Tras este primer y enormemente
satisfactorio polvo de cada uno de nosotros con nuestra madre, habíamos
tenido una animada charla sobre sexo con nuestras madres hasta que, dada
la hora, mi tía y mi primo se tuvieron que marchar dando por finalizada
aquella soberbia tarde de sexo familiar.
Cuando mi tía y mi primo se
fueron, tras intercambiar unos buenos morreos yo con mi tía y mi madre
con Dani, ya no hicimos nada más pues en cualquier momento podían llegar
el resto de miembros de nuestra familia. Sin embargo al día siguiente
cuando mi madre y yo nos quedamos un rato solos en casa no pudimos
resistir la tentación.
Ella me empezó provocando
dejando que la bata que llevaba se le aflojara mostrando buena parte de
sus ajamonados muslos y su sujetador. Entonces yo le empecé a tocar las
tetas y el culo por encima de la ropa y seguimos hasta quedarnos los dos
prácticamente en pelotas. Yo la notaba a ella muy caliente y excitada y
yo no lo estaba menos.
Nos besamos dándonos la lengua
con verdadero vicio, nos magreamos y ella acabó haciéndome una señora
mamada hasta que me corrí. Esta vez mi madre recibió todo mi semen en su
boca aunque fue tanto que parte del mismo le resbaló fuera por la
comisura de los labios. No se lo tragó sin embargo y se fue a escupirlo
al water.
- Espero que no te importe que
no me lo trague, hijo. No me importa que te corras en mi boca, cariño,
incluso me gusta pero tragarme la leche me da un poco de asco, la verdad,
aunque sea la tuya, mi amor.
- No te preocupes, mamá. A mi
me das el mismo gusto si te lo tragas que si lo escupes. Lo importante
son esas mamadas tan cojonudas que me haces, zorra, que la chupas mejor
que una profesional. Se nota que te gusta tener una polla en la boca ¿eh,
guarra?
- Es muy excitante y más si es
la tuya, hijo. Desde luego me encanta mamarla pero no creas que siempre
ha sido así ¿eh? A tu padre, como ya te dije, no se la habré chupado ni
media docena de veces; hasta ahora me daba asco. Pero ahora me pone muy
cachonda chupártela a ti, cariño. – Y añadió con coquetería: - De todas
formas, todavía más que en la boca me gusta tenerla en el chocho ¿eh?, ja,
ja, ja.
- Pues venga, mamá, ponte ahí
a cuatro patas que te voy a follar, guarra.
- Eso, eso, hijo. Jódeme,
trátame como a una furcia y dame gusto con esa tranca que tienes,
cabronazo.
- ¿Quién iba a pensar que mi
recatada mamaíta escondía realmente una verdadera puta viciosa en su
interior?
- Sí, hijo; para mí también es
una sorpresa, no te creas. Nunca hubiera pensado que podía llegar a ser
tan lanzada y menos aún contigo, pero desde el otro día… ¡Ummm! Sólo de
pensar en las cosas que hicimos se me pone la raja como un bebedero de
patos, cariño. Y pensar que tú eres tan vicioso como para que te guste
follar conmigo siendo tu madre me pone calentorra del todo, mi amor.
- Ya lo creo que me gusta,
mamá. Sólo verte ese culazo y esas tetas que tienes ya me ponen como un
toro y saber que es mi culona madre la que se me pone así para que la
joda ya es el no va más. Venga, mamá, espatárrate ahí que le voy a dar un
homenaje a ese chochazo tan bueno que tienes.
Siguiendo mis indicaciones mi
madre se tumbó de espaldas en el suelo y yo empecé a darle una buena
tandada de lengüetazos en el chocho.
- ¡Hijo, pero qué me haces! Me
estás chupando ahí abajo, en el… en el chichi… ¡Ahhh! ¡Qué gusto, pero
qué gustazo! Pero qué cerdo eres, cariño, qué guarro eres con mamá ¡Y
cómo me gustaaaa!
Mis intensos lengüetazos en su
chocho hicieron que al poco rato mi madre experimentara un orgasmo
realmente espectacular. Apenas se había recuperado del mismo cuando le
indiqué que se pusiera a cuatro patas, como había dicho en un principio,
y ya la estaba follando a todo tren.
Me encanta follar a mi madre;
es realmente delicioso, y hacerlo estilo perro con ella a cuatro patas es
verdaderamente excitante. Todo su culazo queda a mi disposición y sus
amplias y blanquísimas nalgas se mueven como inmensos flanes mientras la
jodo. A eso hay que añadir el excitante movimiento de sus colgonas tetas
para componer un cuadro realmente sugerente y morboso al máximo. Desde
luego follar con mi madre es verdaderamente fascinante.
Seguí jodiéndola con fuerza
mientras ella gemía y gemía cada vez más sonoramente hasta que alcanzó un
nuevo orgasmo entre gritos de placer. Entonces, como yo aún no me había
corrido, le dije que se diera la vuelta y me situé sobre ella en la
postura tradicional reanudando la follada. Me apetecía ver la cara de mi
madre mientras la jodía. Ella me sonreía viciosamente y me sacaba la
lengua con lascivia mientras yo metía y metía mi polla en su
encharcadísimo chocho. Cuando sentí cerca mi orgasmo se lo anuncié
diciéndole:
- ¡Me corro, mamá, me corro
dentro de tu putísimo coño, guarra!
- Sí, hijo, échamelo todo
dentro, échame tu cremita en el chichi, que no hay ningún problema y
disfruto como una loca sintiéndola salir de tu rabo tan calentita.
En ese momento mi madre coronó
un nuevo y tremendo orgasmo mientras yo eyaculaba en el interior de su
delicioso chochazo. Mi corrida fue tan abundante que cuando le saqué la
polla del coño aún estaba escupiendo semen de modo que acabé de correrme
sobre su suave tripita de hembra madura.
Después de este polvo
charlamos un poco y ella me comentó que desde que se le había retirado la
regla, hacía unos meses, al contrario de lo que les pasa a otras mujeres,
mi madre había sentido un renacer de sus deseos sexuales. Según ella esto
se debía a que por primera vez en su vida había desaparecido el temor a
quedarse embarazada ya que mi madre nunca había utilizado
anticonceptivos, y esa liberación había azuzado su deseo sexual.
Según me confesó esto mismo
también les había ocurrido a algunas otras amigas y conocidas suyas,
mujeres todas de su generación y que habían vivido siempre su sexualidad
con el temor a un embarazo no deseado cuando ya habían tenido los hijos
que querían. Acabó diciéndome también que el día anterior, cuando
habíamos acabado follando juntos en compañía de mi primo Dani y mi tía
Flora, se sintió en todo momento dominada por la excitación y el morbo y
no se sintió culpable o incómoda porque en todo momento pensó que, puesto
que ya no podía quedarse embarazada, el tabú del incesto no tenía
sentido.
- Cuando se nos retiró la
regla – me decía – recuerdo que tu tía Flora y yo comentábamos "Ahora a
follar sin preocupaciones". Pero lo que pasa es que ya no follábamos
porque a nuestros maridos ya no les apetecemos y tener un lío fuera del
matrimonio no es fácil porque además de darnos miedo, a nuestra edad
tampoco es que podamos ligar como unas modelos de 20 años.
- Mamá, pues ahora tienes a
dos jóvenes, a Dani y a mi, dispuestos a darte todo el placer del mundo
en ese chochazo tan bueno que tienes y que tanta polla se merece. Y
además yo sí pienso que tú puedes ligar y mucho con otros y además creo
que debes hacerlo, ya lo sabes. Si papá tiene desatendida a una hembra
como tú lo lógico es que le pongas unos buenos cuernos. Y si hace falta
yo te ayudaré a ello.
- ¡Hijo, qué vicioso eres!
Mi madre reía divertida y
excitada con mis palabras. Seguimos charlando y entonces ella me comentó
lo que se había excitado y gozado con mi mamada en su coño, algo que
según me dijo nunca le había hecho nadie antes. Yo le hablé entonces del
69 y ella se mostró entusiasmada con semejante práctica pero no nos
pusimos a practicarlo porque el tiempo se nos echaba encima y alguien más
de la familia podía llegar a casa así que nos vestimos y dimos la sesión
por finalizada.
No tuvimos ocasión de hacer
nada más aquel día y de hecho no pudimos volver a tener una sesión de
sexo ni entre nosotros ni con mi tía y mi primo en las siguientes
semanas. Lo que sí hacíamos mi madre y yo de vez en cuando era hablar de
las ganas que teníamos de volver a joder y, a veces, nos metíamos un poco
de mano aunque sin pasar a mayores. Yo le tocaba las tetas y sobre todo
el culo y ella me acariciaba los huevos con verdadera maestría en cuanto
tenía ocasión.
Me resultaba especialmente
excitante meterle mano en casa cuando llevaba puesta la bata que suele
vestir para estar haciendo sus labores. Normalmente sólo lleva debajo la
ropa interior y era fantástico meter la mano por entre los pliegues de la
bata y tocarle sus jamones, sus gordas nalgas o sus atractivas tetas bajo
el sujetador. Si había alguien más en casa mi madre se ponía muy nerviosa
y casi se enfadaba conmigo pero yo siempre tenía cuidado de que nadie nos
pudiera ver.
Finalmente, unas semanas
después nos quedamos un viernes a la tarde solos en casa mi madre y yo y
llamamos a mi tía Flora para que vinieran ella y Dani a darnos otro buen
lote los cuatro pero ellos no podían. Dani tenía que trabajar esa tarde y
mi tía tenía que ir con mi tío a ver unos electrodomésticos. Mi tía
expresó su pesar por teléfono pero no podía ser. Lo que sí hizo la muy
calentorra fue recomendarle a mi madre que no perdiera la ocasión y que
aprovechara que tenía mi polla a su alcance para gozar.
Entonces mi madre y yo nos
dijimos con una sonrisa que nos las tendríamos que arreglar nosotros
solos para pasarlo bien y empezamos a besarnos y a meternos mano. Estaba
yo con la mano por dentro del sujetador de mi madre estirándole sus
bonitos pezones cuando sonó el teléfono. Cogí rápidamente pensando que
podía ser la tía Flora que había cambiado sus planes y podía venir pero
no; se trataba de Oscar, un primo lejano mío pero con el que mantengo una
buena relación de amistad. De hecho mi madre y la suya son primas y se
llevan muy bien manteniendo una estrecha relación. Oscar me dijo que
enseguida se pasaba por nuestra casa para traerme unas revistas de motos
que yo le había pedido días antes. No me dio opción así que no pude
decirle que me venía mal o inventarme cualquier excusa.
Cuando se lo expliqué a mi
madre ésta dijo que parecía que no íbamos a poder encontrar el momento de
gozar en condiciones pero se lo tomó con humor.
- Bueno, qué le vamos a hacer
– dijo al tiempo que se recomponía su vestido.
- Lo que podíamos, o más bien,
podías hacer tú era ligar con Oscar, mamá. Ya que él nos impide gozar
goza tú con él... – Le dije yo en plan de broma y sin que fuera
verdaderamente una sugerencia real aunque nada más expresar la idea me
pareció enormemente morboso y excitante que mi madre tratara de ligar con
Oscar.
Mi madre sonrió con cara de
vicio pero dijo:
- Si fuera así de fácil...
¿Cómo voy a tratar de ligar con él, hombre?
- Por intentarlo... Yo más de
una vez he hablado con él de mujeres y sé que también prefiere una
madurita maciza que una veinteañera moderna así que... Oye, podemos
intentar algo que no nos comprometa mucho; si sale bien pues adelante y
si no pues no hacemos nada y asunto cerrado. Ya sabes, mamá, que me pone
muy cachondo verte con el culo al aire y haciendo guarradas con otros
tíos.
- Sí, pero ¿qué hacemos? No le
voy a enseñar el culo así de buenas a primeras ¿no?
- Pues hombre, yo creo que lo
mejor y lo menos comprometido es que de alguna manera tu le dejes ver un
poco tus encantos para ver cómo reacciona él y a partir de ahí ya
veremos: No hace falta que te lo acabes llevando hoy a la cama pero si
vemos interés por su parte igual te lo acabas follando otro día. A mí me
encantaría.
- Menudo cerdo vicioso estás
hecho, hijo. – Decía mi madre riéndose.
- Y, tranquila, que si hace
falta ya hablaré yo con él para sugerirle con tacto que igual tú eres una
buena calentorra dispuesta a darle gusto a un joven apasionado de las
maduras como es Oscar.
- ¡Sí, hombre! – replicó mi
madre un tanto escandalizada. – Le vas a decir que tu madre es una
calentorra y que si quiere se la puede follar ¿no?
- Hombre, no de esa forma,
mamá. Ya sabes que lo prioritario es siempre la discreción. Pero
tranquila, que Oscar y yo ya hemos hablado muchas veces de mujeres y en
algunas ocasiones ya hemos llegado a utilizar expresiones como que nos
gustan "del tipo de mi madre", "del tipo de tu madre", "vaya piernas
tiene tu madre" y cosas así y ninguno de los dos nos hemos ofendido ni
escandalizado ¿eh?
- Bueno, bueno. ¿Entonces qué
hago? ¿Me cruzo de piernas y le enseño muslamen..., le enseño un poco de
escote...?
- Mira, mamá. La verdad es que
pienso que tenemos que ir a lo grande, sin comprometerte demasiado pero
poniendo toda la carne en el asador.
- Sí, ¿y cómo lo hacemos? No
querrás que le enseñe el chocho de buenas a primeras ¿no? Porque tú
capaz…
- Mira, yo creo que deberías
ponerte el vestido ese azul que a veces usas para estar en casa, que se
transparente bastante, pero sin ponerte ropa interior debajo. Seguro que
se te ven sin dificultad las tetas y el culo y hasta los pelos del chocho
¿eh, qué te parece?
- ¡Hijo, qué ocurrencia! Muy
atrevido ¿no? Me daría vergüenza. Pero bueno, la verdad es que igual
tienes razón. Hay que poner toda la carne en el asador y cada vez me está
apeteciendo más chuparle la polla a ese pimpollo. Además, aunque se me
transparente todo a mi no me importa y si no pasa nada pues no pasa nada.
Eso que dices además es bastante poco comprometido porque aunque se me
vean los pezones yo llevo un vestido, estoy en mi casa y no tengo porqué
ir de una o de otra manera.
- Claro, mamá. Muy bien, pues
venga, despelótate y ponte ese vestido azul. Ah, mamá, y ponte las
sandalias de tacón...
- Oye hijo, ¿sabes lo que
estoy pensando? Pues que si vamos a lo grande como tú dices lo mejor será
que me vea en pelotas del todo.
- Mamá eres una cachonda ¿Qué
se te ha ocurrido ahora, eh?
- La verdad es que cada vez
estoy más caliente pensando en Oscar y… Bueno, para acelerar los
acontecimientos se me estaba ocurriendo que podía hacer como si me
hubiera estado duchando y cuando él ya esté aquí salgo del baño desnuda
como que se me ha olvidado la ropa o que se me ha olvidado poner toalla
en el baño y que me vea desnuda. Hago como que me tapo un poco el chocho
con las manos pero que me vea bien las domingas y hasta el culo ¿eh, qué
te parece? Bueno, no. Creo que me estoy dejando llevar por la calentura.
Eso sería demasiado ¿no?
- No, no, perfecto. La verdad
es que me parece cojonudo, mamá, mucho mejor idea que la mía. Si te ve
los pezones transparentándose a través del vestido seguro que se lleva un
calentón del copón y que se acaba haciendo una paja a tu salud luego en
su casa pero lo más probable es que no pasara nada. Pero si te ve en
pelotas, además de calentarse, seguro que él y yo comentamos algo. Ya te
he dicho que tenemos confianza en estos temas y que a menudo hemos
hablado del atractivo de varias maduritas e incluso hecho comentarios
sobre ti y hasta sobre su madre aunque siempre muy descafeinados, claro.
Si te ve desnuda seguro que hablamos del asunto y ya trataré yo de
conducir la conversación al terreno que queremos.
- ¿Y si no le gusto? Recuerda
hijo que tengo más de 50 años y que estoy un poco gordita…
- Eso le encanta, mamá; te lo
puedo asegurar. Ya te he dicho que yo a veces hablo de mujeres con Oscar
y se que le gustan las maduritas tanto o más que las de nuestra edad. Y
lo que también es seguro es que a mi me vas a calentar de tal manera que
te tendré que echar un buen polvazo en cuanto podamos.
- Igual me lo echáis los
dos... – concluyó ella riendo y con una voz llena de picardía.
Lo preparamos todo así y un
cuarto de hora más tarde ya estaban llamando al timbre del portal. Como
cabía esperar era Oscar y yo le indiqué que subiera. Pero aún nos
aguardaba otra sorpresa. Cuando llamaron a la puerta de nuestra casa yo
fui a abrir mientras mi madre se metía, completamente en pelotas, en el
baño. Al abrir la puerta me fui a encontrar con que Oscar no venía solo;
con él venía su madre, Purificación.
Puri, como familiarmente la
llamamos todos, es una mujer un par de años mayor que mi madre pero
extraordinariamente bien conservada. No está gorda en absoluto, al
contrario que la mayoría de las mujeres de su edad, y conserva un tipo
estupendo. Tiene unas piernas bien torneadas y realmente bonitas
rematadas por un soberbio pandero que sin ser tan gordo como el de mi
madre sí que resulta de lo más atractivo pues también es redondo y
respingón.
Sus tetas no son grandes,
usará una talla 90 o puede que menos, pero resultan armoniosas y en
conjunto se puede decir de ella que es una madurita con mucho estilo,
elegante y muy atractiva. Además Purificación es muy guapa de cara y los
años no han eliminado esa belleza. Yo alguna vez ya había pensado en lo
que me gustaría echarle un polvo pero siempre consideré que la
posibilidad de llegar a algo con Puri era tremendamente remota pues ella
es una mujer simpática y de carácter afable, cierto, pero muy seria y
sobria por otro lado; nada dada a bromas de índole sexual o cosas
parecidas. Y eso que a veces, para mi sorpresa, se había mostrado
curiosamente tolerante cuando yo, a modo de broma y acompañando algún
comentario elogioso hacia ella, por ejemplo al decirle que le sentaba
bien un vestido, le había dado alguna palmada en el culo.
Me sorprendía que nunca me
hubiera reprochado esos ligeros atrevimientos cuando se producían estando
solos ella y yo, mientras que cuando había más gente se mostraba
excesivamente puritana y estricta en estos asuntos. De todas formas esos
atrevimientos míos tenían más la forma de cariñosos contactos que de
caricias con cierta carga erótica. Por otro lado Purificación es una
mujer bastante religiosa lo cual contribuía a que yo desterrara cualquier
idea de llegar a tener un encuentro sexual con ella.
Como he comentado antes, en
ocasiones yo había hablado con Oscar sobre mujeres y habíamos descubierto
que a ambos nos gustan las maduritas. A la hora de describir nuestros
gustos ninguno de los dos nos habíamos cortado en utilizar frases como "A
mi me gustan las cuarentonas que tienen un culo como por ejemplo tu
madre" y cosas por el estilo e incluso hablando entre nosotros les
habíamos dedicado piropos a nuestras madres aunque del tipo suave como
"tu madre tiene unas piernas realmente bonitas". "qué elegante es tu
madre" y cosas así, siempre suaves pero que dejaban ver con bastante
claridad que nuestras madres nos gustaban, por lo menos a cada uno la del
otro.
Por eso yo sabía que había una
más que cierta posibilidad de que Oscar acabara ligando con mi madre pues
me constaba lo atractiva que mi jamona madre le resulta a Oscar. La
presencia ahora de Purificación, sin embargo, echaba por tierra el
atrevido plan que habíamos trazado poco antes mi madre y yo.
Según les hacía pasar a la
sala yo saludé a Puri efusivamente y diciendo su nombre en voz alta para
que mi madre supiera que aquélla también había venido. Una vez en la sala
comencé a charlar con Oscar y su madre suponiendo que mi madre habría
tomado medidas para cambiar nuestro plan. Sin embargo, y para mi
sorpresa, la presencia de Puri aparentemente no alteró los planes que
teníamos pues a los pocos minutos, y mientras yo seguía charlando en la
sala con Oscar y con Puri, mi madre salió del baño, como teníamos
previsto, completamente desnuda y cruzó por delante de la sala en
dirección a su habitación.
Al vernos a todos hizo un
gesto simpático de vergüenza, como el de alguien a quien le han pillado
en una pequeña falta más bien simpática y sin importancia y poniendo una
mano por delante del chocho aunque sin taparlo demasiado y su brazo por
delante de las tetas, nos explicó a todos, simulando estar un poco
apurada por su desnudez, que se había metido a la ducha sin haber llevado
ropa interior al baño y sin darse cuenta había mojado toda la toalla de
modo que tenía que salir así.
- Bueno, no te vamos a comer,
así que tranquila. Además estás en tu casa, chica, y no te va a ver nadie
de la calle. – Dijo Puri divertida. – Como mucho les alegrarás el ojillo
a estos dos al verte así.
- ¡Uy, no creo, estos a una
cincuentona ya ni la miran! – respondió mi madre.
- Eso también es verdad. –
Respondió Purificación riendo divertida.
- Estos ya no nos miran ni
aunque nos quedemos desnudas delante de ellos todo el rato. De todas
formas bueno… no me preocupa mucho salir así del baño y que me vais
vosotros; somos todos de la familia y estamos en familia ¿no?. Otra cosa
sería que me viera así gente de la calle. – Siguió mi madre explicándose
a la vez que hacía un gesto con las manos dejando ver por un instante
completamente tanto sus tetas como la abundante pelambrera de su coño.
La verdad es que mi madre
estaba actuando sorprendentemente bien y mientras tanto yo como sobre
todo Oscar mirábamos embobados su relleno y excitante cuerpazo, ella
siguió hablando con Puri como si tal cosa. Comentó de forma casual algo
sobre una falda que pensaba comprarse y que al parecer habían visto
juntas y estuvieron así hablando un breve rato, nosotros en la sala y
ella en la puerta de la misma, sin mostrar la menor preocupación por
estar desnuda ante nosotros mostrando su relleno y macizo cuerpo de
jamona madura cubriendo a duras penas sus encantos con las manos.
Me hacía gracia como trataba
de poner su mano izquierda ante su vello púbico sin lograr taparlo por
completo y mostrando por tanto buena parte de la pelambrera de su chocho.
Al principio también trataba de poner su brazo derecho por delante de sus
tetas para ocultar sus pezones pero pronto dejó de aparentar que le
preocupaba mostrarlas y las dejó enteramente a la vista sin el menor
recato.
Oscar la miraba embobado y eso
no pasó desapercibido para mí. Luego Oscar me dio las revistas que traía
para mi y yo fui a dejarlas en mi habitación. El me acompañó y al pasar
al lado de mi madre, que seguía hablando animadamente con la suya, le
echó una mirada de arriba a abajo fijándose en el tremendo culazo de mi
madre. Cuando pasábamos a su lado mi madre, en tono de broma, dijo:
- ¡Lo que es ser ya una vieja,
eh Puri! Mira estos, están viendo a una mujer desnuda y como si nada; se
van tan tranquilamente. Como se nota que ya no tenemos un cuerpo de 20
años.
- Sí, hija – contestó
Purificación riendo divertida también. – Estarán acostumbrados a ver a
veinteañeras en bikini o enseñándolo todo y a nosotras ya no nos miran
aunque lo enseñemos todo.
- No creáis, no creáis, – dije
yo – que vosotras estáis muy buenas; mucho mejor que esas veinteañeras
que decís. Y un buen repaso visual ya merecéis, ya, lo que pasa es que
nos da corte...
Luego ya en mi habitación, a
solas con Oscar, yo dije para sondear el terreno:
- ¡Joder, aunque sea mi madre
creo que me estaba poniendo cachondo verla así! No se ve a una madurita
en pelotas todos los días…
Y entonces Oscar me contestó:
- Ya lo creo, y con lo buena
que está tu madre…
- Sí que lo está, sí. Está un
poco rellenita pero hay que reconcer que está bien buenorra, aunque sea
mi madre. – Seguí yo para darle pie a Oscar a que siguiera haciendo
comentarios sobre mi madre.
- Pues ya que tú mismo dices
eso no te importará que yo te diga que ver a tu madre desnuda a mí si que
me ha puesto cachondo de verdad. Espero que no te moleste...
Yo tranquilicé a Oscar
señalándole que no me molestaba que dijera aquello sobre mi madre sino
todo lo contrario; le dije que incluso me halagaba y entonces ambos
recordamos riendo alguna conversación que habíamos tenido sobre mujeres y
en la que ambos habíamos manifestado nuestras preferencias por las
mujeres maduras.
También comentamos que aunque
la que estaba allí en el pasillo desnuda fuera mi madre lo cierto es que
estaba muy buena y que resultaba muy excitante verla en pelotas. Yo traté
de transmitirle que no me importaba en absoluto que la viera desnuda y él
lo captó perfectamente porque no se cortó en absoluto en elogiar
abiertamente tanto el culo como las tetas de mi madre.
- La verdad es que es una
suerte ver una madurita así desnuda. Yo creo que así en directo no he
visto nunca a ninguna. Algún vistazo a los muslos de mi madre alguna vez
y poco más. – Decía Oscar mientras yo asentía con entusiasmo. – Y además
tu madre está realmente buena si me permites que te lo diga ¿eh?. Menudo
culo que tiene.
- Sí, lo cierto es que
nuestras madres están las dos muy buenas. Lástima que la tuya esté
vestida porque desde luego también tiene un cuerpo muy bonito ¿eh? – dije
yo para ver cómo reaccionaba a la alusión de su madre en pelotas aunque
esperaba que bien, sobre todo después de haber reconocido que de vez en
cuando trataba de verle los muslos.
- Pues sí, lástima, porque
también tiene que estar muy buena en pelotas y no me importaría verla
ligerita de ropa. Ya te digo, además de mirarle los muslos cuando se
sienta, alguna vez la he visto solo con un camisón y transparentándosele
todo el culo y... bueno... que está bien buena, la verdad. Si no fuera
porque es mi madre…
- Eso del culo de tu madre me
lo tienes que contar con más detalle ¿eh? – dije yo sonriendo en tono
cómplice y viendo que podía haber más posibilidades con Oscar de las que
yo había imaginado en un principio.
- Desde luego que lo haré
aunque me temo que sólo te podré contar cómo la he visto algunas veces,
que casi siempre ha sido un momento y poca cosa. Ojalá la hubiera visto
alguna vez como hoy a tu madre... eso sí que es excepcional. Oye,
volviendo al tema de tu madre; si de verdad no te importa que la vea
desnuda ¿qué te parece si vamos otra vez a la sala? Es que a mi estas
maduritas me ponen... y si a ti no te parece mal me gustaría ver otra vez
a tu madre antes de que se vista con todos sus encantos al aire, porque
mira que está buenorra la tía ¿eh?.
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