Tras verles y tocarles las
tetas a ambas, mi primo y yo no queríamos que aquella caliente sesión de
exhibicionismo por parte de nuestras madres acabara. Ambos queríamos ver
más y yo recordé el interés de mi primo por las piernas y muslos de mi
madre, interés al que yo no era en modo alguno ajeno. Por eso empezamos a
piropear sus piernas con la evidente intención de que acabaran
enseñándonos sus macizos y rellenos muslos.
Les dijimos que a buen seguro
tendrían unas piernas muy bonitas y mi madre nos respondió riendo
complacida:
- ¿Pues cómo vamos a tener las
piernas ya a nuestra edad? Bien porrudas y gordas... si hubiera sido hace
20 años... pero ahora ya os digo, gordas y feas. – Decía mi madre
mientras proseguíamos charlando sentados en la sala.
- A ver, a ver... – y diciendo
esto, yo que estaba sentado al lado de mi madre, me atreví a subirle un
poco la falda hasta que quedó a la vista medio muslo sin que ella se
opusiera a mi acción en absoluto.
La verdad es que verle aquella
porción de muslo a mi madre me causó casi tanta excitación como cuando
nos mostró las tetas. Mi madre tiene unos muslos rellenos y macizos, de
carne blanquísima, que son toda una tentación.
Como Dani y yo enseguida
prorrumpimos en sonoros piropos sobre el muslamen de mi madre ésta, entre
risas, no tuvo más remedio que, ante nuestros requerimientos, ponerse de
pie y subirse la falda hasta mostrarnos sus fabulosos muslazos
prácticamente en su integridad. Me sorprendió y excitó aún más, si es que
era posible, que mi madre se mostrara dispuesta con tanta facilidad a
enseñarnos sus macizos muslos levantándose la falda de aquella manera.
Claro, que después de habernos dejado tocarle las tetas hubiera sido un
contrasentido mostrarse ahora como una mojigata recatada y pudorosa
Mi tía Flora reía y nosotros
jaleábamos a mi madre y piropeábamos sin freno sus tremendos y rellenos
muslazos, atractivos realmente. A mi madre sin duda le estaba resultando
muy agradable comprobar el efecto que su exhibición de muslos estaba
teniendo en nosotros.
Quizá antes, con las tetas, se
había sentido superada por el volumen de las de mi tía, bastante superior
que el de las suyas. Pero ahora, con los muslos, sin duda sentía que ella
llevaba las de ganar pues de hecho mi madre, a pesar de su edad, tiene
unas piernas muy bonitas, torneadas y de buen volumen y sus muslos,
aunque rellenos, también resultan muy armoniosos y atractivos.
Por supuesto Dani y yo, ya sin
pedir permiso, enseguida nos atrevimos a acariciar los desnudos muslos de
mi madre sin que ella protestara lo más mínimo. Mi madre llevaba unas
zapatillas de estar en casa pero éstas tenían un cierto tacón que aunque
plano se elevaba sus buenos cuatro centímetros sobre el suelo realzando
sobremanera la belleza y forma de las piernas de mi madre. Mientras
acariciaba uno de sus muslos por la parte de atrás pensé en cómo tenía
que estar mi madre con zapatos de tacón fino y creo que ahí se me escapó
un hilillo de semen por la punta de la polla.
Mientras acariciábamos los
muslos de mi madre no perdimos tiempo en demandar a mi tía Flora que nos
enseñara los suyos y ésta, con gracia y desparpajo, enseguida se levantó
las faldas mostrando sus gordos muslazos sin ningún pudor y diciendo:
- Pues aquí tenéis el muslamen
de esta vieja, pero si de verdad os gustan las carnes tan flojas es que
tenéis el gusto perdido de verdad, ja, ja, ja.
Los cuatro reímos mientras
nuestra excitación iba en aumento y nosotros aprovechábamos para tocarles
los muslos a las dos mujeres. Lo cierto es que ver a mi madre y a mi tía
con las faldas levantadas y enseñándonos los muslos y con las tetas
prácticamente al aire asomando sin pudor por sus abiertas blusas, era
como para poner al más pintado al borde de la eyaculación y yo de hecho
así me encontraba.
A continuación les pedimos a
las dos jamonas que se dieran la vuelta para poder apreciar sus fabulosos
muslazos desde todos los ángulos y ellas nos obedecieron encantadas.
Seguimos piropeándolas y nos atrevimos a acariciarles los muslos cada vez
más arriba. En un momento dado y estando ellas de espaldas a nosotros yo
les dije:
- Venga, chicas, no seáis
remolonas; subiros las faldas un poco más, que esas piernazas hay que
verlas hasta el final.
- Sí, pues no se ya hasta
donde quieres que nos subamos la falda – dijo mi madre riendo pícaramente
habida cuenta de que ella prácticamente se había subido la falda hasta
enseñar las bragas.
- Estos lo que quieren es
vernos el culo. – Añadió mi tía alegremente y con desparpajo.
- Pues mira, ya que lo dices,
no estaría nada mal. – Dijo divertido mi primo Dani mientras situado al
lado de mi madre le titilaba un pezón a ésta al tiempo que con la otra
mano le tocaba el culo por encima de la falda. - Lo digo porque yo hace
tiempo que vengo pensando en el culazo tan cojonudo que tiene la tía Nati
y bueno... pues que no me importaría nada vérselo.
Y diciendo esto aprovechó para
darle una buen pellizco con toda la mano en el trasero a mi madre aunque
en todo momento sobre la falda.
- ¡Uy, pero este chico! – dijo
mi madre pero más halagada que otra cosa y visiblemente orgullosa por el
éxito de sus piernas y muslos al tiempo que se reía por la petición de
Dani.
- Sí, venga, mamá. Enséñale al
sobrino ese pandero tan bueno que tienes, que ya ves que lo buenorra que
estás no pasa desapercibido. – Animé yo.
Pero entonces intervino mi tía
dándole un giro a la situación que iba a añadir, si cabe, aún más
excitación y morbo a todo lo que estaba ocurriendo.
- Pero cómo sois. Nosotras
venga a enseñar ¿y vosotros? – dijo entonces mi tía. – Porque nosotras
aquí estamos prácticamente con todas las tetazas al aire y con el culo
casi, casi pero vosotros ¿eh?
- Nosotros enseñamos lo que
sea. – Contesté yo. – Si mi madre nos enseña el culo nosotros nos ponemos
en pelotas del todo si queréis, fíjate. Y luego nos lo enseñas tú, ¿eh,
tía? Que este culazo también merece la pena verse. – Y a la vez le di una
breve palmada en el culo a mi tía.
Las dos mujeres se reían con
ganas y entonces mi madre dijo:
- Sí hombre, vosotros enseñáis
cuando nosotras ya os hemos enseñado bien las tetas y tenemos todo el
muslamen al aire ¿qué te parece? Venga, venga, quedaos en pelotas como
decís y luego hablamos de enseñar nosotras el culo. A ver si os atrevéis,
que aquí mucho hablar pero me parece que vosotros sois mucho menos
decididos que nosotras...
Dani y yo nos miramos
sonriendo con complicidad y nos hicimos un poco los remolones pero
enseguida estábamos ya desabrochándonos los pantalones. En unos segundos
estuvimos en calzoncillos mientras tanto mi madre como la suya señalaban
riendo cómo nuestros cipotes se mostraban decididamente erectos. Hasta
señalaron riendo la humedad que exhibían nuestros calzoncillos fruto de
nuestros líquidos preseminales provocados por la excitación.
- Mira, mira como dos viejas
todavía ponen cachondos a dos pimpollos como estos ¿eh?. – Decía mi madre
visiblemente orgullosa y con la blusa completamente abierta y las tetas
al aire.
- Si llegamos a enterarnos
antes de que gustamos tanto a unos jovencitos ¿eh? Igual habíamos
aprovechado más el tiempo – decía mi tía Flora con intención.
Tras vernos en calzoncillos
las dos mujeres nos animaban con grititos y risas a que siguiéramos. Ante
los requerimientos de ellas, y entre bromas y risas, enseguida dejamos al
aire nuestros atributos quitándonos la prenda interior. Nuestra erección,
en ambos casos, era tremenda y no pasó desapercibida para las dos
maduritas que exclamaron entre risas:
- Mira qué duras, que
brillantes y que empinadas – decía mi madre alborozada y con una mirada
decididamente lujuriosa y cachonda.
- La de tiempo que hace que no
veía una así... – reía divertida mi tía mientras sus tetas se bamboleaban
al compás de su risa. Va a haber que empezar a pensar que sí que estamos
buenas ¿eh, Nati? Si se las ponemos a estos así...
- Vosotras con esas tetas al
aire y con esos cuerpazos se la ponéis dura a todo el que queráis,
macizas. – Les dije yo mientras mi polla se cimbreaba apuntando al techo
ante la excitada mirada de las dos mujeres.
Tanto mi madre como mi tía nos
miraban embelesadas nuestros erectos aparatos con la lujuria plasmada en
sus caras. Entonces intervino mi primo para decirles:
- Venga, ahora os toca a
vosotras mostrar esos imponentes culazos que tenéis, macizas.
- Sí, imponentes si que los
tenemos, sí, o más que imponentes yo diría que bien gordos ¿no? – dijo mi
madre divertida mientras sus bonitas tetas se bamboleaban y se dejaban
ver por entre la blusa.
- Así nos gustan a nosotros,
mamá, unos buenos culazos como los vuestros y no los culos de las
chavalitas de ahora, que de tan delgados no hay por donde cogerlos. Así
que venga, mamá. Enseña ese pandero y que por lo menos veamos un buen
culazo, un culazo de los de verdad.
- Anda, anda, que vosotros con
la de culos bien bonitos de chicas jóvenes que habréis visto... –
replicaba mi madre aunque en el fondo se veía lo enormemente satisfecha
que estaba con la expectación que en nosotros causaba su enorme y redondo
trasero.
- Pues por eso precisamente
tenemos ganas de verte el tuyo, mamá; porque seguro que lo tienes
verdaderamente bueno y no como la mayoría de las chicas esas que dices,
que ya te digo, que no se pueden ni agarrar.
- Pues en el de tu madre sí
que tienes para agarrar, sí. – Intervino mi tía soltando una sonora
carcajada que hizo que sus tetazas volvieran a asomar con alegría por su
abierta blusa sin que ella se preocupara de ocultarlas.
- Pues lo mismo se puede decir
de ti, que tampoco es que tengas el culo delgadito precisamente. – Le
replicó mi madre con humor.
- Venga, Nati, - la animó su
cuñada. – Calla ya y enséñales el culo a los chavales; a ver si se las
pones más tiesas todavía, ja, ja, ja.
Todos reímos divertidos y
excitados y entonces mi madre, mirándome a mi mientras sus dos tetas
asomaban por entre la blusa, me dijo:
- Pero hijo, ¿a ti te parece
bien que tu madre te enseñe el culo?
- Joder, mamá, lo que pasa es
que si no nos lo enseñas nos das un disgusto del copón. Venga, que lo
estamos deseando.
- Bueno, bueno pues venga, os
lo tendré que enseñar. – Entonces mi madre se puso delante de nosotros
dándonos la espalda y con coquetería comenzó a remangarse la falda hasta
dejarla en la cintura mostrando por entero su redondo y salido culo
aunque cubierto por sus bragas blancas.
Tanto mi primo como yo le
dijimos que era el mejor pandero que habíamos visto en nuestra vida y le
dimos un par de cachetes en aquellas estupendas nalgas. Mi madre reía
complacida y ya parecía disponerse a bajarse la falda cuando mi primo le
dijo:
- Tía, ni se te ocurra bajarte
la falda ¿eh? Que todavía no te hemos visto el culo. Ahora lo que tienes
que hacer es bajarte las bragas y enseñarnos el culo en condiciones.
Mi madre volvió a reír y sin
que fuera necesario insistirle más deslizó sus bragas hasta dejarlas en
las rodillas; luego volvió a subirse la falda hasta la cintura y ante
nuestros ojos quedó desnudo su fabuloso culo con sus gordas nalgas y su
excitante raja dividiendo su pandero en dos blancas, salidas y redondas
mitades. Tanto mi primo como yo volvimos una vez más a quedarnos sin
habla aquella tarde. La visión del enorme culazo de mi madre era
demasiado. Sin duda era el espectáculo más erótico y excitante que yo
había contemplado en mi vida y eso que no eran pocos los polvos que había
echado con numerosas amigas. Pero verle el trasero a mi madre era lo
máximo. Era un culo realmente excepcional. ¡Y además era el culo de mi
madre!
Nuestro embelesado silencio lo
rompió mi tía Flora diciendo:
- ¿Tiene buen culo esta
golfona, eh, chicos?
- ¡Ya lo creo! – susurró mi
primo con la boca seca por la excitación.
- ¡Mira que estar aquí delante
de un sobrino y de mi propio hijo con las tetas y el culo al aire! –
decía mi madre divertida mientras mostraba con un evidente orgullo su
amplio culazo. – Esto ya puede quedar entre nosotros ¿eh? Que si se
entera alguien...
- Hombre, pues claro, tía. Si
te parece vamos a ir diciendo nosotros que os hemos estado viendo el culo
mientras estamos con la picha al aire y bien dura ¿no? ¡Desde luego que
todo esto queda entre nosotros!
- Tienes un culo estupendo,
mamá. – Dije yo a la vez que me atrevía a darle una palmada en sus
orondas y blanquísimas nalgas mientras ella reía complacida. También Dani
le tanteó un poco el culo a mi madre y le echó unos cuantos piropos
mientras ella, haciéndose la modesta, decía que seguro que habíamos visto
ya muchos culos mucho mejores que el suyo.
- Mira mamá, - dije yo – este
es el mejor culazo que hemos visto jamás; te lo digo de verdad. Y además
estoy muy orgulloso de que mi madre tenga este culazo tan espectacular;
muy orgulloso, de verdad, mamá. Y más orgulloso todavía de que nos lo
enseñes con esta gracia y sin tapujos.
- ¿Sí, hijo? ¿Lo dices en
serio? – Y como yo asentí convencido entonces mi madre se dio la vuelta y
sin más aviso me plantó un beso en los labios mientras sus tetas se
aplastaban contra mi desnudo pecho. Fue una sensación tremendamente
excitante que, unida a la sorpresa del beso, me dejó sin habla y eso que
fue un simple beso en los labios.
- Mira, mira a esta golfa cómo
le gusta que le diga su hijo que tiene buen culo... – Dijo mi tía riendo.
- Anda, ¿y no te gusta a ti
que te diga el tuyo que tienes buenas tetas o qué?
Los cuatro reímos y yo
reafirmé que mis palabras sobre lo orgulloso que me sentía del culo de mi
madre eran completamente en serio. Dani riendo y mientras le tanteaba de
nuevo el culo a mi madre, también apuntó que razones tenía para estar
orgulloso ya que el trasero de mi madre era realmente bonito. Entonces mi
madre, como antes hiciera conmigo, también le dio un beso en la boca a mi
primo pero esta vez, aunque fue breve, se dieron el beso con lengua.
Luego yo, dirigiéndome a mi
tía, dije:
- Venga, tía; ahora te toca a
ti. Enseña ese pandero.
Mi tía Flora a estas alturas
ya no perdió tiempo haciéndose la remolona o haciéndose de rogar.
Sencillamente nos sonrió con picardía y seguidamente se inclinó, dejando
colgar sus fabulosas tetazas ante nuestros ojos, para bajarse también las
bragas hasta los tobillos. A continuación, y mientras nosotros
observábamos como hipnotizados, se dio la vuelta y se soltó la falda
dejándola caer al suelo para mostrar su también tremendo culazo.
Tanto Dani como yo
prorrumpimos en sonoros piropos que hicieron reír a ambas mujeres
mientras mostraban sus gordos traseros. También le dimos a mi tía unos
cachetitos en las nalgas y hasta un más que decidido magreo mientras ella
reía complacida y dejándose hacer. Cuando volvimos a insistir en lo
orgullosos que estábamos de que nuestras madres tuvieran semejantes
culazos y tetas, ellas no dejaron pasar la oportunidad de decir que
también ellas estaban orgullosas de que nosotros tuviéramos nuestros
atributos. Entre risas se dio la circunstancia de que mi madre, quizá por
estar yo más cerca de ella, me acarició brevemente la polla y otro tanto
hizo mi tía Flora con los huevos de su hijo.
- Vosotros sí que estáis bien,
cabroncetes – decía mi tía. – ¡Menudos cuerpos y menudas… ya me
entendéis! Que unas como estas ya no las catamos así de fácil nosotras.
- Pues si están así ya os
podéis imaginar de quién es el mérito ¿eh, macizas? – dije yo dándoles
una nueva y sonora palmada en el culo a ambas.
- ¿De verdad os la ponemos así
nosotras? – preguntó con coquetería mi madre mientras mi mano seguía
posada sobre una de sus gordas nalgazas sin que ella se mostrara incómoda
en absoluto.
- Pues claro, mamá, que sois
el tipo de mujer que más nos gusta; ya os lo hemos dicho.
Tras una nueva tandada de
piropos y requiebros a los encantos de las dos macizas maduras, Dani le
empezó a acariciar el culo a mi madre con renovada intensidad sin que a
ella le molestara en absoluto el atrevimiento de su sobrino. Los dedos de
mi primo exploraron a conciencia la raja de mi madre y creo que incluso
se detuvieron algún instante en su ojete mientras ella soltaba algún
gemido de satisfacción.
- Mamá – le dije yo entonces.
– Tienes un culazo espectacular pero ¿sabes lo que tendrías que hacer
para lucir ese panderazo como se merece?
- ¿Qué, hijo? – preguntó ella
divertida.
- Pues ponerte unos buenos
tacones, por lo menos como los que lleva la tía, que así, en zapatillas
de estar en casa...
- Ja, ja, ja... Tienes razón,
hijo. Las piernas hay que enseñarlas con unos buenos tacones, que ganan
mucho.
Y diciendo esto mi madre fue a
ponerse unos zapatos siguiendo mis indicaciones. Mientras mi madre
regresaba a la sala yo aproveché para piropear de nuevo a mi tía y para
decirle que con el taconcito que llevaba, que si bien no era en absoluto
exagerado, las piernas, muslos y hasta el culo, le lucían mucho. Por
supuesto acompañé mis palabras del oportuno sobeteo en sus muslos y
nalgas mientras ella sonreía complacida.
Cuando regresó mi madre
calzando unas sandalias de bastante tacón, sin que nadie se lo pidiéramos
expresamente, se puso de espaldas a nosotros y se volvió a levantar la
falda para mostrarnos su estupendo culazo que ahora, en efecto, se veía
aún más favorecido al acentuarse sus amplias caderas por efecto de los
tacones.
- ¿Así estoy mejor? – preguntó
coqueta mientras nos miraba por encima del hombro sosteniendo en alto sus
faldas.
Por supuesto Dani y yo la
piropeamos sin freno y le dedicamos de nuevo varias caricias en sus
gordas nalgas mientras ella no paraba de reír visiblemente complacida.
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