no era el momento del
estallido, faltaba mucho más.
El pene de Francisco
entraba y salía de mi boca una y otra vez, provocando en él suspiros y
gemidos casi guturales. -Esa es mi preciosa!!! Asiiiiiiiiiii, chúpamelo
enterito, de arriba a abajo, adentro y afuera.- Y mi boca lo engullía y
al estar ocupada no podía exhalar ni medio suspiro provocado por las
delicias a las que me sometía mi amiga con su lengua y sus dedos. -Verdad
que te gusta mi pedacito, preciosa??? Dime cuanto te gusta, háblale a
papi...- -Me calienta chupártela, me calienta mucho!!!.-
Así, cogiéndome por la
boca, Francisco tuvo su primera descarga de leche en mí y el sabor de su
semen caliente en mi paladar me enloqueció, sentí que perdía el control
de todo y que no importaba lo que me pidieran de acá en más, nada sería
suficiente para apagar tanto fuego interno. -Ahora cógeme como Dios
manda, métemela entera adentro, adelante- era mi pedido, mi orden.
Sin que tuviera que
repetirlo y duro otra vez, Francisco me metió su enorme pene hasta el
fondo de mi cueva, mientras que Aldana se colocaba a horcajadas mías para
que mi boca pudiera satisfacerla a ella también.
Los embates del pene del
padre hacía que mi boca se enterrara dentro de la concha de la hija, que
deliraba de placer cada vez que sentía que mi lengua la cogía hasta el
fondo. -Ya no estas tan estrecha, preciosa!!- me decía Francisco -Ahora
te entra todo mi pedacito completo!!! muévete, muévete, enciérrame en tu
cuevita!!- y así pude sentir como Francisco gozaba cuando los músculos de
mi vagina lo retenían dentro de mí, para poder sentir como crecía en mi
interior y raspaba más a la salida.
Adentro y afuera,
adentro y afuera, los movimientos de las caderas de él empujando dentro
de mí se acoplaban a la perfección con las entradas de mi lengua en la
vagina de su nena del alma. -Un dedo, méteme un dedo- suspiraba Aldana,
que se balanceaba sobre mi boca, estrujándose los pechos. Como negarme a
semejante pedido?
Mi dedo índice entró
fácilmente en ese hermoso agujero rosado que tenía mi amiga entre sus
piernas, salió empapado, entró más aun, volvió a salir, describió
círculos alrededor de su clítoris, lo sacudió de lado a lado y terminó
dentro del culito ardiente de mi amiga. -Me vas a matar!! Me vas a matar
de gozo!- gemía Aldana, completamente excitada. -Acaso no deseas esto?
Acá lo tienes!!!- y seguían mis dedos llenando sus espacios, así como el
pene de su padre no dejaba vacío el mío. -Que concha hermosa tienes,
preciosa!!!! Coges como la más putita de todas!!! Me gusta que tu concha
me la trague, asiiiiiiiiiiiiii, asiiiiiiiiiiiiiiiiiiii- y seguí empujando
más y más. -Dámela ahora a mí papi, la quiero un poquitito yo adentro-
reclamó su hija, casi con desesperación.
Aldana abandonó su sitio
sobre mí para colocarse con su boca entre mis piernas mientras Francisco
aguardaba con su pene inflamado que su nena le dejara las nalgas a punto
para cogerla a gusto. Puesta en cuatro, con su boca en mi entrepierna,
sus nalgas abiertas frente a los ojos de su padre y sus manos extendidas
hacia atrás, acariciando su clítoris, Aldana sintió como su padre
comenzaba una seria de empellones que la llevarían a su primer orgasmo.
-Primero la cuevita de
mi nena- decía Francisco, al tiempo que le metía el pene entero desde
atrás en plena concha húmeda y burbujeante de flujo. -A ver, muévete como
papi te enseñó, mi amor!!!.- Y la cabeza de Aldana chocaba una y otra vez
contra mis muslos ante cada embiste de su padre, y su lengua me
atravesaba, me penetraba como si fuera un mástil duro y caliente. -Dile a
papi cuanto te gusta, mi amor- escuchaba que Francisco le decía mientras
que sus manos seguían empujando las caderas de su tesorito hacia su
pelvis para metérselo más y más. -Me encanta papi! Seguí!! No me dejes!!
Cogeme hasta el fondo!! Massssssssssssssss!!.- Yo sentía que eso era algo
enloquecedor, quería que miles de manos me acariciaran, que miles de
dedos me tocaran y miles de lenguas me lamieran todo el cuerpo,
llenándomelo de saliva.
Las manos de Aldana
dejaron su clítoris para acercarse a sus nalgas y abrirlas más ante la
promesa de la entrada en su pequeño agujerito trasero del enorme pene de
su padre. -Hummmmmmmm, eso mi nena!!! Ábrete bien que voy por atrás-.
La punta del pene de su
padre se lubricó con los flujos de la vagina de su nenita y con eso
humedeció el agujero del culito para ir metiéndolo de a poco primero y
terminar de enterrarlo de un empujón bestial, que apartó la boca de
Aldana de mi entrepierna por un momento. -Ay, dios!!!!!! Que placer!!!!
Cógeme bien el culito papi, que esta calentito!!!!.- -Tómalo mi amor,
está todo adentro!!!.-
Así entró y salió varias
veces, hasta que el semen de su padre descansó en las nalgas de la nena.
-Y a vos, mi vida? No te gustaría probar mi pedacito en tu agujerito????-
-Dámelo donde sea, pero dámelo!- le respondí totalmente fuera de control.
Ahora la que quedó en
cuatro frente a él, fui yo, pero Aldana se había colocado debajo de mí
para poder encargarse de mi húmeda vagina mientras su padre me daba todo
su pene completo por atrás. -Este caminito no lo recorrí, verdad? Esta
virgencito todavía?? Hummmmm, que delicia!!!!.- Abrió mis nalgas con sus
manos, mojó bien su pene con la crema que despedía mi vagina y comenzó a
presionar entre mis nalgas, lentamente, tratando de que el agujero
cediera y pudiera entrar a fondo. -Ábrete chiquita, ábrete para papi!!
Déjame metértelo !!- y empujó un poco más. -Completo, lo quiero
completo!!!! por favor, no me hagas desear más!!!!.-
Allá fue, entero,
abriéndose camino a la fuerza, sintiendo que todo mi interior se
desgarraba de dolor y placer, entró el pene de Francisco en toda su
dimensión y comenzó a moverse, entrando y saliendo, entrando y saliendo,
al mismo tiempo que Aldana me metía sus dedos por adelante y me lamía el
clítoris una y otra vez.
Nunca, desde que había
comenzado todo esto, creí que se pudiera gozar tanto al mismo tiempo y
con dos personas a la vez, jamás lo hubiera creído y sin embargo lo
estaba experimentando.
La boca de Aldana
chocaba con el pene de su padre y aprovechaba para lamerlo, dejaba ese
lugar y se deslizaba por debajo de mí hasta mis pechos, para morderlos
mientras se bamboleaban ante los empujones del pene de su padre dentro de
mi culo. -Que manera de gozarte, preciosa!!!- decía Francisco suspirando
cada vez más. -Más, más, mássssssssssssssssss- era lo único que podía
pedirle. -Quién se va a tomar mi lechita?- escuché que decía el papá de
mi amiga.
Como buenas amigas que
somos, las dos nos dispusimos a aprovechar semejante regalo así que
obligamos a Francisco a que se separara de mí y se acostara en la cama,
boca arriba.
Las dos nos acostamos
casi sobre él, dejando nuestras bocas sobre su pene, erguido como el
mástil de un barco y ofreciéndole nuestras nalgas, para que los tres
pudiéramos acabar juntos. La mamada que le dimos a ese pene y la que nos
dio esa lengua masculina a nosotras dos se convirtió en uno de los
momentos más inolvidables de mi vida.
El semen de Francisco nos inundó la boca a
su hija y a mí, nos dejó las mejillas llenas de leche, listas para que
las podamos lamer y nos provocó el orgasmo más intenso que hayamos tenido
hasta el día de hoy. Y lo digo con conocimiento de causa, porque desde
aquel día nos convertimos en uno de los tríos más sólidos que ninguno de
todos ustedes haya podido conocer jamás.
Contactos
reales con gente de tu ciudad:
[
PULSA AQUÍ PARA VER MÁS CONTACTOS Y REGISTRARTE GRATIS
]