La visión de las enormes tetas
de mi tía Flora nos había dejado a mi primo y a mi sin habla y no había
sido esa la única reacción. Mi polla había adquirido una tremenda
erección y la de mi primo también, a juzgar por los movimientos que
estaba haciendo para tratar de acomodar su empinado aparato dentro del
pantalón. Tras unos segundos con la boca seca y admirando aquellas
fabulosas tetazas ambos tragamos saliva y pudimos seguir hablando.
- Unas tetas preciosas, tía,
sí señora. Unas tetas de verdad. - Dije yo por fin mirándoselas
embelesado.
- ¡Pero si ya las tengo por el
ombligo, hijos...! - respondió ella riendo contemplándoselas a sí misma
pero con un evidente tono de orgullo en su voz dado el efecto que la
visión de sus tetas estaba causando en nosotros.
- Estas son de las que da
gusto ver – dijo al fin Dani con la boca sin duda seca por la excitación.
– Mucho mejores que las que se ven en las revistas; esto son un par de
melones de verdad ¿eh?
- Ya lo creo. – Asentí yo. - A
mi me gustan así, que se ve que son bien naturales.
- ¿Te gustan las tetas de tu
tía, cariño? – intervino entonces mi madre dirigiéndose a mí.
- Desde luego, mamá. Nosotros
no estamos acostumbrados a ver tetas como estas. Las que se ven en
revistas o las que les hemos podido ver a alguna chica de nuestra edad no
son tan... tan... excitantes. Estas son unas tetas de verdad. Además, a
nosotros nos gustan precisamente así, naturales, y mejor ya un poco
caídas que de goma ¿verdad, Dani?
- Por supuesto, de goma los
balones pero las tetas de carnecita bien buena como estas; ya lo creo. –
Y dirigiéndose a su madre continuó: - Oye, mamá, nada, que felicidades
por tener esas tetazas, de verdad; son de lo mejorcito que hemos visto.
Unas auténticas tetas de una jamona madurita; vamos del tipo que más nos
gustan.
- Y también deberíamos
felicitarnos a nosotros por haber podido ver semejantes maravillas.
Gracias tía. – Dije yo.
- ¿Pero de verdad os gustan
así... de vieja, tan caídas…? – insistía mi madre divertida.
- De verdad de la buena, tía.
Tetas como las vuestras son las que nos gusta ver. Te lo podemos
asegurar. – Le respondió mi primo.
Las dos maduras mujeres reían
visiblemente complacidas por nuestras palabras y seguramente sintiéndose
atractivas, admiradas y hasta deseadas; algo que seguro que no habían
sentido a menudo en los últimos años y eso que ambas son guapas y con
buen cuerpo y en su juventud debieron ser un buen par de bombones. Y
quien tuvo retuvo pero justo es reconocer que una vez pasados los 50 las
mujeres no resultan atractivas para la mayoría de los hombres.
Mientras continuábamos
hablando mi tía continuaba mostrando sin ningún pudor sus enormes tetas
de modo que en un momento dado yo me atreví a decirle:
- Oye tía, igual me paso de
atrevido pero ya que nos las estás enseñando tan amablemente... ¿te
importaría... te molestaría que te las tocara un poco? Es que unas así de
abundantes no se tienen al alcance de la mano todos los días...
Todos los demás estallaron en
una carcajada tras mi petición, especialmente mi tía y mi madre. Esta
última intervino diciendo mientras reía:
- ¡Pero bueno, mira que querer
tocarle las tetas a tu tía!
- Hombre, lo raro sería ver
unas tetas así y no querer tocarlas. - Respondí yo también con humor. -
Como de todo esto no se va a enterar nadie... igual a la tía no le
importa...
- Seguro, seguro que no le
importa. - Contestó mi madre riendo realmente divertida y con cierta
picardía en sus palabras.
Entonces mi tía, causándonos
una cierta sorpresa que ya era menos dado cómo iban discurriendo los
acontecimientos, le replicó a mi madre diciendo:
- Pues claro que no me
importa. Como todo queda entre nosotros ¿por qué me iba a importar? No va
a pasar nada malo porque un sobrino me toque las tetas... Si ya las tengo
todas al aire...
Entonces yo, de nuevo con la
boca seca, me atreví a acariciarle brevemente una de sus tetas mientras
los demás reían. Mi caricia fue bastante modosita ya que ni siquiera se
centró abiertamente en el pezón; me limité a sopesarle la enorme mama y a
sentir su tersura. Como estaba además bastante nervioso la di por
concluida con bastante rapidez para evitar que aquella situación pudiera
estropearse por precipitación o por exceso de atrevimiento.
- ¿Qué, las tiene buenas?
Mira, mira cómo le ha gustado a la golfa esta que le toque las domingas
el sobrino... – decía mi madre divertida y empleando un lenguaje y unas
expresiones que yo nunca hubiera esperado oír de labios de ella.
Después de que hube acabado de
acariciarle las tetas a mi tía ésta se puso de nuevo la blusa pero no el
sujetador. Dani y yo insistimos entre risas en que no se le ocurriera
vestirse pero a ella quizá le pareció excesivo permanecer con sus gordas
tetas al aire ante nosotros así que acabó diciendo que por lo menos se
ponía la blusa, que no iba a estar allí con todo el tetamen al aire. Así
lo hizo pero ante nuestra insistencia no se la abrochó, de modo que
podíamos seguir viéndole con relativa facilidad sus colgonas y
espléndidas tetas.
A continuación fue Dani el que
dijo dirigiéndose a mi madre:
- Bueno, tía. Ahora te toca a
ti enseñarnos las tetas tan bonitas que debes tener.
Yo sentí una punzada de
excitación ante la perspectiva de que mi madre nos enseñara las tetas. Mi
tía siempre me había atraído, en especial por sus espectaculares tetazas
pero mi madre, desde luego, también me parecía una mujer realmente
atractiva y el hecho de que fuera mi madre no restaba un ápice a su
atractivo erótico para mí sino, si acaso, todo lo contrario.
Tenía dudas de que mi madre
fuera a aceptar la propuesta de mi primo pero después de lo que había
hecho antes mi tía atreviéndose a enseñarnos sus espectaculares globazos,
además animada por mi madre, todo era posible. Por si mi madre necesitaba
tener claro que yo también deseaba que nos mostrara las mamas yo me sumé
también a la petición de mi primo diciendo:
- Eso, eso, mamá. Ahora te
toca a ti enseñarlas.
-¿Pero también vais a querer
verme a mi las tetas? Que se las queráis ver a esta tetona vale pero a
mí... Si yo no las tengo tan grandes como las de tu madre así que seguro
que no os van a gustar...
Mi madre en efecto tiene unas
tetas de un tamaño más convencional aunque desde luego tampoco resultan
pequeñas. Yo diría que usa una talla 90 ó 100 de sujetador.
- Venga, mamá, - insistí yo
realmente excitado ante la perspectiva cada vez más real de verle las
tetas a mi madre. - Ya verás como sí que nos gustan. Que se vean, que se
vean.
- No se para qué queréis
vérmelas a mí, que las tengo más pequeñas que ésta y seguro que más
caídas. A mí sí que me miran lo pezones al suelo, hijos, de verdad.
- De pequeñas, nada tía y
aunque estén caídas como dices, seguro que son capaces de levantar otras
cosas. – Dijo mi primo provocando la carcajada general.
A pesar de sus palabras yo
veía a mi madre bastante decidida a enseñar las tetas, lo cual me
excitaba enormemente, pero aún así traté de animarla aún más diciéndole:
- Bueno, yo creo que sí nos
gustarán pero de todas formas tú enséñanoslas y luego ya te diremos si
nos gustan o no. No va a estar ahí la tía Flora con las tetas al aire y
tú no enseñárnoslas, con las ganas que tenemos de vértelas.
- ¡Estos chicos! ¿Pero de
verdad queréis que os las enseñe? – Decía mi madre haciéndose la remolona
pero más por no mostrarse excesivamente atrevida desde el principio que
por no querer enseñárnoslas. En ese momento intervino también mi tía
señalándole a mi madre que si ella se había quedado antes con las tetas
al aire ahora lo que procedía era que mi madre hiciera lo mismo. Tanto
Dani como yo acogimos con entusiasmo las palabras de mi tía y mi madre
comenzó a sonreír demostrando que realmente estaba dispuesta a enseñar
los pechos.
Yo estaba superexcitado y
enseguida resultó evidente que mi madre estaba dispuesta a seguir el
ejemplo de mi tía Flora pues de hecho ante nuestra insistencia se empezó
a desabrochar la blusa. Cuando se hubo desabotonado tres o cuatro botones
se abrió la blusa y se inclinó hacia delante para enseñarnos el escote y
sus tetas bajo el sujetador.
- Bueno, pues aquí las tenéis.
– dijo haciendo amago de volver a abotonarse la blusa.
- De eso nada. – Replicó Dani
riendo. – Enseña esas tetas como debe ser, tía. Mira a mi madre con todo
el tetamen al aire; pues tú igual, tía. Así no vale; no nos has enseñado
las tetas, nos has mostrado un poco el escote y no se trataba de eso.
Enseñar el escote, aunque se te vea todo el sujetador, es como no enseñar
nada.
- Venga, venga, mamá. Enseña
las domingas en condiciones. – Intervine yo.
- ¿Pero tú también quieres que
las enseñe? – decía ella riendo mientras se acababa de desabotonar la
blusa por completo mostrando su sujetador blanco.
- Pues claro, mamá, que aunque
no las tengas tan gordas como las de la tía seguro que las tienes bien
bonitas. Además, no se puede decir que las tengas pequeñas precisamente
¿eh?, que tienes un buen par de domingas también.
- ¡Ay, qué chicos! Bueno,
bueno – dijo ella riendo visiblemente halagada a la vez que se deshacía
por completo de la blusa. Luego, mientras mi primo y yo la observábamos
en silencio y con la boca seca, mi madre se llevó las manos a la espalda
y se desabrochó el sujetador dejando caer la prenda para dejar sus
redondas aunque ya ciertamente colgonas tetas al aire ante nuestros ojos.
Tanto a Dani como a mí, como
antes nos sucediera con su madre, nos dejó momentáneamente sin habla el
hecho de verle las tetas a mi madre. Para mi resultaba enormemente
excitante y no pude ni apartar la vista de aquellos pechos ni decir
palabra alguna durante varios segundos. Las tetas de mi madre, en efecto,
son más pequeñas que las de mi tía pero aún así de buen tamaño.
Como he comentado antes yo
calculé al vérselas que debía usar una talla 95 ó incluso quizá 100 de
sujetador, lo cual no está nada mal. Sus aureolas son marrones, bastante
oscuras y de pequeño tamaño y sus pezones son bastante oscuros y estaban
muy salidos, yo creo que más por la excitación que porque normalmente lo
tenga así ya que nunca se los había notado tan marcados a mi madre a
través de la ropa.
Como ella misma había dicho,
también las tiene bastante caídas, quizá incluso más que las de mi tía a
pesar de ser menos pesadas, aunque esto, al menos para mi, no es un
inconveniente ya que las tetas de una mujer, sobre todo si se trata de
una madurita como mi madre o mi tía, no me disgustan aunque estén ya algo
caídas. Me parecen más reales y esto sí que me gusta y excita mucho.
Cuando tras varios segundos de
observar hipnotizados las bonitas tetas de mi madre, tanto Dani como yo
pudimos tragar saliva, ambos elogiamos aquellas tetas con entusiasmo
provocando risas de complacencia en ella. Mi madre, en un excitante gesto
de coquetería, movió el torso de un lado a otro haciendo que sus bonitas
tetas se balancearan de una forma muy sugerente y erótica. Mi polla desde
luego estaba a reventar y estoy seguro de que la de Dani no lo estaba
menos.
A continuación mi primo, sin
ni tan siquiera pedirle permiso, le empezó a acariciar una de sus mamas y
de una manera mucho más decidida que como yo había acariciado una de las
tetas de su madre. A mi me excitó enormemente ver cómo mi primo le tocaba
las tetas a mi madre y aún me puso más cachondo si cabe comprobar que
ésta no mostraba el menor asomo de rechazo por el atrevimiento de su
sobrino. De hecho, más bien al contrario, sonreía visiblemente complacida
mientras mi primo le acariciaba las tetas y puedo decir que me gustó ver
el talante con el que mi madre se tomaba el atrevido comportamiento de mi
primo con sus tetas:
- ¡Qué atrevidos estos
chavales! Les enseñas las tetas y enseguida se ponen a tocártelas. –
Decía ella sonriendo mientras mi primo le acariciaba el salido pezón de
su teta derecha haciéndolo deslizar entre sus dedos pulgar e índice..
- Es que las tienes realmente
buenas, tía, y tú que decías que no eran bonitas... – Le replicaba mi
primo mientras ahora ya le tocaba ambos pechos sin ningún reparo.
- Y es que cualquiera se
resiste al ver unas preciosidades así... – dije yo si apartar la mirada
de las manoseadas tetas de mi madre.
Cuando el magreo de Dani en
las tetas de mi madre se hizo más intenso, como yo contemplaba la acción
completamente embelesado, ella dijo algo que me llenó de perplejidad y
sobre todo de excitación:
- Hijo, ¿quieres tocármelas tú
también un poco?
- Pues hombre, mamá, ¿cómo no
voy a querer tocarte esas tetas tan bonitas?
- Pues venga, hijo. Ya que os
las enseñamos... Si tu primo me las toca un poco...
Entonces yo también empecé a
tocarle las tetas a mi madre mientras ella reía mostrando lo halagada que
se sentía por nuestros manoseos. Posar mis manos sobre uno de los pechos
de mi madre mientras mi primo le sobaba el otro creo que ha sido una de
las sensaciones más excitantes de mi vida. Le acaricié con suavidad una
teta y luego cogí entre mis dedos su durísimo pezón mientras ella me
sonreía con una expresión de lascivia que nunca había visto ni esperado
ver en mi madre.
- ¡Mira a esta cómo le gusta
que se las toquen a dúo! – dijo entonces mi tía Flora divertida mientras
contemplaba los manoseos de su hijo y míos en las tetas de mi madre.
Entonces yo le indiqué a Dani
que le tocara también las suyas a su madre. Dani no se hizo de rogar y
como su madre, que permanecía con la blusa abierta y teniendo muy a mano
aquellas enormes tetazas, no dijo nada en contra mientras su hijo
deslizaba una mano bajo su blusa, enseguida estuvimos los dos tocando
alternativamente las mamas a aquellas dos maduritas jamonas y
piropeándoselas con alegría sin importar si se trataba de las de nuestra
madre o nuestra tía.
Ellas se dejaban hacer y como
ninguna de ellas daba muestras de descontento por nuestros manoseos ambos
seguimos tocando, cada vez con mayor atrevimiento e intensidad, los
pechos de nuestra madre y tía respectivas. A mi me excitaba enormemente
tocarle las tetorras a mi tía pues durante largo tiempo aquellos pechazos
enormes habían sido objeto de mi deseo. Pero también me excitaba de
manera increíble sobarle las tetas a mi madre pues además de agradables,
bonitas y excitantes se trataba nada menos que eso, de las tetas de mi
madre, y eso me resultaba enormemente excitante.
- Tenéis unas tetas cojonudas,
chicas. Son los dos mejores pares de tetas que he visto en mi vida. Esto
sí que da gusto ver y tocar. – Piropeé yo mientras ellas continuaban
riendo y dejándose tocar.
Yo en un principio pensé que
en breve ellas nos cortarían y se volverían a poner el sujetador dando
por finalizada aquella extraordinaria situación. Pensaba que a pesar del
abierto talante de ambas ninguna de las dos mujeres dejaría que aquella
situación fuera mucho más allá pero para mi sorpresa ellas seguían
dejándose hacer sin oponerse a nuestras cada vez más intensas caricias y
tocamientos. Mientras nosotros las tocábamos ellas reían y comentaban
divertidas que nunca hubieran pensado que iban a enseñarnos las tetas a
nosotros y que nos iban a gustar tanto. El que ellas estuvieran con las
tetas al aire y que nos dejaran tocárselas sin problemas nos animaba cada
vez más a mi primo y a mi. Además mi madre llegó incluso a decir riendo:
- Y no las tocan mal estos
cabroncetes ¿eh? Saben bien cómo tocarles las tetas a una mujer...
- Y si vosotras nos dejáis
practicar a menudo seguro que mucho mejor cada vez. – Me atreví yo a
decir mientras titilaba los pezones de mi madre haciendo que todos
riéramos.
- Bueno, bueno... – dijo mi
madre sonriendo. – Pero recordad que lo importante es que todo esto no
salga de aquí ¿eh?
Entonces mi madre, quizá
influida por el hecho de que su cuñada se la había puesto antes, se puso
también la blusa aunque, al igual que mi tía, no se puso el sujetador y
se quedó con la blusa abierta permitiendo que tanto yo como Dani
siguiéramos sobándole las tetas sin ningún problema.
Cuando parecía que la
situación no daba para más y que era probable que las dos mujeres dieran
por concluida tanto la exhibición como el magreo de tetas, Dani dijo:
- Oídme una cosa – dijo
mientras apretaba el pezón de una de las tetas de su madre haciendo que
ésta soltara un quedo gemido. – Ya que estamos así y nos habéis enseñado
las domingas igual no os importaría enseñarnos algo más, que seguro que
tenéis todo lo demás muy bonito ¿eh?
- ¡Pero bueno! – dijo mi tía
simulando sentirse escandalizada. - ¿Pero es que no te vale con vernos
las tetas que quieres también que te enseñemos más cosas?
- ¿Qué más queréis que os
enseñemos, hombre? – intervino mi madre riendo.
Entonces yo recordé que en
alguna conversación entre nosotros, de esas en las que hablábamos de
nuestro gusto por las mujeres maduras y jamonas, mi primo había señalado
lo bonitas que tiene mi madre las piernas. Con esa idea en la cabeza y
con la pretensión de sacarle todo el jugo a aquella extraordinaria
situación que se había creado entre los cuatro, intervine yo diciendo:
- Pues hombre, mamá; la verdad
es que debéis tener unas piernas preciosas. Lo que está a la vista ya se
ve que es bonito y seguro que tenéis unos muslos de lo más
interesantes... A mi, la verdad, me encantan vuestras piernas y a Dani
también, os lo puedo asegurar, que más de una vez ya hemos hablado de
esto. – Y mientras decía esto le daba unos suaves cachetitos a mi madre
en el muslo justo por encima de la rodilla.
Email.
[LEER
PARTE SIGUIENTE]
Contactos
reales con gente de tu ciudad:
[
PULSA AQUÍ PARA VER MÁS CONTACTOS Y REGISTRARTE GRATIS
]