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En
el capítulo anterior mi madre yo habíamos acabado en casa charlando con
Elena y dando lugar a una caliente conversación de piropos que tuvo como
punto culminante el inicio de
una excitante exhibición de sus encantos por parte de mi madre.
El decidido apoyo de Elena a
estas actitudes tan abiertas estaba dando paso a una situación
verdaderamente excitante y que sin duda podía desembocar en la efectiva
inclusión de Elena en nuestro vicioso círculo.
Al pedirles yo que me
mostraran aquello que era objeto de los piropos que recibían en la calle,
mi madre, tras una cierta actuación para hacer ver ante Elena que no
todos los días me enseñaba el culo alegremente, se había subido la falda
hasta enseñar las bragas. Pero entonces, sorprendentemente, había sido la
propia Elena la que había instado a mi madre a que mostrara el culo
desnudo prometiendo incluso que a mi me enseñaría las tetas si así se lo
pedía.
Mi madre, ante aquellas
atrevidas palabras de su amiga y dada la evidente actitud abierta y hasta
decididamente cachonda y desinhibida de ésta, ya no tuvo que pensárselo
más. Con una sonrisa llena de lujuria se bajó las bragas y dejó que
resbalaran por sus piernas hasta quedar a sus pies mostrando todo su
amplio y redondo culazo mientras se sujetaba la falda en la cintura.
Yo volví a elogiar su culo y
preparando lo que luego pudiera suceder con Elena le acaricié con
bastante intensidad sus gordas nalgas sin que mi madre, por supuesto,
dijera nada en contra y sin que a Elena le parecieran excesivas aquellas
confianzas con mi madre o al menos no dijo nada en ese sentido sino que
más bien al contrario me animó a que sobara el culo de mi madre a placer.
- Tiene buen culo tu madre
¿eh? – Me decía Elena, que aparentemente se lo estaba pasando en grande
con aquella situación.
- Ya lo creo; entiendo
perfectamente que los hombres por la calle le digan auténticas burradas
sobre este hermoso culazo.
- Pues tócaselo, tócaselo
bien, que tiene tu madre mucho culo donde tocar, ja, ja, ja.
Los tres reíamos divertidos y
creo que a la vez muy excitados pues la situación era realmente
prometedora y excitante.
Lo mejor de todo es que mi
madre, tras deshacerse definitivamente de las bragas lanzándolas con el
pie hacia una butaca, se dio la vuelta aún con la falda arremangada en su
cintura mostrándonos con ello sin ninguna clase de pudor su peludo
conejazo, que aunque no era la primera vez que yo se lo veía, sí lo era
al menos a los ojos de Elena. Esta reaccionó también muy bien ante
semejante demostración de exhibicionismo sin complejos por parte de mi
madre.
- Claro que sí, Nati, el
chocho también. Si te quieren ver el culo hay que enseñarlo y además de
regalo dejarles ver el chocho, ja, ja, ja. ¿Ya sabía tu hijo que eras tan
lanzada? – Decía Elena sin parar de reír.
- Hombre, no se si lo sabía
pero seguro que se lo imaginaba. – Contestó mi madre saliendo del paso y
sin desvelar nada aún a su amiga sobre nuestras relaciones.
- Mamá, estás estupenda de
verdad y es muy pero que muy bonito lo que tienes ahí ¿eh? – dije yo para
escenificar lo agradable que resultaba verle a mi madre el coño sin
tapujos.
- Bueno, hijo, si ya me has
visto el culo... Hay confianza ¿no?
- Desde luego que hay
confianza, pero sobre todo lo que hay aquí es una hembra bien buenorra
con todos sus encantos al aire, mamá. Es fabuloso verte así; estás divina
de verdad.
- ¿Te lo parece, mi amor? –
preguntó mi madre coqueta.
- Desde luego mamá. Y si me
permites te diré una cosa: tienes que aprovechar ese cuerpazo que tienes
y darte algún que otro homenaje con alguno de esos que te piropean por la
calle.
- ¡Habráse visto! – exclamó mi
madre fingiéndose sorprendida por mis palabras. – Mira a este que anima a
su madre nada más y nada menos a que tenga una aventura extramatrimonial.
¿Pero a ti te parecería bien que tu madre hiciera eso?
- Desde luego, mamá. Y si no
lo haces es que eres tonta. Hay que disfrutar, hombre, y tú, bueno
vosotras dos, bien que podríais hacerlo, con lo macizas y buenorras que
estáis.
- Pues nada, igual hay que
hacerte caso y como tú dices aprovechar este cuerpo serrano porque la
verdad, hijo, otros que deberían hacerlo hace mucho tiempo que no se
aprovechan de él, ja, ja, ja. – Respondió mi madre aludiendo a la falta
de actividad sexual con su marido, mi padre.
La conversación entre mi madre
y yo, obviamente, iba dirigida a mostrar y dejar patente ante Elena que
yo era favorable a las relaciones sexuales de mi madre con otros hombres
y por otro lado que ésta a su vez tampoco veía mal participar en una
aventura extraconyugal. Elena sin duda captó el mensaje y no pudo
reaccionar de mejor manera porque dijo:
- Tiene razón tu hijo, Nati.
Yo cada vez pienso más de esa manera. De acuerdo que ya no somos unas
chavalas pero precisamente por eso tenemos que aprovechar las
oportunidades que se nos presenten fuera porque en casa ya… nada de nada.
Me parece a mi que nuestros maridos ya no nos prestan atención en esas
cosas ni a ti ni a mí.
- Pues algo habrá que hacer –
asentía mi madre mientras se sentaba todavía con su estrecha falda
enrollada en su cintura y por tanto con el culo y con su peludo chocho
aún al aire. – Si hasta mi hijo nos anima.
- Claro que sí, chicas. No
ibais a hacer ningún mal a nadie y mucho bien a vosotras mismas. Y si yo
os tengo que ayudar a algo…
- Ese ofrecimiento ya lo
tendremos en cuenta, ya – dijo con visible picardía Elena.
Los tres reímos y yo continué:
- Bueno, y ahora lo mejor de
todo es que después de verle el culo a mi madre aún hay más porque,
Elena, ahora te toca a ti ¿no?
- ¿Sí, hijo? ¿Y qué es lo que
me toca hacer ahora a mí? – Preguntó la madura mujer de forma retórica
pues la respuesta era bien evidente.
- Pues mira Elena, si no te
parece mal y si estás de acuerdo la verdad es que a mí me encantaría,
insisto, si a ti te parece bien, poder verte esas maravillosos pechos que
tienes...
- Ahora ésta no se irá a negar
después de haberme animado a mí a enseñar el culo ¿verdad? – Intervino mi
madre riendo.
- Pues claro, hijo, claro que
te las enseño; ya te lo he dicho antes. Y ya que estamos en este plan de
confianza y como has asegurado que sabes ser discreto no creas que me voy
a andar haciendo la estrecha como tu madre. – Entonces Elena hizo un
paréntesis y en tono serio le dijo a mi madre: - A ti, Nati, no te
parecerá mal que yo… vamos que delante de tu hijo…
- ¡Bueno, lo que faltaba, que
ahora te pongas toda remilgada! – contestó mi madre riendo. – Anda, anda,
enseña esas tetazas y que mi hijo vea lo que son unas tetas de verdad.
- Bien, bien. – Asintió Elena
mostrando su satisfacción por las palabras de mi madre. A continuación se
dirigió a mi diciéndome. – Y tú, cariño, si quieres verle las tetas a
Elena se las vas a ver y a base de bien, ja, ja, ja...
Y en efecto Elena se quitó la
blusa sonriendo e inmediatamente se soltó el sujetador dejando que sus
tremendísimas mamas quedaran ante mis ojos. Debí quedarme con la boca
abierta y con los ojos como platos. Ni que decir tiene que mi polla, ya
empinada tras todo lo ocurrido, pego un auténtico salto bajo mi pantalón.
Las tetas de Elena son
verdaderamente espectaculares. Supongo que utilizará una talla de
sujetador 150 o quizá incluso más. Son realmente enormes, masivas,
grandísimas. Además tienen una apariencia muy llena, muy redonda aunque
ya estén ciertamente descolgadas tanto por la edad como por efecto de la
gravedad. Sus aureolas son bastante grandes y sus oscuros y gordos
pezones también se mostraban, al menos en aquel momento, tremendamente
salidos.
- Elena, - dije yo con voz
ronca y completamente excitado. – Tienes unas tetazas realmente
maravillosas; son los mejores pechazos que he visto en mi vida, de
verdad; no hay palabras para decirte lo buenas que las tienes. Son
fabulosas... Son de lo mejor…
La amiga de mi madre las
exhibía con un evidente orgullo. Sin duda era consciente de que aquellas
enormes tetazas le otorgaban un indudable poder ante los hombres.
- Pues tócaselas, hijo, no
pierdas la oportunidad, anda, que seguro que unas tetorras como las de
Elena no las vuelves a tocar en tu vida. – Indicó mi madre con intención.
Como Elena seguía exhibiendo
sus masivas tetonas sonriendo y sin mostrar rechazo alguno a que yo
siguiera las indicaciones de mi madre, lógicamente, decidí acariciarle un
poco aquel par de tremendos cántaros. Elena no sólo me permitió que le
tocara las tetas sino que agarrándoselas por debajo con sus manos hizo
como ademán de acercarlas a mi ofreciéndomelas mientras sonreía a todas
luces orgullosa de sus mamas. Yo le acaricié primero toda la superficie
que pude de aquel par de enormes masas de carne que de tan grandes que
eran se desparramaban por los bordes de sus manos. Luego me centré ya en
sus salidos y gordos pezones y entonces Elena comenzó a suspirar
sonoramente.
- ¡Ay, hijo, no me importa que
me las toques, pero es que… es que no se lo que va a pasar…!
- ¿Pues qué va a pasar? – le
decía mi madre. – Que mi hijo se va a dar un buen atracón de pechuga y
que a ti seguro que también te gusta ¿eh, cachonda?
- ¿Qué si me gusta dices?
Vaya… ¡Ummm! Vaya si me gusta… Es que... además de grandes... – decía
ella con la respiración entrecortada – las tengo... muy sensibles... ¡Ahhh!
¡Ummm! Pero mucho ¿eh?
- Sigue, sigue, hijo, que
parece que se las sabes tocar bien. – Me decía mi madre.
- ¡Ufff! Ya lo creo que me las
toca bien. ¡Sí! ¡Ahhh! Así, sigue, sigue, cariño... ¡Ummm! Así, ahí, ahí,
en los pezones. ¡Ahh! Apriétamelos… ¡Ahh! ¡Qué gusto! – Contestaba Elena
entrecerrando los ojos y visiblemente dominada por el placer.
Yo no me esperaba que aquello
fuera a ponerse en ese plan tan rápidamente pero lo cierto es que las
cosas no podían estar mejor encaminadas para acabar con Elena bien
ensartada por mi polla, como era mi deseo desde hacía tiempo.
- ¿Te gusta que te toque las
tetas mi hijo, eh golfa? No sabía yo que ibas a ser tan cachonda, Elena.
– Le decía mi madre con malicia.
- Ya lo creo, chica, lo de que
me toquen las tetas me pone fuera de mí desde siempre y hay que decir que
tu hijo no lo hace nada mal. ¡Ahh! ¡Ummmm! Como es evidente que tú
también eres una buena golfa no me voy a andar cortando yo. Después de
todo es tu hijo y si tú le dejas que te vea el culo yo vamos, le dejo que
me haga lo que quiera en las tetas. ¡Ahh! ¡Ummmm! ¡Ooooh!
Los tres reímos de nuevo y
Elena, recobrando por un momento el control sobre sí misma y quizá por
pudor, ya se apartó un poco de mí mientras decía:
- Bueno, será mejor parar que
si no vamos a acabar haciendo una burrada de las gordas y estando tu
madre delante...
- Bueno... mi madre está
delante pero ya ves cómo: nada menos que con todo el chocho al aire así
que no creo que le vaya a parecer mal que te haya estado tocando las
tetas.
- Sí, eso es verdad, - replicó
Elena sonriendo con picardía. – No está ella como para echarnos un sermón
por desvergonzados.
De nuevo los tres reímos y
como a continuación ninguno dijimos nada fui yo el que propuso algo para
evitar que decayera lo excitante de la situación creada. Primero volví a
piropear su belleza y en particular la de los encantos de ambas mujeres a
la vista y a continuación les dije:
- De todas maneras ya os he
dicho antes que a mi vosotras me gustáis del todo, vamos que no sólo me
atraen de Elena sus tetas o me parece que tú, mamá, lo único que tengas
atractivo sea ese maravilloso culo ¿eh? Puede que eso sea lo que más
destaque de vosotras ante los hombres que os dicen cosas por la calle
pero seguro que Elena tiene un culo bien atractivo y tú mamá, estoy
seguro de que tienes unas tetas de lo más apetitosas.
- Bueno, bueno, hijo. Al lado
de las de Elena....
- Podías enseñarlas y así
compruebo que realmente las tienes bien bonitas ¿eh, mamá?
- Mira a éste; es que no se
corta ni en decirle a su propia madre que le enseñe las tetas ¿eh? – dijo
mi madre para ver cómo reaccionaba Elena ante el hecho de que yo
estuviera mostrando un evidente y explícito interés sexual por mi madre.
- Oye, ¿y qué hay de malo en
eso? Por enseñar no pasa nada, y si de verdad le gustas... Estando en
confianza y habiendo discreción ¿por qué no va a decirle a su madre que
le enseñe las tetas si le gustaría vérselas? Además, Nati, no te vas a
hacer ahora la estrecha después de haberle enseñado ya el culo y hasta el
felpudo...
- Pues nada, se las tendré que
enseñar... – simuló conceder mi madre.
A continuación y entre risas y
comentarios a cada cual más procaz por parte de los tres, mi madre se
quitó la blusa y tras ella el sujetador mostrando así sus bonitas, caídas
y redondas tetas que yo ya había disfrutado y gozado en numerosas
ocasiones, con sus atractivos pezones mirando al suelo pero tremendamente
atractivas.
- Pues aquí las tienes, hijo.
No son como las de Elena pero...
- Son preciosas, mamá,
preciosas. Me gustan mucho. – Y diciendo esto también se las empecé a
acariciar con la completa aquiescencia de mi madre.
Tras unos instantes sobándole
las tetas a mi madre ésta dijo:
- Bueno, y ahora le dirás a
Elena que te enseñe el culo ¿no?
- Pues eso mismo estaba
pensando, la verdad. – Dije yo. – Porque como ya dije antes a mi de Elena
me gustan muchísimo sus piernas, sus mulos y seguro que su culo es
realmente precioso.
- ¡Qué chaval más agradable!
Bueno, pues yo si quieres que te enseñe el culo te lo enseño pero si a tu
madre no le parece mal yo voy a proponer una cosa. Estaba pensando que
antes igual tendrías tú que enseñarnos algo a nosotras ¿no te parece?
Porque ya ves que nosotras ya andamos con todo al aire y tú sin embargo
lo tienes todo bien tapadito ¿eh? – Dijo Elena con picardía.
- ¡Uy, a mí cómo va a
parecerme mal! – dijo mi madre riendo. – Todo lo contrario.
Los tres reímos y yo contesté:
- Tienes razón, Elena, y no
seré yo el que me oponga a esa petición después de lo amables que habéis
estado vosotras mostrándome vuestros encantos y vuestra belleza. ¿Qué
quieres que enseñe?
- Bueno, - rió Elena. – Tú
vete quitándote la ropa y nosotras ya iremos viendo, ja, ja, ja.
Animado por ambas enseguida me
deshice de la camiseta y del pantalón que llevaba y a continuación, ante
sus casi gritos de petición, me quité también los calzoncillos
mostrándoles a las dos mujeres mi erectísima y brillante polla.
- Eso sí que es una belleza –
decía Elena mirando con fijeza mi empinado cipote. - ¿Eh, Nati? Da gusto
ver una tan gorda, tan dura y tan empinada ¿eh?
Yo debo aclarar en todo caso
que mi polla no es nada descomunal pues tiene una medida bastante normal
creo yo. En erección alcanza los 17 centímetros. De haber algo
excepcional en ella es su grosor. Este, por lo que me han dicho tanto mi
madre como otras mujeres con las que he follado, es bastante respetable y
eso es algo que les gusta bastante a las mujeres. También mis huevos son
bastante grandes.
- Sí, está bien. – Respondió
mi madre.
- ¿Cómo bien? Aunque sea la de
tu hijo tendrás que reconocer que está como para hacer una burrada con
ella, ja, ja, ja.
- Sí la tiene buena, sí. Y yo
soy su madre así que… - decía mi madre tratando de hacer ver aún que a
pesar de la situación de exhibicionismo que estábamos viviendo no
consideraba la posibilidad de tener relaciones conmigo. - Pero tú seguro
que no tienes que andar pensándote mucho qué hacer con ella ¿eh?
- Pues la verdad es que no
aunque bueno...
- Pues adelante, anda Elena,
que seguro que mi hijo no te dice que no, ya ves lo cachondo y lanzado
que es el cabroncete. Sea lo que sea lo que te apetezca hacer seguro que
te deja, ja, ja, ja.
- Ya pero es que... seguro que
tú pensarás que estoy hecha una zorra. Y además estando tú... La verdad
es que después de la sobada de tetas que me ha dado antes no quiero ni
pensar en lo que me apetece pero… será mejor vérsela y dejar ciertas
cosas para otra ocasión.
- Unas buenas zorras lo somos
las dos, y si no no estaríamos aquí con el chocho y las tetas al aire y
viéndole la polla empinada a mi hijo así que no hace falta andarse con
explicaciones. Y sobre lo de que esté yo, oye, si hace os hace falta más
intimidad yo me voy y...
- No, no quería decir eso, es
que ¡qué corte! ¿no? Nada menos que acabar ligando con tu hijo y tú
sabiéndolo todo…
- Elena, - intervine yo. -
¿Por qué no te quitas la falda mientras te piensas si quieres hacer algo
con mi madre delante o sin ella, anda? Yo ya he enseñado y ahora te toca
a ti. Ese era el trato ¿no?
- Menudo pillo estás tú hecho.
Como dice tu madre me parece a mí que estás tú hecho un buen cabroncete.
– Respondió la maciza mujer mientras se quitaba la falda mostrando su
rechoncho cuerpo ya tan solo con unas bragas blancas bastante grandes y
convencionales, por cierto.
- Estás maciza de verdad,
Elena – y diciéndole esto me acerqué a ella y agachándome hasta que sus
tetas quedaron a la altura conveniente, le empecé a mamar
alternativamente los pezones mientras con la otra mano le sobaba a
conciencia la teta cuyo pezón en ese momento no chupaba. Elena enseguida
empezó a gemir sonoramente pues era bien cierto lo de la extrema
sensibilidad de sus tetas. A los pocos segundos Elena estaba realmente
desbocada merced a mis chupeteos en sus tetas y decía cosas como:
- Sigue, mamonazo, que me
estás volviendo loca con lo que me estás haciendo en las tetas. Chupa,
chupa y dame gusto aunque esté aquí delante tu madre; que se entere de lo
golfa que soy yo y de la cabronazo que eres tú. ¡Ahhh! ¡Ahhhhh! Esto me
vuelve loca. ¡Ummmm! Me pone fuera de mí. ¡Aaaahh!
En ese momento, y mientras yo
seguía succionando fuertemente uno de los gordos pezones de Elena, le
bajé las bragas hasta los tobillos y directamente dirigí mis manos a su
frondoso conejo, pues lo lleva cubierto por una enorme mata de pelo,
encontrándomelo realmente hundido de jugos. Apenas metí dos dedos en su
raja y los deslicé arriba y abajo un par de veces Elena alcanzó un
monumental orgasmo mientras chillaba presa del extremo placer que sentía.
- ¡Aaaaaagggh! ¡Qué
gustazooooo! ¡Sííííííííí! ¡Uuuooooaaaahh!
Cuando se hubo recuperado del
extraordinario orgasmo que acababa de experimentar Elena dijo:
- ¡Ay, qué vergüenza, qué
vergüenza!
- ¿Vergüenza? No digas
tonterías, anda. – Le decía mi madre.
- Eso, orgullosa deberías
estar de ser una hembra tan caliente y tan cojonuda, - le decía yo. – Ha
sido estupendo y yo me alegro muchísimo de que haya pasado todo esto,
Elena. Eres una mujer fantástica. A mi me ha encantado, te lo aseguro. Y
espero que no acabe aquí ¿eh?
- Sí, pero... con tu madre
delante... vamos, vamos, ¿cómo hemos podido...?. Tu madre delante… ¡Qué
vergüenza!
- Anda, tonta – le decía mi
madre. – Ya te he dicho antes que si yo estoy aquí con el chocho al aire
delante de mi hijo será que no me voy a escandalizar porque le vea
chupándote las tetas ¿no? Y como tú misma has dicho antes no va a pasar
nada porque me entere de que tú eres una golfa y el un buen cabroncete.
Ya sabes que aquí discretos somos todos así que no va a pasar nada porque
te hayas corrido con los sobeteos de mi hijo. La verdad es que me parece
estupendo porque como seguro que tú ya pensarías yo también debo estar
hecha una buena golfa para estar así aquí ¿no?
- Bueno, pero... un poco de
corte sí que da, la verdad. Aunque como tú dices, la verdad es que las
dos debemos ser más o menos igual de zorras, ja, ja, ja.
El ambiente volvía a ser
decididamente distendido y de plena confianza, si es que alguna vez había
habido alguna reticencia por parte de Elena. Así las cosas esta le dijo
con desparpajo a mi madre:
- La pena para ti, Nati, es
que tu hijo no te pueda chupar a ti las tetas como me las ha chupado a mí
porque te puedo asegurar que es una delicia de verdad, vamos, que es la
vez que más he disfrutado del sexo en mi vida, y mira que no ha habido ni
penetración ni nada, pero... ¡Ufff, qué manera de chupar las tetas y de
tocar el coño! Si no fuera porque es tu hijo te diría que tenías que
probarlo...
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