Hola
de nuevo a todos. Ha pasado un tiempo desde la última vez que escribí
pero es que en este periodo he estado un poco ocupada ya que he ido de
viaje aprovechando unos merecidos días de vacaciones junto a mi marido
y a mi madre.
Sí, a lo mejor os
resulta chocante que mi madre viniese con nosotros pero todo tiene su
justificación. Hemos estado juntos en vacaciones porque se nos ocurrió
ir a visitar a una amiga de la familia de toda la vida.
Esta amiga se llama Carmen y ha pasado unos meses muy malos porque hace
un año que se separó de su marido. Tiene 40 años, es decir, 5 años más
que yo y es madre de un hijo de 17. Hemos crecido juntas, vivíamos en
la misma calle hasta que se casó y se marchó a vivir a otra ciudad con
su marido. Somos muy amigas y mi madre es su segunda madre, por eso,
decidimos ir todos a visitarla.
Quedamos en que ella nos esperaría en la estación de tren hacia las 12
del mediodía. Cuando llegamos y nos bajamos en el andén la pudimos ver
en la distancia, le hicimos gestos con los brazos y nos acercamos a
ella.
Estaba más delgada
desde la última que la vi pero su estado físico no era malo. Ella es
morena con los ojos verdes y muy guapa de cara. Siempre había sido muy
popular en el barrio por su belleza y exhuberancia. A pesar de que
había adelgazado al menos 9 o 10 kilos, el tamaño de su pecho era
considerable. Desde siempre, éramos las niñas del barrio que más tetas
tenían pero ahora ella tenía aún más desde que tuvo a su hijo.
- ¡Hola, estás guapísima! – la saludó Juan, mi marido.
- ¡Gracias!, vosotros también estáis geniales – le respondió Carmen a
mi marido. Con él tenía gran amistad desde nuestra época de salidas
conjuntas cuando éramos novios.
- ¡Carmen!, créeme si te digo que está mucho mejor de lo que me
esperaba. Me alegro un montón de que estés tan guapa – le dije yo y me
abracé a ella.
- ¡Ayyy mi Carol!. ¡Cuánto tiempo sin vernos!. Tú si que estás guapa –
y me abrazó fuerte.
Después de unos momentos abrazadas en los que las lagrimas hicieron su
aparición, Carmen, saludó y abrazó también a mi madre con el típico
comentario que todo el mundo le hace: “te conservas de maravilla”. Juan
le preguntó donde había un hotel barato para hospedarnos. Carmen
molesta por el comentario nos invitó a quedarnos en su casa. Después de
poner algunas excusas por nuestra parte, decidimos aceptar su
invitación y nos dirigimos hacia su casa.
Nos subimos los cuatro a su coche y nos dirigimos hacia las afueras de
la ciudad donde ella tenía la casa que había conseguido después de la
separación por orden judicial. Las conversaciones que tuvimos en el
trayecto fueron sobre el trabajo, la salud... Cuando llegamos a la
casa, que era preciosa, le pregunté dónde estaba Nacho, su hijo. Carmen
me informó de que estaba entrenando al baloncesto con sus amigos en la
pista del residencial. La última vez que lo vi fue cuando tenía 12 o 13
años y era aún un niño, seguro que habría cambiado muchísimo.
Entramos en casa y nos dirigió hacia los dormitorios para que
vaciásemos las maletas. Al subir nos fue explicando cada rincón de su
casa y al llegar a la puerta de las habitaciones nos informó del
reparto.
- Mirad, Nacho y yo hemos adaptado las habitaciones, antes de vuestra
llegada, para que podamos estar lo más cómodos posible. Carol, tú vas a
dormir con tu marido en esta habitación , la de invitados, puedes ver
que la cama es amplia. Tu madre va a dormir en la habitación de
matrimonio en la que hemos puesto la cama de Nacho que es individual. Y
Nacho y yo dormiremos en la habitación de al lado vuestro en mi cama de
matrimonio.
- ¿Cómo va a ser eso?, a mi no me dejes el cuarto más grande por favor
– dijo mi madre.
- Es mejor así – dijo Carmen – lo hemos hecho para que tengas una mayor
privacidad. Carol y Juan comparten cuarto de baño con Nacho y conmigo
sin embargo, la habitación de matrimonio tiene baño propio.
- No es mala idea mamá – le comenté yo – Así no te va a molestar nadie
si entra al baño a medianoche ni oirás los ronquidos de Juan – sonreí.
Juan y Carmen rieron mi broma y mi marido trató por todos los medios de
desmentir el hecho de que roncara. Mi madre aceptó la idea y nos
dirigimos cada uno a nuestra habitación mientras que Carmen bajó a
preparar la comida. Juan entró en el baño y abrió el grifo de la ducha.
Yo saqué la ropa de la maleta, la dejé sobre la cama junto a mi tarrito
de semen y me dirigí hacia el baño. Me desvestí y me metí con mi marido
que no me esperaba. Estábamos algo estrechos por lo que pude notar la
polla dura de mi marido en mi culo.
- ¿Tanto te alegras de verme? – le dije mientras le agarraba la polla
con mi mano y se la masajeaba.
- Joder Carol, no sé que me pasa pero estoy cachondísimo.
- A lo mejor es que te ha gustado mi amiga Carmen después de tantos
años sin verla. ¿Te has fijado en lo guapa que está? Parece que la
separación le ha sentado bien ¿verdad?.
- Sí.
- ¿Te has fijado en
las tetas que tiene y en su culo?. Ambas cosas las tiene un poquito
caídas pero son muy apetitosas ¿verdad?.
- Sí,- me respondía con los ojos cerrados mientras le caía el agua
caliente sobre su pecho y mi mano le hacía una rica paja.
- A lo mejor a ella también le has gustado y ahora se está masturbando
abajo mientras nos espera. ¿Te gustaría eso?.
- Sí, mucho. – me respondió.
Sin darme tiempo a más me dio la vuelta, me agarró de la cintura, yo
puse las manos sobre la pared y me incliné un poco para que él pudiese
tener acceso a mi coño. Me pasó la mano varias veces desde mi culo
hasta mi chocho y dirigió la polla hacia la entrada de mi vagina.
Comenzó, entonces, un riquísimo mete y saca mientras el agua de la
ducha caía directamente sobre mi culo.
La follada fue
cobrando intensidad poco a poco. Juan me agarraba fuertemente de las
caderas y de las tetas para atraerme hacia él velozmente, también me
agarraba del pelo y tiraba de mi cabeza hacia atrás obligándome a
levantarla y que el agua de la ducha me cayese directamente en la cara.
La sensación de su polla entrando intensamente en mi coño y la del agua
caliente chorreando por mi cara y mi boca abierta me produjo un orgasmo
genial que, intenté acallar de mi boca para que nadie me oyera y
únicamente susurre un leve gemido.
Al poco tiempo, noté que las embestidas de mi marido eran cada vez más
fuertes y sus suspiros más profundos. Yo me saqué su polla de mi coño,
me arrodillé y le dije a Juan mirándole a los ojos: “¿no querrás
manchar de leche la ducha de Carmen en tu primer baño?, en todo caso,
querrás duchar con tu leche a Carmen ¿no?”. El hizo un movimiento de
afirmación con la cabeza y yo me metí su polla en la boca.
Comencé a mover mi
cabeza de arriba abajo intentando dar el máximo placer a mi marido en
su capullo con mi lengua. Le miraba a los ojos mientras el agua caía
sobre mi cara con el rimel y la pintura de mis ojos corridos y, en un
minuto, comenzó a correrse. Llevábamos por lo menos 4 días sin follar
por lo que los chorros de leche eran intensos y abundantes.
Notaba como se
estrellaban en el cielo de mi boca mientras que con mi mano no paraba
de masajearle la base de su polla para que lo evacuase bien todo.
Cuando terminó de correrse y de suspirar, me incorporé para llevar toda
la lefa de mi boca al bote donde tengo el semen que me sirve de crema
hidratante por las noches. Sin embargo, Juan no dejó que abriese la
mampara y sujetándome por el brazo me dijo:
- ¡Trágatelo!. Si quieres leche para tus reservas, yo te daré más luego
pero ésta trágatela.
Le miré a los ojos, abrí la boca para que pudiese ver la cantidad de
semen que me había regalado y él hizo un gesto afirmativo con su
cabeza. Después la cerré tragándomelo todo y aguantando una arcada
debida a la gran cantidad ingerida. Me besó, salimos de la ducha, nos
vestimos y bajamos a la planta de abajo como si nada hubiese ocurrido
en busca de Carmen.
Llegamos hasta la cocina en donde estaban Carmen, mi madre y un
muchacho alto, atlético y sonriente. Mi amiga no tardó en
presentárnoslo.
- ¡Nacho!, ¿te acuerdas de Carol?. – el joven afirmó con la cabeza.
- Hola Nacho. ¡Cómo has crecido! – le dije – con razón juegas al
baloncesto. ¿Cuánto mides?
- Uno noventa y uno – me respondió mientras se acercaba para darme dos
besos como señal de saludo.
- Este es su marido, Juan, de él a lo mejor te acuerdas menos. – le
dijo mi amiga.
- Hola Nacho, yo sí me acuerdo de haberte visto pero cuando eras mucho
más pequeño – dijo Juan mientras le apretaba la mano.
- Hoy, como hace muy buen día, vamos a comer en el jardín ¿qué os
parece?. – preguntó Carmen.
- Muy buena idea - respondí yo.
- De acuerdo, pero yo voy a darme una ducha rápida mientras lo
preparáis todo porque estoy sudado de jugar al baloncesto. – comentó
Nacho.
- Vale, pues venga hijo, date prisa. – respondió su madre.
Nacho subió a ducharse y nosotros nos quedamos preparando la mesa. Al
cabo de un minuto me acordé de que Nacho se ducharía en el baño común y
yo me había dejado el tarrito de semen encima de la cama, si le diese
por entrar, lo vería allí y no era una idea que me agradase. Así que me
disculpé un momento y subí a la habitación.
Al entrar, escuché el
ruido del agua. Me fijé en la puerta que comunicaba con el baño y
estaba entreabierta, o Juan no la había cerrado al salir o Nacho ha
entrado. Sigilosamente me acerqué hasta la puerta y miré por la
rendija, aún no sé porqué lo hice, y vi a aquel muchacho desnudo ante
el espejo esperando a que el agua estuviese lo suficientemente
caliente. Era un joven monumento, piernas largas, culo firme y pequeño,
unos abdominales definidos debido al deporte que practicaba y una polla
riquísima. Ya apenas me acuerdo la última vez que vi una polla como
aquella.
Era firme y apuntaba
hacia arriba con total decisión en una muestra de fortaleza e ímpetu
sexual que caracteriza a todos los adolescentes. Tenia un tamaño
considerable al igual que el de sus huevos que estaban cubierto por
vello negro pero recortado, cosa que me extrañó para su edad.
Me empecé a sentir un
poquito caliente, y eso que había follado una media hora antes, pero
ver un cuerpo juvenil como el David de Miguel Ángel empalmado era algo
para lo que no estaba preparada. Me alejé de la puerta, guardé el tarro
de semen y bajé al jardín con mi coño hinchado y húmedo. Y a partir de
ahí, durante toda la comida y parte de la tarde, no paré de pensar en
aquel cuerpo y aquella polla, le miraba insistentemente la entrepierna
cada vez que podía. Otra cuestión que me rondaba en la cabeza era el
porqué de aquella fantástica erección ¿sería yo, mi cara, mis tetas, mi
culo?, aún me caliento al pensarlo.
La tarde la pasamos charlando en el salón. Yo le pregunté a Nacho,
entre otras cosas, si tenia ya novia, a lo que él me contestó que no.
Notaba como él me miraba el escote de mi camiseta de tirantes,
indudablemente le gustaba mi canalillo y yo le alegraba la vista
echándome hacia delante disimuladamente de vez en cuando. A las ocho
Nacho subió para arreglarse, eran vacaciones y había quedado con amigos
para ir a los pubs de la ciudad. Para aquella hora yo ya tenía un
calentón increíble y creo que mi marido también porque no eran
disimuladas las miradas que le echaba a la entrepierna de Carmen
intentando ver algo bonito bajo aquella faldita que ella llevaba.
- ¡Mama! – gritó Nacho desde arriba -, ¿te importa subir un momento y
plancharme la camisa azul?.
- ¿No tienes nada más que ponerte hoy? – le respondió Carmen con aire
enfadado dando a entender que no tenia ganas de planchar.
- Es que todo lo que tengo planchado es de invierno y hoy hace calor
para llevar un jersey de lana. ¿Verdad Carol? – me preguntó Nacho.
- Sí, - respondí yo sin saber porqué me había hecho aquella pregunta, a
lo mejor porque yo llevaba camiseta de tirantes y él la tenía rondando
aún en su cabeza junto con mis tetas.
Carmen subió a planchar la camisa refunfuñando y yo le eché mano al
duro paquete de mi marido que miraba el culo de Carmen mientras subía
las escaleras.
- ¿Te gusta verdad? – le preguntó mi madre a Juan mientras veía como yo
le masajeaba el paquete.
- Sí, es muy guapa pero tu no tienes nada que envidiarle a ella. – y le
dio un beso en los labios a mi madre.
Mi madre reaccionó dándole otro a él y llevando su mano junto a la mía
para sobarle el paquete. Me di cuenta de que aquella no una actitud
correcta en una casa ajena, por lo que me incorporé y les pedí a Juan y
a mi madre que intentaran comportarse como era debido en una casa
extraña.
Noté que con la
camiseta de tirantes empezaba a tener frío y le pregunté a Juan si
quería una sudadera porque yo iba a subir a por una para mi. Él me dijo
que sí y sin más subí las escaleras dejando a mi marido y a mi madre
hablando en voz baja de cochinadas sobre mi culo y mis piernas.
Entré en nuestra habitación y fui al baño a refrescarme la cara porque
estaba cachondísima con aquella situación pero, al entrar, me di cuenta
que la puerta de la habitación de al lado, donde dormirían Nacho y su
madre, estaba entreabierta también.
Me acerqué y miré de
nuevo por la rendija y mi sorpresa fue mayúscula al ver a Carmen con la
falda subida debajo de su hijo totalmente desnudo. Estaban follando
como dos auténticos amantes y ella no paraba de suspirar y gemir. Yo
intentaba escuchar algo de lo que se decían susurrando pero solo
entendía cosas sueltas. Él le decía cosas como estas: “...te ha estado
mirando por debajo de la falda...”, “... te gusta y te has puesto
caliente...”, “...te gustaría que él estuviese follandote también...”.
Y ella le decía a él cosas como estas: “...te has puesto cachondo
mirándole las tetas a esa guarra...”, “...te gustan sus tetas, siempre
te has gustado las castañas medio rubias...”, “...seguro que no te
importaría darle polla a mi amiguita...”, “...seguro que no te
importaría darle tu leche para que la guardara en ese bote que
dices...”. Aquello era sorprendente para mí. No el hecho de follar
madre e hijo, yo también lo hacia con mi madre, pero sí el lenguaje que
usaban entre ellos que era propio de una pareja o mejor dicho, de unos
amantes. Y ¿lo del bote que me vio Nacho?.
Sin darme cuenta me estaba acariciando las tetas y el coño por encima
de la ropa. Y el hecho culminante llegó. En uno de los movimientos que
Carmen hizo con la cabeza mientras su hijo la penetraba hasta las
entrañas dirigió la vista hacia la puerta del baño y allí se cruzaron
nuestras miradas.
Ella abrió los ojos
por la sorpresa pero no pudo renunciar al placer que le estaban dando y
continuó follando mientras que yo me retiraba de la puerta aún con la
sorpresa de aquella imagen en mi retina. Me coloqué mi sudadera y le
bajé la suya a Juan que continuaba con arrumacos con mi madre.
Tras mi sorpresa con Carmen y su hijo, la imagen de mi marido
restregándose con mi madre y mi adicción al semen me hizo pensar que no
éramos una familia normal. ¿Acaso mi madre y yo estábamos tan
pervertidos como Carmen y Nacho?, ¿acaso el amor filial era algo
anormal?, y mi adicción al semen ¿era alguna anomalía psicológica?.
Carmen llegó a la cocina mientras yo bebía agua y pensaba en lo más
profundo de mi mente.
- No me juzgues Carol por lo que has visto – me dijo -. Yo sé que está
mal pero es que aún soy una mujer joven, aunque a tu lado aparente ser
tu madre, y mi hijo es lo que más quiero en el mundo. Mi marido me hizo
mucho daño y no quiero conocer a nadie más que no me merezca plena
confianza. Sé que estoy enferma, que no debería hacer lo que hago con
Nacho pero por otro lado soy feliz. – dos lagrimas resbalaron por sus
mejillas.
- No te preocupes Carmen, lo que haces no es tan extraño. ¿tienes
ordenador?.
- Sí.
- ¿Internet?
- Sí, pero yo no se usarlo.
- Pues acompáñame – le dije.
Me llevó a la sala de estudio de Nacho y me conecté a internet. Cuando
escribí la dirección de MorboCornudos en la barra de direcciones, el
ordenador me la reconoció, señal de que su hijo era un visitante
habitual. Por curiosidad abrí “Favoritos” y allí estaban memorizadas
muchas paginas eróticas y de relatos. No le dije nada a Carmen y
directamente abrí mis dos relatos anteriores. Le pedí que los leyese y
así lo hizo con ojos de sorpresa.
- ¿Esto lo has escrito tu, Carol?.
- Sí.
- ¿Y todo esto es cierto?.
- Sí, así que ahora las dos sabemos algunos secretos ocultos de la otra
y espero que no los desvelemos.
- Claro que no. Oye, y todo esto que escribes sobre el semen ¿es
cierto?, ¿tanto te gusta?.
Entonces abrí un e-mail que me escribió un lector que era médico en el
que me decía que el semen tenía más sustancias pro-activas que
cualquier crema hidratante, que contenía un azúcar llamada fructosa muy
sana y que a él también le encantaba bañar a su pareja de semen con o
sin ayuda.
La cara de mi amiga reflejaba asombro y cada vez era más roja. Yo
notaba que se movía en el asiento intentando restregar su coño en él
mientras leía.
- Tranquila, no tiene nada de malo lo que haces si tu hijo está
conforme, además, la prueba la tienes en lo guapa que estás. – le dije
mientras la separaba un poco de la mesa y me colocaba de rodillas entre
sus piernas.
- ¿Sabes una cosa,
Carol?. Tu siempre me resultaste una chica atractiva y bella pero nunca
me atreví a decirte nada. Ya sabes, una está llena de tabús durante
toda la vida pero ya veo en tus relatos que tú has sabido librarte de
ellos y has aprendido a disfrutar intensamente. – y se reclinó en la
silla.
Yo le levanté la falda y comencé a acariciarle el coño por encima de la
tela de sus bragas diciéndole lo atractiva que ella me había resultado
a mi también.
Movía sus caderas
lentamente mientras continuaba leyendo mis relatos y de vez en cuando
se le escapaba un “asombroso”. Yo retiré hacia un lado sus braguitas y
le acaricié su coño recortado. Era muy bonito, pequeño y con su
clítoris muy definido y salido hacia fuera, no pude resistirlo más y
comencé a chuparselo. Ella gemía y yo estaba cada vez más húmeda.
Mis bragas estaban ya
totalmente empapadas después de los calentones de aquel día0 tan
bonito. No escondí más mis intenciones y metí mi lengua por su estrecho
coño en busca de algún residuo del semen de su hijo y, allí estaba.
Conforme ella lubricaba con mi mamada, los restos de semen de Nacho
iban resbalando por su vagina hasta ser recogidos por mi lengua. Cuando
terminó de leer y entre suspiros me dijo:
- Me hubiese encantado ser tu amiga Ana en el segundo relato que
escribiste y me muero por sentir el calor y la sensación que describes
al resbalar el semen por mi cara, siempre lo pensé pero nunca me atreví
a hacerlo ni a pedirlo.
- No te preocupes, todo es cosa de planearlo. Ya has visto que por
parte de mi madre y de mi marido no hay problema. - Y diseñamos un plan
ella y yo.
Cuando dieron las 9:30 de la noche, el hijo de mi amiga bajó las
escaleras, arreglado y dispuesto a salir de marcha en cuanto sus amigos
pasaran a recogerlo en coche. A mi me encantó como iba vestido. Con
pantalón negro y camisa azul que se le ajustaba a su pecho fuerte. Unos
zapatos negros y peinado como muchos chicos jóvenes, con el pelo
totalmente engominado y de punta. Al llegar al salón nos vio un par de
botellas de ron encima de la mesa.
- ¿Ya habéis empezado la fiesta?. Mamá, ten cuidado que sabes que a ti
no te sienta bien el alcohol – le dijo Nacho a Carmen.
- Tranquilo hijo, siéntate – le respondió ella. – tu aún eres muy joven
para beber así que tómate algo sin alcohol con nosotros mientras llegan
tus amigos.
Nacho se bebió un refresco y Carmen bebía alcohol con moderación pero
fingiendo estar más borracha de lo que realmente estaba. A las 10
llegaron sus amigos en coche y Carmen le dijo a su hijo que los
invitara a pasar para presentarnos. Nos levantamos todos y Juan se
colocó a mi lado y mi madre al lado de Juan. Mi marido me susurró al
oído que mi amiga le había metido mano en el sofá mientras bebíamos y
le había tocado la polla abriéndole la bragueta bajo la ropa de la
mesa.
- Perdónala, ya estás viendo que se ha puesto más alegre de lo normal
con el ron. – le dije.
- No, si a mi me gusta, pero te lo digo para que lo sepas y luego no
haya problemas ni malentendidos.
- De acuerdo, tranquilo – le respondí
Entonces entró Nacho con sus amigos y nos los fue presentando uno a
uno. Eran Felipe, Gonzalo, Mateo y Sergio. Cuatro hombretones de 17 y
18 años todos ellos. Carmen les invitó a que se quedaran un momento y
se tomasen algo con nosotros. Aceptaron y se sentaron.
- Sois muy altos, seréis un equipo invencible jugando al baloncesto
¿no? – pregunté.
- No, no somos tan buenos. Otros compañeros de equipo que no han venido
hoy con nosotros son mejores. – respondió Sergio.
- ¡Anda!, no seáis modestos – dijo Carmen – quedaron segundos el año
pasado y tengo entendido que las chicas se colaban en el vestuario para
verlos desnudos.
Ellos se pusieron rojos y no dijeron nada. Sin embargo, Carmen insistió
en el tema de lo guapos que eran y la reputación de ligones que tenían
en su barrio. Entonces yo les dije que Juan también jugaba y que estaba
fuerte y que no creía que ellos estuviesen tanto como lo estaba mi
marido. Entonces apelé al orgullo masculino que tantas veces pierde a
los hombres.
- Juan, quítate la sudadera y enseña tus músculos a estos “NIÑOS”. – la
cara de Juan era de asombros y la de Nacho y sus amigos de indignación
por haberlos llamado niños.
- No, no voy a enseñar nada. – dijo mi marido.
- Sí, venga. A ver si estás tan fuerte como dicen – respondió Felipe. –
A ver si realmente estás más fuerte que nosotros que somos unos
“niños”.
Claramente, Felipe era el más picajoso del grupo tal y como me había
informado Carmen. Entonces, mi marido se levantó y se quitó la parte de
arriba quedando su pecho al desnudo.
- UUUUUHHH!!! - Gritó Carmen – sí que estás fuerte. Carol, tienes un
marido que está buenísimo. – el comentario llegó a oídos de Nacho.
- Ahora verás – dijo su hijo – y se quitó la camisa también colocándose
al lado de Juan.
- Joder, Carmen. ¿Tu hijo va al gimnasio?. – dijo mi madre.
- ¡Señora! – le dijo Felipe a mi madre – Nacho está fuerte pero el más
fuerte de la pandilla soy yo - y se acercó a mi madre quitándose la
camiseta que traía puesta.
Yo me acerqué a Gonzalo, Mateo y Sergio y les reté a que se quitaran la
parte de arriba. Ellos se negaron pero le dije que si ellos se la
quitaban yo también lo haría. Mi marido me miró y un guiño me informó
de que ya estaba enterado de lo que pretendíamos hacer. Entonces, Juan
se acercó a mis tres acompañantes y les dijo:
- No os gustaría ver a esta
hermosura en tetas – ellos asombrados miraron mis pechos y se
desnudaron.
Desde luego aquel sería el sueño de todo adolescente pero por suerte
solo lo pudieron disfrutar ellos. Yo me quité mi sudadera y mi camiseta
de tirantes quedando en sujetador. Me senté al lado de Carmen e hice lo
mismo con ella y ésta hizo lo mismo con mi madre que también entendió
el plan.
- Ahora, si queréis ver más, tenéis que desnudaros totalmente – dijo
Carmen – no os costará mucho porque estáis hartos de veros desnudos en
los vestuarios.
Nacho y sus amigos se miraban asombrados sin saber que hacer pero
entonces Juan se adelantó a todos y se desnudó dejando su polla tiesa
al aire.
Entonces Carmen se
levantó y dijo que mi marido se merecía un regalo por atrevido y le
ofreció quitarle el sujetador. Nunca imaginé que Carmen fuese tan buena
actriz y tan buena calentando pollas, al fin y al cabo, todas llevamos
una puta dentro. Cuando mi marido le quitó el sostén, mi amiga se
arrodilló y se metió su polla en la boca.
Los amigos de su hijo y su propio hijo no salían del asombro. Mientras
Carmen le chupaba la polla a Juan, le acariciaba el paquete por encima
del pantalón a su hijo que estaba al lado. Le miraba a la cara y le
pedía que se desnudase para poder darle su regalo también. Sin embargo,
Nacho no se atrevió a que su madre le chupase la polla ante sus amigos
así que, fue Felipe de nuevo quien se desnudó y se colocó en el lugar
de Nacho que estaba extasiado de la sorpresa.
Carmen sin ningún tipo
de tapujo le agarró la polla a Felipe y se la metió también en la boca
e iba alternando con la de mi marido, parecía que era bueno en aquello
de chupar pollas, lo hacia como una profesional soltando gemidos y
ensalivando en abundancia aquellos penes.
Yo me fui hasta Nacho y le di la oportunidad de quitarme el sujetador,
cosa que yo sabia que estaba deseando hacer desde el primer momento en
que me vio. Lo hizo y mientras me acariciaba las tetas yo le desabroché
el pantalón.
- Carol, - me dijo Carmen desde su posición ante la polla de Felipe y
de mi marido – hazle una mamada de campeonato a mi niño, sé que le
gustas mucho desde que te vio.
Yo sin más preámbulos, me arrodillé y comencé a hacerle una de las
mejores mamadas que le hubiesen podido dar a aquel adolescente. Me
encantaba sentir con mi lengua el tanto suave de aquella joven polla en
mi boca.
La tensión que aquella
polla acumulaba hacia que sus venas estuviesen a punto de estallar y me
era muy difícil intentar bajarla con mi cabeza para poder chuparla
mejor. La tenia empinada y su erección tenia tanta fuerza que era
imposible retirarla más de 5 centímetros de su abdomen. Nunca hasta
aquel día había sentido la potencia sexual de un hombre joven.
Noté que algo golpeaba
mi cara cada vez que me introducía el pene de Nacho y cual fue mi
sorpresa cuando abrí los ojos y comprobé que era la polla de Gonzalo
que también pedía que se la chupase.
Así lo hice y
alternaba las chupadas de una a otra polla y a veces, incluso,
intentaba metérmelas las dos a las vez aunque solo me entraran los
capullos. La de Gerardo era algo mas larga que la Nacho y yo intentaba
tragarla entera por lo que algunas babas caían de mi boca al suelo por
el esfuerzo. Pensé entonces en la buena oportunidad de recolectar de
semen que se me presentaba.
Por su parte, mi madre ya estaba junto a Mateo y Sergio dándoles otra
fantástica mamada. Aquel salón comenzó a llenarse poco a poco de
suspiros y gemidos. Aquellos muchachos inexpertos estaban siendo
follados por tres bocas de mujeres, zorras insaciables.
Tras un rato, me incorporé y me tumbé en el sofá invitando a Nacho a
que me quitase los pantalones y las bragas. Así lo hizo y escuché un
comentario que le hacia a Gonzalo sobre lo zorra que era y lo mojadas
que tenia las bragas. Eso aún me calentó más y pedí a Gerardo que me
chupase el coño mientras que yo le mamaba la polla a Nacho.
Él se quedó
aterrorizado y yo le pregunté si era la primera vez que lo hacía a lo
que me respondió que sí. Entonces yo le di algunas instrucciones
rápidas: suavemente chupas la vulva que es esto rosita, y con la lengua
me lo lames, de vez en cuando intentas metermela por el coñito arriba.
Así lo hizo, y no sé si sería por el miedo que tenía pero su lengua
temblaba y sin quererlo me hizo una de las mejores comidas de coño que
nunca me hizo nadie.
Me saqué la polla de Nacho de la boca y lo invité a hacerle una cubana.
Para ello escupí entre mis tetas y le pedí que se colocase encima mía.
Él colocó su polla entre mis tetazas, yo me las juntaba con las manos y
el se movía hacia delante y hacia atrás. No duró más de un minuto
porque enseguida comenzó a correrse. Yo abría la boca para que alguno
de los chorros cayeran dentro de ella. ¡Madre mía!, menuda corrida.
- AAAAhhh, ssiiiii, zorra abre esa bocaza de puta que tienes. Trágatelo
todo AAAAAahhh. – gritaba Nacho sobre mi.
Fueron cinco o seis chorros de semen los que disparó contra mi cara.
Nunca había visto a nadie que se corriese así, de aquella forma,
suponía que también era cosa de la potencia sexual de la edad. Me dejó
la cara completamente llena de lefa e incluso alguna me cayó en el
pelo. Nacho se retiró y le dijo a Gonzalo que probase el placer de mis
tetas.
Así lo hizo, se colocó
sobre mi con su peluda polla y comencé a hacerle una cubana como a
Nacho. Mientras, el hijo de mi amiga se dirigió hasta mi coño y comenzo
a acariciármelo con los dedos. Me metió hasta cuatro dedos y se lo
comunicó a sus compañeros. “¡Hasta cuatro dedos le caben a esta tía!”.
Yo estaba muy caliente y pedí que por favor alguien me follase. Y Juan
me dijo:
- Tú serás la última en ser follada.- me iba a hacer sufrir lo que yo
le había hecho sufrir a Nacho durante toda la tarde - zorra, le
enseñabas las tetas a Nacho descaradamente para ponerle cachondo, ahora
vas a sufrir tú un poquito también, van a pasar por ti todas nuestras
pollas pero serás la ultima en ser follada.
- Entonces – dije – necesito un plato.
Nacho me lo trajo y yo me lo coloqué debajo de mi cara y en aquel
momento comenzó a correrse Gonzalo lanzando, también, enormes chorros
de lefa contra mi cara mientras yo intentaba atrapar alguno con mi
boca. El siguiente en pasar por mis tetas fue Mateo que dejo a mi madre
follando con Sergio Su polla también era de buen tamaño y tenía la
circuncisión hecha por lo que su capullo golpeaba mis labios
chorreantes de leche.
- AAAAAAhhhhh – Mateo también se corria - ¿qué tienes en las tetas que
duramos todos tan poco en ellas so zorra?.- me preguntó. Y ¿para que
quieres la leche, por qué pones un plato para recogerla guarra?. Te
gusta la leche ¿no?.
Entonces, cogió los restos de lefa que quedaban de su corrida entre mis
tetas y me la restregó por la cara, yo apenas podía abrir los ojos y el
semen me tapaba un agujero de la nariz, por lo que respirar me era
costoso..
Se levanto y el siguiente fue Sergio. Se colocó sobre mi y metio su
polla entre las tetas. Esta era un poco más pequeña que el resto y le
noté un olor raro. Enseguida supe a que se debía, mi madre le había
pedido que se la metiese por el culo, lo cierto es que tenía un tamaño
genial para ello. Me puso muy cachonda pensar en eso.
- Córrete con mis tetas cabrón – le dije – se la has metido por el
culito a mi madre ¿verdad? – él asintió con su cabeza mientras gemía.
Giré la cabeza y vi como mi marido tenía a Carmen en el suelo sobre
Felipe y él encima de ella sobre su espalda. Pude ver que mi marido se
la follaba por el culo mientras que Felipe hacia lo propio por el coño.
Sin embargo, vi como se la sacó del culo y poco a poco intentaba
metersela por el coño a la vez que lo hacia Felipe. Carmen gritaba de
dolor y de placer mezclados, tenía el coño lleno con dos ricas pollas
que se movían al unísono. Parecía que la fuesen a abrir en canal.
- ¡Quiero que alguien me folle!, joder – grité mientras que Sergio no
pudo resistir más y estrelló otros cuatro chorros de leche en mi cara.
- AAAAAAHHHHH OOOOOAAAHHHH, - gritaba Sergio mientras me bañaba en su
semen, fue el más escandaloso de todos a la hora de eyacular sobre mi.
Sergio se dirigió hasta mi madre para que se la chupase y se la
relajara un poco y Nacho le pidió a Felipe que viniese a que yo le
hiciese una cubana. Asi lo hizo y Carmen quedó entonces con los dos
hombres que había deseado durante todo aquel día. Follandosela al
estilo perro estaba mi marido y delante de ella con su polla de nuevo
erecta estaba su hijo que se la ofrecía para que le hiciese una rica
mamada al son que era follada por Juan.
Felipe duró algo más entre mis tetas mirándome mi cara chorreante y
enterrada de semen. Juan ordenó a Sergio que me follase el culo. A mi
ya me daba igual por donde fuese, el caso era que estaba muy cachonda y
aun no me había follado nadie.
Sergio puso su mano
sobre mi coño y entonces fue cuando noté lo empapada que estaba. Cogió
flujos de mi coñito tal y como le habia enseñado mi madre, me los
restregó por el culo y se los restregó el en su polla, “aprenden pronto
estos niños”, pensé. Mi culo estaba dilatado como lo estaba mi coño y
la polla de Sergio entró sin dificultad. Yo comencé a gritar y me volví
loca.
Comencé a moverme enfurecida con cuidado siempre de no volcar el plato,
le escupía en la polla a Felipe, le acariciaba su fuerte abdomen, le
lleve sus manos para que fuese el quien sujetase mis tetas alrededor de
su polla y escupiéndome en la mano le metí un dedo en su culo. Esto le
molestó un poco al principio y refunfuñaba pero al poco tiempo se
corrió en mayor cantidad que nadie. Gritaba, me insultaba, me pedía que
abriese la boca para que sus chorros cayesen dentro y asi estuvo un
buen rato con mi dedo dentro de su culo.
Entonces, se levantó y se dirigió hacia mi madre para que también le
siguiese chupando. Oí en aquel momento un grito de mi mamá que se
estaba corriendo con la follada que le estaba propiciando Mateo al
estilo misionero mientras que Felipe se la hincaba por la boca medio
flácida.
Al oir a mi madre,
Carmen solto otro alarido, se estaba corriendo con sus dos hombres
preferidos de aquel día. Ahora sí, estaba siendo follada por delante
por mi marido y por detrás por su hijo y este la mantenía sujeta por
las tetas y mi marido le metia dos dedos en su boca para que los
chupase.
Sergio seguía follandome el culo y yo me sentía en el cielo con todas
mis tetas y mi cara chorreando leche dentro del plato. Estos
adolescentes no se cansan nunca, son insaciables de verdad. Juan se
acerco entonces a mi y me acercó un espejo pequeño de bolso de Carmen
para que me viese la cara. La tenia totalmente llena de leche, me
chorreaba por los ojos, por la boca, por la barbilla, la frente...
- Mírate la pinta de zorra que tienes – me dijo – esto es lo que te
gusta a ti, esto luego lo relatas para que tus lectores se puedan hacer
una idea de la cara que tienes ahora mismo llena de lefa. - se colocó
en ultimo lugar entre mis tetas – Y el plato lo tienes casi medio, vas
a tener una buena recolecta hoy porque estos chavales no parecen
cansarse.
- Sí, - no alcancé a decir nada más.
Yo gritaba, Sergio gemía, Carmen gritaba penetrada ahora por el culo
por su propio hijo y mi madre era follada por tres muchachos que
parecian deleitarse sobandoles las tetazas.
- AAAAHHHH, SSSSIIIIII, AAAAHHHH –
Mi marido se corría también entre mis tetas, aunque él acercó su polla
lo máximo posible a mi boca para que pudiese recibirla toda en ella.
Así lo hice y después dejé que me resbalara por los labios hasta que
llegara al plato.
- A ver, quien quiera follarse a Carol con la cara tal y como la tiene
llena de vuestra lefa que levante la mano – gritó mi marido después de
correrse y, todos levantaron la mano.
Así que nos colocamos de la siguiente forma, mi madre al lado mio
mamandole la polla a todo aquel que quisiera, yo recostada en el sofá
con un cojín en el culo para resaltar mi coño y que así fuese más fácil
penetrarme. Y detrás mía, donde yo apoyaba mi espalda, se colocó Carmen
dispuesta a sentir la sensación de ser bañada en leche.
Uno a uno fueron
penetrándome con sus duras pollas mientras que mi marido me acariciaba
el clítoris desde un lado del sofá. Todos me follaron, todas sus pollas
pasaron por mi vagina dilatada y lubricada como nunca y cuando el que
me follaba se iba a correr, sacaba su polla de mi y se dirigia hacia
Carmen que, estaba detrás mía y sostenía el plato con sus manos, para
soltar la carga de semen en su cara. Tuve dos orgasmos impresionantes.
Ahora sabía que mi marido lo había hecho todo por mí, una vez que los
chicos se corrieron una vez en mi cara, luego aguantaban mucho más
tiempo penetrándome por lo que sentí el placer de ser follada y
correrme hasta saciarme.
A Carmen la dejaron bien bañada y el oro puro le chorreaba por su
rostro hasta caer en el plato, incluso mi marido se permitió eyacular
sobre ella y recoger el semen de sucara para aproximárselo a la boca y
pudiese saborearlo. Mientras yo, era follada con la mascarilla de semen
más espesa que nunca he tenido en la cara.
PD.-Saludo a mi amiga Carmen y le agradezco los días que nos ofreció en
su casa. Sé que está ansiosa porque se publique este relato y se ha
dado cuenta de los beneficios que tiene el semen. Es otra adicta al
manjar de los hombres desde entonces y habrá que hacer alguna otra
aventurilla cuando se nos acaben de nuevo las reservas.
También saludo a los
muchachos que tan bien nos lo hicieron pasar. Espero no haberles
causado ningún trauma, aunque, no creo haberlo hecho porque todos los
dias me mandan e-mail invitándome a visitar su ciudad de nuevo. Chicos,
si estáis en el ciber ese que me comentasteis no os hagáis ahí las
pajas porque os va a ver todo el mundo ;).
Por cierto, ahora tenemos a una nueva compañera, Carmen, que piensa que
es una pena la gran cantidad de semen que se va a desperdiciar leyendo
este relato.Un saludo a todos y a “todas” que también sé que me leen
aunque son más tímidas y cortadas a la hora de mandarme sus comentarios
y experiencias.
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