Hola
de nuevo a todos. Hace nueve años que ocurrió lo de mi primer relato y
lo que os voy a contar me ha ocurrido hace solo unos pocos días. En
aquel relato, mi madre me enseñó todo lo que sabia del semen y del
sexo, ahora yo ya me las apaño muy bien sola.
Muchos dirán que no es una historia
verdadera, aún así, yo saludo a toda la gente de mi oficina que
participó conmigo y con mi marido y que están atentos a que este relato
se publique para leerlo ya que, me hicieron prometer que lo escribiría
pero cambiando sus nombres.
Lo cierto es que yo no soy una
experta en esto de los ordenadores y cuando me publicaron el primer
relato me puse muy contenta y no paraba de mirar cuanta gente lo había
leído. Lo malo es que yo no sé borrar las paginas que visito y por lo
visto el ordenador las almacena para poder visitarlas cuando no tienes
conexión.
Pues bien, mi marido, Juan,
descubrió que había estado visitando páginas de relatos, él también
suele hacerlo pero yo no lo sabía, y además pudo leer el relato que
envié hace unos días ya que reconoció mi mail y mi nick. Yo de todo
esto me he enterado a posteriori porque me lo explicó él.
Todo ocurrió, como ya os dije, esta semana. Mi marido se empeñó en
afeitarme el coñito totalmente y yo me preguntaba a que venia esa
manía. Creí que a lo mejor se había acostado con alguna zorra que
tuviese el chocho depilado, por eso, yo insistía en preguntarle si
había estado con alguien en la cama y él me lo negaba siempre.
Recordarán de mi relato anterior que somos muy liberales pero que
debíamos contárnoslo “todo”.
- Es para que estés más atractiva Carolina, ¿tú sabes como me pongo
cuando te veo en la cama desnuda con esa linda cara, tus dos tetazas y
el coño afeitado?. Acuérdate de lo bella que se ve tu madre totalmente
depilada.
No tuve más remedio que creerlo, porque sé que mi madre siempre está
depilada y también sé que a mi marido le encanta mi madre a pesar de
los años que han trascurrido desde que nos conocimos, así que
seguramente esa sería la verdad sobre el motivo que le impulsó a
afeitarme. Dejé que me afeitase pero con la condición de que él también
lo hiciese.
La verdad es que yo me veía muy
bella frente al espejo con mis tetas talla 100 un poquito caídas, mi
cara suave y de cutis perfecto que volvía loco a mi marido y desde
ahora el coño sin un pelo. Parece ser verdad que lo excitaba mucho
porque los polvos y las posteriores corridas que recibía yo en mi cara
y boca durante esta semana eran abundantes como ya hace tiempo que no
lo veía. Realmente ya lo había tenido así algún tiempo pero desde hace
mucho optaba por recortármelo en vez de afeitarlo o depilarlo, aún así
era una sensación nueva porque me creía tener 14 años en vez de 35.
Pero llegó el día que todo tuvo una explicación. Yo llegué a mi oficina
de trabajo y saludé con un “buenos días” muy alegre. Todos me miraron y
sólo me respondieron algunos. A mi me escamó mucho que algunos de mis
compañeros no me saludasen hoy y me escamó mucho más las miradas de
alguno de ellos.
Yo me senté en mi mesa y encendí el ordenador dispuesta a hacer el
trabajo de todos los días, grabar datos y más datos, y para colmo hoy
tenia sesión doble de oficina ya que tenía que trabajar también por la
tarde con algunos de mis compañeros para avanzar trabajo, horas extras.
Al sentarme noté una sensación rara
al sentir como las bragas rozaban directamente sobre la piel de mi
coño. Aquello de estar afeitada me estaba empezando a gustar, con
aquella sensación entre mis piernas se me haría más llevadero el
tremendo día de trabajo.
Antes de ponerme a trabajar, abrí
mi correo electrónico y vi un mensaje que me había llegado de mi
marido. Lo abrí y leí que me recogería a las 8 de la tarde en la puerta
de mi oficina para ir a cenar con mi madre a un restaurante famoso de
la ciudad. ¿Le habrían ascendido?, ¿a que se debía aquella cena en un
día de mitad de semana?, seguramente no deja de pensar en mi coñito
afeitado y quiere invitarme a mi y a mi madre para comenzar una loca
noche de sexo. Una vez más, la sensación de humedad en mi raja se me
hacía más palpable gracias a la ausencia de vello. No pensé nada más
sobre el tema y me puse a trabajar.
La mañana transcurrió como todas excepto por un detalle, notaba que mis
compañeros (varones) se acercaban a preguntarme cosas más veces de lo
que era habitual. Algunos sólo me hacían una pregunta más o menos tonta
y se marchaban.
Otros, sin embargo, me miraban
descaradamente el escote de mi camisa e incluso otros llegaban a
preguntarme poniéndose a mi lado y dejando rozar su paquete con mi
hombro.
En cuanto a lo de mi escote, poco
podía hacer porque mi busto en comparación con mi tronco es mucho más
grande, por lo que las tetas siempre hacían que mis blusas se abriesen,
a veces en demasía por arriba dejando al aire mi canalillo. Y respecto
a los roces de sus paquetes con mi hombro, poco podía hacer también
porque realmente me gustaba y estaban consiguiendo que mis braguitas
cada vez estuviesen más húmedas.
- Oye Ramón, ¿sabes quien se queda hoy por la tarde además de tú y yo?
– le pregunté a uno de mis compañeros que se acercó a la mesa.
- Sí, se quedan Miguel, Carlos, Antonio, Jose y Ana.
- ¡Joder!, nos quedamos media oficina ¿no?.
- Sí, es que hay mucho trabajo y el jefe ha decidido que un día se
quede trabajando la mitad de la plantilla y otro la otra mitad.
- Muy bien, así no estaremos tan solos y se hará más llevadero el
trabajar por la tarde, aunque todos esos que has nombrado no me han
dado los buenos días hoy. Supongo que estarán de mal humor por trabajar
tantas horas. – le comenté a Ramón.
- Seguro - me dijo él cuando se retiraba de mi mesa.
Por fin llegó la hora de comer y el alboroto de la oficina era grande.
Unos se preparaban para marcharse a casa y otros, los que nos
quedábamos, nos preparábamos para ir a comer a cualquier bar de la
calle. Nos juntamos en el centro de la oficina para decidir a donde ir.
Los hombres me sonreían al hablar conmigo e incluso Jose me pellizcó el
culo cuando echamos a andar. ¿Sería el perfume?, ¿quizás el peinado?,
¿o acaso intuían que tenia el coño afeitado y estaban todos cachondos?.
Entramos en un bar y nos pedimos
unas hamburguesas y un refresco. El mío no tenia suficiente hielo por
lo que le pedí a Jose, que regresaba del baño, que por favor le llevara
mi vaso a la camarera para que le echase un par de cubitos. Él lo hizo
y desde lejos vi como mientras esperaba a la camarera, sacaba un
tarrito de plástico de su bolsillo y vertía su contenido en mi vaso de
refresco. Cuando volvió no le pregunté nada, simplemente destapé el
vaso para mirar “el hielo” y pude ver en mitad del refresco de cola una
masa liquida blancuzca que flotaba, estaba claro, me había echado semen
en la bebida.
Eso me puso muy cachonda, hay que reconocer que Jose no estaba nada
mal, era un tio atlético y fuerte y me había echado su rico esperma en
el vaso para que me lo bebiese. Pero...¿cómo se había enterado de que a
mi me gustaba aquel rico manjar?.
Cómo comprenderéis, no tuve la
mente clara durante mucho más tiempo si no que debido a la excitación,
me dediqué a comer y a beber con tremendo placer. Cada vez que chupaba
refresco con mi pajita miraba a Jose y veía cómo me observaba con ojos
viciosos siendo consciente de que me estaba tragando su semen poco a
poco.
La comida terminó y yo me dediqué a chupar los cubitos que no se habían
derretido mientras se fumaban un cigarro. Nos dirigimos todos a la
oficina y Jose se acercó a mi diciéndome que estaba muy guapa hoy y me
acarició de nuevo el culo pero esta vez mucho más cariñosamente que le
vez anterior.
La tarde fue pasando y oía de fondo como mis compañeros hablaban y
reían más de lo normal, la ausencia del jefe hacía que se trabajase
menos y más relajadamente. Cuando faltaba media hora para salir, mi
compañera Ana se acercó a mi mesa y me preguntó si la podía acompañar
al lavabo. Así lo hice.
- Oye Carol, tu mesa está un poco retirada de las nuestras pero yo
estoy escuchando unos comentarios muy extraños hoy – me dijo Ana cuando
entramos en el baño.
- ¿Sí? – pregunté-, ¿por qué?, ¿qué dicen?.
- Sobre todo Jose, dicen que en la comida has firmado tu sentencia y
que cuando lleguen las ocho que no se mueva nadie de su sitio.
- ¿Te lo ha dicho a ti eso?
- No, no, se lo estaba diciendo al resto de los chicos, yo simplemente
lo he escuchado.
- ¿Y que más han dicho?.
- Han dicho que iban a bañarte Carol. Yo no tengo ni idea de sus
intenciones pero tengo miedo.
Los ojitos azules de Ana comenzaron a temblar y casi se le escapa un
sollozo. Yo le acaricié su melena negra y me acerqué para abrazarla y
dejarle claro que no tenía nada que temer, aunque yo sí estaba un poco
preocupada. Estuvimos un rato abrazadas y pude notar como mis pezones
se me ponían duros pero lo sorprendente fue que pude sentir como a ella
también se les ponían igual.
- Además, Carol, he podido ver en el ordenador de Carlos una página de
internet donde había un relato. Yo he copiado la dirección y he entrado
para leerlo también y .... verás,... el relato estaba firmado como si
lo hubieses escrito tú. Aparecía tu dirección de correo al final. Eso
es que alguien ha querido gastarte una broma o algo y ahora ellos
planean algo contra ti, por eso tengo miedo.
- Ah, ahora lo entiendo todo.
- ¿Cómo?
- Mira Ana, ese relato lo escribí yo y lo mandé a esa página para que
lo publicaran. Lo que no me imaginaba yo es que estos depravados
leyeran esas cosas en el trabajo. – la cara de Ana era de asombro
total.
- ¿quieres decir que todo lo que pone lo has escrito tú?
- Si
- Joder, pues no sabes lo cachonda que me has puesto. Yo nunca podría
hacer algo así con mi marido aunque muchas veces he fantaseado, como
tú, con esas cosas.
- Oye – le dije-, que no son fantasías. Lo que ahí pone es totalmente
cierto.
La cara de Ana cambió del asombro al deseo. Y para mi asombro me echó
mano a una teta. Me la acarició por encima de la blusa y me recorrió en
canalillo con un dedo mientras me besó cariñosamente la boca.
- No me extraña que los hombres te pidan que le hagas cubanas – me
dijo.
- Oye, que tú también estás muy bien. Mira, a lo mejor tus tetas son un
poco más pequeñas que las mías, pero tu culo es más pequeño y más
apetecible.
- Pero a mi ya se me notan los años, sin embargo tú, mírate pareces 10
años mas joven.
- Pues si has leído mi relato, ya sabes cual es mi secreto. El semen es
la mejor crema de noche que existe para la piel.
- Sí, pero cualquiera le dice a mi marido que necesito su semen
para....
- No seas tonta, si tu marido
no quiere, hay miles de hombres deseando darte su leche. Si quieres
probarlo, un día quedamos y te doy un poco del mío aunque a mi ya se me
está acabando también. Es una pena que no lo vendan en los
supermercados – sonreí.- O también podemos quedar para “cosechar”, como
dice mi madre un poco de lefa y nos la repartimos entre las tres.
- Tu crees que yo sirvo para hacer orgías como las que tu relatas. A mi
me ha gustado siempre montármelo de vez en cuando con una mujer, en la
facultad lo hacía, pero no sé si tendré condiciones para tirarme a
varios hombres a la vez.
- ¡Desnúdate! – le ordené.
Ella se fue quitando la blusa, la falda y los zapatos. La puse frente
al espejo y yo me coloqué detrás de ella. Le metí la mano por la parte
delantera de sus bragas mientras que con la otra le acariciaba las
tetas por encima del sujetador. Noté con mis dedos que su coño era
peludo y su raja era muy grande y estaba caliente, húmeda y dilatada.
Pasé mis dedos por el interior de su chocho y los saqué aún húmedos y
los dirigí a su nariz.
- ¿Tú crees que hay macho que se resista a este olor de hembra? – le
dije.
Ella se metió los dedos en la boca y comenzó a chapármelos
enfurecidamente
- No lo dudes – me dijo – cuando montes otra de tus aventuras llámame
porque yo estaré siempre dispuesta.
Estuvimos un rato más acariciándonos y besándonos y cuando faltaban 5
minutos para las ocho salimos del baño en dirección a nuestra oficina.
Cuando llegamos me encontré con que mi madre y mi marido estaban dentro
esperándome. Todos mis demás compañeros también estaban alrededor de
ellos como si fuesen una comitiva de bienvenida.
- Creí que nunca llegaríais me dijo Jose.
- ¿Qué es todo esto? – pregunté.
- Cariño, resulta que el otro día me encontré con que visitas páginas
guarras y ademas, te dedicas a escribir relatos. Eso a mi me sentó muy
mal porque creía que había plena confianza entre nosotros y que el uno
sabia todo del otro. He visto que no es así y por tanto se me ocurrió
mandar un e-mail a todos tus compañeros para que leyesen tu magnifico
relato. - Dijo mi marido – Ah, y a tu madre también le ha gustado mucho
que le recuerdes viejos tiempos, le has hecho sentir joven otra vez.
- Sí zorra, y nos la has puesto dura a todos – comentó Miguel.
- Sí, y queremos tirarnos a tu madre y a ti, ¿qué te parece?. Así no
tendrás problemas con tus reservas de semen en una buena temporada. –
dijo Carlos mientras comenzaba a tocarle las tetazas a mi madre y esta
le besaba la boca a él.
- ¡Mamá! – le dije - ¿y tu que haces aquí?.
- No seas mema, no es la primera vez que hacemos esto juntas. Vamos a
recolectar a no ser que alguno de estos caballeros tengan alguna
objeción.
Por supuesto, ninguno dijo nada, mi madre era una mujer con 52 años
pero que aparentaba tener 8 o 9 menos, se conserva muy bien gracias a
sus pócimas secretas sementales.
- Acepto con una condición: que Ana también participe con nosotros
porque quiere probar eso de correrse en su cara y recolectar semen con
su boca.
Ya no hubo más palabras. Ramón cerró la puerta y las persianas con lo
que la oficina quedó iluminada solo con la luz de los flexos de cada
mesa. Mi marido se acercó a mí y me puso una venda en los ojos mientras
me tumbaba sobre una de las mesas y me dijo al oído: “te vas a enterar
guarra de lo que es una macro-corrida y luego quiero que la relates
para que todo el mundo la lea”.
Me desnudaron entre todos y pronto
comencé a notar como algunas lenguas se afanaban en lamer mi coño y mis
tetas. No tenia ni idea de quien era cada uno aunque sí que escuchaba
algunos comentarios. Jose decía “joder, que buena está Carol, me
encanta el sabor de su coño”. Entonces escucho como alguien se acerca a
mi cara en una silla con ruedas de oficina. Era Juan
- Cariño, te voy a narrar todo lo que están haciéndote mientras tienes
los ojos tapados. Ahora mismo, Miguel está comiéndole el coño a tu
madre y tu amiga Ana está de rodillas chupandome la polla a mí mientras
que Ramón está comiéndole el culo y el coño a ella. Tú tienes a Carlos,
Antonio y Jose mirándote y rifándose cada uno de tus tesoros, a ver si
adivinas quien es cada uno.
Y se calló. Entonces comencé a escuchar los gemidos de mi compañera que
seguramente ya estaría siendo penetrada por Ramón. Mi marido me
susurraba al oído lo bien que le estaba mamando la polla Ana. Yo noté
entonces como el extremo de una enorme y gorda polla pedía permiso para
entrar en mi boca, la abrí y me dejé embriagar por el sabor de aquel
tremendo pollón. Mezcla entre dulce y salado era una sensación
fantástica aunque solo me pudiese meter el capullo y una pequeña parte
del tronco. ¿Quién de mis compañeros tendría semejante aparato?. Al
momento otro de ellos de subió encima mía y colocó su polla entre mis
tetas, yo me saqué el pollón de la boca para escupir entre mi canalillo
y así pudiese resbalar mucho mejor. Sin embargo, nadie me penetró. Mi
coño no había sido atravesado por ninguna polla.
Entonces mi marido llamó a Miguel y le dijo que trajese el bote. Yo
ignoraba que bote era pero mi marido me susurró al oído una vez más.
- Me han dicho que en la comida te han echado la lefa que brotó de sus
pollas después de leer tu relato en la bebida y te la bebiste con
ganas, ahora vamos a rociarte con la que ha sobrado. Quiero que sepas
que aquí hay leche de tus demás compañeros que no les tocaba trabaja
hoy por la tarde e incluso de tu jefe.
- Sí, sí, leche por favor – dije yo.
El pollón salió de mi boca y alguien me mantuvo con sus manos la boca
abierta mientras sentía como un chorro de espeso semen iba cayendo
dentro. Aquel chorro no parecía tener fin y me rebosaría pronto la
boca. Así fue. Cuando el chorro se terminó, yo cerré la boca para que
lo que no cabiese me saliera por los lados de los labios.
- Mirad, aquí tenéis a vuestra compañera con la boca y la cara llena de
leche. Tal y como os la habéis imaginado – dijo mi marido.
- Joder, que zorra más guarra - dijo Miguel- es cierto que le gusta
sentirlo por su cara. Quitadle el pañuelo para que pueda ver lo que
vamos a hacer con ella.
Me quitaron el pañuelo de los ojos y vi que tenia entre mis tetas a
Antonio y que el del tremendo pollon era Jose. Miguel tampoco estaba
mal dotado y a Ramón y a Carlos no lograba verlos porque estarían con
Ana dándole por todos sus agujeritos. Entonces, levantaron a Ana del
suelo y acercaron a mi madre a donde yo estaba. A ambas las pusieron
agachadas sobre la mesa de tal forma que nuestras caras estaban
prácticamente pegadas.
- AAAhh – grito Ana – Carol, que gusto, me está follando Ramón de una
manera salvaje. Me ha comido el coño como nunca nadie lo ha hecho – y
sin más comenzó a besar mi boca llena de semen.
- Oohh, Oohh – Hija, tu marido es un experto en esto de hacer disfrutar
a las mujeres, me está dando por el culo y no veas lo bien que lo hace
– y mi madre también comenzó a lamerme el semen que me escurría por la
cara.
Yo sin embargo, estaba allí sola en la mesa con la boca, la cara y
parte de mis tetas llenas de semen. Pero no tardó demasiado en que el
tremendo pollon de Jose se colocase en la entrada de mi coñito
rasurado. El comprobó mi humedad metiendome un dedo por la vagina, yo
me sentí estremecer.
Poco a poco fue introduciéndome
aquella polla de dimensiones espectaculares. Sentía que entraba
ajustada y que las paredes de mi coño tenían que dilatarse para dejar
paso a aquel intruso. Parecía que nunca iba a dejar de introducirme
polla hasta que por fin chocó contra mi matriz. La sensación de gusto
que sentí es indescriptible, nunca me había sentido tan empalada como
aquel día, era como si un caballo me la hubiese metido.
- AAAAAhhhh , UMMMHHHhh,¡Vaya pollón que te estás disfrutando!, hija –
me dijo mi madre mientras llegaba a un orgasmo.
A mi no me salían ni los gemidos, comenzó a moverse y mi gusto era cada
vez mayor. Aquella polla en mi boca ya me pareció grande, pero en mi
coño la sentía enorme. Sus embestidas eran brutales y sus choques
contra mi matriz me producían un gusto que nunca había experimentado.
Con un dedo me acariciaba mi vulva mientras que su pollon me reventaba
por dentro a cada empujón. Escuché la voz de mi marido que ahora
parecía estar detrás de Ana.
- Te gusta ¿eh?, luego se lo cuentas a tus lectores. Le cuentas que te
gusta ser follada por una enorme polla.
- Carol, - me dijo Ana que tenia su cara al lado de la mía – tu marido
es un experto, a mi nunca me han dado por el culo y él ha sabido
dilatármelo con besos y saliva y ahora estoy disfrutando como
nuncaaaaAAAAh.
- Cariño, no sabes el culo que tiene tu amiga, el tuyo es bueno y
disfruta uno follandoselo pero no sabes como es de prieto y apetitoso
el de tu compañera. Toma zorra, ¿tu marido no te da la caña que quieres
no? pues disfruta como lo que eres: una gran puta.
- Sí, sí Juan, mi amiga no ha probado la mayoria de las cosas ricas que
sabéis hacer así que no tengáis piedad en hacerla disfrutar. – dije
yo-.
- AAAAhhh , SSIIIIsiiiii, cabrones. – Gritaba Ana en lo que parecía ser
un orgasmo.
Giré la cabeza hacia atrás y de reojo vi como Juan se la follaba por el
culo y Ramón estaba sentado en el suelo propinándole una señora mamada
en su coño peludo. Estaba claro que estaba disfrutando como una zorra
auntentica.
Mientras Jose seguía penetrándome y yo le ordené que me cogiese las
tetas. Le pregunté que si es que no le gustaba verlas como se movían
cuando me embestía. En seguida, me las cogió.
- Puta, sabes como calentar aun tio ¿verdad? – me dijo él – escupe en
mi mano – me ordenó mientras me la acercaba a la boca.
A mi me quedaba poco semen porque al hablar y al moverme se me habia
salido todo mojándome así la cara y las tetas, el otro poco, me lo
había tragado sin querer. Yo le escupí en la mano y él la llevó a mi
culo dándome un relajante masaje con sus dedos húmedos. Me puso uno de
los cojines que usa Carlos en su silla para levantármelo y así quedar
mucho más accesible.
- Te vas a enterar zorra, te voy a partir en dos. – amenazó Jose.
- Sí, si metemela por el culo, déjame sentir lo que es tener una polla
así dentro.
Colocó su polla a la entrada de mi ano y poco a poco fue empujando. Yo
sentí un dolor increíble. Le supliqué que me la sacase pero no me hizo
caso. Poco a poco fue penetrándome analmente con su aparato y yo
pensaba que me partiría en dos, me ardia el culo. Intenté relajarme
para no prestar más resistencia a lo inevitable y entonces entró. Tenia
una polla de al menos 22 cms dentro de mi culo y 3 dedos dentro de mi
coño y el dolor fue convirtiéndose poco a poco en un placer cada vez
mayor.
Yo gritaba, mi madre gritaba y Ana gritaba. Después de unos momentos,
Juan empezó a gritar.
- ANA!!!!!! Eres una ricura de mujer, ¿por qué no te habremos conocido
antes?. AAAAAAAAAhhhhh, AAAAAhhhh, SSSiiiiiii – Mi marido se estaba
corriendo dentro de Ana.
- Ssíii cabrón ssiii, correte, correte dentro que gusto, ahhhhh – Una
de dos, o Ana se estaba corriendo de nuevo o estaba aprendiendo muy
deprisa a cómo ser una auntentica puta.
La sorpresa fue cuando Juan la cogió en brazos y la subió encima de la
mesa donde yo estaba tumbada boca arriba. Le ordenó ponerse en
cuclillas para que su coño quedase a la altura de mi boca. Así lo hizo
y empezó a chorrearle todo el semen que mi marido había dejado dentro
de se coño. Yo abrí la boca y me dejé llevar por la sensación de estar
totalmente empalada por el culo y el coño y recibiendo lechecita
caliente en mi boca. La corrida era importante porque salió una buena
cantidad de leche de dentro de Ana.
Entonces mi madre me besó en la boca y yo le traspasé todo el semen
para que ella lo escupiese dentro de un tarro de cristal. La recolecta
había empezado.
Ana se bajó de la mesa y se colocó
de nuevo agachada sobre ella para que cualquiera de los cabrones
salidos que estaban allí la follaran como mejor pudiesen. Fue Ramón
quien continuó follandose a Ana y duro un par de minutos. Cuando se iba
a correr, sacó su polla y se dirigió hacia donde Ana y yo teníamos
nuestras caras.
Le pidió a Ana que abriese la boca.
Yo que con mis manos acariciaba las tetas de mi madre y de Ana le hice
una señal para que se acercase más a mi, así, su cara quedaba justo
encima de la mía.
Ana abrió la boca y de vez en
cuando le daba un chupeton en su capullo mientras él se masturbaba con
la mano. Yo solte las tetas de mi madre que continuaron bamboleándose
con las arremetidas de Carlos y dirigí un dedo a la boca de ella para
que me lo humedeciera, después se lo introduje a Ramón en el culo y
éste comenzó a echar chorros de leche inmensos sobre la cara y boca de
Ana. Una señora corrida de la que parte pudo Ana retener en la boca y
otra parte le chorreaba por la cara e iba a caer a la mía.
- Que rico Ramón, que buena corrida, me estás bañando la cara – le
decía Ana.
- AAAAAahhhhh – gritaba – sois unas putas,SSSSSiiiiii,,SSSIiiiII CoÑo!!!
Ana se la traspasó a mi madre con un tremendo beso y esta la escupió en
el tarro. Mi madre me paso el dedo por la cara recogiéndome la leche de
Ramón, me la acercaba a la boca para después metermela dentro y que yo
se la traspasara.
Ana comenzó de nuevo a moverse porque ahora estaba siendo follada por
Miguel. Carlos se colocó encima mía, se puso en la postura justa para
hacer un 69. Me metió su polla peluda dentro de la boca y comenzó a
chuparme el coño mientras Jose mantenía los dedos dentro.
Estaba claro que Carlos no quería
una mamada porque lo que estaba haciendo era follarme por la boca. Sus
embestidas hacían que su polla llegase a mi garganta y me saltase las
lagrimas en unos intentos tremendos por no vomitar.
El rimel y la pintura de mis ojos
se me corrieron por las lagrimas y el semen y no me permitían ver bien,
aunque lo único que podía ver era el culo de Carlos encima de mi cara.
En un acto reflejo típico de una auntentica zorra, Ana, escupió en su
ano lo que me posibilitó que le metiese un dedo de mi mano. Él
intensificó la comida que le propinaba a mi coño y a los 20 segundos
estabamos los dos corriéndonos como unos animales.
- AAAAAhh SsiiSSii, cabrón, UUUUummm, aaaaaahhAA!!!!!! - Intentaba yo
gritar con su polla en la boca.
- Puta ssssiiiiiii, aaaaahh trágatelo, trágatelo zorrraaaaa, mueve el
dedo del culo siiiiiii.!!!!
Yo sentía como sus potentes chorros de lefa chocaban en mi garganta y
en mi lengua. Es cierto que su polla no era como la de Jose pero tenía
unos huevos muy grandes capaces de fabricar todo ese esperma que me
inundaba la boca. No me lo tragué pero cuando Carlos se reincorporó yo
abrí la boca para que pudiese ver la gran cantidad de leche que le
había ordeñado. Él me miró con cara de vicio y yo le guiñé un ojo antes
de cerrar la boca y tragármelo todo. Estaba realmente bueno. Para los
que no lo han probado les diré que a todos lo hombres no les sabe el
semen igual y aquel estaba delicioso.
- Me lo he tragado pero no quiero quedarme sin él así que hazte una
paja y damelo, por favor.
Pasó con mi madre para que le hiciese una mamada y le consiguiese sacar
de nuevo un poco de semen. De pronto siento que Antonio se sube a la
mesa y coloca su polla entre mis tetas y comienzo a hacerle una cubana.
Por fin Jose deja de metermela por el culo y vuelve a clavarme su polla
en el coño.
- Joder!, Anda que la corrida que has tenido, tienes el chocho empapado
en fluidos, te lo voy a partir zorra.
Sus gemidos se confundian con los mios y los mios con los de Antonio y
los de Antonio con los de Miguel y Ana.
- ¡Me corro!, que tetas tan ricas, me corroooooo. – dijo Antonio.
Ana se colocó con su cara encima de la mia y recibió la corrida en
plena boca. Me pidió que abriese la mía y dejó caer de la suya, toda la
leche que le había dado Antonio. Yo se la traspasé a mi madre para que
lo echara en el tarro. Ya solo quedaban por correrse Jose y Miguel por
lo que Miguel le pidió a Ana que se pusiese sobre mí como si fuésemos a
hacer un 69 ella y yo. Así lo hizo y entonces Miguel comenzó a penetrar
a Ana por el coño mientras que dejaba al alcance de mi boca sus huevos,
que por cierto estaban con el vello rapadito.
Jose y Miguel comenzarón a
follarnos endiabladamente y de vez en cuando sacaban sus pollas para
meternosla en nuestras bocas. Yo le chupaba los huevos a Miguel, su
polla y la vulva de Ana y ella hacia lo mismo con Jose y conmigo.
Como por arte de magia, los cuatro
llegamos al orgasmo y ambos se corrieron dentro de nosotras. Cuando
Miguel sacó su polla de Ana empezó a brotar semen de su interior que yo
me encargaba de recoger con mi boca mientras le chupba su peludo coño
para dejarlo bien limpito pelo por pelo. Sin embargo, ella no llegaba
al mío y fue mi madre la que arrodillada intentaba poner el tarro en la
entrada de mi coño para “recolectar” la tremenda corrida de Jose que me
había llenado el coño por completo.
Al final no fue mucha la cantidad
de semen “recolectada”, y mucho menos cuando tuvimos que dividirla
entre tres. Ahora me pregunto que dirá el marido de Ana cuando la vea
por las noches con la cara brillante de una crema desconocida.
Quiero saludar de nuevo a todos mis compañeros de la oficina que
participaron, ellos saben quien son, a mi marido y a mi madre. Espero
haber sido lo más fiel posible a los hechos. También quiero saludar a
todos los que me enviaron sus comentarios en el primer relato, Gracias,
me gusta mucho que me escriban, soy así de tonta y me ilusiono con
nada.
PD - Ahora, además de mí es mi madre y Ana las que piensan que es una
pena que se desperdicie tanto semen con este relato.
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