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  "Círculo incestuoso (14)".

 

 En el capítulo anterior mi madre yo habíamos acabado en casa charlando con Elena y dando lugar a una caliente conversación de piropos que tuvo como punto culminante el inicio de una excitante exhibición de sus encantos por parte de mi madre.

El decidido apoyo de Elena a estas actitudes tan abiertas estaba dando paso a una situación verdaderamente excitante y que sin duda podía desembocar en la efectiva inclusión de Elena en nuestro vicioso círculo.

Al pedirles yo que me mostraran aquello que era objeto de los piropos que recibían en la calle, mi madre, tras una cierta actuación para hacer ver ante Elena que no todos los días me enseñaba el culo alegremente, se había subido la falda hasta enseñar las bragas. Pero entonces, sorprendentemente, había sido la propia Elena la que había instado a mi madre a que mostrara el culo desnudo prometiendo incluso que a mi me enseñaría las tetas si así se lo pedía.

Mi madre, ante aquellas atrevidas palabras de su amiga y dada la evidente actitud abierta y hasta decididamente cachonda y desinhibida de ésta, ya no tuvo que pensárselo más. Con una sonrisa llena de lujuria se bajó las bragas y dejó que resbalaran por sus piernas hasta quedar a sus pies mostrando todo su amplio y redondo culazo mientras se sujetaba la falda en la cintura.

Yo volví a elogiar su culo y preparando lo que luego pudiera suceder con Elena le acaricié con bastante intensidad sus gordas nalgas sin que mi madre, por supuesto, dijera nada en contra y sin que a Elena le parecieran excesivas aquellas confianzas con mi madre o al menos no dijo nada en ese sentido sino que más bien al contrario me animó a que sobara el culo de mi madre a placer.

- Tiene buen culo tu madre ¿eh? – Me decía Elena, que aparentemente se lo estaba pasando en grande con aquella situación.

- Ya lo creo; entiendo perfectamente que los hombres por la calle le digan auténticas burradas sobre este hermoso culazo.

- Pues tócaselo, tócaselo bien, que tiene tu madre mucho culo donde tocar, ja, ja, ja.

Los tres reíamos divertidos y creo que a la vez muy excitados pues la situación era realmente prometedora y excitante.

Lo mejor de todo es que mi madre, tras deshacerse definitivamente de las bragas lanzándolas con el pie hacia una butaca, se dio la vuelta aún con la falda arremangada en su cintura mostrándonos con ello sin ninguna clase de pudor su peludo conejazo, que aunque no era la primera vez que yo se lo veía, sí lo era al menos a los ojos de Elena. Esta reaccionó también muy bien ante semejante demostración de exhibicionismo sin complejos por parte de mi madre.

- Claro que sí, Nati, el chocho también. Si te quieren ver el culo hay que enseñarlo y además de regalo dejarles ver el chocho, ja, ja, ja. ¿Ya sabía tu hijo que eras tan lanzada? – Decía Elena sin parar de reír.

- Hombre, no se si lo sabía pero seguro que se lo imaginaba. – Contestó mi madre saliendo del paso y sin desvelar nada aún a su amiga sobre nuestras relaciones.

- Mamá, estás estupenda de verdad y es muy pero que muy bonito lo que tienes ahí ¿eh? – dije yo para escenificar lo agradable que resultaba verle a mi madre el coño sin tapujos.

- Bueno, hijo, si ya me has visto el culo... Hay confianza ¿no?

- Desde luego que hay confianza, pero sobre todo lo que hay aquí es una hembra bien buenorra con todos sus encantos al aire, mamá. Es fabuloso verte así; estás divina de verdad.

- ¿Te lo parece, mi amor? – preguntó mi madre coqueta.

- Desde luego mamá. Y si me permites te diré una cosa: tienes que aprovechar ese cuerpazo que tienes y darte algún que otro homenaje con alguno de esos que te piropean por la calle.

- ¡Habráse visto! – exclamó mi madre fingiéndose sorprendida por mis palabras. – Mira a este que anima a su madre nada más y nada menos a que tenga una aventura extramatrimonial. ¿Pero a ti te parecería bien que tu madre hiciera eso?

- Desde luego, mamá. Y si no lo haces es que eres tonta. Hay que disfrutar, hombre, y tú, bueno vosotras dos, bien que podríais hacerlo, con lo macizas y buenorras que estáis.

- Pues nada, igual hay que hacerte caso y como tú dices aprovechar este cuerpo serrano porque la verdad, hijo, otros que deberían hacerlo hace mucho tiempo que no se aprovechan de él, ja, ja, ja. – Respondió mi madre aludiendo a la falta de actividad sexual con su marido, mi padre.

La conversación entre mi madre y yo, obviamente, iba dirigida a mostrar y dejar patente ante Elena que yo era favorable a las relaciones sexuales de mi madre con otros hombres y por otro lado que ésta a su vez tampoco veía mal participar en una aventura extraconyugal. Elena sin duda captó el mensaje y no pudo reaccionar de mejor manera porque dijo:

- Tiene razón tu hijo, Nati. Yo cada vez pienso más de esa manera. De acuerdo que ya no somos unas chavalas pero precisamente por eso tenemos que aprovechar las oportunidades que se nos presenten fuera porque en casa ya… nada de nada. Me parece a mi que nuestros maridos ya no nos prestan atención en esas cosas ni a ti ni a mí.

- Pues algo habrá que hacer – asentía mi madre mientras se sentaba todavía con su estrecha falda enrollada en su cintura y por tanto con el culo y con su peludo chocho aún al aire. – Si hasta mi hijo nos anima.

- Claro que sí, chicas. No ibais a hacer ningún mal a nadie y mucho bien a vosotras mismas. Y si yo os tengo que ayudar a algo…

- Ese ofrecimiento ya lo tendremos en cuenta, ya – dijo con visible picardía Elena.

Los tres reímos y yo continué:

- Bueno, y ahora lo mejor de todo es que después de verle el culo a mi madre aún hay más porque, Elena, ahora te toca a ti ¿no?

- ¿Sí, hijo? ¿Y qué es lo que me toca hacer ahora a mí? – Preguntó la madura mujer de forma retórica pues la respuesta era bien evidente.

- Pues mira Elena, si no te parece mal y si estás de acuerdo la verdad es que a mí me encantaría, insisto, si a ti te parece bien, poder verte esas maravillosos pechos que tienes...

- Ahora ésta no se irá a negar después de haberme animado a mí a enseñar el culo ¿verdad? – Intervino mi madre riendo.

- Pues claro, hijo, claro que te las enseño; ya te lo he dicho antes. Y ya que estamos en este plan de confianza y como has asegurado que sabes ser discreto no creas que me voy a andar haciendo la estrecha como tu madre. – Entonces Elena hizo un paréntesis y en tono serio le dijo a mi madre: - A ti, Nati, no te parecerá mal que yo… vamos que delante de tu hijo…

- ¡Bueno, lo que faltaba, que ahora te pongas toda remilgada! – contestó mi madre riendo. – Anda, anda, enseña esas tetazas y que mi hijo vea lo que son unas tetas de verdad.

- Bien, bien. – Asintió Elena mostrando su satisfacción por las palabras de mi madre. A continuación se dirigió a mi diciéndome. – Y tú, cariño, si quieres verle las tetas a Elena se las vas a ver y a base de bien, ja, ja, ja...

Y en efecto Elena se quitó la blusa sonriendo e inmediatamente se soltó el sujetador dejando que sus tremendísimas mamas quedaran ante mis ojos. Debí quedarme con la boca abierta y con los ojos como platos. Ni que decir tiene que mi polla, ya empinada tras todo lo ocurrido, pego un auténtico salto bajo mi pantalón.

Las tetas de Elena son verdaderamente espectaculares. Supongo que utilizará una talla de sujetador 150 o quizá incluso más. Son realmente enormes, masivas, grandísimas. Además tienen una apariencia muy llena, muy redonda aunque ya estén ciertamente descolgadas tanto por la edad como por efecto de la gravedad. Sus aureolas son bastante grandes y sus oscuros y gordos pezones también se mostraban, al menos en aquel momento, tremendamente salidos.

- Elena, - dije yo con voz ronca y completamente excitado. – Tienes unas tetazas realmente maravillosas; son los mejores pechazos que he visto en mi vida, de verdad; no hay palabras para decirte lo buenas que las tienes. Son fabulosas... Son de lo mejor…

La amiga de mi madre las exhibía con un evidente orgullo. Sin duda era consciente de que aquellas enormes tetazas le otorgaban un indudable poder ante los hombres.

- Pues tócaselas, hijo, no pierdas la oportunidad, anda, que seguro que unas tetorras como las de Elena no las vuelves a tocar en tu vida. – Indicó mi madre con intención.

Como Elena seguía exhibiendo sus masivas tetonas sonriendo y sin mostrar rechazo alguno a que yo siguiera las indicaciones de mi madre, lógicamente, decidí acariciarle un poco aquel par de tremendos cántaros. Elena no sólo me permitió que le tocara las tetas sino que agarrándoselas por debajo con sus manos hizo como ademán de acercarlas a mi ofreciéndomelas mientras sonreía a todas luces orgullosa de sus mamas. Yo le acaricié primero toda la superficie que pude de aquel par de enormes masas de carne que de tan grandes que eran se desparramaban por los bordes de sus manos. Luego me centré ya en sus salidos y gordos pezones y entonces Elena comenzó a suspirar sonoramente.

- ¡Ay, hijo, no me importa que me las toques, pero es que… es que no se lo que va a pasar…!

- ¿Pues qué va a pasar? – le decía mi madre. – Que mi hijo se va a dar un buen atracón de pechuga y que a ti seguro que también te gusta ¿eh, cachonda?

- ¿Qué si me gusta dices? Vaya… ¡Ummm! Vaya si me gusta… Es que... además de grandes... – decía ella con la respiración entrecortada – las tengo... muy sensibles... ¡Ahhh! ¡Ummm! Pero mucho ¿eh?

- Sigue, sigue, hijo, que parece que se las sabes tocar bien. – Me decía mi madre.

- ¡Ufff! Ya lo creo que me las toca bien. ¡Sí! ¡Ahhh! Así, sigue, sigue, cariño... ¡Ummm! Así, ahí, ahí, en los pezones. ¡Ahh! Apriétamelos… ¡Ahh! ¡Qué gusto! – Contestaba Elena entrecerrando los ojos y visiblemente dominada por el placer.

Yo no me esperaba que aquello fuera a ponerse en ese plan tan rápidamente pero lo cierto es que las cosas no podían estar mejor encaminadas para acabar con Elena bien ensartada por mi polla, como era mi deseo desde hacía tiempo.

- ¿Te gusta que te toque las tetas mi hijo, eh golfa? No sabía yo que ibas a ser tan cachonda, Elena. – Le decía mi madre con malicia.

- Ya lo creo, chica, lo de que me toquen las tetas me pone fuera de mí desde siempre y hay que decir que tu hijo no lo hace nada mal. ¡Ahh! ¡Ummmm! Como es evidente que tú también eres una buena golfa no me voy a andar cortando yo. Después de todo es tu hijo y si tú le dejas que te vea el culo yo vamos, le dejo que me haga lo que quiera en las tetas. ¡Ahh! ¡Ummmm! ¡Ooooh!

Los tres reímos de nuevo y Elena, recobrando por un momento el control sobre sí misma y quizá por pudor, ya se apartó un poco de mí mientras decía:

- Bueno, será mejor parar que si no vamos a acabar haciendo una burrada de las gordas y estando tu madre delante...

- Bueno... mi madre está delante pero ya ves cómo: nada menos que con todo el chocho al aire así que no creo que le vaya a parecer mal que te haya estado tocando las tetas.

- Sí, eso es verdad, - replicó Elena sonriendo con picardía. – No está ella como para echarnos un sermón por desvergonzados.

De nuevo los tres reímos y como a continuación ninguno dijimos nada fui yo el que propuso algo para evitar que decayera lo excitante de la situación creada. Primero volví a piropear su belleza y en particular la de los encantos de ambas mujeres a la vista y a continuación les dije:

- De todas maneras ya os he dicho antes que a mi vosotras me gustáis del todo, vamos que no sólo me atraen de Elena sus tetas o me parece que tú, mamá, lo único que tengas atractivo sea ese maravilloso culo ¿eh? Puede que eso sea lo que más destaque de vosotras ante los hombres que os dicen cosas por la calle pero seguro que Elena tiene un culo bien atractivo y tú mamá, estoy seguro de que tienes unas tetas de lo más apetitosas.

- Bueno, bueno, hijo. Al lado de las de Elena....

- Podías enseñarlas y así compruebo que realmente las tienes bien bonitas ¿eh, mamá?

- Mira a éste; es que no se corta ni en decirle a su propia madre que le enseñe las tetas ¿eh? – dijo mi madre para ver cómo reaccionaba Elena ante el hecho de que yo estuviera mostrando un evidente y explícito interés sexual por mi madre.

- Oye, ¿y qué hay de malo en eso? Por enseñar no pasa nada, y si de verdad le gustas... Estando en confianza y habiendo discreción ¿por qué no va a decirle a su madre que le enseñe las tetas si le gustaría vérselas? Además, Nati, no te vas a hacer ahora la estrecha después de haberle enseñado ya el culo y hasta el felpudo...

- Pues nada, se las tendré que enseñar... – simuló conceder mi madre.

A continuación y entre risas y comentarios a cada cual más procaz por parte de los tres, mi madre se quitó la blusa y tras ella el sujetador mostrando así sus bonitas, caídas y redondas tetas que yo ya había disfrutado y gozado en numerosas ocasiones, con sus atractivos pezones mirando al suelo pero tremendamente atractivas.

- Pues aquí las tienes, hijo. No son como las de Elena pero...

- Son preciosas, mamá, preciosas. Me gustan mucho. – Y diciendo esto también se las empecé a acariciar con la completa aquiescencia de mi madre.

Tras unos instantes sobándole las tetas a mi madre ésta dijo:

- Bueno, y ahora le dirás a Elena que te enseñe el culo ¿no?

- Pues eso mismo estaba pensando, la verdad. – Dije yo. – Porque como ya dije antes a mi de Elena me gustan muchísimo sus piernas, sus mulos y seguro que su culo es realmente precioso.

- ¡Qué chaval más agradable! Bueno, pues yo si quieres que te enseñe el culo te lo enseño pero si a tu madre no le parece mal yo voy a proponer una cosa. Estaba pensando que antes igual tendrías tú que enseñarnos algo a nosotras ¿no te parece? Porque ya ves que nosotras ya andamos con todo al aire y tú sin embargo lo tienes todo bien tapadito ¿eh? – Dijo Elena con picardía.

- ¡Uy, a mí cómo va a parecerme mal! – dijo mi madre riendo. – Todo lo contrario.

Los tres reímos y yo contesté:

- Tienes razón, Elena, y no seré yo el que me oponga a esa petición después de lo amables que habéis estado vosotras mostrándome vuestros encantos y vuestra belleza. ¿Qué quieres que enseñe?

- Bueno, - rió Elena. – Tú vete quitándote la ropa y nosotras ya iremos viendo, ja, ja, ja.

Animado por ambas enseguida me deshice de la camiseta y del pantalón que llevaba y a continuación, ante sus casi gritos de petición, me quité también los calzoncillos mostrándoles a las dos mujeres mi erectísima y brillante polla.

- Eso sí que es una belleza – decía Elena mirando con fijeza mi empinado cipote. - ¿Eh, Nati? Da gusto ver una tan gorda, tan dura y tan empinada ¿eh?

Yo debo aclarar en todo caso que mi polla no es nada descomunal pues tiene una medida bastante normal creo yo. En erección alcanza los 17 centímetros. De haber algo excepcional en ella es su grosor. Este, por lo que me han dicho tanto mi madre como otras mujeres con las que he follado, es bastante respetable y eso es algo que les gusta bastante a las mujeres. También mis huevos son bastante grandes.

- Sí, está bien. – Respondió mi madre.

- ¿Cómo bien? Aunque sea la de tu hijo tendrás que reconocer que está como para hacer una burrada con ella, ja, ja, ja.

- Sí la tiene buena, sí. Y yo soy su madre así que… - decía mi madre tratando de hacer ver aún que a pesar de la situación de exhibicionismo que estábamos viviendo no consideraba la posibilidad de tener relaciones conmigo. - Pero tú seguro que no tienes que andar pensándote mucho qué hacer con ella ¿eh?

- Pues la verdad es que no aunque bueno...

- Pues adelante, anda Elena, que seguro que mi hijo no te dice que no, ya ves lo cachondo y lanzado que es el cabroncete. Sea lo que sea lo que te apetezca hacer seguro que te deja, ja, ja, ja.

- Ya pero es que... seguro que tú pensarás que estoy hecha una zorra. Y además estando tú... La verdad es que después de la sobada de tetas que me ha dado antes no quiero ni pensar en lo que me apetece pero… será mejor vérsela y dejar ciertas cosas para otra ocasión.

- Unas buenas zorras lo somos las dos, y si no no estaríamos aquí con el chocho y las tetas al aire y viéndole la polla empinada a mi hijo así que no hace falta andarse con explicaciones. Y sobre lo de que esté yo, oye, si hace os hace falta más intimidad yo me voy y...

- No, no quería decir eso, es que ¡qué corte! ¿no? Nada menos que acabar ligando con tu hijo y tú sabiéndolo todo…

- Elena, - intervine yo. - ¿Por qué no te quitas la falda mientras te piensas si quieres hacer algo con mi madre delante o sin ella, anda? Yo ya he enseñado y ahora te toca a ti. Ese era el trato ¿no?

- Menudo pillo estás tú hecho. Como dice tu madre me parece a mí que estás tú hecho un buen cabroncete. – Respondió la maciza mujer mientras se quitaba la falda mostrando su rechoncho cuerpo ya tan solo con unas bragas blancas bastante grandes y convencionales, por cierto.

- Estás maciza de verdad, Elena – y diciéndole esto me acerqué a ella y agachándome hasta que sus tetas quedaron a la altura conveniente, le empecé a mamar alternativamente los pezones mientras con la otra mano le sobaba a conciencia la teta cuyo pezón en ese momento no chupaba. Elena enseguida empezó a gemir sonoramente pues era bien cierto lo de la extrema sensibilidad de sus tetas. A los pocos segundos Elena estaba realmente desbocada merced a mis chupeteos en sus tetas y decía cosas como:

- Sigue, mamonazo, que me estás volviendo loca con lo que me estás haciendo en las tetas. Chupa, chupa y dame gusto aunque esté aquí delante tu madre; que se entere de lo golfa que soy yo y de la cabronazo que eres tú. ¡Ahhh! ¡Ahhhhh! Esto me vuelve loca. ¡Ummmm! Me pone fuera de mí. ¡Aaaahh!

En ese momento, y mientras yo seguía succionando fuertemente uno de los gordos pezones de Elena, le bajé las bragas hasta los tobillos y directamente dirigí mis manos a su frondoso conejo, pues lo lleva cubierto por una enorme mata de pelo, encontrándomelo realmente hundido de jugos. Apenas metí dos dedos en su raja y los deslicé arriba y abajo un par de veces Elena alcanzó un monumental orgasmo mientras chillaba presa del extremo placer que sentía.

- ¡Aaaaaagggh! ¡Qué gustazooooo! ¡Sííííííííí! ¡Uuuooooaaaahh!

Cuando se hubo recuperado del extraordinario orgasmo que acababa de experimentar Elena dijo:

- ¡Ay, qué vergüenza, qué vergüenza!

- ¿Vergüenza? No digas tonterías, anda. – Le decía mi madre.

- Eso, orgullosa deberías estar de ser una hembra tan caliente y tan cojonuda, - le decía yo. – Ha sido estupendo y yo me alegro muchísimo de que haya pasado todo esto, Elena. Eres una mujer fantástica. A mi me ha encantado, te lo aseguro. Y espero que no acabe aquí ¿eh?

- Sí, pero... con tu madre delante... vamos, vamos, ¿cómo hemos podido...?. Tu madre delante… ¡Qué vergüenza!

- Anda, tonta – le decía mi madre. – Ya te he dicho antes que si yo estoy aquí con el chocho al aire delante de mi hijo será que no me voy a escandalizar porque le vea chupándote las tetas ¿no? Y como tú misma has dicho antes no va a pasar nada porque me entere de que tú eres una golfa y el un buen cabroncete. Ya sabes que aquí discretos somos todos así que no va a pasar nada porque te hayas corrido con los sobeteos de mi hijo. La verdad es que me parece estupendo porque como seguro que tú ya pensarías yo también debo estar hecha una buena golfa para estar así aquí ¿no?

- Bueno, pero... un poco de corte sí que da, la verdad. Aunque como tú dices, la verdad es que las dos debemos ser más o menos igual de zorras, ja, ja, ja.

El ambiente volvía a ser decididamente distendido y de plena confianza, si es que alguna vez había habido alguna reticencia por parte de Elena. Así las cosas esta le dijo con desparpajo a mi madre:

- La pena para ti, Nati, es que tu hijo no te pueda chupar a ti las tetas como me las ha chupado a mí porque te puedo asegurar que es una delicia de verdad, vamos, que es la vez que más he disfrutado del sexo en mi vida, y mira que no ha habido ni penetración ni nada, pero... ¡Ufff, qué manera de chupar las tetas y de tocar el coño! Si no fuera porque es tu hijo te diría que tenías que probarlo...  Email.

Continuará

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