Como os decía fue una tarde
cuando estando mi madre y yo solos en casa recibimos la visita de mi tía
Flora y de mi primo Dani, su hijo. Con toda la familia de mi tía
mantenemos una excelente relación y es normal que nos hagan visitas a
menudo así como que mi familia vaya a su casa.
Mi tía es una mujer maciza,
rellena y a la que sus 60 años no han restado un ápice de atractivo,
especialmente para los que como yo gustamos de las mujeres maduras y
rellenitas. Mi tía Flora, además de atractiva es muy simpática, abierta y
desenfadada y hasta se podría afirmar que es una cachonda, al menos
verbalmente.
A menudo hace bromas un tanto
atrevidas y no es raro oirle comentarios picantes o subidos de tono.
Quizá antes de continuar deba decir que yo ya me había fijado bastantes
veces y desde hacía tiempo en lo atractiva que desde un punta de vista
sexual resulta mi tía, o por lo menos en lo atractiva que me resulta a
mí.
Este día mi tía también me
pareció una mujer muy apetecible a pesar, como he dicho de tener más de
60 años. En concreto aquella tarde llevaba una blusa bastante escotada,
por donde se apreciaba el canalillo de sus imponentes tetazas y al
sentarse en el sofá lo hizo con un movimiento tan exagerado que sus
tremendas mamas brincaron de tal forma que amenazaron con salirse del
escote.
De hecho la blusa le quedó tan
descolocada en un hombro que su sujetador, de color negro, por cierto,
quedó casi enteramente al descubierto en ese lado mostrando el tremendo
volumen de la teta que se alojaba dentro.
- Mira esta - comentó mi madre
divertida. - En cuanto está con dos chicos jóvenes ya está queriendo
enseñar las tetas.
- Yo no he hecho nada; será
que se me quieren salir y qué le vamos a hacer… – replicó mi tía en
evidente tono de humor.
Mi madre, en entornos de
confianza como en el que estábamos y cuando los preside el buen humor, es
también bastante desenfadada y hasta atrevida en sus comentarios. Siendo
mi tía Flora uno de los interlocutores no era de extrañar que mi madre
dijera algo así en tono de broma. No obstante un comentario como ese
nunca lo hubiera hecho ante gente desconocida o con la que tuviera menos
confianza pues en general mi madre se muestra más bien recatada en
público.
- Pues por nosotros que siga,
que siga. Si hay que ver unas tetas nosotros no nos vamos a negar. - Fue
el también sorprendente y divertido comentario de mi primo dado que era
precisamente su madre la que estaba con el sujetador a la vista.
Todos reímos y dado el cariz
de la conversación yo también me animé a intervenir recogiendo el testigo
lanzado por mi primo y viendo que el tono de la conversación y el talante
de los que allí estábamos lo permitía:
- Pues venga, tía; si se te
quieren salir déjalas que asomen ¿no?.
- No me digáis que queréis
verle las tetas a una vieja... - repondió de forma jocosa también mi tía.
- Pero si las tengo ya todas caídas y fofas, hijos... Otra cosa hubiera
sido que me las hubiérais visto cuando tenía 20 años; entonces sí que las
tenía bien duras y levantadas, pero ahora... Vamos, que si queréis verme
los pezones tengo que empezar a desabotonarme la blusa por abajo, no os
digo más, ja, ja, ja.
- Sí, que entre la gravedad y
la edad todo va para abajo. – Terció mi madre también riendo.
- Claro, - siguió mi tía – a
vosotros os gustará verle las tetas precisamente a chavalas de 20 años,
no a una mujer como yo, que ya las tengo que dan pena, así que no os
burléis de esta pobre vieja.
Los cuatro volvimos a reir con
desenfado y entonces yo me atreví a decir:
- Más vale verte a ti una teta,
tía, que tocárrselas bien tocadas a una docena de chicas de 20 años, que
esas o están esmirriadas o las tienen de siliciona, y a nosotros ni una
cosa ni otra ¿verdad, Dani?.
Mientras yo decía esto Dani
reía y asentía ante mi afirmación. Como mi madre y mi tía reían
divertidas, me atreví a añadir:
- Bien orgullosa puedes estar
de ellas, tía. Las tuyas por lo menos son unas tetas de verdad, de las
que tiene que dar gusto amasar pero para ver unas de esas artificiales te
puedo asegurar que preferimos verte las tuyas a medias como hace un
momento, de verdad.
El talante desenfadado de mi
madre y mi tía y el tono de humor que impregnaba la conversación estaban
haciendo posible que aquella conversación se desarrollara en aquellos
términos. Pero también era importante el hecho de que mi primo Dani y yo
ya habíamos hablado de mujeres en numerosas ocasiones y habíamos llegado
a la conclusión de que a ambos nos gustaban las mujeres maduras más que
las de nuestra edad y que preferíamos un buen par de tetas caídas y un
culazo gordo y amplio que el cuerpo de sílfide de una jovencita de las de
nuestra generación.
Por supuesto nunca habíamos
hablado abiertamente de nuestras madres como objeto de nuestras fantasías
pero por mi parte puedo decir que ya le había dedicado más de una paja a
mi tía Flora y de la misma manera podría asegurar que a mi primo no le
disgustaba mi madre pues más de una vez lo había sorprendido fijándose en
el culo o en las piernas de ésta con más atención de la que un sobrino
debe prestar a una tía en estos asuntos a pesar de que mi madre ya rebasa
los 50.
Al hilo de los últimos
comentarios tanto Dani como yo señalamos entonces nuestras preferencias
por las mujeres maduras y rellenas sobre las jovencitas de línea
estilizada y sin formas. Mi madre y mi tía parecían complacidas y se
tomaron aquellas declaraciones como verdaderos piropos dirigidos a ellas
si bien ambas, en una demostración de modestia, decían que ellas ya no
gustaban a nadie porque tenían unos cuerpos ya demasiado gordos y fofos.
Nosotros insistíamos en que eran dos mujeres muy atractivas y así
seguimos charlando aprovechando cada oportunidad para dirigirles piropos
cada vez más encendidos.
Tras una nueva declaración en
la que Dani elogió sin demasiados ambages las tetas de ambas precisamente
por no ser las típicas tetas de una jovecita de 20 años, mi madre dijo:
- ¡Uy, uy, uy, qué chicos tan
verdes! Pues parece que va a ser verdad, que a estos les gustan las
maduritas ¿eh?
- Ya lo creo, tía, no lo dudes
- le respondió de nuevo Dani. - Donde esté una hembra hecha y derecha,
con todo en su sitio y bien abundante que se quiten todas esas niñatas.
Las chavalas jóvenes de hoy o no tienen porque quieren estar delgadas a
más no poder o lo tienen de silicona, y a nosotros ni una cosa ni otra.
Donde estén unas tetas de las de toda la vida...
- Sí, hijos, os gustan
naturales pero seguro que no os gusta que miren al suelo ¿a qué no? -
dijo mi madre. – A vosotros os gustarán naturales pero bien levantadas y
a nuestra edad las nuestras ya no miran hacia delante sino más bien hacia
abajo, ja, ja, ja...
- Unas buenas tetas lo que
hacen es que se nos levante a nosotros otra cosa, y si son de una hembra
jamona y bien maciza más rápido, miren a donde miren. – Dije yo
provocando nuevas risas cargadas de picardía en todos los presentes.
- Y las vuestras seguro que
levantan más cosas de las que vosotras os pensáis, tía, y eso aunque
miren para abajo, como tú dices. – Incidió Dani dirigiéndose a mi madre.
– Seguro que os piropean a menudo por la calle ¿a qué sí?
- Alguna cosa agradable de vez
en cuando ya nos dicen, es verdad, pero nada comparado con los piropazos
que vosotros nos estáis echando hoy, hijos. Eso sí que es regalar los
oídos de este par de viejas.
Todos reímos y entonces yo,
lanzando una apuesta que podía ser definitiva, me atreví a decir
dirigiéndome a mi tía Flora:
- Bueno, entonces qué, tía. Ya
que tú no las tienes ni delgadas ni de silicona ¿nos enseñas o no nos
enseñas esas tetas tan apetitosas que debes tener? Que te hemos medio
visto antes una y...
- Y hay cosas que no tienen
que quedar a medias... – completó Dani con humor.
- ¿Pero no querréis que os
enseñe las tetas de verdad? – Dijo mi tía pero más con tono decididamente
de humor que de reproche.
- Hombre – dije yo también con
humor – pues, la verdad, ya puestos a mí no me importaría...
- ¡Uy, uy, uy! - dijo mi madre
divertida. - Pero mira a éste, queriendo verle las tetas nada menos que a
su tía...
Entones mi tía, que a todo
esto, no se había subido la blusa por el hombro sino que de hecho ésta
había resbalado aún más y ahora todo su hombro quedaba desnudo y mostraba
enteramente la copa izquierda de su sujetador, dijo en tono divertido:
- Sí, uno a su tía y este otro
a su madre. ¡Menudos desvergonzados! – Y añadió dirigiéndose a mi primo
Dani: - ¿Eh, te parece bien querer verle las tetas a tu madre?
- Bueno, vale, – respondió
Dani – sois nuestras madres y tías respectivamente pero yo lo que veo es
un par de jamonas bien buenas como las que nos gustan a nosotros así que
¿por qué no íbamos a querer veros las tetas? Ni que fuéramos tontos...
Las dos mujeres reían
halagadas y divertidas con nuestras ocurrencias y yo añadí:
- Y si os las vemos a
vosotras, la verdad, mejor todavía, que es más interesante que vérselas a
una desconocida y además así todo queda en familia.
- ¿Pero estáis hablando en
serio, hijo? – preguntó mi madre por primera vez con un tono serio de
voz.
- Pues claro, completamente en
serio. Claro que nos gustaría veros las tetas... Por eso no va a pasar
nada salvo que alegremos el ojillo con unas buenas tetas de hembra
jamona, que es lo que sois vosotras.
- Claro que sí, - terció Dani
- aunque os viéramos un poco el tetamen nadie se iba a enterar así que...
Pues anda que no hemos hablado nosotros pocas veces ni nada de lo que nos
apetecía ver un par de tetas de una buena hembra madurita...
- ¡Ay qué chicos! Pues sí que
va a ser verdad que les gustan las maduritas ¿eh? Y nosotras pensando que
con nuestra edad ya no gustamos nada de nada ¿eh?
- Pues a nosotros bien que nos
gustan las mujeres como vosotras, mamá, ya lo creo que sí. – Insistí, yo.
Ellas se mostraron halagadas y
complacidas por lo que les decíamos y nosotros aprovechamos el tono de la
conversación para seguir dirigiéndoles piropos cada vez más atrevidos,
buena parte de los cuales iban dirigidos, ya sin ningún recato, a sus
tetas o culos sin que ellas se mostraran molestas sino más bien todo lo
contrario.
- Bueno, una cosa, - dijo
entonces mi tía Flora también por primera vez seria desde que se iniciara
el incidente. - Todo esto tiene que quedar entre nosotros, ¿eh? Todo lo
que estamos hablando y que a mi casi se me han visto las tetas ¿eh? Que
no se ande enterando nadie más de que hablamos de tetas caídas, de cosas
que se levantan y de todo esto, que la gente es muy malpensada y todo lo
que aquí se diga, si queda entre nosotros cuatro bien está.
- Pues claro, faltaría más.
Eso ya se da por descontado. Nosotros no vamos por ahí contando esas
cosas y menos si tienen que ver con vosotras, hombre, de eso no tienes ni
que preocuparte.
- Eso, eso - intervino mi
madre. - Que estas cosas que hablamos aquí queden entre nosotros. Son
cosas nuestras...
- Pues claro, - afirmó Dani
con rotundidad para añadir a continuación retomando el tono de humor que
había presidido toda la charla: - así que venga, mamá, enseña esas
tetazas que tienes y deja de ponernos malos ahí con todo el sujetador y
media teta al aire.
Los cuatro volvimos a reir con
desenfado y mi tía respondió:
- Pero bueno, es que voy a
terminar teniendo que enseñároslas ¿eh?
- Hombre, qué menos, - la
animó Dani. - Y luego la tía Nati; que no se crea que a ella no tenemos
ganas de vérselas. - Y añadió dirigiéndose a mí: - ¿O es que tú no tienes
ganas de verle las tetas a tu madre? Porque yo desde luego que sí.
- Pues claro, tanto como a la
tuya. - Contesté yo con entusiasmo.
- ¡Uy, uy, uy, pero qué chicos
más descarados! - Decía mi madre divertida y sin duda halagada.
- Bueno, venga, tía, enseña
por lo menos esa que tienes ya casi al aire para empezar. Total esa ya
casi hay que darla por vista así que... - Dije yo haciendo que ambas
mujeres rieran una vez más.
- Claro, mujer, enséñaselas –
intervino mi madre, en cierta manera sorprendentemente, animando
decididamente a mi tía a que nos mostrara las tetas. Hasta entonces yo
pensaba que a pesar del cachondeo que nos traíamos la cosa no pasaría de
las meras palabras y que no le veríamos a mi tía nada más que el
sujetador que ya teníamos a la vista quedándose todo en una atrevida
conversación con nuestras madres. Pero la relativamente sorprendente
intervención de mi madre instándole a mi tía que nos enseñara las tetas
cambió por completo mis expectativas. Ahí empecé a pensar, y creo que
Dani también, que aquella tarde terminaríamos viéndole las tetas a mi tía
y que incluso habría posibilidades de vérselas a mi madre, lo cual no
dejaba sino de parecerme tremendamente excitante.
Ante semejante quorum pidiendo
que mostrara por entero las tetas mi tía no tuvo más remedio que decir
mientras reía alegremente:
- Oye, pues os las voy a tener
que enseñar; pero esto que no salga de aquí por nada del mundo ¿eh?
- Venga, tía. Ya sabes que
todo esto va a quedar entre nosotros cuatro.
Entonces mi tía Flora entre
risas y ante la atenta mirada de su hijo y mía se sacó la tremenda mama
por encima de la copa del sujetador dejándola ante nuestra atónita y
excitada mirada. Era una teta realmente enorme, blanca, con una aureola
entre rosa y marrón de amplio tamaño y con un pezón marrón oscuro y
bastante salido.
- Eso es una teta, sí señor. -
Exclamé yo extasiado contemplando la enorme mama de mi tía.
- Venga, mamá, enséñanos la
otra, que las tetas hay que verlas a pares. – Le dijo Dani con la voz
notablemente ronca.
- Bueno, ya vale con que os
enseñe una ¿no? Que si no va a ser demasiado despendole. Recuerda, Dani,
que soy tu madre…
Tanto Dani como yo
reaccionamos mostrando nuestro disgusto por lo escaso de la exhibición
pero de nuevo mi madre, casi contra pronóstico, intervino con una
propuesta decididamente cachonda:
- Venga, Flora, no los vayas a
dejar a medias, anda. Los chicos tienen razón; si ya te han visto una...
que te vean las dos ¿no?
Todos reímos y mi tía
contestó:
- Bueno, seguro que tienes
razón, y total,si os he enseñado una... y si hasta a Nati le parece
bien... Pero que de aquí no salga nada de esto ¿eh?
- Confía en los chicos, mujer,
que no van a ir contando por ahí estas cosas de sus madres. Y ahora no te
hagas la estrecha y saca ahí todo el melonar. – Intervino de nuevo mi
madre con humor y con inusitada liberalidad.
Las palabras de mi madre nos
dejaron perplejos a mi primo y a mí. Ahora sí que ambos vimos claramente
que aquella tarde podían tomar cuerpo nuestras más secretas fantasías en
lo que tocaba a ver a nuestras jamonas madres enseñando sus abundantes
encantos.
Entonces mi tía, viendo que su
actitud era inequívocamente aprobada también por mi madre, se quitó la
blusa por entero mientras Dani y yo la jaleábamos y piropeábamos. Luego,
y ante nuestra expectación, hizo lo propio con el sujetador para dejar al
aire por fin sus tremendas y, en efecto, ya bastante caídas tetonas.
Durante unos segundos ni Dani
ni yo dijimos nada mientras permanecíamos obnubilados contemplando las
tetazas de mi tía. Eran realmente espectaculares, grandes, realmente
enormes, hasta el punto que yo le calculé a mi tía una talla 140 de
sujetador por lo menos, con una aureolas entre rosadas y marrones de más
que regular tamaño y unos pezones oscuros y bastante salidos que, en
efecto, ya casi apuntaban al suelo.
Con todo y con ello me
parecieron las tetas más excitantes que había visto en mi vida y mi polla
dio buena cuenta de ello dando lugar a una erección inmediata. Mi primo
también debió acusar el efecto de verle las tetas a su madre; yo así lo
deduje por el movimiento que hizo para acomodarse la polla dentro del
pantalón, acción ésta que no pasó desapercibida para nadie aunque ninguno
de los presentes dijo nada.
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