Yo, Patricia, soy
físicamente bastante atractiva, y no es que sea un creida, es la pura
verdad, ¿para qué voy a mentir?. Mido 1,74, delgadita, 95 de pecho, rubia
con media melena y ojos azules. Tengo una cinturita estrecha y un culo
prieto y firme. He cumplido 29 años hace escasos días.
Gregorio tiene un año
más que yo y es de mi estatura, de complexión normal (más bien delgado),
moreno, pelo corto, ojos marrones. Y en la cama es una máquina :)) En
definitiva, un chico que sin llamar la atención resulta muy grato a la
vista.
La experiencia que os
queremos contar tuvo lugar el pasado diciembre. Por nuestro sex-shop
empezó a acudir con frecuencia un hombre maduro, bastante atractivo y con
cuerpo de gimnasio. Debía tener unos cuarenta y pico, pero aparentaba
menos. Era educadísimo, y se hizo cliente habitual nuestro.
Cada tres ó cuatro días
se pasaba por aquí y alquilaba unas cuantas películas o compraba alguna
revista. También, en alguna ocasión, compró alguna que otra prenda
íntima, de mujer, ya que también tenemos algunos artículos de lencería
erótica (bodys, medias, tangas, ...), por lo que deducimos que estaría
casado o bién tenía pareja.
Por suerte tenemos
bastante confianza mutua, y yo no me corto en decirle a cual de los
clientes me gustaría follarme y él hace lo mismo. Sobre todo nos pone muy
calientes cuando parejas o mujeres vienen a comprar consoladores o
vibradores, por que nos imaginamos a esas personas en sus casas en plena
acción.
Una tarde (esto me lo
contó posteriormente mi marido, ya que yo estaba de compras), llegó aquel
tipo y alquiló un par de películas. Luego, mientras Gregorio metía las
cintas en una bolsa y le devolvía el cambio, el hombre le preguntó si la
mujer que trabajaba allí (o sea yo) era su mujer o simplemente una
dependienta que tenía contratada. Mi marido le dijo que yo era su esposa,
a lo que este tipo respondió que tenía mucha suerte por estar casado con
una mujer tan atractiva.
Mi marido le sonrió y le
agradeció el cumplido. Acto seguido, comentó también : "¿Te acuerdas de
las medias y el tanga que me llevé la semana pasada?, a lo que Gregorio
respondió : "Sí, creo que me acuerdo, era un conjunto de color negro, y
también te llevaste un sujetador, ¿verdad?". "En efecto, menuda compra
hice, por la noche estuvimos liados hasta altas horas de la madrugada, mi
mujer estaba de muerte con eso puesto, me encanta verla con ese tipo de
lencería, y a ti?". Mi marido se quedó unos segundos pensativo y
simplemente añadió : "Sí, a mí tambien me gusta mucho, y es un tipo de
ropa que se vende muchísimo últimamente".
Estuvieron un rato
hablando, y antes de marcharse hizo algunos comentarios que pusieron un
poco nervioso a mi marido. "Tu mujer debe estar imponente con este tipo
de ropa puesta,¿no?. Podriamos quedar una noche y que ambas hicieran un
numerito erótico para nosotros" (dijo medio en broma). Gregorio no dijo
nada y se despidió de aquel hombre, que por cierto se llamaba Salvador, y
por la noche me lo contó.
Al cabo de una semana,
estábamos los dos en el sex-shop y apareció Salvador acompañado de una
mujer, físicamente muy atractiva, con el pelo rizado teñido de rubio
platino, exhuberante, muy maquillada y con una 120 de pecho por lo menos.
Él se acercó a saludar a Gregorio y ella se quedó mirando los artículos
de lencería y los consoladores.
Después, mi marido me lo
presentó, y al acercarme para darle dos besos, él me miró de arriba a
abajo fijándose especialmente en mi escote. Cuando se acercó su mujer nos
la presentó, se llamaba Milagros, y curiosamente ví como Gregorio la
miraba del mismo modo que Salvador había hecho conmigo. Pero era normal,
como os decía la tía estaba muy buena y las tetas que tenía eran
impresionantes.
Nos preguntaron acerca
de los consoladores con "chupones". Para los que no lo sepais, son un
tipo de consolador que hay que se pegan en superficies lisas mediante un
chupón o ventosa, así a la chica le quedan ambas manos libres, puede
moverse con comodidad y el consolador no se mueve del sitio. Además
resulta muy excitante a la vista del chico. Les enseñamos unos cuantos
modelos y eligieron uno en particular, de los mas caros, de color negro,
medía 30 centímetros.
Resumiendo, los cuatro
nos caimos muy bién y antes de marcharse nos invitaron a pasar el fin de
semana en un chalet que tenían en las afueras. Mi marido, sin saber muy
bién que decir (tened en cuenta que apenas los conociamos) me miró a mí,
para ver que opinaba yo. Le dije que me parecía muy bien, total no
teniamos planes para ese fin de semana, así que les pedimos el número de
teléfono y quedamos en que los llamariamos.
Esa noche, cuando
estábamos en la cama, Gregorio me preguntó al oído si me gustaría
follarme a Salvador mientras él lo hacía con su esposa. A mí solo de
escuchar eso se me mojó el coño, y le agarré la polla guiándola hasta mi
coño y echamos un polvo de vicio. Me excitó mucho escuchar como salían de
la boca de mi marido frases como : "ummm, me gustaría tener en la boca el
coño de Milagros, comérselo mientras te follo a tí, y verte con el rabo
de Salvador en la boca esperando ansiosa su leche, con esa cara de puta
que tienes".
No quiero alargar
excesívamente el relato con más detalles y pasaré a los hechos concretos.
Sábado, ocho de la tarde. Telefoneamos a nuestros nuevos amigos, nos
explicaron donde tenían el chalet y nos dirigimos hacia allí. El plan era
charlar, ver alguna película, cenar,... Gregorio iba vestido normal, con
un vaquero y una camisa. Yo llevaba una falda que me llegaba hasta las
rodillas, color azul oscuro, pero con una abertura en el lado que llegaba
casi hasta los muslos. Debajo, un conjunto negro compuesto por medias,
liguero, tanga y sujetador.
Les dió mucha alegría
vernos y enseguida trajeron unas bebidas. Salvador se dedicaba a la
enseñanza, y Milagros era jefa de sección en unos grandes almacenes. Nos
enseñaron el chalet, que tenían impecáblemente amueblado e incluso
disponía de gimnasio y piscina interior.
Una anécdota curiosa y
que nos puso muy calientes tanto a mí como a Gregorio fué que cuando nos
enseñaron las habitaciones, en la de ellos, y sobre la cama, había una
cámara de vídeo junto a un consolador y una "fusta" de esas que se
utilizan en el sadomasoquismo para azotar. ¡Menuda pareja de cachondos
estaban hechos estos dos!. Ah, y Milagros iba vestida de una manera que
no se diferenciaba en nada de las putas de la Casa de campo. Tan atrevida
y provocativa que rozaba la ordinariez, y muy maquillada, como era
costumbre en ella.
La minifalda que llevaba
era de cuero, cortísima, y cuando digo "cortísima" me refiero a que la
primera vez que se sentó ya supe de color tenía las bragas, o el tanga
mejor dicho. Este detalle no pasó desapercibido para Gregorio, que cada
vez que hablaba con ella no sabía a donde mirar. También llevaba una
blusa color negro, ajustada, bastante juvenil, y cuyos primeros botones
tenía desabrochados, dejando ver buena parte de esas tetas que parecían
hacer fuerza para salir de allí, retenidas en un minúsculo sujetador.
Después de la cena
pusimos música y nos sentamos en un amplio y cómodo sofá. Entre copa y
copa fuimos poniendonos cada vez más alegres y, por qué no decirlo,
"cachondos". Hubo un momento en que Gregorio se levantó para ir al
servicio, y Milagros, muy picarona ella, se dió cuenta de algo en lo que
yo no me había fijado : el enorme bulto que tenía mi esposo en el
pantalón. Entonces me dijo susurrándome al oido :
"Creo que a tu marido el
alcohol le afecta muy positívamente, míralo, vas a tener que hacer algo
para socorrerlo, si no va a romper el pantalón". Salvador escuchó el
comentario y añadió : "No me extraña nada con lo buena que estais las
dos". Y al terminar de decir esto le agarró una teta a su mujer y se puso
a morrearla. Mientras estaban enzarzados aproveché para servirme otra
copa y cuando los volví a mirar me veo a Milagros con un pecho fuera del
sujetador y a Salvador tocándoselo con todo el descaro del mundo,
morreándola y mirándome a mí de reojo.
Cuando llegó mi marido
se quedó asombrado al ver a estos dos en ese plán, y notó en mis ojos que
yo estaba muy caliente. Al poco tiempo pararon, Milagros se metió la teta
de nuevo en el sujetador, y nos miraron sonriendo. "¿Qué te parece
Milagros?" (preguntó Salvador a mi marido). "Es una mujer muy guapa y
simpática" contestó escuetamente. "Vamos, habla claro, no te cortes, yo
te digo sinceramente que Patricia está de muerte y que mi mujer y yo
pensamos muchas veces en ella cuando follamos". Al escuchar esto nos
quedamos de piedra, no nos molestó en absoluto, al contrario, nos gustó.
"¿Te gustaría chuparle
las tetas a mi mujer?" le preguntó Salvador a Gregorio. Mi esposo me
miró, y le dije que podía hablar tranquilo, que no me molestaría nada de
lo que dijera, y poco a poco me puse a acariciarle el paquete por encima,
notando que la tenía completamente dura. "No solo me gustaría chuparle
las tetas, sino que me gustaría comerle el coño, follármela, y hacerle de
todo".
Yo no daba crédito a lo
que acaba de salir por la boca de mi marido, y a decir verdad sus
palabras hicieron que se me manchara el tanga de flujo, me sentía arder
el chocho. Milagros, de repente, sacó la polla de su marido del pantalón
y agarrándola firmemente con la mano me dijo : "Mira que polla tiene mi
marido, Patricia, me encanta comérsela y ver como penetra otros coños, ¿a
tí no?". A esas alturas yo estaba completamente lanzada, y le dije que
Salvador me parecía muy atractivo y que no me importaría follármelo, y
que de hecho lo estaba deseando.
Entonces, Milagros se
levantó y se sentó junto a mi marido, acercaron las bocas y se pusieron a
morrearse. Mi marido no tardó ni dos minutos en sacarle las tetas por
encima de la blusa, estaba liándose con una mujer delante de mis narices
y eso me daba mucho morbo. Ella le agarró la polla y se puso a pajearlo.
Gregorio estaba como loco disfrutando de aquellos dos grandes melones,
¡incluso a mí me estaban dando ganas de chuparlos!. Ella estaba
espatarrada, con la falda por la cintura y con la mano de mi marido
sobándole el chocho.
Salvador me cogió de la
mano y me llevó a otra habitación, exáctamente a aquella en la cual
habíamos visto la cámara y la fusta sobre la cama. Nos dimos un largo
beso, y él mismo me fué quitando la ropa poco a poco. Me quedé solo con
las medias puestas, y él me pidió que por favor me quedase un momento de
pié mientras él observaba detenídamente mi cuerpo y se tocaba la polla
léntamente.
Yo me puse a andar por
la habitación de manera sensual, moviendo mi cuerpo de manera provocativa
y lo miraba pasando la lengua por los labios, en plan furcia. Me sentía
como una auténtica puta, exhibiéndome para un hombre que no era mi
esposo, y que además iba a follárme con su propio consentimiento. Y hay
que añadir el morbo de que en esos momentos ¡su mujer hacía lo mismo con
mi marido!.
Salvador me indicó que
me tumbase en la cama, y lo hice, quedando boca arriba y él a mi lado
derecho. Acercó su lengua a mi cuello y empezó a pasarla suavemente, de
vez en cuando lo hacía por mis labios para morrearme. Luego se puso
encima mía y mientras me agarraba una teta, me chupaba la otra. Me
encantaba sentirme entregada a aquel hombre maduro, y sentía su caliente
polla rozar mi pubis. Le agarré el culo y empujé contra mí para sentir
bién el contacto de su enorme verga, claramente más grande que la de
Gregorio.
Noté sus gordos
testículos rozando mi clítoris, ¡estaba deseando sentir su polla dentro!
Fuí yo misma la que se la agarré con la mano y me la traté de introducir,
pero él no me dejó. Tenía otros planes. Me sentó en una silla y a
continuación me ató de pies y manos. Me asusté un poco pero a la vez
estaba excitada, sabía que no me iba a pasar nada malo pero estaba algo
nerviosa porque con Gregorio nunca había hecho cosas de ese tipo. Cuando
quedé totalmente inmovil, se acercó y me puso la polla en la boca. Ummm,
sentir ese olor a polla y a hombre maduro...¡qué maravilla!. Mi lengua
recorría milímetro a milímetro su rabo gordo y a veces se echaba más para
delante y me pasaba los cojones por la cara.
Me folló la boca,
moviendo sus caderas hacia adelante-atrás muy rápidamente, y yo me la
tragaba hasta el fondo, tanto que incluso notaba los cojones golpear mis
labios. Empezó a decirme cosas tales como "Sí zorra, chupa, chupa bien
esta polla, furcia, hay que ver como te gustan las pollas, no solo la de
tu marido...SINO TODAS!!".
A mí este tipo de
vocabulario ordinario me pone muy caliente, además empezó a ponerse más
brusco y, abriendo su mano, me estampó una ostia en la mejilla que me la
dejó un rato colorada. Comenzó a meterme la polla cada vez con más fuerza
en la boca, casi no me dejaba ni respirar, y además con sus manos, aparte
de darme cachetadas en la cara, empezó a pellizcarme los pezones con
fuerza. Eso me produjo una sensación nueva para mí, una mezcla de dolor y
placer que me gustaba.
Como vió que me iba la
marcha, trajo dos pinzas de tender la ropa y me puso una en cada pezón.
Al principio pegué un gran grito porque sentí mucho dolor, y él hizo el
amago de quitármelas pero yo le dije que no, que no me las quitara. Así
que me las dejó puestas y para rematar, sacó un consolador y empezó a
metérmelo rápidamente por el coño a la vez que me insultaba y me llamaba
de todo.
Me desató las manos y yo
misma me introduje el consolador lo más rápido y fuerte que pude. Él,
mientras, se masturbaba, sin parar de insultarme... incluso comenzó a
escupir sobre mis tetas y cara. Con una de mis manos le agarré la polla
y comencé a pajearlo, con la otra seguía metiéndome el consolador.
Salvador estaba a punto de correrse y yo quería que lo hiciese sobre mis
pechos. Me excitaba que una polla que no era la de mi marido me echase la
leche encima y sentir caer el líquido caliente sobre mi cuerpo. Ví como
cerró los ojos, no pudo contenerse y de su polla comenzaron a brotar
varios chorreones de esperma que cayeron diréctamente en mis tetas.
Me desató totalmente y
me ofreció un cigarrillo, que acepté encantada. No habiamos acabado de
fumárnoslo cuando ya estábamos calientes de nuevo. Esta vez me dijo (más
bien me "ordenó") que me pusiera a cuatro patas. Yo esperaba ansiosa
recibir su polla dentro puesto que aun no me había follado, y tenía el
chocho que me ardía. Afortunádamente, al poco tiempo mi cuerpo quedó
electrizado al sentir un trozo caliente de carne rozar mi clítoris desde
atrás. Además hubo algo que no esperaba, y es que el muy vicioso ¡comenzó
a meterme un dedo en el culo!. Sus manos me agarraron las dos tetas y
comenzó la fabulosa penetración. Noté la diferencia de tamaño entre su
rabo y el de mi esposo.
Salvador me follaba de
manera salvaje, me tiraba de los pelos y se escuchaba el sonido de sus
cojones sudosos chocando contra mi coño. "Sigue, sigue, más fuerte,
fóllame más fuerte y rápido", le pedía yo, aunque a duras penas me salían
las palabras de tanto gustazo que estaba recibiendo. Algunas veces me la
sacaba para pasar el capullo por fuera de mi coño y luego me la volvía a
meter.
De repente, paró y me
dijo : "Patricia, ahora voy a azotarte con la fusta y quiero que cada vez
que recibas un azote digas 'soy una furcia y me encantan las pollas' , y
tambien quiero que al mismo tiempo te pellizques los pezones, ok?".
Acepté encantada, pero antes le dije que quería volver a chupársela un
poco, y nos enzarzamos en un maravilloso 69. Salvador utilizaba la lengua
de maravilla, y cuanto más gusto me daba él, con más ansia le comía yo la
polla y los huevos.
Total, que empezamos con
el jueguecito y, poniéndome de nuevo a cuatro patas, recibí mi primer
azote en el culo, al mismo tiempo que recibía su morcilla en mi chochazo.
"¡Soy una furcia y me encantan las pollas!" dije entre gemidos. Y a los
pocos segundos, otra vez, ¡Plaf! (azote en el culo), y yo como buena
zorra volví a decir "¡Soy una furcia y me encantan las pollas".
Paulatinamente Salvador
iba incrementando la intensidad de los azotes, y cuanto más fuerte me los
daba más placer sentía yo. ¡Plaf! (azote en el culo) : "¡Soooy una furcia
y me encaaantan las pollaaasssss!", y de nuevo otra vez y más fuerte ¡PLAF!
¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! (se volvió loco de excitación y
comenzó a azotarme muchas veces seguidas sin darme tiempo a decir nada).
El coño me chorreaba
líquidos, y perdí la cuenta de las veces que me corrí. Escuchaba de fondo
la agitada respiración de Salvador. Le acaricié los cojones mientras me
la metía (sé que esto le dá mucho placer a los hombres), y por mi boca
seguían saliendo frases que jamás hubiera imaginado pronunciar... "¡Siiiii,
si cabrón, pégame y fóllame a la vez, veeenga, más rápido y fuerte!, ¡Soy
una furcia y me encantan las pollas, soy una guarra!". "Ay cabrón que
placer me dás, ¡que placeeer!, aaay, aaay, aaaaaaayyyyyyyyyyy!!!!!!!!!".
Salvador soltó la fusta
y rápidamente sacó su verga de mi coño. Me cogió con sus fuertes brazos y
me dió la vuelta violéntamente, quedando boca arriba sobre la cama. Se
puso a cascársela sobre mi boca y yo al mismo tiempo le daba lenguetazos
por todo el capullo, ¡y menuda delicia sentir en mi lengua el chorrito
caliente de esperma que salió de manera abundante de su rabo!. Después
con sus manos extendió la leche por mi cuerpo y nos dimos un largo beso
que duró varios minutos. Menudo polvazo me había echado el muy cabrón, y
no creais que acabó ahí la cosa.
Nos vestimos y nos
dirigimos al salón, allí contemplé una escenita de lo más excitante :
Milagros estaba a cuatro patas y Gregorio se la follaba por atrás.
Seguídamente, Salvador se acercó a ellos y comenzó a chuparle los pechos
a su esposa. Luego se puso abajo de ella (a la vez que mi marido seguía
follándosela) y puso la boca a la altura de su coño. Entonces comenzó a
comérselo y, sorprendéntemente, ¡también lamió los cojones de mi marido y
el trozo de polla que sobresalía del chocho!.
Me volví a desnudar
rápidamente, y me puse junto a ellos para observar la escena de cerca.
"¡Patricia, acércate nena, quiero comerte el coño!" me dijo Milagros. Así
que puse mi coño delante de su cara y ella comenzó a darme lametazos.
"¡Mira cariño!" comencé a decirle a mi marido, "¡Mira que bién me come el
chocho la puta de Milagros!", "¡Dale más fuerte mi amor, fóllatela bién,
clávasela a fondo para que me meta la lengua más adentro!" decía yo
eufórica perdida.
Mi marido se follaba a
Milagros con tanta pasión que con la brusquedad de los movimientos a
veces ella me clavaba hasta los dientes en el coño. Pasados unos minutos
me cambié de posición, y puse mi cara cerca de la polla de mi marido para
ver bien como se follaba a la cachonda de Milagros. Salvador, mientras
tanto, seguía lamiendo los huevos de Gregorio y yo me uní a él. "Me
encanta comerle los huevos a tu marido, Patricia" me dijo Salvador. Esto
me daba un morbazo indescriptible, o sea que un hombre me dijera eso y
además verlo yo de cerca. Me uní a él y los dos juntos comenzamos a
chupar tanto los cojones de Gregorio como el chocho de Milagros.
Cuando vimos que mi
marido estaba a punto de correrse, Salvador dijo : "Milagros, date la
vuelta y abre la boca que Gregorio va a llenarte la boquita de leche y
toda la cara. Tú, Patricia, no pararás de lamerle los huevos a tu marido
hasta que eche la última gota, y yo me dedicaré a su culo, ¿de acuerdo?".
Pues dicho y hecho,
Milagros se puso tumbada boca arriba y mi marido se la metió en la boca.
Yo lamía con muchas ganas los huevos de mi marido, para proporcionarle el
máximo placer y que se corriera agusto en la boca de una mujer que no era
su esposa. A escasos centímetros de mi lengua se encontraba la de
Salvador, totálmente dedicada al ano de mi esposo. Milagros, cogiendo una
de mis manos la llevó a sus tetas. Se las sobé bien sin sacarme de la
boca los cojones de Gregorio, y cuando ví que éste se iba a correr, le
cogí el rabo con la mano y lo pajée disfrutando de la visión de como le
llenaba la boca y la cara de semen a la mujer de Salvador.
Después descansamos un
rato. Milagros me dejó un camisón y ella se puso otro Fuí con ella a la
cocina a por algo de beber, "Nuestros hombres tienen que recuperar
fuerzas, aun queda mucha noche" dijo ella. Al llegar al salón nuestros
maridos habían puesto una película porno, ¡ideal para calentarnos de
nuevo! pensé yo.
Me senté en un sofá
biplaza junto a Gregorio, y Milagros en otro con su marido. Ellos no
tardaron mucho en meterse mano de nuevo, y Salvador le había sacado ya
las tetas por encima del camisón y aparte le sobaba el coño. Hé de decir
que, aunque jamás me había considerado bisexual, la realidad era que el
cuerpo de Milagros me excitaba una barbaridad.
De repente, ella llamó a
mi marido, mientras Salvador se tumbaba completamente desnudo en la
alfombra. "Ven, acércate tu también, Patricia, siéntate aquí conmigo que
los chicos van a deleitarnos con un numerito sorpresa". Yo no sabía
exáctamente a que se refería pero le hice caso, así que me senté junto a
ella y, cuando miré de nuevo a los chicos, no pude evitar que un
escalofrío recorriese mi cuerpo ya que delante de mis narices estaba mi
esposo HACIÉNDOLE UNA ESPECTACULAR MAMADA A SALVADOR, ¡y cómo lo hacía! ,
no solo me sorprendió esto sino lo bién que Gregorio engullía la verga,
¡lo hacía fenomenal!.
Milagros acercó su mano
a mi chocho y se puso a pajearme, yo lógicamente hice lo mismo. También
nos tocábamos las tetas y nos dábamos besos con lengua. Yo hacía todo
esto sin dejar de mirar a los chicos, que en esos momentos ya estaban
enfrascados en un 69. ¡Qué maravilla verlos comiéndose las pollas!.
Decidí entonces tomar la
iniciativa y le sugerí a ella de hacer nosotras lo mismo. No había
acabado de hablar cuando Milagros ya estaba encima mía comiéndose mi
chocho con devoción y yo hacía lo mismo, mirando siempre de reojo como
Gregorio se comía su primera polla, y como se la comían a él.
La sensación de comerme
un coño me resultó muy placentera, y también debo confesar que de todas
las personas que estaban allí, Milagros era la que mejor movía la lengua.
Con sus manos me abría los labios, así su lengua podía penetrar más
dentro. También me gustaba mucho sentir sus tetas sobre las mías, sobre
todo cuando se unían nuestro pezones. Es una experiencia que toda mujer
debería probar.
Pasaron varios minutos
en los cuales yo me mantuve con los ojos cerrados debído al placer que
sentía, incluso por momentos creí que iba a desmayarme. Las dos sudábamos
como cerdas, pero no parábamos de chuparnos los coños. Sin embargo, hubo
algo que nos hizo detenernos. Empecé a sentir por mis piernas un líquido
caliente que caía en abundancia sobre ellas, y luego sobre mi cara
comenzó a caer también dicho líquido resbalando desde los muslos de
Milagros.
Levanté la cabeza, y me
ví a nuestros maridos MEANDO SOBRE NOSOTRAS y, para más morbo, AMBOS
TENÍAN LA CARA LLENA DE LECHE, y nos miraban con cara de viciosos
mientras lo hacían. Tuve varios orgasmos mientras mi cuerpo recibía la
meada, además entre nosotras nos dábamos masajes esparciendo todo el orín
y luego nos volvimos a chupar los coños y las tetas.
Después de esto nos
dirigimos a la piscina y nos dimos un buén baño, era la guinda del
pastel, había sido una excitante noche llena de nuevas y placenteras
experiencias. Ah, y aún quedaba una pequeña sorpresilla. ¿os acordais que
en la habitación donde me folló Salvador, habíamos visto una camara de
video al entrar?, pues resulta que antes de irnos a casa, ¡Salvador vá y
nos dá una cinta que contenía nuestro polvazo!. El muy cabrón había
puesto a grabar la cámara y yo no me dí ni cuenta. En fín, como
supondreis la visionamos muy a menudo en nuestra intimad y luego nos
pegamos unas folladas de infarto recordándolo todo.
Ahora mismo Milagros y Salvador se
encuentran fuera de España por motivos laborales, pero ya hemos hablado
varias veces por teléfono y sin lugar a dudas vamos a reperir la
experiencia.
Contactos
reales con gente de tu ciudad:
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