Lo que os quiero
relatar ocurrió un viernes hacia el medio día, tras una noche en la que
yo y Marcos habíamos estado de copas por el centro, en la que tras
deambular por muchos bares y pubs, habíamos cogido una cogorcia de tres
pares de pelotas pero no nos habíamos comido un rosco.
Nos levantamos
pasadas las doce del medio día, y como a esas horas ya era mejor no
presentarse en la universidad, decidimos de algún modo, y siendo ya
viernes, alargar la juerga hasta el fin de semana.
Marcos sugirió
entonces que como aperitivo podríamos tomarnos unos cupitos de un
excelente orujo de hiervas que había traído de su tierra y que lo
acompañáramos fumando un par de canutos para "animar el alma".
Accedí a sus
sugerencias, y al ir a preparar los deseados porros nos encontramos con
que ninguno de los dos tenia tabaco rubio, ya que normalmente, paradojas
de la vida, los dos fumábamos tabaco negro.
Marcos ya estaba
apoltronado en el sofá con la tele encendida. – Pues yo ya pongo el
chocolate – me dijo para darme a entender que el no iba a bajar a comprar
tabaco.
Por otro lado, a mi
se me antojaba el orujo y los canutos un desayuno un poco fuerte. Así que
asintiendo con la cabeza, me puse un chándal y me dispuse a ir a comprar
el tabaco y aprovechar para tomarme un café con leche en el bar más
cercano, y de ese modo preparar el cuerpo para lo que vendría después.
Cogí el ascensor y al
llegar al vestíbulo me encontré con una bonita figura que movía
graciosamente el culo mientras barría con una escoba la parte más cercana
a la puerta que daba a la calle.
Pase despacio por su
lado y le di los buenos días. Debía de tener unos treinta años, morena,
con media melena que le llegaba apenas a los hombros, delgada y bastante
guapa.
No se por que, cuando
ya estaba alcanzando la acera, me di repentinamente la vuelta y me dirigí
a ella:
Perdona, ¿No
tendrás un cigarrillo rubio? Por favor.
La chica se quito los
auriculares de un Walkman que llevaba puesto y me dijo:
Perdón, ¿Cómo
dices?
Le repetí la pregunta
y ella saco un paquete de nobel del bolsillo y se dispuso a entregármelo
con una sonrisa en los labios.
Llevaba una bata de
trabajo de color azul abotonada por la parte delantera, y en un bolsillo
que tenia a la altura de su pecho izquierdo podía leerse el nombre de una
empresa de limpieza. Caí en la cuenta de que la chica, o más bien señora,
puesto que era mayor que yo, no estaba nada mal.
No se que es lo que
me izo intentar seguir la conversación, quizás la calentura de no haberme
comido nada la noche anterior, el caso es que decidí probar el grado de
su generosidad:
¿Seria mucho
pedirte que me dieras otro? Veras, es que estoy con un amigo y
queremos liarnos unos canutos. ¿sabes?
Me miro sin modificar
un milímetro la sonrisa de su cara, saco otro cigarrillo del paquete y me
lo ofreció. Al cogerlo, y sin ni yo mismo saber a donde quería ir a parar
le dije:
Si quieres,
puedes subir y te invitamos a unas caladas.
Yo no fumo esas
cosas. – Contesto sin dejar de sonreír.
Bueno, pues no
fumes si no quieres. Pero si te apetece, también tenemos un orujo de
hiervas casero que esta buenísimo, un chupito si que te lo puedes
tomar, en compensación al tabaco que te hemos "gorreado".
Se quedo pensativa
unos instantes y sonrió mas profundamente en silencio, y cuando yo
pensaba que se iba a dar la vuelta y marcharse dejándome a mí con un
palmo de narices, contesto:
Bueno, un chupito
si que me lo tomaría.
Nos metimos los dos
en el ascensor con escoba y todo, y mientras subíamos intente seguir con
la conversación:
Nunca te había
visto antes en esta escalera.
Pues vengo dos
veces a la semana. – Me contesto.
Bueno, claro, es
que nosotros nunca estamos por las mañanas. Somos estudiantes, lo que
pasa es que hoy hemos hecho campana.
Llegamos al rellano y
me dispuse a abrir la puerta. Le indique con un gesto que entrara y ella
espero en el recibidor a que yo cerrase la puerta. En esos momentos se
escuchaba la voz de Marcos desde el salón:
¡Joder, Víctor!
Si que as corrido, aun no he preparado el orujo.
Pues prepara tres
chupitos, por que tenemos una invitada. – Conteste yo cuando el aun
no podía vernos.
Entramos en el salón
y Marcos se quedo mirándonos sin entender de donde había salido aquella
chica, además, tan solo llevaba puesto un pantalón corto, y se miraba a
si mismo pensando que no era forma de recibir a una visita.
Es la chica que
limpia nuestra escalera. – Le dije. – Por cierto, que aun no se como
te llamas. – Continué yo dirigiéndome a ella.
Me llamo Lola. –
Contesto.
Bien, pues yo soy
Víctor y este que ves medio desnudo en el sofá es Marcos. – Dije yo
con una maliciosa sonrisa mirando a Marcos.
Durante unos
instantes nos quedamos los tres en silencio, mirándonos unos a otros, y
comprendiendo que Marcos aun no sabia de que iba la película dije:
Ha tenido el
detalle de darnos dos cigarrillos, y en compensación he decidido
invitarla a probar el orujo de tu tierra
¡Ah! Perfecto. –
Dijo Marcos. – Voy a preparar tres chupitos.
Marcos se fue a la
cocina y yo le dije a la chica que tomara asiento. Dejo la escoba apoyada
al lado de la puerta y se sentó en el centro del tresillo que tenemos
frente a la mesita de cristal.
Mi compañero regreso
con tres vasitos y la botella sin marca alguna de aguardiente, lleno los
tres vasos y acto seguido nosotros dos empezamos a confeccionar los
deseados canutos. Mientras hacíamos esto entablamos una banal
conversación entre los tres, donde le explicamos que éramos estudiantes
de medicina en la universidad, que los dos proveníamos de otra provincia
y que convivíamos en ese piso.
Acto seguido,
empezamos a interrogar suavemente a la chica, que nos contó que estaba
casada, y que ya llevaba bastante tiempo viniendo a limpiar nuestra
portería. A todo esto, ya habíamos dado cuenta de los tres chupitos, y
antes de encender los dos porretes que acabábamos de hacer, Marcos volvió
a llenar los tres vasitos, preguntando a nuestra invitada que le parecía
el orujo.
Esta muy bueno,
es muy suave y entra muy bien.
Esta claro que le
gustaba el aguardiente de hierbas, pero mas claro estaba que a Marcos le
gustaba la chica, pues no dejaba de mirarle las piernas y la pequeña
abertura que la bata dejaba entrever por encima de sus rodillas.
Yo encendí mi porro y
vi que Marcos se quedaba con el suyo entre los dedos sin prenderle fuego.
Mientras tanto seguía hablando con la chica y la animaba a que siguiera
bebiendo. Los dos nos habíamos dado cuenta de que la chica no aguantaba
mucho el alcohol, y la verdad es que aquel orujo era bastante fuerte en
grados.
Empezamos a pasarnos
el canuto entre Marcos y yo, al tiempo que mojábamos nuestros labios en
el vaso de orujo, e incitábamos así a que la chica siguiera bebiendo.
Acto seguido, Marcos le ofreció el porro, pero ella lo rechazo,
repitiendo que no fumaba mas que tabaco.
Los dos insistimos en
que probara un par de caladas, ya que además el tabaco que llevaba era
suyo. El caso es que tras varias negativas, y casi acosándola nosotros
para que lo probara viendo que el alcohol hacia los lógicos efectos en
ella, accedió a pegarle un par de caladas.
Mientras fumaba, nos
ocupábamos de mantener lleno su vaso. No habíamos planeado nada, pero tal
como se iban desarrollando los acontecimientos, Tanto marcos como yo
pensábamos que ahí había un posible polvo.
A la chica le estaba
gustando el "costo" tanto como el orujo, y nosotros animábamos la escena
haciéndola reír lo mas que podíamos. Sin dejar de ofrecerle orujo, Marcos
encendió el segundo porro, y tras darle dos cortas caladas cada uno, se
lo ofrecimos a la chica, que a esas alturas ya daba muestras de estar
bajo los efectos de las dos drogas.
No dejaba de reírse
diciendo que no sabia lo que se le había subido a la cabeza, si el
"chocolate" o el orujo. En estas, Marcos ya había puesto la mano en su
pierna, y la acariciaba poco a poca haciendo subir la bata de la chica
hasta que casi podían verse sus bragas.
Ella, en el estado en
que se encontraba, ni siquiera se lo recrimino. Se limito a decirle sin
poder parar de reírse:
¿Pero que haces?
¡Pues no me esta metiendo mano!
En esos momentos, y
viendo que Marcos tenia ya su mano a punto de rozar las bragas de la
chica, yo empecé a acariciar su pecho derecho por encima de la bata, que
es el que tenia mas cerca.
Tampoco a mi me
recrimino la acción. Estaba recostada en el sofá, con la cabeza apoyada
en el respaldo, en una mano el porro y en la otra el chupito, y no dejaba
de reírse. Tenia las piernas un poco entreabiertas, lo que indicaba que
Marcos le estaba acariciando el coño por encima de las bragas, y yo
pasaba mi mano de una teta a la otra con la mayor impunidad.
Ella no ofrecía la
mínima resistencia, simplemente seguía con sus risas y se dejaba hacer,
estaba parcialmente borracha, hasta el punto que casi se quema los dedos
cuando se consumió el ultimo porro.
Comenzamos entonces
Marcos y yo a desabrochar los botones de la bata, y cuando los tuvimos
todos sueltos descubrimos que debajo únicamente llevaba la ropa interior.
Tras apartar la bata hacia los lados, la chica quedo entre nosotros
contemplando su propio cuerpo, riéndose aun mas ante la situación de
verse entre los dos recostada en el sofá, y mostrándonos el bonito
conjunto de bragas y sujetador rojo que llevaba.
Entonces Marcos y yo
cambiamos los frentes de ataque, el empezó a magrearle las tetas
directamente por debajo del sujetador, y entre sus dedos aparecieron unos
erectos pezones sonrosados que daban muestra de la calentura que estaba
adquiriendo nuestra invitada.
Mientras ella seguía
riéndose al ver las manos de Marcos jugando en sus tetas, yo le frotaba
el coño por encima de las bragas cada vez mas rápido y con mas fuerza, y
empezaba a notar la humedad de sus jugos, e incluso mis dedos notaban
como se iba abriendo el camino hacia el interior de su vagina.
La chica se dejaba
magrear sumisamente, se mantenía pasiva, con las manos inertes a los
lados de su cuerpo, sin dejar de reírse y la mirada perdida en el techo,
mientras Marcos había sustituido una de sus manos por su boca, y mientras
con la mano izquierda le sobaba una teta, con la otra le sujetaba el
pecho derecho y succionaba y lamía con su lengua el otro pezón.
Mientras tanto, yo me
había abierto camino desde la parte alta de sus bragas, y mis dedos
habían llegado hasta el centro mismo de su sexo bajo ellas. Empecé a
introducir lentamente mi dedo en su coño, y ella dejo por un momento las
risas y se mordió el labio inferior al tiempo que emitía un determinante
gemido.
Aunque ella seguía en
su estado de pasividad, se notaba que la sesión de masturbación a que la
estábamos sometiendo hacia sus lógicos efectos. Seguía sin mover sus
manos de al lado de sus caderas, pero ahora sus puños se cerraban
agarrando con fuerza la tela del sofá, al tiempo que repetidamente su
lengua asomaba para recorrer y humedecer sus labios.
Pero llego el momento
en que Marcos decidió que ya estaba bien de tanta pasividad. Rápidamente
se quito el pantalón corto y los calzoncillos que llevaba puestos y dejo
libre su pene, que estaba totalmente erecto por la calentura que ofrecía
la situación.
Acto seguido, le
cogió una mano a la chica, y mientras volvía a dirigir su habida boca
hacia sus tetas, hizo que ella le cogiera firmemente la polla y empezara
a pajearlo. Ella no puso traba alguna, y comenzó con su mano un
movimiento acompasado hacia arriba y hacia abajo que únicamente detenía
para pasar de vez en cuando la mano por sus huevos, y tras un par de
caricias, regresaba rápidamente a la sabia masturbación de la polla.
Mientras tanto yo
también me despoje de mi ropa, y acto seguido, me decidí a quitarle
enteramente las bragas a la chica, que ahora se reía y gemía de una
manera mas acorde al gusto que le estábamos proporcionando, aunque, a
parte de la mano que estaba pajeando a Marcos, seguía quieta y mirando
hacia el techo con la boca abierta, si bien es cierto que su respiración
y sus gemidos eran mucho mas acelerados.
Una vez que la tuve
sin bragas, le separe las piernas para dedicarme a jugar otro poco con su
coño. La estampa era singular, puesto que ya la teníamos prácticamente
acostada en el sofá, con su bata azul totalmente abierta a los lados de
su cuerpo, el sujetador desabrochado y casi a la altura del cuello,
Marcos a un lado parcialmente sobre ella haciéndole una espectacular
comida de tetas mientras ella no dejaba de pajearle la polla con una mano
mientras que con la otra seguía agarrando fuertemente la tela del sofá.
Y yo, yo entre sus
piernas abiertas, mirando su cara que ahora estaba con los ojos cerrados
y gimiendo de placer, metiendole dos dedos en el coño mientras con mi
pulgar frotaba repetidamente su clítoris. En esos momentos me dio la
impresión de que había recuperado un poco sus facultades y había
disminuido algo su estado de embriaguez, puesto que de repente, abrió los
ojo y contemplo la curiosa escena, aunque sin dejar de masajear la polla
de Marcos y continuando los leves movimientos de caderas que ocasionaban
que mis dedos le llegaran hasta el fondo del coño y dijo:
¿Será posible?
¡Me estáis follando! ¡¡¡Me estáis follando entre los dos!!!
Pero no se detuvo,
siguió masturbando la polla de Marcos y continuo impulsando su pelvis
hacia mi mano para que mis dedos penetraran mas en su vagina, mientras
volvía a cerrar los ojos y se entregaba al placer al que le estábamos
sometiendo.
Entonces Marcos,
cansado ya de chuparle las tetas, se separo un poco de ella y curvo su
espalda hasta ponerle la polla casi tocándole en la cara diciendo:
¿No nos iras a
decir que no lo estas pasando bien, verdad zorrita?
Acto seguido se
arrodillo frente a ella en el sofá, con una pierna a cada lado del cuerpo
de la chica y su polla a escasos centímetros de su boca y continuo
diciéndole:
Ya que parece que
te va la marcha, te vamos a echar el mejor polvo de tu vida, y tu vas
a seguir portándote bien como hasta ahora, ¿de acuerdo, putita?
Entonces, y mientras
yo seguía follandole el coño con mis dedos mas fuertemente que nunca,
Marcos le cogió las dos manos a la chica y se las sujeto por encima de la
cabeza con una única mano suya, con la otra le agarro el pelo firmemente,
y le metió la polla en la boca hasta el fondo. Se quedo quieto un
instante y le dijo:
Ahora me vas a
hacer una buena mamada, y si me gusta, luego te follare bien follada.
Empezó a metersela en
la boca hasta que sus huevos chocaban con la barbilla de la chica,
sujetándole fuertemente las manos y la cabeza para no dejarle mas margen
de movimiento, aunque no parecía necesitarlo, ya que ella le succionaba
la polla a Marcos lujuriosamente, y en ningún momento daba la impresión
de que lo estuviera haciendo de forma involuntaria.
Yo, por mi parte,
estaba a punto de reventar, así que saque mis dedos de su coño y acomode
mi cabeza entre sus piernas dispuesto a llegar con mi lengua hasta donde
poco antes habían llegado mis dedos.
Al instante me
convencí de que aquello le producía mucho mas placer, puesto que empezó a
mover sus caderas con mucho mas ímpetu, para frotarse lo máximo posible
contra mi lengua y mi boca, mientras yo, en la posición en que me
encontraba, podía ver a Marcos hundiéndole la polla hasta el fondo de su
boca y escuchaba los gemidos de gozo que ella producía.
Así estuvimos unos
minutos, hasta que Marcos dijo que el también quería conocer ese
apetitoso coñito. Yo salí de entre sus piernas y me senté en el sofá,
mientras Marcos liberaba la boca de la chica de su polla y también se
separaba de ella.
Marcos la cogió de
las manos y la ayudo a ponerse de pie. Suavemente la despojo de la bata y
del sujetador que aun permanecía desabrochado colgando de sus hombros.
Así quedo enteramente desnuda ante nosotros, con su bonito culo justo
delante de mi, y no pude resistir el impulso de alargar mi mano y
acariciárselo hasta que mis manos volvían a introducirse por entre sus
piernas, ahora desde atrás, que rozaban levemente su humedecido coño.
Su rostro conservaba
aun las marcas de los efectos del alcohol y los porros, y nos miraba a
los dos alternativamente sonriendo y con los ojos medio cerrados,
delatando su semi ebriedad.
Empezó a acariciar el
pelo de Marcos y acerco su boca a la de el para propinarle un lujurioso
morreo, mientras yo continuaba estimulándole el clítoris desde la parte
de atrás de su culo.
Sin dejar de besarse,
la chica alcanzo de nuevo la polla de Marcos y se dedico a masajearla
como había hecho poco antes, mientras que este, que ahora también le
agarraba la cabeza para que su beso fuera mas profundo, deslizo su otra
mano hasta la entrepierna de ella en busca de un coño que el aun no había
probado.
Allí se encontraron
su mano y la mía y los dos comenzamos a introducir dedos en el caliente y
húmedo coño de nuestra invitada, que correspondía a facilitarnos la tarea
abriendo mas sus piernas tal y como estaba de pie.
Verdaderamente, ella
lo estaba pasando en grande. Ya no gemía, sino que jadeaba, ni tan
siquiera le había sido posible continuar con el beso que le estaba
propinando a Marcos, entrelazando lujuriosamente sus lenguas. Ahora
volvía a mirar al techo, con la boca abierta y los ojos cerrados, su mano
izquierda en la polla de Marcos y la derecha enroscada en su cuello,
moviendo sus caderas adelante y atrás para favorecer la masturbación de
que era objeto.
En esos momentos yo
estaba que me salía de mis casillas, así que me levante del sofá y me
coloque de rodillas detrás de la chica, hundiendo mi nariz entre sus
nalgas que separaba con mis manos y estimulando su culo con mi lengua.
Ella daba muestras de estar cada vez mas cerca del orgasmo, aun cuando la
cantidad de alcohol que llevaba dentro era considerable. Estaba claro que
mis lametazos en su culo y los dedos de Marcos en su coño la estaban
volviendo loca.
Pero Marcos no se
conformaba con eso. Poco a poco fue descendiendo por su cuerpo, dando
lametazos y chupetones aquí y allá, hasta situarse también entre sus
piernas. Queríamos comérselo todo, uno por delante y otro por detrás, a
lo que ella contribuía agarrandonos del pelo con una mano a cada uno, y
flexionando un poco sus abiertas piernas para que nuestras lenguas
llegaran a sus rincones mas sensibles.
Siiiiii......no
paréis.....me voy a correr.....me voy a correr.....- Repetía la chica
entre gemidos.
Nuestra calentura
también era cada vez mayor, y pronto nuestras lenguas fueron acompañadas
por nuestros dedos, que en el animo de ofrecerle el mejor orgasmo
posible, se movían rápidos por sus dos agujeros.
Marcos le introducía
frenéticamente dos de sus dedos hasta los nudillos mientras con su otra
mano le separaba los labios vaginales para que su lengua tuviera un mejor
acceso a su clítoris, que era golosamente succionado por su boca. Yo
lamía y chupaba lo que podía, al tiempo que mi dedo corazón se había ido
abriendo paso en su culo, dilatándolo de tal modo que ahora se deslizaba
con suma facilidad hasta el fondo.
Ella cada vez nos
sujetaba del pelo con mas fuerza, hundiendo nuestras cabezas entre sus
piernas y moviendo sus caderas al ritmo de nuestros dedos y nuestras
bocas, gritando y gimiendo de placer ahora, y pidiendo que por nada del
mundo detuviéramos la doble comida que la estaba llevando al placer
extremo.
Pocos instantes
después, sus dedos se aferraron mas fuerte si cabe a nuestro cabello,
mantuvo nuestras cabezas y nuestras manos entre sus piernas, y detuvo
bruscamente su movimiento de caderas. Emitió un ahogado gemido, como si
respirara hacia adentro, y de su coño empezaron a fluir los jugos del
obtenido orgasmo, depositándose estos en la boca y la barbilla de Marcos,
que seguía con la cabeza hundida entre las piernas de nuestra invitada, y
que aunque quisiera, no hubiera podido retirar de allí, ya que ahora ella
lo sujetaba por el cabello con las dos manos.
- ¡¡¡Ufffff.....!!!
¡¡¡Que corrida!!! – Fue lo único que dijo cuando por fin soltó la
cabeza de Marcos.
¿Te ha gustado,
zorrita? ¿Lo has pasado bien, verdad? Pues ahora nos tienes que
compensar a nosotros, que nos hemos esmerado mucho contigo. – Dijo
Marcos.
Tal como estaba de
pie entre los dos, Marcos volvió a separarle las piernas con sus rodillas
y agarrandola de las caderas le hundió la polla hasta el fondo del coño,
a lo que ella respondió con un significativo gemido. Tras las primeras
embestidas, ella levanto una pierna y la apoyo en el sofá, dando así mas
facilidades a la penetración.
Mientras Marcos
seguía follandosela con fuertes embestidas, yo, que aun me mantenía
detrás de ella, volví a meterle uno de mis dedos en el culo, pensando en
acondicionar el camino que debería seguir mi polla. Eso hizo que de su
boca saliera otro profundo gemido, y que se aferrara fuertemente al
cuello de Marcos.
Pero ese gemido no
fue nada comparado con el grito que profirió cuando lentamente, pero sin
detenerme, le hundí mi polla en su agujero trasero hasta los huevos.
Estaba caliente y lubricado por el trabajo realizado anteriormente, pero
aun así, el grosor de mi polla, que aunque de tamaño normal, no se podía
comparar con el dedo que había estado hurgando allí dentro.
Ella se retorcía, no
sabia a donde agarrarse, echaba sus manos hacia atrás, intentando que me
separara. Gesto inútil, ya que Marcos la tenia bien sujeta por la cintura
y yo me agarraba a sus tetas por debajo de sus brazos, mientras que los
dos hundíamos nuestras respectivas pollas en su coño y en su culo al
mismo tiempo.
La estábamos
destrozando literalmente. De pie, entre nosotros dos, manteniendo todo su
peso en una sola pierna y la otra apoyada en el sofá, sus brazos apoyados
en los hombros de Marcos para no perder el equilibrio, mientras el le
metía la polla todo lo fuerte y profundamente que la postura le permitía,
y yo por detrás, le follaba el culo dando empujones hasta que mi pelvis
chocaba violentamente con sus glúteos, y sobando frenéticamente sus tetas
con mis manos.
Tal escena no podía
durar mucho, debido al estado de calentura que Marcos y yo llevábamos
encima, y a los pocos minutos, notando que el semen empezaba a correr por
dentro de mi polla, le di una ultima embestida sacando fuerzas de donde
ya no las había, y mi leche inundo su culo en una larga eyaculacion que
liberaba mis huevos de su carga.
Fue solo unos
segundos antes de que Marcos, llegando ya a los limites del placer, le
llenara a la chica el coño con su caliente fluido, que al recorrer todo
su interior, y permaneciendo Marcos con la polla dentro de ella,
efectuando los últimos movimientos de rozamiento sobre su clítoris, le
arrancaron un segundo orgasmo un poco mas silencios que el anterior, pero
igual de intenso, tal y como reconoció ella misma.
Caímos los tres
rendidos en el sofá, completamente desnudos y llenos de sudor, respirando
agitadamente, satisfechos del fenomenal polvo que acabábamos de montar.
¿Qué días vienes
a esta escalera? – Pregunto Marcos aun con la respiración
entrecortada.
Los martes y los
viernes. – Contesto ella.
Víctor, que no se
te ocurra comprar tabaco el próximo lunes. Me dijo Marcos.
No te preocupes,
no lo comprare. – Conteste yo.
La chica se levanto
tranquilamente y mientras empezaba a recoger su ropa del suelo, nos miro
un poco mas seria que antes y dijo:
Hay que joderse,
la que hemos montado con dos canutos y una escoba.
Los tres nos reímos
extensamente a raíz de dicho comentario. Ella se arreglo y se marcho con
su escoba, y nosotros nos quedamos esperando la llegada del próximo
martes.
Si os ha gustado este relato, o si no
os ha gustado, agradecería comentarios en mi
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