.:: OTROS RELATOS ::.

  "Intercambio de parejas alucinante".

 

 Somos Patricia y Gregorio, una pareja felízmente casada y que desde hace tres años vive en Madrid. Nos conocimos en Badajoz, ya que los dos somos de allí, estuvimos de novios cuatro años y por fín nos casamos. Sin embargo, no nos iban bien las cosas económicamente y al poco tiempo decidimos venir aquí a Madrid y probar suerte invirtiendo en nuestro propio negocio, un sex-shop. Por suerte, ahora mismo todo marcha fenomenal y somos muy felices en todos los aspectos.

Yo, Patricia, soy físicamente bastante atractiva, y no es que sea un creida, es la pura verdad, ¿para qué voy a mentir?. Mido 1,74, delgadita, 95 de pecho, rubia con media melena y ojos azules. Tengo una cinturita estrecha y un culo prieto y firme. He cumplido 29 años hace escasos días.

Gregorio tiene un año más que yo y es de mi estatura, de complexión normal (más bien delgado), moreno, pelo corto, ojos marrones. Y en la cama es una máquina :)) En definitiva, un chico que sin llamar la atención resulta muy grato a la vista.

La experiencia que os queremos contar tuvo lugar el pasado diciembre. Por nuestro sex-shop empezó a acudir con frecuencia un hombre maduro, bastante atractivo y con cuerpo de gimnasio. Debía tener unos cuarenta y pico, pero aparentaba menos. Era educadísimo, y se hizo cliente habitual nuestro.

Cada tres ó cuatro días se pasaba por aquí y alquilaba unas cuantas películas o compraba alguna revista. También, en alguna ocasión, compró alguna que otra prenda íntima, de mujer, ya que también tenemos algunos artículos de lencería erótica (bodys, medias, tangas, ...), por lo que deducimos que estaría casado o bién tenía pareja.

Por suerte tenemos bastante confianza mutua, y yo no me corto en decirle a cual de los clientes me gustaría follarme y él hace lo mismo. Sobre todo nos pone muy calientes cuando parejas o mujeres vienen a comprar consoladores o vibradores, por que nos imaginamos a esas personas en sus casas en plena acción. 

Una tarde (esto me lo contó posteriormente mi marido, ya que yo estaba de compras), llegó aquel tipo y alquiló un par de películas. Luego, mientras Gregorio metía las cintas en una bolsa y le devolvía el cambio, el hombre le preguntó si la mujer que trabajaba allí (o sea yo) era su mujer o simplemente una dependienta que tenía contratada. Mi marido le dijo que yo era su esposa, a lo que este tipo respondió que tenía mucha suerte por estar casado con una mujer tan atractiva.

Mi marido le sonrió y le agradeció el cumplido. Acto seguido, comentó también : "¿Te acuerdas de las medias y el tanga que me llevé la semana pasada?, a lo que Gregorio respondió : "Sí, creo que me acuerdo, era un conjunto de color negro, y también te llevaste un sujetador, ¿verdad?". "En efecto, menuda compra hice, por la noche estuvimos liados hasta altas horas de la madrugada, mi mujer estaba de muerte con eso puesto, me encanta verla con ese tipo de lencería, y a ti?". Mi marido se quedó unos segundos pensativo y simplemente añadió : "Sí, a mí tambien me gusta mucho, y es un tipo de ropa que se vende muchísimo últimamente". 

Estuvieron un rato hablando, y antes de marcharse hizo algunos comentarios que pusieron un poco nervioso a mi marido. "Tu mujer debe estar imponente con este tipo de ropa puesta,¿no?. Podriamos quedar una noche y que ambas hicieran un numerito erótico para nosotros" (dijo medio en broma). Gregorio no dijo nada y se despidió de aquel hombre, que por cierto se llamaba Salvador, y por la noche me lo contó. 

Al cabo de una semana, estábamos los dos en el sex-shop y apareció Salvador acompañado de una mujer, físicamente muy atractiva, con el pelo rizado teñido de rubio platino, exhuberante, muy maquillada y con una 120 de pecho por lo menos. Él se acercó a saludar a Gregorio y ella se quedó mirando los artículos de lencería y los consoladores.

Después, mi marido me lo presentó, y al acercarme para darle dos besos, él me miró de arriba a abajo fijándose especialmente en mi escote. Cuando se acercó su mujer nos la presentó, se llamaba Milagros, y curiosamente ví como Gregorio la miraba del mismo modo que Salvador había hecho conmigo. Pero era normal, como os decía la tía estaba muy buena y las tetas que tenía eran impresionantes. 

Nos preguntaron acerca de los consoladores con "chupones". Para los que no lo sepais, son un tipo de consolador que hay que se pegan en superficies lisas mediante un chupón o ventosa, así a la chica le quedan ambas manos libres, puede moverse con comodidad y el consolador no se mueve del sitio. Además resulta muy excitante a la vista del chico. Les enseñamos unos cuantos modelos y eligieron uno en particular, de los mas caros, de color negro, medía 30 centímetros.

Resumiendo, los cuatro nos caimos muy bién y antes de marcharse nos invitaron a pasar el fin de semana en un chalet que tenían en las afueras. Mi marido, sin saber muy bién que decir (tened en cuenta que apenas los conociamos) me miró a mí, para ver que opinaba yo. Le dije que me parecía muy bien, total no teniamos planes para ese fin de semana, así que les pedimos el número de teléfono y quedamos en que los llamariamos.

Esa noche, cuando estábamos en la cama, Gregorio me preguntó al oído si me gustaría follarme a Salvador mientras él lo hacía con su esposa. A mí solo de escuchar eso se me mojó el coño, y le agarré la polla guiándola hasta mi coño y echamos un polvo de vicio. Me excitó mucho escuchar como salían de la boca de mi marido frases como : "ummm, me gustaría tener en la boca el coño de Milagros, comérselo mientras te follo a tí, y verte con el rabo de Salvador en la boca esperando ansiosa su leche, con esa cara de puta que tienes".

No quiero alargar excesívamente el relato con más detalles y pasaré a los hechos concretos. Sábado, ocho de la tarde. Telefoneamos a nuestros nuevos amigos, nos explicaron donde tenían el chalet y nos dirigimos hacia allí. El plan era charlar, ver alguna película, cenar,... Gregorio iba vestido normal, con un vaquero y una camisa. Yo llevaba una falda que me llegaba hasta las rodillas, color azul oscuro, pero con una abertura en el lado que llegaba casi hasta los muslos. Debajo, un conjunto negro compuesto por medias, liguero, tanga y sujetador. 

Les dió mucha alegría vernos y enseguida trajeron unas bebidas. Salvador se dedicaba a la enseñanza, y Milagros era jefa de sección en unos grandes almacenes. Nos enseñaron el chalet, que tenían impecáblemente amueblado e incluso disponía de gimnasio y piscina interior.

Una anécdota curiosa y que nos puso muy calientes tanto a mí como a Gregorio fué que cuando nos enseñaron las habitaciones, en la de ellos, y sobre la cama, había una cámara de vídeo junto a un consolador y una "fusta" de esas que se utilizan en el sadomasoquismo para azotar. ¡Menuda pareja de cachondos estaban hechos estos dos!. Ah, y Milagros iba vestida de una manera que no se diferenciaba en nada de las putas de la Casa de campo. Tan atrevida y provocativa que rozaba la ordinariez, y muy maquillada, como era costumbre en ella.

La minifalda que llevaba era de cuero, cortísima, y cuando digo "cortísima" me refiero a que la primera vez que se sentó ya supe de color tenía las bragas, o el tanga mejor dicho. Este detalle no pasó desapercibido para Gregorio, que cada vez que hablaba con ella no sabía a donde mirar. También llevaba una blusa color negro, ajustada, bastante juvenil, y cuyos primeros botones tenía desabrochados, dejando ver buena parte de esas tetas que parecían hacer fuerza para salir de allí, retenidas en un minúsculo sujetador. 

Después de la cena pusimos música y nos sentamos en un amplio y cómodo sofá. Entre copa y copa fuimos poniendonos cada vez más alegres y, por qué no decirlo, "cachondos". Hubo un momento en que Gregorio se levantó para ir al servicio, y Milagros, muy picarona ella, se dió cuenta de algo en lo que yo no me había fijado : el enorme bulto que tenía mi esposo en el pantalón. Entonces me dijo susurrándome al oido :

"Creo que a tu marido el alcohol le afecta muy positívamente, míralo, vas a tener que hacer algo para socorrerlo, si no va a romper el pantalón". Salvador escuchó el comentario y añadió : "No me extraña nada con lo buena que estais las dos". Y al terminar de decir esto le agarró una teta a su mujer y se puso a morrearla. Mientras estaban enzarzados aproveché para servirme otra copa y cuando los volví a mirar me veo a Milagros con un pecho fuera del sujetador y a Salvador tocándoselo con todo el descaro del mundo, morreándola y mirándome a mí de reojo.

Cuando llegó mi marido se quedó asombrado al ver a estos dos en ese plán, y notó en mis ojos que yo estaba muy caliente. Al poco tiempo pararon, Milagros se metió la teta de nuevo en el sujetador, y nos miraron sonriendo. "¿Qué te parece Milagros?" (preguntó Salvador a mi marido). "Es una mujer muy guapa y simpática" contestó escuetamente. "Vamos, habla claro, no te cortes, yo te digo sinceramente que Patricia está de muerte y que mi mujer y yo pensamos muchas veces en ella cuando follamos". Al escuchar esto nos quedamos de piedra, no nos molestó en absoluto, al contrario, nos gustó. 

"¿Te gustaría chuparle las tetas a mi mujer?" le preguntó Salvador a Gregorio. Mi esposo me miró, y le dije que podía hablar tranquilo, que no me molestaría nada de lo que dijera, y poco a poco me puse a acariciarle el paquete por encima, notando que la tenía completamente dura. "No solo me gustaría chuparle las tetas, sino que me gustaría comerle el coño, follármela, y hacerle de todo".

Yo no daba crédito a lo que acaba de salir por la boca de mi marido, y a decir verdad sus palabras hicieron que se me manchara el tanga de flujo, me sentía arder el chocho. Milagros, de repente, sacó la polla de su marido del pantalón y agarrándola firmemente con la mano me dijo : "Mira que polla tiene mi marido, Patricia, me encanta comérsela y ver como penetra otros coños, ¿a tí no?". A esas alturas yo estaba completamente lanzada, y le dije que Salvador me parecía muy atractivo y que no me importaría follármelo, y que de hecho lo estaba deseando. 

Entonces, Milagros se levantó y se sentó junto a mi marido, acercaron las bocas y se pusieron a morrearse. Mi marido no tardó ni dos minutos en sacarle las tetas por encima de la blusa, estaba liándose con una mujer delante de mis narices y eso me daba mucho morbo. Ella le agarró la polla y se puso a pajearlo. Gregorio estaba como loco disfrutando de aquellos dos grandes melones, ¡incluso a mí me estaban dando ganas de chuparlos!. Ella estaba espatarrada, con la falda por la cintura y con la mano de mi marido sobándole el chocho. 

Salvador me cogió de la mano y me llevó a otra habitación, exáctamente a aquella en la cual habíamos visto la cámara y la fusta sobre la cama. Nos dimos un largo beso, y él mismo me fué quitando la ropa poco a poco. Me quedé solo con las medias puestas, y él me pidió que por favor me quedase un momento de pié mientras él observaba detenídamente mi cuerpo y se tocaba la polla léntamente.

Yo me puse a andar por la habitación de manera sensual, moviendo mi cuerpo de manera provocativa y lo miraba pasando la lengua por los labios, en plan furcia. Me sentía como una auténtica puta, exhibiéndome para un hombre que no era mi esposo, y que además iba a follárme con su propio consentimiento. Y hay que añadir el morbo de que en esos momentos ¡su mujer hacía lo mismo con mi marido!.

Salvador me indicó que me tumbase en la cama, y lo hice, quedando boca arriba y él a mi lado derecho. Acercó su lengua a mi cuello y empezó a pasarla suavemente, de vez en cuando lo hacía por mis labios para morrearme. Luego se puso encima mía y mientras me agarraba una teta, me chupaba la otra. Me encantaba sentirme entregada a aquel hombre maduro, y sentía su caliente polla rozar mi pubis. Le agarré el culo y empujé contra mí para sentir bién el contacto de su enorme verga, claramente más grande que la de Gregorio. 

Noté sus gordos testículos rozando mi clítoris, ¡estaba deseando sentir su polla dentro! Fuí yo misma la que se la agarré con la mano y me la traté de introducir, pero él no me dejó. Tenía otros planes. Me sentó en una silla y a continuación me ató de pies y manos. Me asusté un poco pero a la vez estaba excitada, sabía que no me iba a pasar nada malo pero estaba algo nerviosa porque con Gregorio nunca había hecho cosas de ese tipo. Cuando quedé totalmente inmovil, se acercó y me puso la polla en la boca. Ummm, sentir ese olor a polla y a hombre maduro...¡qué maravilla!. Mi lengua recorría milímetro a milímetro su rabo gordo y a veces se echaba más para delante y me pasaba los cojones por la cara. 

Me folló la boca, moviendo sus caderas hacia adelante-atrás muy rápidamente, y yo me la tragaba hasta el fondo, tanto que incluso notaba los cojones golpear mis labios. Empezó a decirme cosas tales como "Sí zorra, chupa, chupa bien esta polla, furcia, hay que ver como te gustan las pollas, no solo la de tu marido...SINO TODAS!!". 

A mí este tipo de vocabulario ordinario me pone muy caliente, además empezó a ponerse más brusco y, abriendo su mano, me estampó una ostia en la mejilla que me la dejó un rato colorada. Comenzó a meterme la polla cada vez con más fuerza en la boca, casi no me dejaba ni respirar, y además con sus manos, aparte de darme cachetadas en la cara, empezó a pellizcarme los pezones con fuerza. Eso me produjo una sensación nueva para mí, una mezcla de dolor y placer que me gustaba. 

Como vió que me iba la marcha, trajo dos pinzas de tender la ropa  y me puso una en cada pezón. Al principio pegué un gran grito porque sentí mucho dolor, y él hizo el amago de quitármelas pero yo le dije que no, que no me las quitara. Así que me las dejó puestas y para rematar, sacó un consolador y empezó a metérmelo rápidamente por el coño a la vez que me insultaba y me llamaba de todo.

Me desató las manos y yo misma me introduje el consolador lo más rápido y fuerte que pude. Él, mientras, se masturbaba, sin parar de insultarme... incluso comenzó a escupir sobre mis tetas y cara. Con una de mis manos  le agarré la polla y comencé a pajearlo, con la otra seguía metiéndome el consolador. Salvador estaba a punto de correrse y yo quería que lo hiciese sobre mis pechos. Me excitaba que una polla que no era la de mi marido me echase la leche encima y sentir caer el líquido caliente sobre mi cuerpo. Ví como cerró los ojos, no pudo contenerse y de su polla comenzaron a brotar varios chorreones de esperma que cayeron diréctamente en mis tetas. 

Me desató totalmente y me ofreció un cigarrillo, que acepté encantada. No habiamos acabado de fumárnoslo cuando ya estábamos calientes de nuevo. Esta vez me dijo (más bien me "ordenó") que me pusiera a cuatro patas. Yo esperaba ansiosa recibir su polla dentro puesto que aun no me había follado, y tenía el chocho que me ardía. Afortunádamente, al poco tiempo mi cuerpo quedó electrizado al sentir un trozo caliente de carne rozar mi clítoris desde atrás. Además hubo algo que no esperaba, y es que el muy vicioso ¡comenzó a meterme un dedo en el culo!. Sus manos me agarraron las dos tetas y comenzó la fabulosa penetración. Noté la diferencia de tamaño entre su rabo y el de mi esposo. 

Salvador me follaba de manera salvaje, me tiraba de los pelos y se escuchaba el sonido de sus cojones sudosos chocando contra mi coño. "Sigue, sigue, más fuerte, fóllame más fuerte y rápido", le pedía yo, aunque a duras penas me salían las palabras de tanto gustazo que estaba recibiendo. Algunas veces me la sacaba para pasar el capullo por fuera de mi coño y luego me la volvía a meter.

De repente, paró y me dijo : "Patricia, ahora voy a azotarte con la fusta y quiero que cada vez que recibas un azote digas 'soy una furcia y me encantan las pollas' , y tambien quiero que al mismo tiempo te pellizques los pezones, ok?".  Acepté encantada, pero antes le dije que quería volver a chupársela un poco, y nos enzarzamos en un maravilloso 69. Salvador utilizaba la lengua de maravilla, y cuanto más gusto me daba él, con más ansia le comía yo la polla y los huevos. 

Total, que empezamos con el jueguecito y, poniéndome de nuevo a cuatro patas, recibí mi primer azote en el culo, al mismo tiempo que recibía su morcilla en mi chochazo. "¡Soy una furcia y me encantan las pollas!" dije entre gemidos. Y a los pocos segundos, otra vez, ¡Plaf! (azote en el culo), y yo como buena zorra volví a decir "¡Soy una furcia y me encantan las pollas".

Paulatinamente Salvador iba incrementando la intensidad de los azotes, y cuanto más fuerte me los daba más placer sentía yo. ¡Plaf! (azote en el culo) : "¡Soooy una furcia y me encaaantan las pollaaasssss!", y de nuevo otra vez y más fuerte ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! ¡PLAF! (se volvió loco de excitación y comenzó a azotarme muchas veces seguidas sin darme tiempo a decir nada). 

El coño me chorreaba líquidos, y perdí la cuenta de las veces que me corrí. Escuchaba de fondo la agitada respiración de Salvador. Le acaricié los cojones mientras me la metía (sé que esto le dá mucho placer a los hombres), y por mi boca seguían saliendo frases que jamás hubiera imaginado pronunciar... "¡Siiiii, si cabrón, pégame y fóllame a la vez, veeenga, más rápido y fuerte!, ¡Soy una furcia y me encantan las pollas, soy una guarra!". "Ay cabrón que placer me dás, ¡que placeeer!, aaay, aaay, aaaaaaayyyyyyyyyyy!!!!!!!!!".

Salvador soltó la fusta y rápidamente sacó su verga de mi coño. Me cogió con sus fuertes brazos y me dió la vuelta violéntamente, quedando boca arriba sobre la cama. Se puso a cascársela sobre mi boca y yo al mismo tiempo le daba lenguetazos por todo el capullo, ¡y menuda delicia sentir en mi lengua el chorrito caliente de esperma que salió de manera abundante de su rabo!. Después con sus manos extendió la leche por mi cuerpo y nos dimos un largo beso que duró varios minutos. Menudo polvazo me había echado el muy cabrón, y no creais que acabó ahí la cosa.

Nos vestimos y nos dirigimos al salón, allí contemplé una escenita de lo más excitante : Milagros estaba a cuatro patas y Gregorio se la follaba por atrás. Seguídamente, Salvador se acercó a ellos y comenzó a chuparle los pechos a su esposa. Luego se puso abajo de ella (a la vez que mi marido seguía follándosela) y puso la boca a la altura de su coño. Entonces comenzó a comérselo y, sorprendéntemente, ¡también lamió los cojones de mi marido y el trozo de polla que sobresalía del chocho!.

Me volví a desnudar rápidamente, y me puse junto a ellos para observar la escena de cerca. "¡Patricia, acércate nena, quiero comerte el coño!" me dijo Milagros. Así que puse mi coño delante de su cara y ella comenzó a darme lametazos. "¡Mira cariño!" comencé a decirle a mi marido, "¡Mira que bién me come el chocho la puta de Milagros!", "¡Dale más fuerte mi amor, fóllatela bién, clávasela a fondo para que me meta la lengua más adentro!" decía yo eufórica perdida. 

Mi marido se follaba a Milagros con tanta pasión que con la brusquedad de los movimientos a veces ella me clavaba hasta los dientes en el coño. Pasados unos minutos me cambié de posición, y puse mi cara cerca de la polla de mi marido para ver bien como se follaba a la cachonda de Milagros. Salvador, mientras tanto, seguía lamiendo los huevos de Gregorio y yo me uní a él. "Me encanta comerle los huevos a tu marido, Patricia" me dijo Salvador. Esto me daba un morbazo indescriptible, o sea que un hombre me dijera eso y además verlo yo de cerca. Me uní a él y los dos juntos comenzamos a chupar tanto los cojones de Gregorio como el chocho de Milagros.

Cuando vimos que mi marido estaba a punto de correrse, Salvador dijo : "Milagros, date la vuelta y abre la boca que Gregorio va a llenarte la boquita de leche y toda la cara. Tú, Patricia, no pararás de lamerle los huevos a tu marido hasta que eche la última gota, y yo me dedicaré a su culo, ¿de acuerdo?".

Pues dicho y hecho, Milagros se puso tumbada boca arriba y mi marido se la metió en la boca. Yo lamía con muchas ganas los huevos de mi marido, para proporcionarle el máximo placer y que se corriera agusto en la boca de una mujer que no era su esposa. A escasos centímetros de mi lengua se encontraba la de Salvador, totálmente dedicada al ano de mi esposo. Milagros, cogiendo una de mis manos la llevó a sus tetas. Se las sobé bien sin sacarme de la boca los cojones de Gregorio, y cuando ví que éste se iba a correr, le cogí el rabo con la mano y lo pajée disfrutando de la visión de como le llenaba la boca y la cara de semen a la mujer de Salvador.

Después descansamos un rato. Milagros me dejó un camisón y ella se puso otro  Fuí con ella a la cocina a por algo de beber, "Nuestros hombres tienen que recuperar fuerzas, aun queda mucha noche" dijo ella. Al llegar al salón nuestros maridos habían puesto una película porno, ¡ideal para calentarnos de nuevo! pensé yo.

Me senté en un sofá biplaza junto a Gregorio, y Milagros en otro con su marido. Ellos no tardaron mucho en meterse mano de nuevo, y Salvador le había sacado ya las tetas por encima del camisón y aparte le sobaba el coño. Hé de decir que, aunque jamás me había considerado bisexual, la realidad era que el cuerpo de Milagros me excitaba una barbaridad. 

De repente, ella llamó a mi marido, mientras Salvador se tumbaba completamente desnudo en la alfombra. "Ven, acércate tu también, Patricia, siéntate aquí conmigo que los chicos van a deleitarnos con un numerito sorpresa". Yo no sabía exáctamente a que se refería pero le hice caso, así que me senté junto a ella y, cuando miré de nuevo a los chicos, no pude evitar que un escalofrío recorriese mi cuerpo ya que delante de mis narices estaba mi esposo HACIÉNDOLE UNA ESPECTACULAR MAMADA A SALVADOR, ¡y cómo lo hacía! , no solo me sorprendió esto sino lo bién que Gregorio engullía la verga, ¡lo hacía fenomenal!. 

Milagros acercó su mano a mi chocho y se puso a pajearme, yo lógicamente hice lo mismo. También nos tocábamos las tetas y nos dábamos besos con lengua. Yo hacía todo esto sin dejar de mirar a los chicos, que en esos momentos ya estaban enfrascados en un 69. ¡Qué maravilla verlos comiéndose las pollas!. 

Decidí entonces tomar la iniciativa y le sugerí a ella de hacer nosotras lo mismo. No había acabado de hablar cuando Milagros ya estaba encima mía comiéndose mi chocho con devoción y yo hacía lo mismo, mirando siempre de reojo como Gregorio se comía su primera polla, y como se la comían a él.

La sensación de comerme un coño me resultó muy placentera, y también debo confesar que de todas las personas que estaban allí, Milagros era la que mejor movía la lengua. Con sus manos me abría los labios, así su lengua podía penetrar más dentro. También me gustaba mucho sentir sus tetas sobre las mías, sobre todo cuando se unían nuestro pezones. Es una experiencia que toda mujer debería probar. 

Pasaron varios minutos en los cuales yo me mantuve con los ojos cerrados debído al placer que sentía, incluso por momentos creí que iba a desmayarme. Las dos sudábamos como cerdas, pero no parábamos de chuparnos los coños. Sin embargo, hubo algo que nos hizo detenernos. Empecé a sentir por mis piernas un líquido caliente que caía en abundancia sobre ellas, y luego sobre mi cara comenzó a caer también dicho líquido resbalando desde los muslos de Milagros.

Levanté la cabeza, y me ví a nuestros maridos MEANDO SOBRE NOSOTRAS y, para más morbo, AMBOS TENÍAN LA CARA LLENA DE LECHE, y nos miraban con cara de viciosos mientras lo hacían. Tuve varios orgasmos mientras mi cuerpo recibía la meada, además entre nosotras nos dábamos masajes esparciendo todo el orín y luego nos volvimos a chupar los coños y las tetas.

Después de esto nos dirigimos a la piscina y nos dimos un buén baño, era la guinda del pastel, había sido una excitante noche llena de nuevas y placenteras experiencias. Ah, y aún quedaba una pequeña sorpresilla. ¿os acordais que en la habitación donde me folló Salvador, habíamos visto una camara de video al entrar?, pues resulta que antes de irnos a casa, ¡Salvador vá y nos dá una cinta que contenía nuestro polvazo!. El muy cabrón había puesto a grabar la cámara y yo no me dí ni cuenta. En fín, como supondreis la visionamos muy a menudo en nuestra intimad y luego nos pegamos unas folladas de infarto recordándolo todo. 

Ahora mismo Milagros y Salvador se encuentran fuera de España por motivos laborales, pero ya hemos hablado varias veces por teléfono y sin lugar a dudas vamos a reperir la experiencia.

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